Heme aquí ante el eterno conflicto religioso planteado casi en cada fe a nuestra
conciencia; si quieres ser espiritual abandona el mundo; mas ¿hasta donde es valedero el
planteamiento?
¿He de elegir el lacerante filo producido por el rayo que
quiebra la roca en un solo instante?, ó ¿el lento batir de olas que pule sus aristas y
le envuelve lentamente en su elemento?
Yo creo en el cálido nacer de una fe nueva, es algo que
se percibe en nuestro entorno. No es tiempo ya del abandono, claramente estamos ligados a
la tierra, y nuestra tierra amable brinda a cada uno su sustento. En tanto que le busques
con tu fuerza, nace en hombres y mujeres sin distingos, la cálida vocación de la
constancia que tañe a libar por el sustento, conseguido a golpe de tesón del propio
esfuerzo.
No es tiempo ya del hombre mendicante cambiando su
enseñanza por mendrugos, ¿si todos extendiéramos el ovalo, quien lo llenaría? No es
tampoco tiempo de odiar al padre a la madre o la propia sangre pensando en la propia
salvación, somos de la tierra, somos de la especie y nuestra especie a de llevarnos en
espíritu de justicia a ser en el amor, un paso gigante de fundir cuerpo y alma esta
adelante.
Declaremos un no a la dicotomía; somos verbo y somos
sangre, nuestro espíritu esta unido a la Armonía, hoy, desde siempre y hasta siempre,
venimos lentamente naciendo a esta realidad, no puede Él en nosotros ser acallado y esta
realidad lentamente vislumbrada nos hace parte en lo eterno, y nuestra sangre que
transcurre y se renueva, trabaja en esta eterna creación al encaminar nuestros pasos al
instante de tomar por completo esta realidad y sin apegos va nuestra carne siendo cada
día mas ligera para fundir en capas sucesivas la conciencia que hace del mundo el gran
lugar de nuestra espera.
Entre nosotros hay quienes buscando salvación han roto su
cuerpo esperando alejarse de su esencia, esta era la enseñanza de los grandes avatares,
sus palabras eran propicias a la cruz y al no deseo, al abandono del mundo y la familia
como el camino a seguir para lograr la salvación o trascendencia, sus vidas
transcurrieron de esta forma; mas es dado ya el tiempo de alejar la dualidad, nuestra
conciencia unida a la infinita forma, nos permite dilucidar el limite del bien hasta donde
nuestra alma y carne pueden llegar gustando del amor y de la tierra.
Tu alma es blanca nave adornada en el rojo de tu sangre,
expuesta siempre a la tormenta, esta en ti ir con tus fuerzas venciendo sus corrientes
aprovechando el elemento y siempre sabrás claramente el rumbo que tu marques, no
pretendas engañarte, siempre sabrás en ti mismo si sirves a la tormenta o al aliento, no
esperes de los hombres sus señales en ellas es mas visible siempre la tormenta, mas en
medio de ella va tu nave y toda nave, toma del mundo sin atarte, toma del mundo inclinando
la balanza al crecimiento sin dañar nada sin motivo, sin que exista motivo a la gratuita
destrucción, toda acción tuya ira a uno u otro platillo en la balanza, de una parte nos
llama nuestra propia trascendencia, y en el otro brazo jugaras a ser parte del desamor,
que mas que a otro termina hiriendote a ti mismo, a toda acción su reacción de allí no
hay escape.
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