La Invitación II

 

Permitidme ahora vosotros los creyentes de todas las vertientes religiosas que os dirija mis palabras, a vosotros que estáis sentados a mi mesa compartiendo entremezclados con todos los maestros espirituales venidos a este mundo, debo declararos como mayoritariamente campea entre vosotros la pobre ordinariez de vuestro espíritu. Permitidme deciros que esta cerrades en que os encontráis palpablemente al negaros mutuamente vuestra propia trascendencia hiere por lo bajo vuestra propia humanidad. ¿Cómo puede atemperar entre vosotros la creencia de un único camino?. Esta bien que consideréis a vuestro maestro lo justo a vuestros pasos, cada cual es libre de seguir su propia senda, mas, ¿Son vuestros pasos el resultado de una búsqueda continua?, o ¿Son solo el resultado de vuestras propias circunstancias?, o ¿muchas veces vuestros pasos no son pasos sino una marca de vuestra inapetencia?, mas, sea como fuere, esto no os da derecho a negar otras realidades espirituales, hoy estáis claramente compartiendo con todos los maestros, ellos como guías erraron al querer señalar la realización de su camino como el único posible, esta falla ya veis como ha producido tanto daño, es muy diferente el significado de las palabras de un maestro iluminado cuando dijo que ningún discípulo puede ser superior a su maestro sino como mucho solo igual al mismo, esto es cierto considerando la parte pertinente al mundo trascendente, mas ya una vez cerrado del maestro su capitulo terreno, nosotros en este mundo podemos ir mas allá de sus palabras, las palabras son propicias para cada tiempo y cada día mas y mas se profundizan, la interpretación de estas palabras en el contexto inamovible que le disteis ha cerrado las puertas a vuestra propia y nueva trascendencia. Igualmente las palabras de otro de vuestros maestros cuando dijo como el Señor ha puesto un sello en los corazones y en los oídos y una venda en los ojos de los infieles a quienes tiene reservado un castigo cruel no son propicias a nuestros tiempos, esto en nuestro ahora no habla bien de buscar la trascendencia, fueron palabras propicias a circunstancias más obtusas. En el ahora somos nosotros los artífices de nuestro camino y ya es claro que no hay ningún camino cruel para enderezar a la fuerza nuestros pasos.

Entended, cada nacimiento es el evento que nos permite buscar la conjugación con todo lo existente, nuestra vida en el atajo de lograrlo, el aquí y el ahora son propicios a nuestro propio crecimiento, vosotros que por instantes sois siervos y por tiempos gendarmes de los dogmas propicios a vuestros nombres, debéis renunciar en este instante a la condenación de vuestro hermano, procurar para vosotros toda idea que marque un derrotero trascendente en una búsqueda sincera, recordad, no marca un derrotero trascendente el rechazo de cualquier otro camino que marche en busca de la cima donde todo se conjuga, no marcan un camino trascendente las palabras que enseñen condiciones y restricciones a nuestros cuerpos y actos por fuerza de evitar por temor la propia y mítica desventura; nuestros cuerpos y nuestros actos deben ir en el sendero de la armonía universal, si no acogéis el llamado a la hermandad no podría yo clasificaros de otra forma que como aves de rapiña en busca de su presa o en aves de corral asustadas ante el aullido de los lobos, así vuestro exterior aparente un lenguaje sin ultraje, negar en el corazón la posibilidad de que otros busquen su propia trascendencia por un camino diferente no conduce mas que a rebajar la propia comprensión del espíritu.

