Cuanto adoro el desparpajo,
el fruto de tu femenil gracia
que indolente motiva mis ansias
para redimirme en la furiosa hoguera trepidante de tu cuerpo.
Allí mi andar desasosiego
desea tomarse apoplégico infinito
huyendo de mi letánico submundo de desencuentros
Tú,
mujer que maquinas para mí tu cuerpo
aprisióname en tus instantes
a donde llego generoso
curado de espantos terrenos
aterrido de inciertas respuesta.
Tú,
eres mi nada en el mundo
aprisionante indolora
para alejarme de mi cavilar
que insistente me llama al verme en tu lecho.
|