De hacer ceniza el corazón
vadear el río en una noche
tocar el aroma de la flor
y ser de la nada transgrecida.
De componer mil arpegios con palabras
caminar,
cantar en trinos
y soñar con mente ardida.
De cruzar a través de las montañas
ver el viento fecundante
gozar del sol
y la palpitante primavera.
De pasar desvanecido
proyectarme al universo
oír mi nombre susurrar
y ser punto a llegar de mil partidas.
De estar cerca de Dios y junto a ti
evitar naufragios
ver la paz y lejana el hambre
y ser dueño de mi cercana lejanía.
De todos estos sueños y mil otros
se alejó mi alma
los consumí a dentelladas
y rearmé el mundo para seguir mi vida.
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