.
El Billonario Del Trompo

.

 

 

Era muy fácil verlo lanzar su trompo al aire desde su silla de ruedas con inusitada precisión, para deleitarse viendo en tierra la forma de sus giros.

Nicodemo desde hacia muchos, pero muchos años, era un billonario gruñón, quien solía aterrorizar a sus secretarias y empleados con inesperadas preguntas y reclamos en busca de la perfección de sus empresas, y de sus respuestas, hacia depender la permanencia de ellos en sus cargos.

Don Nico el gruñón solía llamarlo todo el mundo a sus espaldas, para abreviar sus nombre y su título. Esto era algo lo cual el sabiéndolo, no lo terminaba de aceptar, pues a él, le gustaba ser llamado, excelentísimo doctor don Nicodemo.

Él hubiera preferido llamarse de una forma mas sofisticada y única, pero jamas había logrado encontrar ni un nombre, ni un titulo, lo suficientemente raros para dar una idea, de cómo él concebía su propia grandeza.

Había pensado en cambiarse su nombre por Cesar, el cual como todos saben, mas que un nombre, en otros tiempos, otro hombre tan grande a su manera de ver como él, había convertido su nombre de Cesar, en el titulo de los emperadores romanos. Mas, don Nico desistió de usar este nombre, cuando se dio cuenta como era un nombre común, con el cual eran llamados millones de personas sobre la tierra, y él no quería tener el mismo nombre el cual usaban millones de personas.

De este modo don Nico, penso y penso, y fue desechando muchos otros nombres, por que ninguno de ellos, lograba superar el suyo propio, en cuanto a ser nombres poco utilizados. Claro después supo, como este era un nombre común en otros pueblos y en otros países, pero en su vida, no había conocido a mas de dos o tres personas ahora ya fallecidas, quienes lo portaron, por lo tanto podía decir sin mentir, como él era la única persona llamada Nicodemo por estas latitudes.

Muchos de sus empleados y sus admiradores, intentaron en muchas ocasiones llamar a sus hijos Nicodemo para congraciarse con él, pero él, siempre les hacia ver, como su nombre de Nicodemo, era a su modo de ver un nombre muy feo, y no se debía castigar a un niño con el. También les decía como si bien, él lo había cargado toda su vida, siempre había sido para no contrariar a su madre, -- lo cual en un principio fue cierto --, a quien el decía querer mucho, pero a quien en realidad siempre había temido, por los correazos recibidos de ella cuando niño, cuando él, como todo niño, había hecho algunas pilatunas, aunque ahora, la verdad monda y lironda, era simplemente que no quería que nadie mas lo usara, por eso, don Nicodemo, recomendaba a los interesados en bautizar a sus hijos con su nombre, otros nombres sacados al azar del directorio telefónico, los cuales ellos acogían con gusto, para agradar a don Nico, a quien le agradecían en ese momento diciéndole, -- excelentísimo doctor don Nicodemo, es para mi un placer, llamar a mi hijo con el hermoso nombre, por usted escogido para él --.

Claro, don Nico al minuto ya ni se acordaba de cual nombre era, y eso que algunos eran mas feos que el suyo, pero don Nicodemo respiraba aliviado, por poder mantener por un tiempo mas la exclusividad sobre su nombre, y esto por ser tan avaro que ni su nombre quería compartir.

Una mañana de domingo, encontrándose don Nicodemo aburrido en su mansión favorita del campo, cansado de hacer cuentas y cálculos sobre a cuanto podía ascender ese día su fortuna, pues la misma cada día crecía y crecía, y aún creciendo tanto y ser ya casi incontable, le amargaba la vida, el saber como había en otros sitios de la tierra, otros hombres mas ricos y poderosos que él.,

