VIVIR AL PADRE
DE CÓMO HA DE SER LA RELACIÓN CON NUESTRO PADRE
Síntesis
Hay que vivenciar a Dios como nuestro Padre bueno y generoso pendiente de satisfacer nuestras necesidades en el mundo, para ello solo se requiere actuar junto a Él con la generosidad y respeto que un hijo amado y amante del Padre guarda con el mismo.
Reflexión
Toda sana relación de padre e hijo esta con seguridad sujeta al amor.
Este amor cuantificable en respeto, confianza y mutuo apoyo se ve en el deseo en el padre de darle al hijo lo que a sus ojos resulte justo y conveniente a su propio desarrollo y en el hijo este amor se manifestara siempre en su respeto y su deseo de apoyar al padre en lo que lo sea a él le sea posible.
¿Entonces por que resulta para muchos hijos diciendo amar al Padre trascendente tan difícil mantener con Él filial conducta?, ¿Por qué diciéndose creyentes termina en sus labios la afirmación que pedir al Padre es un acto de mendigar que ha de avergonzarnos y que nuestra vida a de centrarse en dar al gran dador?.
Entre vivir para el goce de los sentidos y la renuncia de los sentidos hay un justo medio.
Entre vivir pidiendo dividas y cerrarse a recibirlas hay un justo medio.
Entre creer que todo lo obtenido proviene de nuestra mano y pensar que todo es su voluntad hay un justo medio.
Entre estas dualidades hay que buscar el justo medio, se requiere como base para encontrarlo el amor y para cultivar el amor se requiere una constante relación.
No basta enunciar en nuestro corazón un etéreo amor al Padre que en ausencia de cuerpo termine por ser una frustración amarga.
No basta con cumplir con algunos actos devocionales pensando con ello tranquilizar nuestra conciencia.
No basta con repetir constantemente las mismas oraciones pidiendo sus favores que al final terminen siendo letanías irresueltas.
No basta centrarnos en nuestro orgullo para gozar en soledad de nuestros triunfos o sufrir nuestros reveses.
Se requiere vivenciar en forma personal nuestra relación con nuestro Padre.
He allí la gran dificultad que muchos ostentan en su fe.
La fe de muchos ha sido construida como un rígido mandato en manos de quienes vertieron en ellos sus propias añoranzas.
La fe en algunos ha sido construida sobre la base de una esperanza en una vida plena en su cuerpo y en el mundo desde de un día señalado mas allá de su propia muerte. Esta vida la visionan carente en trabajo y pleno en goce. Por esta vida ellos consideran hay que pagar lo mínimo posible sin darse cuenta que desde ya esta disponible gratuitamente..
Al otro extremo, otros hombres avizoran su fe renunciando a todo de este mundo para obtener en ello la misma promesa.
En ambos extremos, su fe les hace vivir en la esperanza de que esta promesa se convierta en realidad, mas en ninguna de estas dos visiones se vive el cumplimiento de la promesa en el ahora.
No viven día a día, instante por instante la presencia en sus vidas del Padre, tal vez con suerte visionan por unos cortos momentos la sensación de estar en su presencia, y esta presencia como un sueño se desvanece al menor movimiento sin haber alcanzado a oír su voz.
En estas circunstancias de no poder vivirle, de no poder hablarle, de no poder sentir su abrazo cálido, de no poder ofrecer a su oído las diarias circunstancias, y aún peor de no poder oír como manifiesta su aliento y ayuda, es cuando nace el frustrado sentido de suplicas irresueltas o de negarnos tercamente a pedir su ayuda, su amparo y su consuelo.
Por que se ha puesto en los corazones de nuestra mano o de mano de pastores estas ideas erradas, es que la dicha solo la avizoran amparándoles tras su muerte.
Por que ellos establecen en un extremo: que el mundo y la carne son pecados capitales, ante los cuales deben reprimir sus sentidos por que en ellos solo ven espejismos, o duras tentaciones para probarlos y hacerlos caer, o en el otro extremo ven mundo y carne como goces supremos, es que terminan unos o otros conceptuando erradamente que el mundo y Dios son cosas distintas que no ajustan relación.
Por que el pedir es en unos un acto desesperado de ajustarse con fuerza a la vida y en otros una osadía, es que siempre pareciera que no son escuchados, por lo que concluyen que es mejor no pedir.
Es necesario cambiar todos estos conceptos, es necesario vivenciar a Dios.
No hay que vivir corriendo tras los anhelos de este mundo que siempre exaltan el sentir y en la lujuria de su anhelo ampollan sus propias frustraciones.
Hay que vivir sabiendo que la fuente de nuestra real felicidad esta en el Padre en nuestras manos, que nadie de ningún modo podrá quitárnosla, y por tanto ninguna felicidad o dolor sujeta en nuestros cuerpos al tiempo podrá disminuir o aumentar nuestra alegría.
No hay por tanto que hacer ningún sacrificio en son de gracias a nuestras terrenas alegrías o en expiación de nuestras culpas o como prenda de un favor que mitigue un dolor, por que el Padre en ello no ve ninguna recompensa.
Hay que saber es que estamos en manos del gran dador quien solo anhela nuestra amorosa compañía.
Hay que saber que el acto de pedir a de centrarse en pedir solamente su compañía.
El Padre conoce nuestras necesidades y puestos en Él, nos da lo justo y conveniente a nuestro propio desarrollo.
Debemos comprender que sujeta a nuestra naturaleza material corruptible esta en vida nuestra naturaleza espiritual, y en la medida del desarrollo espiritual, la naturaleza material se va haciendo cada día más ligera y el disfrute del placer o la resistencia al dolor en ella va perdiendo importancia.
Ni la opulencia es un premio, ni la pobreza es un castigo para nuestro espíritu, solo son breves circunstancias como cualquiera otras para desarrollarlo que podrán ser equilibradas en la medida de nuestro apego al Padre, por que en la medida de nuestro apego a ellas traen frustración.
Centremos nuestro hacer sea cual él sea en mostrar nuestro amor y respeto por el Padre y veremos como Él nos suplirá nuestras necesidades materiales y espirituales en la medida de nuestra justa conveniencia, por que el Padre es el gran dador.
Ricardo Muñoz