Rápido acudo a mis extremos.
Un día como fuente de mis soles
viva luz me ilumina
irradiando entre penumbras.
Y al siguiente
brillo en mis penumbras
en todo mi esplendor.
Ya bastante pesa el día
para instalar de mi mano otro dolor.
El miedo avanza
toma cuerpos
quiebra sueños
une el día a noche oscura
donde ni la risa o el canto
ni el cinismo, la impudicia, o la virtud
pueden callar el temor enterrado hasta los huesos.
Solo podría hacerlo el sabernos invencibles
en el eterno parangón de nuestro yo
y esto es de muy pocos el secreto.
¿Volaremos o no a tomar luz del mañana
pensando reivindicar viejas promesas?
Empecinados seguimos agotándonos
buscando sin hallar
en este cara o cruz nuestro punto verdadero.
Vano el acto si buscamos
en papel reglas para someternos.
La virtud por obra de sufrir negándonos no es cara mas es cara.
La perversión en sus instantes de irresuelta ansia no es cruz mas es cruz.
En tanto seguimos escurriéndonos o negándonos
llevando nuestros actos a rutas donde se imita.
Allí hacemos encallar el alma.
Interpretamos en incontinua forma cada letra.
Cada uno de acuerdo a su variable día
asigna actos a obras ajenas.
Y yo pensando en glosar redenciones y demonios
donde el demonio es el conocerse
y la redención el negarse.
Ansiando conocer cada obra nos escurrimos en sus paginas
para negarlas o hallar nuestro ideal inalcanzable.
El caminar no afana a la quietud.
El aparente inútil acto de la vida
solo logra encontrarse en un cause medio
entre virtud y perversión.
Así como la virtud es nuestra negación
la perversión es nuestro exceso
y en el centro de las dos va nuestro cause verdadero.
Como variantes del mundo para el mundo
solo tiene sentido en él el encuentro de si mismo.
Desde siempre no entenderlo a sido nuestra perdida
pasamos una y otra vez por la vida en extremos sin hallarnos..
En ellos detenemos nuestra unión que es para siempre
perdemos
o la individualidad que nos detenta
o la articulada interacción.
Es el yo junto al mundo
quien nos llama para siempre desde el mundo y junto al yo.
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