Don Nicodemo se había separado de su esposa, pues ella, al sentirse sola al andar don Nico todo el tiempo ocupado en sus negocios, se había dedicado a derrochar su dinero, y a don Nico lo mas que le molestaba en el mundo, era ver despilfarrar su dinero; por eso se había separado de ella, y a sus tres hijos ya adultos poco los veía, pues el mayor, quien era su orgullo, lo mantenía trabajando todo el tiempo visitando sus empresas, a su hija ya casada, a decir de él con un vago, y quien en realidad era un artista no muy conocido y sin dinero, la mimaba y le permitía ser un poquito botaratas como su madre, aunque ella siempre pensaba en su padre como un tacaño y por eso no lo visitaba, y el menor, quien se había extraviado por el camino de las drogas, lo mantenía en una clínica de reposo, en busca de hallar su razón perdida.

Como vemos, don Nico, los domingos prefería estar solo, por que si bien, lo que a él mas le gustaba en el mundo era ser adulado, los domingos se cansaba de ser constantemente adulado por todos a su alrededor y se iba a descansar al campo, y estando solo este domingo, desde el balcón de su ventana, contemplo al tiempo dos situaciones que llamaron su atención.

Vio primero en la televisión un campeonato infantil de trompo, patrocinado por una compañía de la competencia. Él en principio quiso verlo, para darse cuenta de la efectividad del campeonato como medio publicitario, mas estando viéndolo, vio como el animador, anunciaba al campeón del campeonato nacional, un chiquillo llamado Nicodemo, quien feliz, en un recuadro del televisor, saltaba recibiendo una bicicleta como premio, mientras en la parte principal de la pantalla, repetían en diferido las suertes de fantasía por él realizadas con el trompo.

De otra parte, desde su balcón, vio a Memo, otro chiquillo hijo de uno de sus criados, jugando también al trompo, en el jardín donde había sido el sitio que ocupara su lujosa piscina, y la cual él había mandado quitar, desde cuando años atrás, había perdido el equilibrio junto a su borde, golpeando su columna, golpe que trajo como consecuencia la parálisis de sus piernas, postrándolo en una silla de ruedas, razón por la cual a don Nico, no le gustaban ahora para nada las piscinas y había quitado la suya para agrandar su jardín.

Mil sentimientos llenaron en este momento la mente de don Nicodemo, el primero fue su contrariedad, de ver a una empresa rival, patrocinando un concurso muy popular, tomando con el delantera a su propia empresa, también tubo un gran disgusto, al comprobar como existía un chiquillo llamado Nicodemo, con lo cual perdía la exclusividad de su nombre, además veía con sorpresa, como este chiquillo, para nada parecía estar contrariado con su nombre como él lo estaba en secreto, le producía una furia aún mayor, el saber como su competencia promocionaría nacionalmente al chiquillo, lo cual, era para don Nico insultante, al saber como ya no solo él, seria recordado con este nombre, y como para muchos chiquillos la existencia de este chiquillo Nicodemo y no él seria su ejemplo.

Mas entre estos sentimientos de rabia, también se coló, un sentimiento de nostalgia, al recordar como también él, en sus años de niño, fue considerado por sus amigos, insuperable en su ciudad, en sus proezas con el trompo, y como fue por andar jugando trompo, la causa de una buena parte de los correazos, recibidos de su madre por estar en la calle sin su permiso.

Este sentimiento de una alegre nostalgia, predomino sobre todos sus otros sentimientos de rabia, don Nico mando llamar inmediatamente a su presencia a Memo, el chiquillo hijo de su criado quien jugaba al trompo en el jardín. Su padre al traerlo, fuera de la vista de don Nico, le propino un duro pellizco al chiquillo, pensando que su hijo había hecho algo para contrariar a don Nico, por eso Memo, llego llorando a la presencia de don Nico.

El asunto a tratar por don Nico con Memo no era cosa sencilla, ni cosa que se pudiera hablar ni aún en presencia de su padre, menos aún al ver llorando a Memo, por eso don Nico pidió al padre de Memo, le dejara a solas con él. El padre así lo hizo, temiendo lo peor y prometiéndose mentalmente, darle una zurra a Memo después.

