La vida humana de quien ha logrado sobrepasar la barrera del nacimiento, (dado de que
no es considerada así por gran parte de nuestras sociedades para el no nacido), es
considerada para sus miembros, (por que suele no ser así para los no miembros) como el
bien a proteger a toda costa.
Por ello, las sociedades se empecinan en acciones tales
como la abolición de la pena de muerte para el criminal sea cual sea el crimen cometido,
la prohibición de la eutanasia activa o pasiva, y cerradamente se empecina en la
prolongación al máximo de la vida individual habiendo logrado estirar cada vez mas la
vida media del ser humano, en busca de una anhelada meta: la inmortalidad sobre la tierra.
Cada persona considera su propia vida como el mayor bien
poseído. A de quedar claro que hablo es del mayor bien y no del mayor valor, pues cada
persona tiene un valor fundamental (ya analizado en escrito aparte), y por preservar este
valor fundamental puede llegar a entregar su vida como un bien sacrificable ante este
valor.
Dada la amplitud de las variables hasta aquí enunciadas,
quiero analizar en este corto ensayo únicamente el punto de si la prolongación al
máximo de la vida individual, es el verdadero bien al cual el ser humano debe apegarse
cerradamente como siempre lo ha hecho.
Ya he procurado en el ensayo del valor fundamental una
tesis de como la vida como bien es sacrificable ante el valor fundamental individual o
comunitario. Se trata entonces de establecer aquí si nuestra individualidad o nuestra
pertenencia comunitaria, se ve menoscabada ante la ausencia de nuestra propia vida.
El solo planteamiento de esta tesis pareciera una locura
por que nuestra existencia pareciera ser requisito primario, fundamental, esencial para
ser y pertenece. Nuestra vida pareciera ser en cada momento especifico y determinado el
requisito de nuestro existir, y donde cualquier proyección hacia el pasado o el futuro
sin la misma, es ir a lo inexistente en su aparente inmaterialidad.
Ahora, viéndolo bien, la realidad del presente es tan
efímera, tan infinitesimal, que un segundo es una verdadera eternidad ante la real
duración del presente, y donde el presente como tal se puede llegar a dividir en
infinitas fracciones de segundo sin llegar nunca a la verdadera realidad de aquello que
nosotros hemos dado en llamar el presente. Nuestro presente en realidad esta compuesto por
estos incontables presentes infinitesimales en la realidad de un segundo como la unidad
mas baja de medida del tiempo que somos capaces de percibir por nuestros sentidos, y si
esta unidad, fuera de nuestros sentidos, es divisible en forma innumerable, casi podemos
decir como el presente viene a ser un tiempo inexistente construido en base a unir
innumerables pasados con infinitos futuros involucrados en nuestro pensar y accionar.
Tenemos entonces que la definición del presente como
porción del tiempo es en realidad un engaño convencional. En la conciencia de su
existencia nos engañamos, el presente en su paso fugas se debe apoyar para ser percibido
en los en apariencia inexistentes pasados y futuros donde la materialidad o a dejado
existir o no a llegado.
El pasado, el presente, el futuro; los tres encadenados no
en sus aparentes inexistencias, sino en su inmaterialidad, dan como resultado la noción
del tiempo y junto a la noción del tiempo la noción de la vida.
Ahora bien, nuestra materia corporal como tal,
descompuesta en sus elementos atómicos y subatómicos de siempre han existido en esta
noción del tiempo y cada día esta materia es parcialmente renovada. Nuestra materia
corporal varia día a día sin que la variación de esta materia en la cotidianidad
pareciera afectar nuestra conciencia, el cambio imperceptible en nuestra corporalidad no
nos hace perder nuestra identidad solo variaciones o lesiones graves de nuestro cerebro
pueden llevar nuestra conciencia a un estado de aparente extravío.
Nace de esto la teoría aparentemente demostrada de que
nuestra conciencia no es mas que el resultado de reacciones químicas y físicas en
nuestro cerebro, y que al afectarse estas funciones queda en apariencia perdida nuestra
conciencia, e incluso nuestra funcionalidad orgánica.
¿Implica esto entonces que todo en nuestra vida no es mas
que una función físico química y nuestro espíritu no es otra cosa mas que las
calidades refinadas de nuestro funcionar?
De ser ello así, todo nuestro anhelo trascendente no
seria mas que una ilusión, un querer traspasar el miedo de nuestra propia impermanencia,
y en esta necesidad de vencerlo convertimos nuestra vida en el bien mas preciado, y, ante
nuestro temor por desaparecer creado todas las religiones del mundo como un bastón donde
apoyar nuestro miedo, no irracional sino racional a desaparecer en nuestra conciencia (en
nuestro cerebro y por ende en el cuerpo que lo sustenta) de la faz de la tierra; pero aún
existiendo este bastón nuestra racionalidad nos lleva a apegarnos cada día con mas
enconada fuerza a no desaparecer (no perder nuestra vida), y para no desaparecer no hay
otra solución que seguir navegando en el mundo sobre nuestro cuerpo y para ello ansiamos
ampliar los limites de la ciencia para que ella se encargue de conservarnos.
De esta forma hicimos de nuestro cuerpo el bien mas
preciado, el bien fundamental de nuestro existir, el requisito sin el cual en apariencia
no somos o podemos ser, nótese la contradicción; al aceptar nuestro cuerpo como el bien
mas preciado, estamos aceptando subconscientemente una "creencia real" (creencia
en cuanto no es materializable, real en cuanto a que su inmaterialidad nos subyuga),
sepultada bajo una supuesta creencia trascendente falsa (por que no la logramos asir
vivamente); y quedaría probado en esta contradicción como nuestra vida es el mayor bien
a conservar sobre la tierra. El bien sin el cual la vida no existe.
Pero, ¿qué es realmente lo que pretendemos conservar?,
la existencia de lo inasible, es decir la existencia en un tiempo en su indeterminismo y
la existencia de nuestro cuerpo en su fluctuación y cambio ,o, ¿la conservación de
nuestro cerebro como deposito de nuestro conciencia y de nuestro cuerpo como vehículo
necesario del mismo? Si esto resulta así, nuestra lucha por conservar la vida humana
sería una lucha por bien poco, es decir lucharíamos por conservar el indeterminismo en
nuestro sentido del tiempo y la fluctuación de nuestra materia, y si a ello le agregamos
el concepto predominante en nuestras sociedades de la propiedad privada, entonces
podríamos decir como nuestra vida transcurre en desgarrar nuestra conciencia (como
función cerebral) sobre algo que existiendo es indeterminado y solo producto de un
engaño de los sentidos como una construcción mental. Lo cual es defender el maya (la
ilusión del mundo) descrito en las antiguas religiones orientales, habiendo llegado a la
conclusión no de la inexistencia del mismo (como pretendían estas religiones) sino de su
indeterminación a través de razonamientos filosóficos sobre la esencia del tiempo y de
la fluctuación de la materia.
¿Podremos salir de este dilema?, ¿Es la vida humana
nuestro mayor bien por el cual luchar siendo como es indeterminada, o podemos alcanzar un
estado de conciencia donde el indeterminismo del tiempo sea como un campo de juego en
donde retozar el espíritu y la vida en nuestro cuerpo un corto transito sin apego?.
Como estos artículos son escritos para foros en Internet,
donde el poco tiempo disponible del lector hace requisito fundamental la brevedad para ser
leído, y el interactuar muy importante; será necesario otro aparte para la continuación
de este ensayo, entre tanto agradezco sus acotaciones para solidificar o corregir lo
expuesto..
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