En El Momento

 

En el momento de requerir  de la  oración,
recuerdo como mi oración soy yo mismo
diariamente buscando acrecentarme.

En el momento de requerir que se me escuche
para   traspasar los muros de silencio
puestos por la ciega incomprensión
o por la levedad de un cuerpo 
en estado de inconsciencia, 
me reconozco como un espíritu puro
y vivencio en él todos los encuentros.
Él supera la barrera de las palabras
para tocar la fibra de cada espíritu
allende a los sentidos de sus cuerpos.

En los momentos en los cuales
en busca de consuelo
son requeridas mis palabras,
hago ver como mis palabras 
casi siempre en papel fluyendo
tienden al ser requeridas 
al silencio  ensimismado, 
y en la hora del consuelo 
remito a cada uno a su  propio credo
en tanto su credo pueda sostenerlos
tomando solo en mis manos
a quien la tormenta  desbordó 
en su credo aceptado
y fuera de su credo busca consuelo.

A quienes me piden apaciguarles
en un duro momento 
les doy la cercanía de mi abrazo
y mi boca monosílaba,
por que las palabras
como cascadas alucinantes o cristalinas
no pueden abrazar en este instante sus espíritus
como si puede abrazarles 
mi cuerpo y mi espíritu 
en su comprensión 
de conocedor del eterno gozo 
de innecesario consuelo.

Yo puedo decir a un espíritu dormido:
¡Levántate y hecha a andar
es hora ya de despertar he iniciar el caminar,
prepara tu vigor para el viaje de tu  ascenso!. 

¡Levántate y si no te es vano 
reconcíliate en tu cuerpo
pues tu cuerpo
es también buen lugar para el encuentro!.

¡Levántate pues no es del espíritu estar dormido
retorna a tu hogar 
avizórate en ti y en cada uno de los hoy tuyos
a quienes pueden animarse mutuamente en el ascenso!.

Toda circunstancia es prontamente superada
todo en la levedad del cuerpo en  tiempo esta marcado,
tu en esta levedad del tiempo encamina
tus pasos a  donde la levedad 
no es del tiempo o del cuerpo
sino un estado de contemplación y acto
como el que ve una película de sus propios recuerdos.

Es hora de despertar  espíritus  invernantes
que a mi espíritu por designio 
de su propio deseo me escuchan
entre las brumas puestas por su lucha ante la muerte
o por sus manos cuando acallaron  su voz
al unirte a la búsqueda de lo efímero en el tiempo
o de un dios severo y fustigante.

Vacilantes o  despiertos
quietos en la bruma de un tiempo detenido 
heridos o gozosos en el cuerpo
quien yace 
o quien contempla a quien yace
detenido en el tiempo, 
a todos digo 
por que aún sin palabras
todos en  espíritu pueden escucharme,
todos somos espíritus en transito
y esta ha de ser nuestra alegría
y esta alegría por siempre es alegría
en ella las penas se extravían, 
las penas son bruma ligera  que no detiene nuestro avance
nada se ha perdido así en el tiempo todo pareciera perdido, 
reconozcamos la levedad de nuestra propia circunstancia
procuremos en cada circunstancia nuestro avance
aceptemos nuestro tiempo como algo leve propicio al espíritu
pero no pretendamos detenerlo 
o extenderlo mas allá de su propia posibilidad,
somos del espíritu y para el crecimiento del espíritu cuerpos.
Vivamos nuestros cuerpos  en armonía  junto al entorno,
no empobrezcamos el espíritu empobreciendo nuestro cuerpo
nuestro cuerpo no podrá ir mas allá de sus propias circunstancias
mas ello no amerita atentar contra nuestras propias circunstancias.
 
Por ser el cuerpo por un tiempo la nave 
del espíritu cual nuestro yo verdadero 
busquemos mientras le es dado  
bienestar a nuestro cuerpo
sabiendo como hemos de abandonarle,
no desperdiciemos el tiempo del cultivo
recojamos  pronto la cosecha de acrecentar el espíritu
utilicemos nuestro cuerpo recogiendo la semilla
para cuando ya nuestro espíritu   
fuera de la levedad del tiempo y de el cuerpo
pueda cosechar el  fruto plantado 
y veamos
como esta marcado 
nuestro siempre encuentro
donde no hay lugar para adioses
sino para la unión de todos y todo
a quien es Él-Todo pleno.

Olvidemos en esta comprensión lamentos.
 

 

Ricardo Muñoz - Rimuz


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