Desde la moral dictada
y falsamente impuesta en propio afán
en nombre de un severo Dios
tallado a la medida de sus manos
por aquellos quienes se proclaman sus regentes
queriendo con ella alejarnos de lo humano.
E igualmente desde la ética
del hedonismo puro
en donde el otro es una fuente de placer
y el propio bienestar el único propósito.
El mundo pareciera disolverse.Desde extremos tan disimiles
encunables en las mentes de los hombres
proclamando cada uno su razón y su cruzada
yo escudriño el horizonte
buscando aclimatar mi propia realidad.
Desde mi patria herida
por tanto extremo que al final se une
en el gesto proferido
al derramar la sangre
del contrario o el testigo
para imponer la propia apetencia.
Hasta cualquier tierra lejana
rebosantes algunas
de térrea prosperidad
como lugares donde coadyuvan
todos los cristales
para ensimismarse en el placer
como único objetivo posible.
O también en otras tierras lejanas
donde la carencia obliga a herir por un mendrugo.
En todas estas tierras se ve el hombre
imponiendo en su fuerza
un inconsulto y egocéntrico poder.
Rendirse a la propia ansia del poder
caracteriza desde toda orilla
a todo protohombre
aspirante a la grandeza.
En todo lugar
a fuerza de golpes se pretende
marchitar los pírricos avances
de la propia comprensión.
Son todos ellos
cada uno desde su propia rivera
quienes a fuerza de querer negarnos
quieren convertirnos
en homogéneos rebaños
destinados a la gloria de Dios
o de cualquier visión mundana.
Todos piensan ejercer para nosotros
nuestra propia libertad.
Y aún existen muchos
quienes desde su propia libertad
quieren auto destruirse
y arrastrar a otros con ellos.
Ha venido brillando por su ausencia
un entronque de las constelaciones y los hombres
que pueda cautivar la multitud
en una visión racional entre Él-Todo y los hombres.
Requerimos la libertad de poder auto descubrirnos
una vorágine veloz para conocer nuestro propio ahora
para allanar nuestro camino a constelaciones lejanas.
Entre visiones que niegan la realidad total del hombre
centradas cada una en su propio extremo
y negando la realidad total del mismo
yo he venido prodigando
la imperiosa necesidad de sembrar una nueva bandera.
Cultivemos nuestros cuerpos
sembremos en ellos nuestra semilla eterna.
Antes de lo pensado ha de germinar esta semilla.
Unamos nuestra voluntad de aferrarnos a la tierra sin afanes
con nuestro deseo de buscar la eternidad desde siempre presentida
y que vive palpitando en cada cosa en nuestro entorno.
La eternidad desde nuestro respirar hoy mismo esta dada
solo requerimos el deseo de transitarla
sin esperar la muerte para vislumbrarla.
Todo en nuestro entorno nos habla incesantemente
de esta parte de nuestra total realidad
hasta hoy por casi todos olvidada
por no aceptar como ya mismo podemos vivirla.
|