Tu libertad es tu libertad, en tanto en ella no quieras
someter mi propia libertad.
Casi siempre los principios morales proclamados por las
religiones tradicionales, tienden a hacer un llamado a someter en forzosa aceptación la
propia libertad para tomar con resignación la voluntad de otros doblegando así el anhelo
de crecimiento, o la propia vida. En algunos de estos principios se suele poner de
presente como un camino privilegiado actuar de esta forma; con ello se da ocasión a quien
actúa sujeto a dichos principios, a destruir su propia integridad al aceptar esta forma
voluntaria y sometida de vivir como el camino expedido para lograr un bienestar mas allá
de la propia vida terrena.
Yo personalmente considero importante, dejar atrás estas
creencias que a la luz del vivir en nuestro mundo y a la luz de nuestro propio crecimiento
espiritual resultan equivocadas.
No es entregándonos al gozo de un dolor voluntariamente
aceptado por nosotros y causado en forma deliberada por otros, como lograremos desarrollar
nuestra vida en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu. No es poniendo nuestra otra
mejilla, no es entregando a quien hurta algunos de nuestros bienes la totalidad de
nuestros bienes, ni sometiendo nuestro hacer a una voluntad que va en contravía a nuestra
propia voluntad, como lograremos nuestro bienestar material o nuestro bienestar
espiritual.
No hay que perder de vista sin embargo, como el desarrollo
de nuestra libertad, exige necesariamente permitir el desarrollo de la libertad de los
otros. Este es el otro platillo de la balanza. Por tanto, también se equivocan claramente
algunas de las religiones tradicionales al querer en una auto impuesta misión la
evangelización universal, como un mandato divino en aras a propagar e imponer su propia
visión espiritual trascendente como el único camino para visualizar la trascendencia. Al
querer propagar las enseñanzas de su maestro espiritual imponiéndolas, vulneran la
conciencia individual. Al querer avasallar con estas enseñanzas a quienes encuentra mas
débiles, o el querer llegar a imponerla por la fuerza a quienes se resisten en sus
propias convicciones a recibirlas, es atentar contra la libertad de conciencia.
Hay que tener claramente presente la contradicción
profunda existente al interior de la enseñanza que de este modo se quiere propagar, por
que, por un lado esta enseñanza nos habla de someter la propia voluntad al capricho de la
voluntad del otro, y de otra parte, al querer imponerla por la coacción o por la fuerza,
quien así actúa, en lugar de estar sometiendo su querer a la voluntad del otro como se
lo manda su enseñanza, realmente esta actuando es como el agente de coacción sobre los
demás, al procurar imponer a los demás, lo que no admite para si mismo.
Este modo de actuar tiene para quien así actúa una doble
ventaja. De una parte cuanto quien propaga esta enseñanza se encuentra en posición de
avasallar a los demás, siente la satisfacción de un deber cumplido en la propagación de
su enseñanza, y de otra parte, cuando se encuentra en una posición de sometido, siente
entonces la satisfacción del deber cumplido en la letra de sometimiento de la misma.
¿Significa entonces que para respetar la libertad de los
otros, no es factible la difusión de ninguna enseñanza?. Encontramos en el cuerpo mismo
de la pregunta su propia respuesta, es que las enseñanzas se pueden difundir, es decir se
pueden mostrar a los otros, pero difundir nunca es imponer, solo dejar al alcance de la
mano, y de la conciencia del otro las enseñanzas difundidas, para que este pueda actuar
libremente sobre ella; en el sentido de tomarla o desecharla, de ponerla a su propia
consideración o pasar de largo ante la misma, de hacer de ella un principio moral para su
vida, o considerarla un principio aceptable para que otros rijan su vida sin que llegue a
tocar la propia, por que la misma no atenta contra su propia libertad.
De siempre se ha dicho: tu libertad llega hasta donde
comienza la libertad del otro, o tus derechos llegan hasta donde empiezan los derechos de
los demás. Estos principios están en concordancia con el principio enunciado en la
primera frase del ensayo: Tu libertad es tu libertad, en tanto en ella no quieras someter
mi propia libertad. Como podemos ver ellas no son frases sinónimas, sino que esta nueva
proposición crea un nuevo elemento, y este elemento es la búsqueda del equilibrio entre
el accionar de dos sujetos diferentes.
Mientras en las proposiciones antiguas, la defensa de la
libertad del otro o del derecho del otro, no se encuentra claramente establecida por parte
de ningún sujeto especifico, en esta nueva proposición, somos nosotros mismos quienes
salimos en defensa de nuestra propia libertad o nuestro propio derecho, convirtiéndonos
así en sujetos activos y no en simples observadores pasivos de nuestra propia libertad y
de nuestro propio derecho.
Esta defensa de nuestra libertad y nuestro derecho se ha
de dar tanto en el campo material como en el campo del espíritu, para lograr a través de
nuestra acción en pro de nuestra libertad, el bienestar de nuestra vida y de nuestro
espíritu.
En esta comprensión dejamos de ser sujetos pasivos
sometidos a los otros en lo material o espiritual, o sometidos a un poder externo,
indefinible, inescrutable y categorizado como divino, al cual debemos supuestamente
rendirnos para encontrar un bienestar espiritual dependiente del mismo, y ante el cual no
encontramos sino nuestra propia negación.
El ser humano, día a día se va enfrentando cada vez mas
y mas decididamente a este pregonado sometimiento, y va comprendiendo como este
sometimiento, no corresponde al camino de su propia liberación. Sin embargo, como ya fue
aquí anunciado, esta enseñanza solo puede ser mostrada, no impuesta, cada uno es libre
en su actuar, la única contraposición visceral que se puede hacer es a aquello que
pretenda someter la propia libertad, pero no podemos atribuirnos el derecho de querer
liberar por fuerza a los demás de las esclavitudes en que a nuestro juicio ellos se
encuentran sometidos, en tanto ellos en su libertad no lo consideren así.
Por lo tanto respetemos en los demás la libertad de
someterse a sus propios principios espirituales o morales. En tanto los principios de
otros no estén atentando en nuestra contra, no debemos preocuparnos de cómo otros vivan,
gocen o sufran su vida, mientras ello no signifique atentar contra la integridad de los
otros, entendiendo a los otros, como un ser total mancomunado del cual también nosotros
hacemos parte, y con el cual debemos ser solidarios.
Si alguno somete por su propia voluntad su vida y su
espiritualidad a unos principios que para nosotros se muestran erróneos, y en tanto su
actuar no atenté contra nuestra integridad corporal o espiritual como el otro que somos,
debemos respetar su decisión, no entregando nuestros propios principios, sino poniendo a
su alcance nuestros propios principios si es que acaso el en su libertad quiere
considerarlos.
Si todos lográramos poner en acción este principio : Tu
libertad es tu libertad, en tanto en ella no quieras someter mi propia libertad, el mundo
tendería a buscar un equilibrio en el cual todos viviríamos mas plenamente.
Liberemos nuestro espíritu del cautiverio de los dioses.
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