Difuminante melancolía,
a ristre de la amistad,
cuando su cobre se empaña
con premeditación y saña
al creerte un tal por cual,
no pretendas en tu amigo
encontrar el gesto noble
de creerte sin enmienda,
solo al verte indecoroso
el mísero rastrero
podrá tenerte por su igual.
Difuminante melancolía,
cuando en el preinstante del clímax
pretendas explayarte en éxtasis,
al momento estás vacío
seguirás sintiendo frío
y tu hambre volverá.
Difuminante melancolía,
al abrazarte a una botella
encontrarás la vida bella,
y tu fuerza de rastrojo
multiplicada en portento
te hará creer tu sueño cierto,
pero el vaho en tu cerebro
igualmente ser irá.
Difuminante melancolía,
sobrepuesta siempre al éxtasis
donde quiera que lo encuentres
un instante en el disfrute
y una vida en recordar.
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