La presencia
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Cuantas veces he de oír siempre lo mismo, cuantas veces corre el agua y no hay molino, cada día mas quiebra el anhelo el constante esperar de ver su signo.

Otras veces mas se llena el ánfora, al ver el sol brillar radiante y nuestro corazón en dicho instante, se complace en contemplarle y allanar en él algo más grande.

Son estos extremos cadenciosos, son estas realidades de nuestros encuentros, unas veces juramos nunca a Él verlo y al instante siguiente, cuando el alma se apasiona en contemplación, rodeada al punto de ternezas, vemos su rostro en cada parte, para dar a los sentidos una gota de vida o de existencia.

¿A donde van nuestros sentidos? Allí donde palpitan emociones y son las emociones directrices para ver el mismo sol y hacer en su presencia dos canciones.

¿Y nuestras emociones? ¿De donde emanan nuestras durezas y ternuras? Ellas se corresponden a nuestra a nuestra estancia y la estancia es al sentido; sentido y emoción a par se alumbran.

Existe una emoción y existe un sentido que son en si uno solo, es una extraña dualidad en solo una esencia, es inmanente al hombre, es inmanente al mundo y es el sentir la soledad en medio de ser parte y permanencia.

Muchos caminos el hombre ha buscado para ajustarle, muchos pasos se han dado en su camino, mas estos pasos que para unos son gloria por ajustarse, en otros son rechazo y son olvido.

Para el ajustado en sus pasos trascendentes prima la entrega, el olvido de sí mismo, el ser conforme, esperan que su entrega a ellos reporte, un ser mayor, personal e imperecedero tomando de las mieles que otro aporte. Que sin razón, que sin sentido cabe a algunos en su entrega, se entregan para tener parte en si mismos, en forma definible sus eternos hosannas terminaran impidiéndoles la unidad que tanto anhelan, pues su entrega es fantasía de un cuerpo incorruptible con forma y sin esencia.

Amor, este paso que se da por ser junto a tu nombre, tiene un llamado especial al exegeta, él en tu nombre reparte tu nombre, y tu nombre como el agua se le escapa entre las piedras.

Acuden entonces los pastores del Señor a un vil engaño, pregonan en tu ausencia la dura prueba, por que me abandonaste es la pregunta y la prueba del dolor es la respuesta.

Tu nombre que se ausenta es la prueba que no es tu nombre, la sublime realidad que allí pregonan no esta en sus manos, pues tu nombre no es ausencia, tu ser es la presencia y la presencia esta en nosotros y nosotros en la esencia de toda creación, unívoca y uniformemente asidos a tu nombre que no es nombre, a tu piedra que no es piedra.

Tu presencia es ser constante ahora, terrena ventura envuelta en sus vaivenes y yo en mi alma que traspasa y que perfora, voy atado a tu presencia y en ti mi ser no añora pues ya eres mío y el instante eterno camino en Él ahora.

No añoro por que soy tú en cada instante, no añoro por que soy y siempre e sido, mi mano te contempla, mi mano te contiene y el dolor que a ella pueda llegar solo es fortuito instante y no una prueba.

Y el gusto y el placer también me tocan, es gusto que me diste, es gusto que me doy, en él mis aguas, junto a mi unívoco ser otro ser unívoco se iguala, en ella va mi transcurrir, de ella emana mi cordura, mi reposo y el ahora, y en este ahora dilatado a algunos años, va también la unívoca forma, del ser en el no ser individual, de la conciencia en la inconciencia, del olvido del anhelo pues la presencia es ahora y en el ahora ya se cumple mi tarea.

Por siempre ahora, dilatado, inexpectante, constante en el esfuerzo de un solo paso, eterna llama que se avienta a cada instante, la presencia esta en nosotros, y esta en nosotros sentir su transcurrir, no habrá que opaque nuestra sangre, no hay llamado al abandono cuando en el todo somos parte y ahora.

 

Ricardo Muñoz


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