Personajes
Arnulfo
Clarisa
Conciencia de Arnulfo (La Moral)
Conciencia de Clarisa (La Conciencia)
Escenario
La escena ocurre en la habitación de la pareja cuyo amoblado
fundamental consiste en: un lecho nupcial al centro, un espejo paralelo al mismo, y una
felpa tirada en el piso por el lado de cama donde se acuesta Clarisa, y un sanitario de
cara al publico algo alejado de la cama del costado donde reposa Arnulfo.
Luces
La iluminación del escenario además de la luz normal, solo consiste
en cuatro lampara directas de las cuales dos permanecerán casi siempre prendidas, una
sobre el espejo y otra sobre el sanitario simbolizando esto en su conjunto la parte
espiritual y material del ser humano, las otras dos solo se prenderán cuando la moral
(representada en la conciencia de Arnulfo) y la propia conciencia (representada en la
conciencia de Clarisa) expresen importantes criterios que así lo requieran.
Música
La música que de adopte a la obra debe variar entre piezas clásicas
serenas y rock con cierta carga de rudeza cuando las acciones así lo requieran, mas la
música solo será una ambientación leve en la obra.
Acto Unico
Al iniciarse la escena, la pareja se encuentro durmiendo en el lecho
Arnulfo en boxer, Clarisa en una pijama vaporosa. El escenario se va iluminando
lentamente. Al momento Clarisa se incorpora, se despereza se sienta en el lecho, se
levanta, va a mirarse al espejo; en este momento se enciende una luz directa que ilumina
al espejo y a Clarisa. Después de acicalarse un poco va al sanitario gesticula simulando
orinar y regresa al lecho donde se entretiene jugando con la felpa mientras contempla la
misma y a Arnulfo aún durmiendo antes de iniciar su dialogo.
Clarisa: Son ya cuatro años que hoy
cumplió nuestra felicidad. Cuatro años desde cuando reivindicamos alcanzar el cielo en
este nuestro nido amor junto a mi Arnulfo, mas hoy no se, ¿si el cielo ha llegado a
nuestras manos?, ¿si mi Arnulfo resulto ser tan bello como yo le imaginara?, ¿si este
claro paraíso por el cual luchara mérese aún llamarse paraíso?
Las leves gotas del amor que antes nos unieron, han venido siendo
desbastadas por la sequía de la diaria rutina, y ¿donde en ella el estandarte de los
sueños?.
Plena de ilusión vine por mi misma a entregarme en mi pureza, mas
diría mejor, a entregar mi libertad, por que si por pureza a de considerase la
virginidad, yo ya no era pura antes de encontrar en mi camino a Arnulfo, mas cuan suave
era mi libertad en aquellos días, y en un acto de locura el cual creí entonces de
libertad, quise estrenar este nuevo siglo junto a él.
Cual suaves me parecían sus maneras antes de unir nuestras vidas, cuan
delicado su encanto, cuan exquisita su ternura, y este hombre, este mi Arnulfo, este mi
dorado sueño que también deciase cansado de recorrer el mundo, cansado de recorrer la
noche, ha venido lentamente perdiendo sus contornos, para volverse a encontrar en su
propia realidad, para volver a ser simplemente un hombre.
Su voz que ha venido subiendo de tono
despierta súbitamente a Arnulfo quien queda sentado en el lecho y al verla levantada, sin
hablarle, se dirige al sanitario donde simula orinar, en este instante se prende sobre él
otra luz directa (estas luces sobre el espejo y el sanitario, permanecerán suavemente
encendidas durante la obra, para simbolizar la parte espiritual y material del ser
humano). De regreso después de darse una breve mirada en el espejo dice a Clarisa:
Arnulfo: ¿Clarisa, que
haces levantada?, esta hora solo es buen tiempo para el amor, ven, volvamos al lecho,
justo he de decirte como antes de despertar ya soñaba teniéndote en mis brazos, y he
aquí que mis deseos están prestos a cumplirse, sabiendo como en ti respira la misma
ansiedad.
Arnulfo intenta tomar a Clarisa mas ella le
rechaza.
