El Anarquista

 

¡Viva la anarquía!. ¡Viva la anarquía!, gritaba noche y día, aquel a quien ya nadie en realidad conocía, y eso que en su pueblo de dos mil habitantes, los viejos lo conocían desde niño, y los niños lo conocían desde antes de nacer.

Muchos decían como el anarquista era un personaje simpático listo a divertir a todos en sus bromas; mas tres o cuatro, entre ellos Bartolo, después de haber sido sus entrañables amigos terminaron por rehuirlo, de lo cansados que andaban de su constante pregón a la anarquía.

Bueno; pero al fin y al cabo: ¿que es la anarquía?, le preguntaban sus antiguos amigos cuando aún estaba con ellos, y siempre escuchaban a gritos la misma respuesta: ¡la anarquía señores es que cada uno haga lo que se le de la gana!. A pero eso es satánico solían refutarle, y él decía: no por que el satanismo se basa es en el egoísmo y no en el amor, y la anarquía es amor y valor, y hacer lo que diga yo.

Con estas sutiles disquisiciones al festivo anarquista andaba siempre de farra. ¡Hey anarquista!, le llamaban en las esquinas del pueblo, ven y explícanos nuevamente la anarquía; y él feliz al pensar como ya les estaba convenciendo, no veía como en sus preguntas solo había una mordaz burla de la cual él ni se enteraba.

Así pasaban los días en este mojón de tierra que era su pueblo rebautizado por él utopía, nombre por el cual estuvo varias veces a punto de ganarse zurras de parte de algunos de sus conciudadanos, quienes le recordaban como su pueblo se llamaba era Xochirizo, bautizado así por la raíz indígena Xochi significante de flor, y por el rizo, es decir el chorizo, el cual como producto básico de la región era su orgullo, por ser Xochirizo el primer productor nacional de puercos, su nombre significando la flor del chorizo les encantaba a los aldeanos, a quienes orgullosamente les gustaba repetirlo en voz alta para deleitarse en oírlo. ¡XOCHIRIZO!

Algún día llego al pueblo de Xochirizo un circo lo cual era toda una novedad para aquel pueblo de puercos. Los aldeanos deslumbrados por la roída carpa de colores y por los dos leones flacos y bostezando del hambre en su jaula con los cuales se cerraba el desfile triunfal del circo por la polvorienta calle principal del pueblo, emocionados decidieron en una reunión urgente de los notables del pueblo hacer un obsequio a los señores del circo por tan inesperada visita, la cual venia a dar regocijo a sus aburridos habitantes.

El alcalde pujaba por darles de regalo las llaves del pueblo en oro macizo, lo cual la verdad podría arruinar al pueblo, el cura se inclinaba por una misa solemne haciendo venir para ello al señor obispo, quien claro para tal desplazamiento el obispo solo pedía cambiar su vieja limosina de dos años, la cual demeritaba su alcurnia, los puerqueros querían obsequiarles al menos una gruesa de puercos, y las mujeres entre si murmuraban como el mejor obsequio era atender por turnos en sus camas al fiero domador y al intrépido trapecista; claro que este seria al final un regalo para ellas y no para la gente del circo, pues sus gordos maridos de tanto puerco que comían ya no se fijaban en ellas que estaban en las mismas condiciones.

En estas deliberaciones pasaban los días acercándose ya el fin de la corta temporada de circo sin que los pueblerinos lograran llegar a una decisión, y claro, los artistas del circo estaban preocupados, pues habiendo llegado ellos por casualidad a este pueblo olvidado y con ganas de comerse a los leones por su propia hambre, no podían dejar pasar esta oportunidad tan inesperada de arreglar por algún tiempo sus finanzas, y deliberaban también entre si como lograr el mejor partido de la misma.

Anarquista de su parte sin darle importancia a estas deliberaciones, parado desde el primer día junto a la jaula de los leones gritaba sin cesar, ¡viva la anarquía y has lo que quieras que es lo que diga yo!, y los flacos leones pareciendo entenderlo no cesaban de reírse como hienas.

Entre tanto el pueblo seguía en sus deliberaciones, ya se habían subido las pujas de los interesados, el alcalde ofrecía ahora además de las llaves de oro, el presupuesto de la alcaldía por un año fiscal. El cura ya quería entregar dos limosinas nuevas, una para el señor obispo y otra para la gente del circo, los puerqueros, querían ahora entregar los puercos con todo y finca, y hasta las encumbradas señoras no se ofrecían a si mismas, sino a sus hijas y criadas con tal de poder atisbar las acciones de estas con el domador y el trapecista.

Por fin los artistas del circo desesperados ante tantas promesas que podían quedar incumplidas, y los oferentes sin querer cejar cada uno en su empeño, concertaron todos una reunión conciliatoria de donde salió una salomónica decisión. Serian los mismos artistas quienes escogerían el obsequio para ellos mas conveniente; e inmediatamente así se hizo.

Después de la partida del circo, la gente del pueblo duro por años en una estado de felicidad inacabable dada la sabia elección de los artistas circenses. Los artistas del circo al cabo de estos mismos años montaron una carpa gigante con la cual visitan las principales capitales del mundo ante el indudable éxito de su nuevo número con el cual se taparon de dinero.

Hasta el anarquista estaba contento. El quien siempre disentía de todo y con todos, había aceptado también la decisión de los artistas circenses, y cada noche en el circo, el anarquista era sacado de su jaula vestido de payaso a gritar junto a la jaula de los leones, ¡viva la anarquía y has lo que quieras que es lo que diga yo!, y los leones ahora gordos, no cesaban de reír como hienas, y detrás de los leones las multitudes del mundo entero reían a mandíbula suelta ante la gracia del anarquista.

 

Ricardo Muñoz


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