La Muerte Hallo

 

La muerte halla otra víctima en sus brazos
No fue suya la espera
un hombre  la entrego sin miramiento.

Y tú  Señor:
¿Dónde estabas?

Ciega  es la furia del hombre
Su gula  en sangre le enloquece.

Fratricidas sus instantes
Sus instintos no están hechos para amarse.

De orgullo llenos
quiebran  vidas impacientes.

De furia ahítos
Sueñan en  su mísera  grandeza.

En maldad insacios
gozan del dolor en otros cuerpos.

Tu Señor
Lejano eres. 

Cada instante una nueva víctima se apronta
un nuevo asesino viste de infamia. 

Tu le entregas  dicha al ungido.

Su dolor  en él es solo un recuerdo
unido a nuestra  carne.

Señor
Atiéndenos en duelo.

En tus brazos el ungido
nosotros imploramos tu consuelo.

Danos la fe
la esperanza de tu dicha
la paz de tu justicia.

Danos la fuerza de seguirte.

Que el olvido borre este recuerdo
sea  ahora el tiempo de tu abrazo.

Ricardo Muñoz - Rimuz


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