Ignoto
impávido
a la orilla del mundo
lejano de cauces y destinos
en la tempestad que la fuerza del hombre impuso,
soy el quien nadie ostenta
soy el soñador marchito
la sal corrupta
el reflejo del muérdago.
Voy
leve
sutil
vano,
y a mi lado el hombre
y a mi lado el mundo
en su cremación celeste
y río,
o lloro y sufro.
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