¿Que objetivo conduce vuestra búsqueda?, Tal vez muchos solo buscáis apagar el miedo a vuestra muerte y sabiendo lo inevitable de la misma, rogáis por no perder vuestra propia identidad y que esta identidad no llegue a caer en los castigos prescritos por cada uno de vuestros maestros, tal vez muchos solo queréis el poder temporal conquistado por otros que os precedieron en vuestro camino, y lo dejaron como prueba de grandeza de un dios que no es mas que su propia y personal grandeza, estas y mil razones mas no hablan sino de vuestros propios apegos, con seguridad os sentís fuertes cuando participáis en una multitud atiborrada que ora junta, mas yo hoy como un nuevo hombre os digo, ningún camino que se diga terminado corresponde a la verdad, solo son limitadas visiones que impiden en el tiempo nuestro propio crecimiento, yo en mi corazón e venido lentamente tocando uno a uno los suaves brocados de la gloria y mi fe me convénse que aún mi camino a de llevarme a cúspides mas venturosas y lejanas, mis pasos he marcando uno a uno en poemas, siempre en ellos podréis ver como su nivel aumenta, puede en ocasiones haberme llevado mi exploración por cañadas peligrosas mas siempre mi gusto a la verdad me lleva a franquear con suavidad estos peligros, ¿entonces por que vosotros estáis ciegos a la búsqueda?, sois ciegos que conducen a otros ciegos, estas palabras consignadas por el espíritu nazareno os describen, tenéis entonces que romper el circulo que en siglos y siglos deja huella, mirad como fue posible que vuestros maestros derribaran con sus manos otros lazos, deberían ser ya recuerdos los tiempos de las grandes multitudes adorando un dios diferente en cada acto de los hombres, mas vuestros propios pasos a muchos os han mantenido en estos viejos tiempos, tenéis cada santo y cada muerto justo a la complacencia de cada una de vuestras minimidades, tenéis cada vela de colores propicia para llamar una deferente potencia celeste, miráis vuestras palmas, vuestros astros, vuestros propios excrementos consultando en pitonisos vuestro destino y en ningún momento se os ocurre consultar vuestro propios corazones, yo os digo, allí reside el verdadero amor, que fuerza tan grande y poderosa se aviene cuando somos capaces de sentir nuestra propia y personal trascendencia que se conjuga en el infinito, en este infinito que tiene su propia armonía y que en la misma nuestro ser se agiganta, tal vez aún estáis en la etapa de rezar mantras y oraciones para atajar vuestro espíritu que revientan entre el amor y el desconsuelo, la soledad para quien no la conoce es dura e inapetente, mas esta soledad solo corresponde a la apariencia, Dios no tiene cara, Dios no tiene nombre, ¿para que recurren vuestros corazones a nombrarlos a través de tantos nombres?, no, potestad a Dios en vosotros mismos siguiendo su armonía, que lejos podríamos estar ya de la espada si un millón de corazones al unísono vibraran en su soledad deseando el mismo deseo, ellos podrían cambiar el curso de los tiempos. El poder no esta en pensar con el deseo esperando la intervención de un poder celeste, a diario escucho los riegos de miles y millones pidiendo en cada rincón del planeta que cese la guerra y el hambre, y la guerra y el hambre continúan impertinentes en su continuo espectáculo, solo la voluntad aunada de los pueblos conociendo el poder de sus propios corazones podrían lograr este carisma mas nuestros corazones siempre navegan en la propia apetencia y desglosando impúdica lujuria.

Ya es hora de cortar todo temor al castigo, ya es hora de dejar de apetecer la propia salvación, esto solo nos señala la poquedad de nuestros actos, nuestra misericordia pensando en revertirnos no es misericordia, nuestra compasión como gesto de consuelo nos apoca, nuestros actos han de ir revestidos en una claridad meridiana de conocer como todos nosotros al final somos uno solo, todo en el bienestar es nuestro propio bienestar y todo en el dolor es nuestro propio dolor, mas el bienestar y el dolor al final son solo circunstancias que no apocan nuestro propio entendimiento, entonces yo brincare cuando vuestros corazones comprendan su potencia y busquen alcanzarla, en tanto vuestros pasos sean mendicantes solo tendrán el consuelo del espejismo trascendente, esta vana trascendencia que aún hoy os recorre y que acalla vuestros actos son solo etapas del camino justa a la propia limitación espiritual que sin ser falsa no muestra un final, procurar lentamente ir alcanzando un nivel aún mayor de comprensión para hacer de vuestros pasos mas ligeros. Os dejo en un poema:

Destino ineludible.

Blanda y dura animosidad de retomarse.

El ser en su talante

popula la tierra

conjuga el tiempo.

El universo se expande

ondas convergentes invaden su materia.

En algún instante

el confín será retrospectivo.

Masas cataclismicas

tornaran a condensarse.

La consciencia orgánica convertida en luz

se diluirá en si misma.

El pasado volverá a retomarnos.

Ricardo Muñoz


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