La Chica Del Arete |
¡Uummm!. ¿Por que tenían que llegar siempre los lunes?, penso como todos los lunes la chica, mientras se estiraba en su cama despidiéndose de esta forma ritual de su prolongado fin de semana, en el cual pudo como en todos sus fines de semana, dar rienda suelta a su libertad de ser nuevamente la chica del arete. Como todos los lunes a las seis de la mañana, se desperezaba para ir a la ducha dejando atrás ser la maravillosa chica del arete, para ser nuevamente Alicia, la formal recepcionista de la empresa de medicina prepagada, atendiendo a los cientos de clientes buscando orientación para sacar adelante sus luchas individuales con sus dolencias. La señorita Alicia es muy hermosa y muy amable, solían decirle algunos de los afiliados a la empresa cuando lograba orientarles, o igual le decían, que vieja gruñona y descortés es esta, cuando las reclamaciones de los afiliados sobrepasaban sus limitadas atribuciones de recepcionista. Pensar como tenia que cargar con esto todas las semanas, de lunes a viernes, hasta quedar totalmente agotada para ir a acostarse viendo la tele y tomando entre sus sabanas cualquier bebida caliente. Pero el acostarse temprano era solo hasta el miércoles, ya el jueves en la noche empezaba su vida. Un buen baño al llegar del trabajo, y a disfrutar. Claro los viernes en la mañana luciría en el trabajo maltrecha y cansada, pero ya vendrían las horas del día del sábado para descansar. Sus horas nocturnas de viernes y sábado y por lo regular el día domingo en las tardes, estaban destinadas para ser la rubia cantante de la orquesta, o la chica del arete. Los jueves eran las noches de ensayo. Como siempre ya desde esta noche luciría sus blusas algo mas cortas que blusas ombligueras y sus cortas faldas descaderadas, para poder mostrar así su mayor atractivo. Todos los chicos le decían como siendo ella en si una chica linda y proporcionada en sus atributos físicos, su mayor encanto, era su hermoso ombligo vistosamente coqueto en su cintura de reina, y mas aún, desde cuando había perforado el mismo para lucir en el atractivos y variados aretes, los cuales se mecían sensualmente al ritmo de sus caderas. El canto y la orquesta eran su verdadera vida, atrás quedaban aquí las largas horas pasadas tras un escritorio, atendiendo sin cesar a los clientes de la empresa de lunes a viernes. Esta era la razón de su desasosiego de todos los lunes, cuando a la fuerza tenia que reintegrarse a esta formalidad, la cual le permitía subsistir, pues su parte en la ganancias de la orquesta era mínima y supuestamente la mitad de ellas iba a un fondo creado por su director para fortalecer la orquesta. La otra mitad de ellas solo era suficiente para comprar sus pequeñas faldas y blusas, al igual que las botas, el maquillaje y los aretes con los cuales daba brillo a sus cuerpo y a sus deslumbrantes actuaciones. La orquesta a la cual pertenecía, "Noches fantásticas", solo era un pequeño conjunto de músicos aficionados, exceptuando a Diego su director, quien a la vez era el teclista y dueño del mismo. Diego estaba felizmente casado con Mirella , y aún mas felizmente enamorado de Alicia. Cuantas e innumerables veces habían hecho el amor en el pequeño sofá y en el piso alfombrado de la pequeña bodega que servia de cuartel a la orquesta, claro no los jueves el día de ensayo, los jueves Mirella la esposa de Diego estaba presente, y Él siempre estaba solicito y atento con su esposa, igual Alicia, por que las dos mujeres, solían los jueves hacer planes para cuando la orquesta fuera famosa y estuviera en permanentes giras internacionales y presentaciones de televisión. Los instantes del amor para Diego y Alicia, siempre eran al finalizar los compromisos de la orquesta, al ir a guardar en la bodega los equipos. Allí al despuntar las madrugadas, en medio de los halagos de Diego sobre lo fantástico de su actuación en la noche, los dos se consumían en un ardiente y frenético amor, que en sus pocos minutos a Alicia le parecían interminables. Un escalofrío recorrió la espalda de Alicia al sentir malestar en todo su cuerpo, cuando intento estirarse como todos los lunes para iniciar su rutina semanal. Se le helo la sangre cuando recordó como Mirella, la esposa de Diego le prometio ir este lunes a recoger los exámenes para confirmar su ya de hecho cierto embarazo, e invitarla a almorzar, para celebrar como amigas la alegría de este acontecimiento. Y Alicia ya también con tres meses de embarazo confirmado, amparada en la vacilante promesa de Diego de iniciar juntos una nueva vida de felicidad y de éxitos, no se sentía satisfecha. Sus pequeñas blusas y faldas de fin de semana comenzaban ya a quedarle estrechas. Su precioso ombligo y su arete ya no causaban la misma sensación de triunfo en las fiestas. Diego cada día se mostraba mas atento y solicito con su esposa Mirella, y últimamente siempre aducía cansancio para evitar sumergirse en sus instantes de amor después de las fiestas. Ahora la enviándola a su casa en un taxi después de terminados los compromisos de la orquesta, y ante el permanente enojo de Alicia por sus negativas, le manifestaba como esta doble vida de trabajo de noche y de día la estaba matando, y por tanto era mejor que abandonara por un tiempo la orquesta. El trabajo en la empresa se convertía ahora en una bendición por ser un puerto seguro ante el vacilante Diego, a la vez que en una maldición, de ver evaporarse en este sus sueños de fama y de giras. Alicia ahora tenia una preocupación adicional aprisionando su cerebro para hacerlo estallar. Varias enfermeras amigas al conocer de su embarazo, le habían dicho como su bella cintura y su precioso ombligo probablemente terminarían desformados después del parto, y como a algunas chicas que tenían aretes en sus ombligos, ese pequeño agujero hecho para colgarlo, se les había convertido en un horrible zarcillo de carne, colgando en medio de sus cuerpos.
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Ricardo Muñoz |