El día 6 de octubre del 99 en el diario el Tiempo, leí la columna de Florence
Thomas perteneciente al grupo mujer y sociedad, donde hace referencia a la infidelidad
como actitud mental. Parte en su reflexión de la película ojos bien cerrados de Stanley
Kubrick, película la cual considera un documento bien logrado de los beneficios de la
infidelidad, no real sino de la infidelidad como ejercicio mental (repartida
equitativamente entre hombres y mujeres), plantea en su articulo la tesis: "la
infidelidad habita en el corazón mismo del amor. Hace parte del amor y es uno de sus
ingredientes". "Por que en el amor uno le pide al otro lo que no tiene para dar
y le ofrece al otro lo que el otro no necesita", fantasear en el silencio es para
ella el ligamento real del amor, sin el cual las parejas no podrían convivir, concluyendo
"cuando deja de circular y de manifestarse (el fantaseo) es por que estamos colmados,
es decir muertos".
¿Como encaja esta tesis en las convicciones del creyente
no confesional en una realidad trascendente?. Es importante recordar como según Mateo
5-27 Jesús dijo : "oísteis que fue dicho: no cometerás adulterio. Pero yo os digo
que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adultero con ella en su
corazón". Este mandato de Jesús, al igual que el mandato de Buddha de alejarse de
las pasiones y los deseos como único camino de acceder al nirvana , ha sido vertido sobre
la humanidad como fuente de virtud para aquellos que siguen sus sendas, y como fuente de
castigo o frustración para quienes tiene que someterse a las reglas de una moral impuesta
sobre sus conciencias.
Tenemos entonces que la total restricción propuesta por
la moral religiosa, en cuanto a la infidelidad no real sino como fantaseo, en la visión
de Florence da un giro de 180 grados, quedando el fantaseo colocado como la estructura
fundamental sobre la cual se basa la relación de la pareja, fantaseo sin el cual según
ella seria imposible la subsistencia de la misma.
Es innegable que la moral religiosa restrictiva ha hecho
mucho daño a la humanidad, al punto de Sigmund Freud al analizar el subconsciente vio a
la frustración sexual presente en la sociedad de su época, como la causante fundamental
de todos los desequilibrios psicológicos del hombre.
Algo ha avanzado el mudo desde Freud, tanto en la
liberación de esta rígida moral impuesta, como sobre una valoración menos drástica
sobre la frustración sexual como causa única de desequilibrio psicológico del ser
humano, pero aún, no se ha mostrado para quienes somos exploradores de nuestra realidad
trascendente el equilibrio para nuestra visión. Siguen predominando en quienes tienen
creencias trascendentes las enseñanzas vertidas por sus maestros espirituales,
enseñanzas las cuales sus seguidores consideran inamovibles por la condición presente
(para ellos) en dichos maestros de Dios o de Buddha, lo que les hace imposible encontrar
equivocaciones en sus palabras. Ante tan claros y rígidos mandatos, no hay para ellos
interpretación teológica posible, mas que la de someterse al mandato convirtiéndose
este en una fuente simultanea de frustración o de virtud.
Este es así para todo creyente confesional, mas este
problema es inexistente para quienes como creyentes no confesionales consideramos siempre
la verdad como una realidad nunca del todo descubierta, donde las enseñanzas de los
maestros espirituales son solo una base desde la cual avanzar, profundizando en las
mismas, o, apartándonos de lo que es a nuestros ojos equivocado.
La visión de un dios antropomórfico (de forma humana), o
como un ser externo a nosotros mismos es desde siempre equivocada, la visión de un
nirvana sin dios donde todo lo existente es maya (ilusión), y la buidad un goce en la
nada, igualmente resulta inaprensible, la visión panteísta (ver a dios en la naturaleza)
es muy limitada, es necesario ampliar nuestra visión y ver a Dios como Él-Todo, que en
todo lo material o inmaterial esta presente y contiene, donde nuestro camino es ir
logrando la conciencia de esta plenitud que también a nosotros en Él nos corresponde.
En esta visión es fundamental nuestro deseo innato de
unión con Dios. Ahora, como humanos sexuados participantes de Él-Todo cuando nuestra
consciencia espiritual es imperfecta, esta se proyecta en el sexo como la posibilidad mas
próxima para realizar nuestro deseo de unión. El deseo de unión espiritual encausado en
el sexo nunca puede realizarse plenamente dado que deseo de unión con Dios es eterno y la
unión del clímax solo dura un breve instante. El sexo (ya sea como posibilidad física
real o como simple fantaseo sexual), como imperfecto desarrollo espiritual busca también
proyectarse insatisfecho sobre otras personas, sin que nuestro anhelo espiritual de unión
con ellas como partes conformantes de Dios pueda lograrse,. En la limitación del sexo,
solo cuando este se da junto a nuestra pareja (con quien se comparte un camino en la vida
y a la trascendencia) se puede lograr la satisfacción de ser el en su goce una ventana a
la eternidad.
El estado de no consciencia espiritual es el que lleva al
ser humano al fantaseo sexual o a la infidelidad real. El deseo sexual y la realización
de la unión sexual como la ventana que es para otear el horizonte de la plenitud de la
consciencia espiritual que nos espera, solo se puede dar junto a la pareja, pues de otra
forma, el engaño de la infidelidad (real o en fantaseo) nos alejara de nuestra meta. Al
entenderlo de esta forma, damos un paso adelante y dejamos de necesitar el deseo sexual
sobre personas distintas a nuestra pareja, no por que esto sea pecado, sino simplemente
por que para nosotros deja de ser deseable, (nadie come de lo que no le apetece), aquí
empezamos a ver y a entender como cada persona es parte de Dios, y como con cada una de
ellas como partes de Él-Todo, estamos destinados a unirnos cuando alcancemos la plenitud
de nuestra consciencia espiritual.
El fantaseo o infidelidad mental definido por Florence
como base y estructura del amor de la pareja, es solo un indicador de nuestra presente
pero imperfecta espiritualidad. Al despertar a nuestra espiritualidad comprendemos como no
es necesario desnudar o copular mentalmente o realmente con personas diferentes a nuestra
pareja, por que la real unión a que estamos destinados con cada una de estas personas
deseadas se dará en la plenitud total de la conciencia de ser con ellas parte en Dios.
En tanto estemos presentes en nuestro cuerpo en la tierra,
la sexualidad será la ventana por la cual junto a nuestra pareja podemos avizorar
levemente la plenitud esperada. A despecho de sexólogos no requiramos del ejercicio del
fantaseo sexual con otros para satisfacernos con nuestra pareja, dado que podemos encausar
esta unión por mas altos ideales, y a despecho de imperfectas visiones espirituales, no
requiramos estar muertos para estar colmados, o no requerimos considerarnos seres
asexuados independientes de Él-Todo, por que en quienes asumimos nuestra espiritualidad
como parte de Dios o sea como pare de Él-Todo, solo requerimos para estar colmados tener
conciencia de esta espiritualidad y así desde ya mismo podemos vivir en consciencia de
plenitud.
El camino ante el fantaseo o infidelidad real, no es
luchar contra este deseo o sumirnos en el, sino mejorar nuestra meta a desear.
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