El Ave |
En el mercado el vendedor atraviesa con su cuchillo la garganta del ave colgada de la viga. Su sangre baña en segundos las plumas de otras aves dispuestas en el suelo para evitar en el un cumulo de sangre. Mientras sus ojos se dilatan como queriendo retenerse, en su ultimo estertor el ave mueve su cabeza. Unas gotas de su sangre ensucian mis ropas de curioso. Se cumplió el destino dispuesto por el hombre. ¿Hará fructificar el espíritu presente en sus carnes nuestro espíritu? o ¿Seremos espíritus inatrapados como él vagando?
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Ricardo Muñoz |