El desconocernos nos paraliza. En nuestro diario hacer
vamos deslizándonos sobre nuestros variados actos cual sobre un vergel de sueños
inconclusos donde nuestras manos no alcanzan a presentir en sus afanes de diario
requerimiento aquello que nos ronda y olvidamos incluir en nuestro empeño.
Muy pocas manos de las múltiples que tejen cada día la
redondez y la línealidad de la vida se detienen ocupadas como están en su afán de
sostener sus cuerpos a dedicarse a acariciar en forma pausada, suave y con amoroso celo el
dulce néctar de su propio interior, el cual de normal transcurre aletargado y en este
letargo, dejamos perder el acto de dar a lo urgente la importancia de lo importante
perdiendo en ello la base para moldear nuestra armonía en la unidad en la forma pura y
elemental en la que ella da sustento a la individualidad de nuestras vidas.
Y no es que menosprecie los diarios afanes: sus
sinsabores, sus frustraciones, sus victorias o los amores que nos marcan recorriéndonos o
esperándonos conforme a las circunstancias de nuestras existencias, pero nosotros como
unidades elementales del ser lo cual es mejor que decir almas, permanecemos aferrados y
dedicados a sostener estos afanes sustentados en unas promesas mas allá de nuestras vida
como la tabla de salvación donde temperar las constantes contradicciones de nuestras
existencias las cuales nos marcan y amenazan hacernos colapsar; igual pasa con quien no
aceptando esta futura tabla de salvación con sus promesas en diversos tonos de una vida
mas allá de nuestra vida, ellos buscan para si el desarrollo de una utopía personal o
comunitaria para trazar su norte. Estas promesas o estas utopías esperadas a vivir en un
futuro tiempo inalcanzable para la propia vida, son el oro hueco, nuestra mas querida e
irrealizable ilusión donde se deja postergado el llamado de la propia armonización en el
raudo cause componente de la vida.
La vida no es otra cosa mas que ir sumándose a la muerte,
así como la muerte es la fuente de la vida, ambas son una unidad imperenne, tener esta
conciencia es parte esencial de nuestra armonización, complementando a esta, la
conciencia de nuestra individualidad como una pieza mas dentro de la totalidad conformante
del todo fluyendo entre vida y muerte, y, muerte y vida.
Yo igual voy en mis afanes de diario empeño, por procurar
entre otros: mi pan, mi amor, mi refugio y mi vestido, pero en medio de estos afanes,
pienso que al igual como se logro demostrar la periodicidad de los elementos químicos, de
igual forma hay para nosotros: para los hombres, para los animales, para las plantas, para
las piedras; para los vivos y también para los muertos, una tabla con una periodicidad
aún mayor en la cual vamos conformando nuestro cambiante cuerpo espiritual, y yo se como
en esta periodicidad nuestro cuerpo espiritual va tomando solides espiritual a base de
nuestro esfuerzo individual sin perder su individualidad cuando busca la unidad
presentida..
La esencia básica de nuestro esfuerzo a de ser llevar
nuestra espiritualidad en una transmutación constante en busca de nuestro crecimiento.
Todo lo que en lo espiritual se diga terminado, acabado,
perfecto y por lo tanto inmutable es simplemente un error. Ningún maestro espiritual
sobre la tierra puede mostrar en sus palabras un camino terminado, en todos claramente se
descubren equivocaciones las cuales para cada uno en su tiempo eran factibles y veraces
como camino a seguir, pero las cuales al cabo del tiempo por efecto del crecimiento
espiritual global han venido mostrando sus carencias y exabruptos como pretendidos caminos
finales y acabados de espiritualidad.
No se trata tampoco de que ninguna visión este
completamente equivocada, pues todas tienen en su seno parte en la visión de
espiritualidad creciente, mas el crecimiento requiere ir recomponiendo constantemente las
cualidades propias de nuestra espiritualidad inacabada, la cual debemos continuar
perfeccionando y no atajarla en preceptos inviolables.
Nuestra causa fundamental, nuestra verdad absoluta
supuestamente inconocible esta en nosotros mismos, somos nosotros mismos como parte de la
unidad que nos envuelve y nos toma sin deshojar nuestra individualidad nuestra propio
fundamento. En el crecimiento de esta individualidad vamos siendo mas conscientes de
nuestra pertenencia a dicha unidad, solo debemos ir recorriendo nuestro camino paso a
paso, no hay otra forma de lograrlo, no despertaremos después de nuestra muerte a una
verdad absoluta, por que esta verdad absoluta desde siempre ha estado acompañándonos, y
nos seguirá acompañando después de nuestra muerte, solo que su comprensión se dará
únicamente como consecuencia de nuestro propio caminar, por ello debemos procurar
movernos desde el sitio donde nos encontramos en unas creencias impuestas por la propia
conveniencia y por la conveniencia de un conjunto social que aún no comprende la
necesidad de movernos espiritualmente para alcanzar nuestra meta de ser plenamente
conscientes de nuestro ser en nuestra individualidad ligado a la unidad de todo lo
existente.
Los conceptos de individualidad y unidad son asemejable al
armar de un rompecabezas, en esta tarea se van integrando sus piezas para tomar su forma
final, Así como las piezas del rompecabezas no son iguales entre si, nosotros en nuestra
individualidad tampoco somos iguales, pero así como cada pieza del rompecabezas es
necesaria para la conformación del todo, también requerimos de todas las
individualidades para poder conformar el todo no homogéneo sino variable en su unidad y
esencia.
El concepto de nuestro caminar se puede asemejar a un
flujo eléctrico o luminoso; así como las partículas de los átomos viajan en los
impulsos eléctricos o luminosos cumpliendo su función comunitaria sin perder la
individualidad de los átomos por los cuales transita, así nosotros podemos ir
despertando a la comprensión de nuestra individualidad sustentada en la comunidad del
todo. Como el electrón en la carga o el fotón en la luz en su movimiento van atravesando
barreras comportándose en su dualidad de ondas y corpúsculos donde el tiempo y el
espacio están ligados a la materialidad; así nosotros como los partículas
intercambiadas por los átomos, vamos recorriendo sin perder nuestra individualidad la
unidad del todo y en nuestro caminar formamos parte de un todo, donde nuestra conciencia
va ganando profundidad en su caminar.
Al tener nosotros una conciencia de complejidad y claridad
ascendente, vamos aumentando nuestros logros individuales espirituales, e ingresando así
en un nuevo estado de conciencia espiritual donde la vida no transcurre en cumplirle a los
afanes del cuerpo, sino que estos afanes son fácilmente logrados en una conciencia de
sabiduría cada día creciente, allí nuestros cuerpos como recipientes del espíritu en
su calidad de cáliz del mismo, van impregnándose de estas cualidades para entrar
también a formar parte de este todo de nuestra comprensión creciente de la vida, donde
este cuerpo cumple solo el papel de cáliz temporal de nuestro espíritu.
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