Sobreviviente

 

Cumpliría en la fecha seis años de andar deambulando desde la tragedia. Ya igual como todos, tenia pegado el cansancio en la piel. Solo quería descansar; ¿Mas que otra cosa había hecho desde entonces?.

Decidió no asistir a la fatua celebración donde él seria uno de los invitados especiales así su presencia resultara necesaria. Su constante desgracia desde la luctuosa fecha siempre esperando recibir la caridad y con la caridad siempre prometida y aplazada, era requerida por los anfitriones de la misma para poder resaltar su condición de dadivosos.

Mientras contemplaba la muda nueva de ropa, generosamente traída a toda prisa en el ultimo momento por los organizadores para evitar en su presencia cotidiana ir a disgustar a los donantes, pues esta bien ver la carne en desgracia (eso hasta estimula sus sentido de grandeza), siempre y cuando esta no ofenda los cultivados sentidos; él decidió morirse esta mañana en su banca preferida del parque.

Su paloma confidente, y por que no decirlo su amiga, tomaba de su mano las migas de pan con las cuales solía obsequiarle, pareció aprobar su decisión cuando como en ocasiones especiales se paro sobre su hombro y picoteo su cabellera.

Era bueno sentir sobre todo el cuerpo el cálido sol de la mañana por efecto del cual ya empezaban a brotar sobre su piel unas plateadas gotas de sudor. Era bueno recordar en este momento a su preñada Elisa la cual fue arrastrada esa madrugada por la desgracia junto a otros miles sin que el hubiera podido hacer nada por evitarlo.

Desde ese mismo día estuvo lamentando que su prolongada noche de juerga en las afueras del pueblo hubiera sido la culpable de su salvación y a la vez de su ruina. De que otro modo pudiera llamar a sus últimos seis años, donde solo permanecía en su memoria lo amado y poseído perdido en ocasión de la tragedia, y donde también había perdido su espíritu de lucha para convertirse en una mendicante piltrafa humana.

Solo necesitaba para cumplir su decisión, ordenar a su corazón detenerse y a sus pulmones dejar de respirar. Había decidido una muerte limpia. No quería ensuciar la grandeza de su momento con un veneno o con un salto al vacío desde algún edificio.

Sentía ya su cuerpo flotar junto al infinito, y en su mente su Elisa parecía desde allí sonreírle deparándole perdón. Sintió también el deseo de a si mismo perdonarse. Cada momento su respiración era mas lenta, y a la vez, mas esporádico el golpeteo de su corazón.

Estaba logrando allí la cúspide de su vida. Se despidió del alcohol, del frío, del hambre y del constante sentimiento de desesperanza. Su espíritu empezó a levitar. Cuan dulce le resultaba el transito a la muerte a la cual se encaminaba gozoso guiado por su propia voluntad.

Abruptamente intento abrir sus ojos tratando de ponerse de pie sin lograrlo. El disparo y la humedad de su sangre en su rostro fueron simultáneos. Sintió caer en un vacío pavoroso e interminable.

Al día siguiente los diarios titularon como una bala perdida impidió a uno de los sobrevivientes de la tragedia, recibir el aporte redentor con el cual dar un nuevo curso a su vida.

 

Ricardo Muñoz


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