Cuando aún el día más claro es gélida noche
y va sintiendo nuestro ser mil sensaciones,
como un tiempo infinitamente prolongado,
un latir entrecortadamente acelerado,
toda nuestra sangre convertida en cúmulos helados
transportada con golpeteo de las venas,
sentir el respirar detenerte por instantes
entremezclando el aliento con suspiros,
tener los músculos gélidos y hiertos
pesando más allá de esfuerzos idos,
cuajado el rostro de lágrimas y gestos
convirtiéndote en un desconocido,
observar que el cuerpo inconsciente se recoge
queriendo retornar a la calidez del vientre,
desbocado como bestia el pensamiento
bordeando en su carrera límites atroces,
cualquier sentimiento perdido en el olvido
sean el amor, la hermandad o el afecto,
apartarse del sentido religioso,
y olvidar de nuestro ser la trascendencia,
sufrir torturas de un verdugo imaginario
que flagelando el cuerpo lo hace pedazos,
arremeter sin miramientos al amado
buscando producir con odio honda herida,
abandonar el deseo de la vida
viendo fácil la presta salida.
Entonces aquel a los lejos nos observe
podrá ver mejor que definida
cual es el significado profundo
de una angustia depresiva.
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