Ulises Maqroll |
Itaca no esta a la vuelta de la esquina, ni las sirenas han cesado su canto, Ulises sin fin, trasiega su vida deseando volver a su Itaca natal, el reino de todos esperado. La diosa Calipso contiene a cada hombre, sostenido en una promesa de vida eterna. Ulises ni aún atado al mástil pudo escapar de si mismo, en su deseo de ser remozado. Si kafka planteo el silencio de las sirenas para evitar la trampa de Ulises, haciéndole ver la inutilidad de las ligaduras y el mástil para contenerse ante ellas, ante el deseo de Ulises de sobreponerse a su naturaleza. Yo planteo la tesis, de cómo el canto de las sirenas es infinito y por tanto inútil, cualquier atadura que pretenda detenernos en el cuerpo de Ulises. El hombre de una u otra forma siempre busca sobreponerse a si mismo, y de obtener la promesa de vida eterna de la diosa Calipso y por lo tanto ser liberado. Siempre los hombres estaremos navegando y remozando nuestra identidad como humanos. Somos nosotros quienes hemos condenado a Penelope como el símbolo de la quietud en el hombre, a seguir infinitamente trenzando y deshaciendo su eterno bordado ante nuestro deseo inacabado. Lo que hay en nosotros de humano, esta condenado al cambio. El embrujo de la diosa Calipso de vida eterna de siempre nos ha fascinado. Nos ha puesto en un contante deseo de romper nuestra humanidad, representado este deseo, en el canto eterno de las sirenas. Igual como a Ulises venciera a Polifermo, el cíclope de un solo ojo hijo de Poseidón, quien le había retenido junto a sus hombres en una gruta como su futuro alimento. Nosotros cual Ulises, luchamos incontenibles teniendo dividida nuestra alma en los cuerpos de estos dos seres mitológicos. Vaciaremos así nuestras cuencas, pretenderemos escapar vestidos de ovejas, queriendo al vencer y vencernos, retornar a nuestro camino de Itaca, donde me surge como a Constantino Kadafis la duda, si la meta esta en llegar a Itaca o en un constante viaje interminable. De esta manera pensaba Ulises. No el mítico sueño atrapado en Homero, sino Ulises Maqroll, hijo de Pérez, a quien su nombre de Ramón no fue suficiente para contenerse a si mismo, y por tanto tomo prestado de la antigua epopeya homérica el nombre de Ulises, y de nuestros tiempos, del poeta colombiano Alvaro Mutis como apellido, el nombre de su ya legendario personaje itinerante, Maqroll el Gaviero. De la oración de Maqroll el Gaviero, nuestro nuevo Ulises Maqroll, se apropio de esta frase para ponerlas en sus noches: "Haz que todos conciban mi cuerpo como una fuente inagotable de tu infamia", y de su preces o suplicas finales, adapto esta otra: "Oh Señor, concédele a este avizor suplicante, la gracia de morir envuelto en el polvo iluminado de la infamia del mundo y bajo todas las estrellas del firmamento". Ulises Maqroll, hijo de Pérez y con alma de Gaviero, en sus infinitas vueltas al mundo y sus legendarios viajes a estrellas, siempre estuvo infectado por el polvo de las bibliotecas y por la ilusión de vivir en la trampa de las letras. Quien podrá haber vivido mas, se preguntaba: ¿Aquel quien su alma viaja cabalgando sobre imaginaciones fecundas, o uno cualquiera, que por cualquier circunstancia, tiene en la vida la ocasión de recorrer cientos de leguas indiferente al camino? Va la vida, que la vida pasa con gusto, cuando el objetivo esta en asirse al instante, escurriendo en el tiempo, el zumo de cualquier dolor o placer y deseando repetirlo de forma interminable. Mas seguía cuestionándose, ¿Que otra cosa hago yo aquí sentado sobre arrumes de libros, donde mi fantasía batalla contra otras iguales venidas a mi a través de las letras, sin ir a parte alguna?. Un nuevo Alonso Quijano en su cuerpo de Pérez, se estaba encarnando en este aprendiz de Quijote, mas también pensaba dudando; ya no hay sobre el mundo rocinantes capaces de atravesarlo, ni Sanchos, con en una clara lucidez para dirigir la locura de sus amos, dispuestos a esta empresa, se decía sin renunciar a su empeño. Como mudo testigo