Que Ruede La Bola

 

Que ruede la bola
que gire la gente
que pasen celestes los centauros del mundo
rompí las cadenas
divago 
respiro
corro
tartajeo les tiro la puerta
les abro mí alma
les juago en hechizos
les echo del templo
Jesús puso ejemplo. 

Vengan pues
que continúe el suicidio
nunca tan digno
como un harikiri
público espectáculo
máximo exterminio
para ser narrado por un Jenofomte.

Llené mis alforjas con sueños robados
Vallejo del Perú
Withman del norte
Arango del mundo
Neruda del amor
Byron de ansias, tragedia
y el lejano relato de una hecatombe.

Y puedo constante seguir al asalto
robando páginas 
por mil y más noches
y hoy pueden ustedes robarse mi hurto
por ello yo no seré pobre.

Eme aquí dispuesto a compartir
todo el fuego olvidado en los campos
y todo mí desprecio
y todo mí amor
y mí esperanza
ésta la antepongo a cualquier palpitación
la deposito en campos
siempre va inconclusa
la esperanza nunca puede poseerse
es una púdica doncella que nos niega sus abrazos
más yo recojo sus mohines
para hacerla constantemente mía.

Y tomen ustedes el fuego que redime
está tirado en  la hojarasca
en porquerizas
en los alineados cafetales
en todos los gusanos que renuevan nuestras carnes
siempre está presente
voraz
no importa si los hombres han intentado apagarlo
en una asepcia
que les diga cómo pueden olvidarse de la muerte
renacerá de las cenizas
lentamente carcome la fortaleza y robustez de todos los amigos
están  flácidas las carnes de aquellos que fueron sueños lúbricos.

Su fuego es fuego
no podrá nunca ser apaciguado
mi alma se encamina a perderse en la vorágine
sus blancos brazos me llaman
su cercana lejanía me permite soñar en todos los altares donde 
se hicieron las mayores libaciones en honor a Afrodita
y sigue imperenne su llamado
sé como también mi fuego a redimido sus carnes para llevarla
 a constelaciones que jamás fueron soñadas por otros hombres.

Y ahora, 
con igual gusto les entrego mí desprecio
ayer salto inconsulto a Barranquilla
fecha libre para atraer indigentes cual conejos
buscando enriquecerse con su piel
sus carnes, sus huesos 
veo como esto no produce el espanto necesario
cómo éste mas fue una gota más en el océano
donde al igual va a parar las aguas degolladas del río Cauca,
y pienso sí mis palabras me pueden conducir al camino de las 
			       	balas asesinas.

He apostrofado con tanta vehemencia mí desprecio contra toda iniquidad
sé como los hombres han cerrado las puertas de los cielos prometidos
para caer por obra de su acción en el más pudrico lodazal donde 
						se regocijan chapoteando.

Me salva el que allí
no llegan mis palabras
ellas son pobres en mí
sus alas son tan sólo dos tristes excoriaciones flagelantes
dos desfigurados muñones incapaces de estremecer siquiera por 
						su mísera presentación.

Pero les amo
les reconozco pordioseras tocando a la puerta de uno o dos corazones 
en espera de ser acogidas y llevadas al fuego del hogar
tal vez alguna alcance ésta suerte
las demás
como la nidada de quelóneas tortugas no alcanzaran los beneficios 
							de aguas profundas
morirán calcinadas en las arenas de la playa
depredadas por las aves y por toda suerte de omnívoros 
que se 	apostan a su paso 
para saciarse en el banquete
tomó pues por cierto que la muerte de mis palabras es a mí a
quién me salvan
ellas nunca alcanzarán el destino de morder con su desprecio 
				la furia ciega desatada por el depredador
				que recóndito se oculta tras el moquete
				inacepto en ellos de hombres.

Y ahora 
degusten al final el dulce elíxir
como todo licor maduro y suntuoso se desliza suave en la garganta.

Cómo la adobada almendra en el amareto
cómo el dorado trigo en el scotch
cómo la uva en el vino
papa en el vodka 
y el sabor de los cañaduzales en nuestros aguardiente y ron.

Les hablo de mí amor
el es con toda dilación para los hombres 
y con toda mí ternura y sensualidad para las mujeres
a quienes 
				paradisíaco he querido llevar a la 
máxima cumbre
nunca su suavidad será por mí suficientemente apreciada
ellas me envían desde su lejanía cálidos saludos de los dioses
y yo les respondo con ferviente admiración queriendo con mí
				sombra tocar la ternura de sus carnes.

A ellas y a ellos les envío el mensaje 
de abandonar lo grotesco 
				en nuestras vidas
les digo cómo con un ligero esfuerzo pueden levantarse y alejarse
				de lo fatuo
de lo canalla
de lo ruin.

Muchos no necesitan mi mensaje
ya recorren el sendero
para ellos va mi voz de aliento
sé cómo no escuchan mi mudo canto gesticulante de la redención
						que se aproxima 
más mi espalda les cubre el sol y pueden gozar de un clima uno 
						o dos grados más benigno.

A aquellos que han seguido rebosantes en iniquidad
les observo con dolor al ver cómo trituran la redención 
ante sus puertas
en su lejano karma
seguirán portando los delfos objetivos de los hombres
bañados en el matéreo bienestar que les corroe su orgullo
otros asidos a lo simiesco no quieren apartarse
para todos ellos será doloroso el mensaje de la muerte
sus lágrimas saltarán de espanto ante tan incomprensible
				ruptura de su goce.

Ella no será en ellos la cálida compañera que viene a aclimatarnos
a conducirnos a recorrer sendas más profundas
para ellos la muerte será el último adiós
la tortura inevitable.

Puede ser que el tiempo les obligue en  su consuelo 
a tomar resignados éste paso
o pueden ser que aún no sea tarde y acudan al llamado
siempre habrá un tren presto en la estación
siempre habrá billetes para los que quieran embarcarse
tal vez también
haya tiempo y forma de pagar por las afrentas.

Ricardo Muñoz - Rimuz


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