Señor
Dame el poder del mendigo
en su deseo insaciable.
Tu mano en la aurora.
Dame la llama levita
en un sol de verano.
Tu grito silente.
Dame la fuerza de un astro
fulgurante insinuoso.
Tu eterna mordaza.
Dame una voz
presta a pasiones.
Tu eterno apego.
Dame Señor el poder de los robles
que aquestan el bosque dispuestos al hombre.
Tu inescrutable abrazo
Dame el poder de estallar en mi mismo
Dame agoreras palabras
cual pertinaz llovizna riendo en tu pecho.
Dame el vaivén de las olas
o el casco de un buque dispuesto al naufragio.
Dame señor el sol de tus brazos
la eterna morada
el poder del reflejo.
O dame señor un murmullo resuelto
que aquiete vaivenes
que supla el silicio
que se apegue a los mientes.
Tu inescrutable aroma
Mi apego a quererte.
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