La Invitación IV

Exhortación final

Quiero en este punto mis queridos invitados, con vosotros los grandes avatares, vosotros los creyentes de cada vertiente religiosa y vosotros hombres comunes estudiosos del espíritu, hacer en este momento un llamado final a vuestras conciencias para beber de la vid de la hermandad.

Son graves los estragos de la mutua incomprensión, cada uno cree tener entre sus manos o cree avizorar en su conciencia el camino recto y único para unirse al todo pleno, esta semilla desgraciadamente fue plantada desde las palabras de cada maestro iluminado, no podemos juzgar en esto certeza, la historia, aún la pregonada por vuestros propios seguidores se escribió tardíamente al transcurso de vuestras vidas, únicamente se podría exceptuar de ello a Muhammad quien no obstante ser iletrado, sus palabras se transcribieron al papel conforme emanaban de sus labios, y sus labios pronunciaron muchas veces las palabras, infieles, gahena, y espada y un llamado a la batalla, también prometieron sus palabras en el cielo como premio de los justos junto a los jardines regados por fuentes de agua encontrar mujeres puras.

No cabe duda que cada maestro espiritual llevo varios pasos adelante la comprensión de cada pueblo, inmediatamente antes de su pasado en los pueblos árabes la mujer no iba a mas que ser otro objeto; tu profeta dignificaste en algo su posición al hacerlas dignas de heredas y matrimonio, mas tus palabras hoy son cortas pues igual dejaste sentado la superioridad del hombre, y esta apreciación común a todos los grandes avatares a llegado el momento de borrarla.

No es que la magna totalidad del todo cambie su carácter, es nuestro avance quien nos hace hoy más justos a su nombre. ¿Entonces por que aún tantos entre vosotros entre quienes mi corazón reparte sus afectos no logran avanzar en su posición un solo paso?.

El paso que hoy esta a vuestro alcance es un pequeño paso, mas es un gran paso, se trata de tener en si la comprensión de un todo mas pleno. No van mis palabras a la leve tolerancia justa a la talla de los hombres, esta sin duda lentamente se ha venido logrando y en algo a acallado las batallas, mas esta tolerancia de los hombres ante la trascendencia espiritual es igual que nada.

La tolerancia que da el hombre en sus leyes es buena en tanto que sirve para lograr la convivencia entre los mismos, esta convivencia que se expresa en leyes con el sonado titulo del derecho del libre desarrollo de la personalidad, esta convivencia con nombre poético que fácilmente se corrompe ante el abuso individual no es mi objetivo. Tampoco es mi intención impugnar las leyes de los hombres, ellas serán mejores o peores en tanto que nosotros seamos mejores o peores hombres, mas las leyes de los hombres no podrán nunca atrapar la esencia trascendente, su intención solo regula la correlación humana.

No, yo no he rogado aquí vuestra presencia para llegar a tan vana exhortación, no se trata de vivir junto al hermano pensando de corazón como él anda equivocado en sus creencias trascendentes y que cada cual piense que aún rogando y orando por el mismo no lograra la salvación o trascendencia pues sus creencias violan los dogmas y leyes que nuestro Dios personal puso como condición para ser justos a su nombre.

Mi exhortación va es a que entendáis como cada uno es portador de una visión verdadera, y que esta visión individual también tiene por delante un camino a ser construido.

Se cuan difícil es este paso dado que cada uno de vosotros los maestros iluminados se encargo por sus palabras o no acallo como debiera el evitar cerrar esta posibilidad trascendente a otras creencias, e igualmente cada maestro se abstuvo de concretar en sus palabras como el camino espiritual por el propuesto tras su muerte podría aún perfeccionarse. Cuantas maldiciones, cuantos anatemas, cuantos llamados a la batalla, se hicieron en nombre de vuestras supuestas palabras por imponer vuestra propia visión teosofica, cuantas culturas fueron aplastadas en nombre de un pomposo espíritu misionero por servir la propia visión o unos mandatos no de Dios sino de hombres.

Es necesario que a partir de este momento vosotros seguidores de toda corriente religiosa, especialmente quienes regidos por vuestros propios códigos estáis embestidos con carácter de pastores o ministros que seseéis de inmediato el llamado al único camino, es necesario que reestudies las propias sacras escrituras y las sacras escrituras de toda otra corriente religiosa no con el animo que actualmente os anima de encontrar en las primeras todo justo y ecuánime y en las segundas todo plagado de error desde el momento inicial de no ser concordante con la historia y el nombre que dais a vuestro camino trascendente.

No, toda sacra escritura hay que estudiarla pensando en encontrar en cada una no una transcripción histórica de hechos sacros sino unas reflexiones que contienen en su interior una esencia luminosa y trascendente mas allá de las palabras. No todo pasaje, ni cada oración en ellas contienen esta luminosidad radiante, aquellos que no le contiene son palabras de hombres en busca de la gloria de los hombres, es muy fácil discernir en todas ellas cuando al leerlas ponemos nuestra mente justa al todo pleno, yo niego rotunda y claramente que las palabras iluminadas estén mas allá de nuestra propia comprensión cuando en animo armonioso se busca su sentido, quien esto afirme solo quiere imponer en nosotros su mentira.

Sed fuentes sedientas de ser, rechasad de plano cualquier visión que se niegue consustancial de otras visiones que en igual animo le busquen, evitad perdeos entre palabras rimbombantes que por si mismas quieren atrapar la esencia absoluta y lo único que logran es perdernos. Él verbo en su luminosidad no necesita revestirse en ornamentos de letrados, su ser es, y yo claramente le distingo caminando aún dentro de algunos que en su bondad elemental le viven y le niegan.

¿Por que es tan difícil para vosotros reconoceros?. Si andáis en apegos, aún en el apego de defender vuestra propia y limitada visión trascendente nunca podréis reconocer que la trascendencia forma parte en este instante de nuestras vidas, no debéis esperar a que acuda la llamada de la muerte para ser junto a la gloria, la gloria de nuestros nombres esta aquí y ahora caminando a nuestro lado solo debemos reconocerle y potenciarnos en ella.

Esta es para vosotros mi invitación y mi llamado, no es un llamado de maestro, solo de un invitado mas a este banquete, mis palabras e de reconocerlo ante vosotros superan en muchas ocasiones lo limitado de mis actos, aún tengo por delante mucho camino que recorrer y espero recorrerlo siempre en alegría, y esta alegría requiere para vivirla lo anónimo del ser y del camino.

Que cada uno entre vosotros se reencuentre con si mismo, y sean mis palabras solo una hoja mas que curiosamente contemplasteis a la vera del camino.

Ricardo Muñoz


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