Angela Vuela Alto |
No se si ustedes la recuerden, o tal vez no la conocen, les hablo de Angela, la guapa morena, donde los sueños tomaban la forma de su encanto. Yo pienso, como lo mas probable es que ella no forme parte de sus recuerdos, pero en fin, es indudable como cada uno en su vida a conocido una chica como Angela. Por tanto es oportuno referirme a ella como mi Angela, aunque en realidad ella no era nada mío, a decir verdad, nosotros solamente intercambiábamos el saludo al encontrarnos en la plaza. Ella estaba allí como camarera, ayudando a su madre a repartir las comidas a los clientes de su pequeño restaurante, yo como siempre, deambulando por esta, tomándome tiempo para hablar con uno y con otro, mas nunca con Angela, con ella siempre tuve solo el saludo. En alguna ocasión alguien me dijo al verla pasar, esta chica va a ir destrozando su vida. En aquel tiempo Angela usaba su pelo tinturado de rojo, algo exótico he de aceptar para el lugar y la ocasión, pero vaya si atraía miradas, supongo en ella, como en toda mujer, esta era su intención y esta intención era respondida sobradamente por todos los adolescentes y hombres jóvenes del lugar, y la de algunos hombres maduros, como yo. La verdad, a esta Angela adolescente siempre la vi rodeada de hombres. Muchos con malas lenguas, en especial algunas mujeres, siempre decían al verla pasar, esta chica va a terminar mal, muy mal, con una certeza mística, que lo llevaba a pensar a uno, si en esa afirmación habría algo de cierto. Yo a Angela la deje de ver por un largo tiempo, diría como casi deje de verla durante dos años, ya hasta me había olvidado de ella y de sus causadas conmociones, aunque claro, recién fue su ausencia, algunos me decían como estaba trabajando en un bar, - por dejarlo así para evitar malas señas -. Claro, hasta la dirección y el nombre del bar me daban, por si acaso yo quería volver a verla en condiciones mas amenas, esto me lo decían con una sonrisa picara en los labios. Yo nunca intente retener en mi memoria estos datos, pensando para mi, como Angela se merecía un destino mejor, al fin y al cabo la chica era hija de su madre, es decir hija de una mujer batalladora y echada para adelante tratando de sacar adelante de su pobreza a Angela y a su hermana; otra chica menor de ella unos cuatro años, saltando entre la niñez y la adolescencia, también otra chica muy trabajadora al lado de su madre y al igual que Angela, también su hermana era en estos días otra flor en botón, dejando presentir por dentro una futura y fragante figura. Yo me olvide por un tiempo de la grata cordialidad de Angela. El tiempo no paso en vano. Al cabo del mismo, vine a conocer su historia de labios de su propia madre, doña Teresa, ella me dijo, como Angela se empeño en querer hacer una carrera profesional y vaya carrera la escogida por mi hija, - me decía -, nada mas y nada menos la de ser aviadora. Como voy a poder yo pagarte ese capricho continuaba diciéndome doña Teresa que le amonestaba. Eso es para hijos de ricos. Todo mi negocio no alcanza a pagar un semestre de colegiatura de esta carrera, mejor recapacita Angela, busca algo mas acorde a nuestra posición, me contaba le suplicaba, mas Angela seguía empecinada en su idea. Para encaminarse a tal efecto, Angela consiguió puesto de camarera en un restaurante de muchos timbales, ya saben ustedes, ella siempre tenia una manera de encantar a los hombres, de ponerlos a sus pies. El dueño de este prestigioso restaurante no fue la excepción, tampoco sus clientes, entre este y tres o cuatro de ellos reunieron el dinero necesario para pagar tres semestres de su colegiatura, - mi Angela me decía su madre -, cada día en estos días parecía estar floreciendo, cada día mas hermosa, con mejores modales y mas a la moda, es que en Angela, la vanidad era una parte misma de su naturaleza. En realidad pensaba yo, la vanidad debería ser parte misma de la naturaleza femenina, pero como criaron a las mujeres por arte de la iglesia con tal complejo de culpa por querer ser hermosas, solo muy pocas mujeres se atreven a vivir a plenitud esta cualidad femenina. Es que como nosotras las mujeres nacimos para vivir entre trastos, - continuaba su madre -, a algunas nos toca por obligación para poder sobrevivir, y a las demás para hacer felices a sus maridos. Sentenciaba doña Teresa, para tras una pausa, para continuar con su historia. Pasados estos tres primeros semestres, mi Angela ya volaba sola. Ese fue el momento en que llego el tal Rubén a su vida, al parecer él era muy adinerado. Yo nunca le conocí, - me contaba don Teresa -, aunque me lo imaginaba muy apuesto. De hay en adelante mi Angela no hablaba de otra cosa, Que Rubén para aquí, que Rubén para allá, que Rubén, que Rubén, y hasta en a sopa tenia modo de citarlo. Lo peor de todo era que este Rubén no apreciaba a mi Angela. El solo se servia de ella, ella cada día trataba de hermosearse mas para este desdichado, y este desdichado cada día utilizándola y despreciándome mas a mi niña. Eso fue hasta cuando un domingo, extenuada mi chica al salir del trabajo, le ruega al desdichado la traiga hasta la casa. El desdichado solo asede a sus ruegos por no perderla del todo, pensando aún sacarle provecho. Y mi niña, quien ya estaba perdiendo la estima de todos por andar tras este hombre, ella se acomodo en su auto, solo para de la rabia que tenia el Rubén por traerla, se viene en volandas a clavarse al rato debajo de un bus, donde él queda muerto de inmediato, y mi chica con un trauma torácico y la mutilación instantánea de una falange en cada uno de dos dedos de su mano derecha. Pero ya ve, mi niña después de tres meses largos entre el hospital y reposo en la casa, se encuentra aquí nuevamente ayudándome por unos días mientras es hora de regresar a la escuela de aviación. Ahora ella si tiene el estudio asegurado, la esposa de Rubén a llegado a este acuerdo con mi Angela, para evitar de esta forma, una cuantiosa demanda la cual dañe para ella la memoria del muerto. Yo miré en ese momento a Angela, con el cariño de un viejo conocido de la familia, y veo como este par de años la han hermoseado aún mas. Ya no se ve en su piel huellas de los golpes recibidos en su accidente, los dos falanges perdidas en sus dedos anular y meñique de su mano derecha, parecieran no hacerle falta y nunca haber estado allí, por lo cual esto no desdice de la belleza de su mano. Yo ahora se como Angela es una chica llamada a volar muy alto, ella sabe como utilizar sus cualidades y su inteligencia para llegar hasta el cielo.
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Ricardo Muñoz |