Ante la tragedia

 

Terremoto en la patria.

Invoca nuestra imaginación ver el mal por mano inmanifiesta y poderosa, mas la tragedia en nuestra patria que aún solo respondiendo a causas naturales nos hace cuestionar nuestras creencias.

Cuantas veces igualmente lamentamos las perdidas ocurridas a causa desastres naturales o accidentales, perdidas de vidas, perdidas de bienes y el dolor por estas causas provocado agita en nuestro sentir una variedad de encontradas emociones por lo que se hace necesario encontrar una respuesta que mitigue las perdidas causadas, que reoriente nuestro rumbo en una armonía de nuestro hacer y nuestro estar de condición coyuntural sobre la tierra.

Es difícil confortar a quien todo ha perdido, aún mas que en el tener (al cual se ofrece apoyo), en el sentir, pues quien vio derrumbar sus posesiones, quien perdió en la ocasión al ser amado y quien en este instante y por esta causa pasa a sentirse desolado, y desprotegido, nada le consuela, y fácilmente desearía en su dolor arrastrar a otros al sentirse solo, y desposeído, considerando llegado el momento de tomar por la fuerza lo que piensa se le ha arrebatado sin tener ocasión de salvaguardar la vida amada y su bienestar lo que a todos nos dan confort y consuelo en nuestra existencia.

Cuan difícil es dilucidar nuestra respuesta, no en el apoyo material, (este es primordial al sobreviviente, en él todo el pueblo se a volcado), todo el pueblo como un solo hombre ha respondido en este aspecto primordial a dar respuesta. Es en el sustento interior de nuestra existencia donde no logra el golpeado encajar los por que de su dolencia.

Hablo yo del inconmensurable vacío que se arraiga en el corazón del afectado, ¿Por que a mi?, ¿Por que yo?, ¿Por que partieron de esta vida en este instante aquellos que yo amaba?, y una vez salva su vida, dadas por el creyente las gracias, cunde en su el alma en desconsuelo, por que no hubo un Armonía para evitar su enorme perdida.

Acuden al momento los pastores del dolor, hombres que te dicen, "es una prueba", e igual te dicen, "quien has perdido descansa en el Señor, confórtate pues Él le unió a la gloria eterna desde el instante mismo de la tragedia", sin decirte que eres parte en la gloria desde ahora.

Mas, ¿puede ello reconfortar este dolor?, o, ¿Pueden su deseo y desconsuelo dar tranquilidad a su estancia?. Yo creo que en tanto naveguemos el deseo en apego no tendrá calma nuestra ser, sea que vivamos en miseria o opulencia.

Todos al final somos sobrevivientes de nuestro propio desconsuelo, y en estos momentos de carencia material, de ausencia del amado, son motivos aún mayores de aferrarnos al deseo, y este deseo irresuelto nos apega aún mas a querer sostener nuestra térrea existencia y llorar aún mas la perdida.

Este mundo fue hecho para darnos felicidad en nuestro transito, mas, nuestro estar es solo el paso en el camino, y por bello que sea este camino no es nuestro destino y nuestro destino esta mas allá del goce o la tragedia.

La Armonía, generosa ha otorgado al hombre, la libertad y la Armonía para hacer en este mundo nuestro transito feliz con un justo bienestar a nuestra talla cuando tenemos en nuestras mentes su presencia, mas nosotros por si mismos hemos logrado, bloquear nuestra propia comprensión en medio de apegos y deseos de donde nacen los extremos de la carencia y la opulencia.

Hay que dar al carente material lo que en nuestras manos sea posible, mas nuestra carencia espiritual no se ha tocado, y esta carencia no la suple, ni la estampa de una Armonía castigadora interesado en ostentar su poder para a fuerza de males conducirnos, ni la vista de una Armonía misericorde interesado en perdonar o asumir el dolor de quien clame en este instante su nombre, sea que en su vida de siempre le haya alabado o haya estado lejos de Él en esta tierra.

Esta carencia no la llena la imagen de Jesús crucificado sufriendo eternamente su dolor para avergonzar nuestros dolores, y es que esta imagen de Jesús crucificado ha borrado desde su cruz la doctrina de su amor con la que el vino a redimir nuestro estar antes de poder gozar en su presencia.

Se implanto con la cruz la culpa colectiva, se nos hizo por nacimiento pecadores, se nos hizo en espíritu participes activos de la eterna crucifixión y esta imagen de dolor y culpa, y esta eterna imagen del crucificado asumiendo nuestro dolor y nuestras culpas, es una imagen que nos tiene desgajados por que no sentimos su consuelo dado que por nuestra mano haberle falsamente crucificado nos impide reconocer en nuestro paso por la vida la trascendencia y su presencia.

No importa cual sea la imagen que cada uno apaciente en su pecho del retorno al hogar, este hogar que todos anhelamos sin poder percibir en plena forma nos espera, en tanto, cada uno en su corazón debe asentar que este mundo nos fue dado, para darnos felicidad en tanto sea posible nuestra existencia.

La felicidad y el dolor son etapas pasajeras, deseemos la primera sin apego, soportemos el segundo sin doblegarnos, al punto veremos como esta solo un paso adelante nuevamente nuestra felicidad sobre la tierra.

Centremos felicidad y dolor en el amor, esto hará de nuestro transito en el mundo un bello lugar para construir constantemente, mantengámonos con un pasado sin nostalgia, con un presente sin afanes y un futuro a construir gozando en cada paso y esperando el hogar que en el Amor de siempre nos espera.

Rompamos con el apego, sepamos que es en el corazón donde radica nuestra fuerza, y que esta fuerza vibra alimentada por una fuerza inconmensurable que vibrando en armonía nos alimenta.

Sepamos pedir y producir conjuntamente, pongamos nuestra fe en vibrar con el Amor en armonía, si así lo hacemos con la Armonía y junto a todos, lograremos aquí y ahora construir nuestros deseos y si en estos deseos no hay apego no habrá dolor en su ausencia que nos hunda, por que conocemos como son solo pasos en el camino a nuestra meta.

 

Ricardo Muñoz


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