Ven, muerte, ven
enséñame tus carnes
tu fornicar infinito
como el manantial donde nace
la serpenteante nada,
donde el rumorante transitar de térrea corriente
hiendo por el llano calmo
por el tortuoso rápido
o el aterrante salto,
ya ni se presiente ni se escucha
todo se hunde en tu sosiego
desde la vana urdimbre
todo placer terreno
todo dolor
y toda calamitosa esperanza.
|