de la decadencia de los tiempos, hallo el mundo del Internet el cual podía atravesar sin ningún rocinante, y en este, insensatamente divagando a un anarquista, ocupado en filosofar entre quehaceres de boñiga, que podía hacer las veces de Sancho. Fue entonces cuando este Ramón, hijo de Pérez, tomo para si el nombre de Ulises Maqroll he inicio sus viajes. No a través de llanos, mares y montañas, sino a través un teclado conectado a la telaraña mundial de ondas y de cables de Internet, donde dicen se encuentran los dioses a enaltecer y los demonios a destruir en nuestros tiempos. Largos años estuvo Ulises Maqroll en su batalla junto a su fiel escudero Sancho anarquista, duras batallas siempre planteo contra el clero, e igual, suaves o duras parodias contra hirientes enemigos de una causa común. Molinos de viento fueron todas sus empresas. Ubres repletas de los vinos amargos de la envidia y la incomprensión, fueron vencidas por su espada, con ellos mojo sus batallas, engalanado con pañuelos de desconocidas y lejanas dulcineas indiferentes. Solo en una ocasión estuvo Ulises Maqroll a punto de ver una luz en su empresa, y salir de su mundo de cables para ir al mundo real. Les narrare su momento como una épica destinada al olvido. Ulises Maqroll veía su constante empeño, como la estela de un bote en el mar. Como una ola ligera, meciendo por un instante otros botes pequeños, la cual se estrellaba en la indiferencia de los barcos anclados en puerto, para terminar desapareciendo. Su lucha en Internet, era un interminable circulo, bordeando en sus palabras, castillos habitados de sombras y de hombres, siempre cruzando entre ellos blasones en son de amistad o de guerra. Para esta relatada ocasión del mundo real, quiso él guardar su estela del mar en palabras. Se puso de acuerdo con su fiel escudero Sancho Anarquista, para ir a llevar los anales de su empresa a una madre distante, portadora de una fecundidad sin limites y mítica en este nuevo mundo. Ella se encargaría de dejar empotrados estos anales, en un rincón de su castillo llamado la torre de Babel, para hacer de ellos allí, preclaros portadores de telarañas. El encuentro tendría lugar en Xochimilco, bajo su iluminado firmamento nocturno. Allí Ulises Maqroll soñaba en antaños vividos canales de riego en su memoria sembrados de flores. Su madre putativa, en un sampán le estaba aguardando, para recibir con el debido honor esta ofrenda, la cual enriquecería los anales de Babel. En otro Sampán conducido por Sancho anarquista, se acercaba a ella Ulises Maqroll. Existiendo un metro de distancia entre las dos embarcaciones, Ulises Maqroll queriendo lucirse, le indica a Sancho anarquista detenerse. Toma el grueso y pesado fajo de libros en los cuales a recopilado sus aventuras atados con una correa, pasa esta por su cuello para tener sus manos libres pensando saltar gloriosamente de una embarcación a otra, y besar la mano de esta maternal dulcinea antes de entregarle sus anales. Ulises Maqroll Tomo impulso, dio un paso, y cayo al fondo del canal arrastrado por el peso de sus libros. Ulises Maqroll, resbalo en un chicharrón el cual Sancho anarquista había dejado caer hacía un momento en el fondo del sampán. De su cuerpo y sus libros nunca se supo. Por algo dicen como los canales de Xochimilco son el lugar mas infectado de México, los ácidos vertidos por muchas industrias aledañas y por tanta basura dejada por turistas, dieron rápida cuenta de él y d ellos. Dicen quienes pasaron por allí a días del hecho, como el eco de las carcajadas de Sancho y de Ma a causa de este suceso, revolotearon por mucho tiempo sobre las aguas de los canales y sus escasas flores, celebrando este encuentro con Ulises Maqroll el aprendiz de Gaviero. Se había cumplido su suplica al padre: "Oh Señor, concédele a este avizor suplicante, la gracia de morir envuelto en el polvo iluminado de la infamia del mundo y bajo todas las estrellas del firmamento".
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Ricardo Muñoz |