Cariñosamente

 

--¿Cariñosamente de Macha para Polef estaría bien?

-- Lo encuentro perfecto maestro, no sabe usted cuan feliz estoy de haber comprado su libro para obsequiárselo a mi amado Polef.

-- Polef es un hombre muy afortunado de tener su cariño.

-- El aún no lo sabe, maestro, su libro será mi forma de expresárselo.

-- Eso es todo un compromiso, le deseo a usted muy buena suerte.

Macha sale a la calle feliz de haber pasado por casualidad ese día por la librería y haber entrado a ojear las revistas, ¿Quien seria aquel tal Chéjov?, bueno en realidad eso no importaba, lo cierto era que había logrado adquirir un libro autografiado, para obsequiárselo a Polef, el profesor de gramática de su torpe sobrino y a quien el padre del chico hacia venir a casa a darle algunas lecciones extras para buscar superar sus deficiencias.

Macha ahora con treinta años, desde la muerte de su madre hacia ya un par de ellos vivía en casa de su hermano, y tenia que soportar la permanente ironía de su cuñada buscando su partida. ¿A donde podía ir ella, si Macha siempre fue la constante acompañante de su madre en sus tarde de tés y bordados y con los escasos ahorros dejados por esta a punto de agotarse?

El profesor Polef como todos los profesores de provincia, era de lánguida condición económica y siendo hijo de campesinos, había logrado terminar con esfuerzo su maestría en letras lo que le permitió obtener por influencias del patrón de su padre un rico hacendado la plaza de maestro de gramática de la pequeña población de Nief cercana Moscú, en donde Macha ahora se encontraba acompañando a su cuñada, quien buscaba comprar en Moscú un par de vestidos para las fiestas navideñas, mas Macha prefería escapar de la presencia de su cuñada y deambular por los bulevares moscovitas, como lo había hecho esta mañana cuando compro el libro, para terminar la tarde observando pasar la gente, sentada en una de las mesas al aire libre en la cafetería del céntrico hotel donde se encontraban alojadas.

Allí se encontraba cuando escucho el nombre de Polef de labios del camarero. Macha instintivamente volvió a mirar hacia el recién llegado con la vana esperanza de que su amado Polef hubiera resentido su ausencia y se hubiera venido a Moscú a buscarla. Vana ilusión, el recién llegado era un apuesto capitán a quien el camarero se dirigía con la familiaridad de un antiguo cliente.

-- ¿Espera usted a la señorita Macha capitán?

El capitán tomando asiento a solo un par de mesas de la Macha, le respondía al camarero, mi Macha se ha ido con sus padres los condes a pasar una temporada a París, este invierno será muy largo en su ausencia.

Macha no daba crédito a estas palabras, como este bello Polef estaba sufriendo por una ausente Macha, y ella Macha estaba sufriendo por su lánguido Polef. Esto no podía ser una casualidad, el destino se había encargado de reunirlos y no era cuestión de desechar el destino, sintiéndose hervir en rubor, hizo señas al camarero, quien ya conocía su nombre.

--¿En que puedo servirla señorita Macha?, esta afortunada expresión del camarero, atrajo inmediatamente la mirada del capitán Polef, y Macha sintiéndose aún mas ruborizada y casi sin fuerzas le dijo; ¿sería usted tan gentil de llevar de mi parte al capitán este libro?

El capitán Polef recibió con asombro el obsequio, agradeciéndole el mismo con una leve inclinación de cabeza mientras le ojeaba, para proceder a escribir una nota y entregarla al camarero antes de salir.

Asombrada Macha quiso salir corriendo detrás del capitán Polef para explicarle como su encuentro no era obra de la casualidad sino del destino, quien se había encargado de unirlos como la oportunidad perfecta para hacer mas felices sus días, y como esta voluntad del destino no podía ser por ellos rechazada sino a riesgo de su propia desgracia.

Mas la osadía para Macha ya había sido demasiada, y su rígida educación le impidió salir corriendo detrás de este Polef encantador y desconocido.

El camarero se acerco trayendo la nota, el corazón de Macha le dijo como no se había equivocado, el capitán Polef también había sido tocado por el ángel del destino y por medio de la nota encontró el medio mas seguro para plantearle una cita lejana a murmuraciones, donde ella sin falta acudiría para consumirse de amor en sus brazos.

Con las manos temblando ante el próximo encuentro, empezó a leer emocionada la nota del capitán Polef para terminar cayendo en una profunda depresión. La nota decía: señorita, a sido usted muy gentil de traerme de parte de mi Macha este obsequio el cual a ella  enaltece, créame, este libro de nuestro entrañable amigo intimo Antón Chéjov, será mi consuelo en ausencia de mi Macha, mas ahora cuando me dirijo hoy mismo trasladado en servicio hacia Petrogrado. Atentamente suyo: Capitán Polef.

A esta misma hora, en su pieza rentada y tiritando de frío, el profesor Polef se entretenía inútilmente intentando escribir con la misma destreza que su admirado Chéjov, si tan solo tuviera algún objeto que hubiera estado en sus manos, este seria su talismán para lograrlo, y pensando en como obtener este preciado talismán, el profesor Polef se consolaba sabiendo como compartía con Chéjov una temprana tuberculosis, y por ello no le molestaban para nada sus constantes vómitos de sangre.

 

 

Ricardo Muñoz


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