No preciso el auxilio de tu nada
para saquear el ajenjo entre tus sobras,
o cuando para mi deleite
tomo tu corroído lecho
tirado como tú en el olvido
y me extasio en el placer
cuando tú ya te has ido.
No preciso de doctos
como asustadas plañideras por la muerte,
queriéndote tomar como su fuente
para bañar en ti su temor a evaporarse.
Adiós te digo antes de conocerte
y antes de que me conozcas adiós me digo,
si has de probarte mis ropas, que bien te sirvan,
pero mis fantasmas me los llevo conmigo,
hazle tú el amor a tus fantasmas
pensando hacerlo con los míos.
|