Discurren en trajín sencillo
un maremagnum de existencias,
sujetos: divagantes
consumientes
condenantes,
pero sin tener de la vida un profundo interrogante.
Todo el sentir de sus angustias,
se enraíza en el cuidar de los instintos,
y su permanente ondear de sinsabores
corresponde a la negación de sus sentidos.
Ellos son más espontáneos, más gozosos
no como mi entraña venenosa
que consume en divagar todo mi tiempo.
Yo les envidio y compadezco,
pues si la obtención del goce objetiva su existencia,
andan sin avanzar
y su ser y estar
con ellos o sin ellos es igual.
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