Todo el resto de la mañana, y casi la tarde completa, estuvieron, don Nico y Memo hablando, al principio para don Nico, no fue nada fácil, él quien estaba acostumbrado a ver temblar de miedo en su presencia a los ejecutivos de sus empresas, y a ir sin saludar directamente al grano de los asuntos a tratar, con Memo estuvo mas de una hora preguntándole sobre su vida, por lo cual se entero del motivo de su llanto, y le prometio decirle a su padre que por ningún motivo debía volver a pegarle, sino dialogar para mostrarle las razones de su mal comportamiento y reprenderlo o castigarlo por ejemplo quitándole por un corto tiempo sus trompos, pero nunca volviéndole a golpear.

También gasto don Nico un buen tiempo, ofreciéndole a Memo, todo tipo de golosinas de su bien provista despensa, de forma tal, que después de este tiempo, don Nico ya conocía una buena parte de la vida de Memo, y habiéndose ganado su confianza, se decidió a plantearle su asunto, es decir de cómo él lo había visto jugando al trompo en el jardín y quería comprarle su trompo y pagarle por acompañarlo a jugar con el.

Memo, se negó tanto a venderle su trompo, por que este era su orgullo, con el había ganado muchas partidas de trompo en su escuela, y vender su trompo era tanto como vender a un amigo, pero como la amistad es algo que se comparte, no tenia ningún problema en compartir con don Nico por un rato su trompo, e igual se negó Memo, a recibir de don Nico ningún pago por jugar con él al trompo, por que jugar juntos era un gusto compartido y Memo no tenia como pagarle a él.

Todo el resto del tiempo que estuvieron juntos este día jugando al trompo. Fue para los dos maravilloso, don Nico pronto recordó sus antiguas habilidades, y pronto estaba haciendo nuevamente suertes de fantasía con la colección de trompos de Memo, por que un buen jugador de trompo tiene de ellos a docenas, así como pronto estuvieron jugando partidas de cuadro con dichos trompos, y pasando una tarde feliz como hacia mucho tiempo no la tenia don Nico.

La noticia se regó como pólvora, el padre de Memo se lo contó a los guarda espaldas de don Nico, estos a sus secretarias y ellas a todos los empleados de las empresas de don Nico. Todos decían como don Nico se había vuelto loco por estar jugando trompo cuando este tiempo lo debía aprovechar para ganar mas plata, a don Nico, al final terminaron por no importarle estos comentarios, y al final como esto lo había vuelto mas amable, todos terminaron por admirar su habilidad.

Ahora a don Nico le gustaba invitar a sus hijos y a familias enteras los domingos a su mansión campestre para dedicarlas a compartir y a jugar al trompo, y muchas otras actividades recreativas. Allí también era invitado habitual el chiquillo Nicodemo campeón nacional de trompo con su familia, con quien solía jugar largas partidas junto a Memo.

Don Nico, cambio por completo, estaba feliz de llamarse igual a este campeón nacional, pedía a todos le llamaran simplemente don Nico, y a quienes le pedían consentimiento para llamar a sus hijos igual que él, les decía como esto solo era cosa de ellos y su gusto, pero que no lo hicieran por halagarlo.

A don Nico, así como Memo y el chiquillo Nicodemo, también les gustaba mantener su espíritu de competencia en sus partidas de trompo, pero ellos sabían como el gusto de ganar una partida, nunca era superior al placer de jugar y de compartir un rato agradable con los amigos, así como le gustaba nuevamente a don Nico compartir en la nueva piscina junto a todos ellos en su mansión del campo, donde sus brazos ayudados por un flotador, le proporcionaban una sensación de libertad y de alegría de compartir, que no había sentido desde mucho antes de su accidente, a don Nico ya no le mortificaba para nada, no ser el hombre mas rico del planeta.

 

Ricardo Muñoz - Rimuz

 

 


Página Principal

Indice

 

 
Hosted by www.Geocities.ws

1