Clarisa: ¿Y es que acaso
no hay otra cosa para ti?, nada hay de especial en levantarnos cada mañana a revolcarnos
siempre en la misma rutina, siempre del lecho al sanitario y del sanitario al lecho, para
retornar nuevamente al sanitario a dejar atrás los vestigios del acto apresurado de tu
amor. Que he de decir, ¿cual acto de amor?, ¿como llamar amor a este desfogue apresurado
de tu parte de un semen que parece rebosarse por tu boca, y que estalla aún casi antes de
yo estar desnuda, ¿Donde ha quedado tu ternura?, y ¿donde en esta perdida mis
desconsolados deseos de amar, que se ajustan en un simulacro diario para ti?. Yo vivo
lamentándome de tu hiriente e instantánea torpeza, y el dejar a mi cuerpo ser un simple
un juguete en tus manos morbosas con el cual te deleitas, mientras pienso en que bueno
seria estar aún dormida abrigada entre mis sabanas, como estoy antes de que tú llegues a
interrumpir mi sueño con ese apresurado orgasmo al que sueles llamar tu acto de amor, y
en el cual ni aún siguiera se puede decir que en el haya sexo, pues el sexo a de caminar
junto a la ternura, y en ti no hay ahora ternura, sino el apresurado desfogue del gallo
temiendo perder su equilibrio mientras pisa a la gallina. Lo tuyo es solo un relámpago
minúsculo el cual se ha ido casi aún antes de llegar.
Arnulfo: ¿Qué te ocurre Clarisa?, ¿acaso estas regluda?. Tu
ya saben como eso a mi no me importa, un poco de sangre no hace mas que aumentar mi
emoción.
Clarisa: Regla es lo que debía darte a ti en la cabeza, para
ver si por fin se te desfogan tus ansias de animal. Yo para ti no soy mas que una vagina
oportuna y comprada a muy buen precio, ya estuvieras solo, para ver como te tocaba
revolcarte en la cama procurando vencer tus emociones, o terminar rendido a
autocomplacerte, y en este caso, terminar por cargar junto a ti durante todo el día, ese
mal sabor, no de un acto etiquetado como malo por una moral perversa, sino ese amargo
sabor del coito interrupto que de siempre es la masturbación, cuando no hay otro modo que
la propia mano para estimularse, y otro lugar mas que el aire para vaciar esa falsa
satisfacción.
Arnulfo: Pozo profundo de nuestra propia realidad de vivir
resulta ser el lecho. Es el lecho donde nacemos a nuestra existencia aún antes de
existir, e igual en el nacemos al momento mismo de nuestro parto. Es en el lecho donde se
va centrando nuestra propia realidad, es en medio del dormir en nuestro lecho donde
nuestros sueños y pesadillas se acunan en nuestros deseos, realidades y temores. ¿Acaso
es concebible la vida sin el lecho?. Y no solamente me refiero al tercio o al cuarto de la
vida, en el cual el sueño es nuestro amparo y la fuerza para la otra parte de nuestra
vida; sino me refiero principalmente a como el lecho da pie a aquel incontenible encanto,
en el cual nuestras manos logran alcanzar la felicidad y atisbar como por una ventana a la
misma infinitud. ¿No te has dado cuenta como en cada clímax, por tan solo un minúsculo
instante somos infinitos e iguales en el al mismo a Dios, y por tanto mas junto a Dios que
lo que pueden lograr mil oraciones juntas?. Es en el sexo donde nacemos a la vida, pero no
solo a nuestra vida terrena, es en el sexo donde nacemos a nuestra misma eternidad. He
aquí la poderosa razón de las iglesias para negárnoslo, y es por que las iglesias saben
en el sexo su mas claro rival. Si todos lograran percibir la eternidad como yo la veo
claramente navegando entre mis clímax, nadie acudiría a los altares para buscar la
redención de sus pecados, pidiendo una penitencia para descargar en ella el perdón
recibido a sus pecados, solo para volverse a llenar de pecados nuevamente; sin principio,
sin dicha y sin final.
A la dicha de nuestra eternidad nacemos en nuestro lecho, en ella por
instantes la podemos alcanzar. ¡Eh allí nuestra única verdad!, ¡eh allí la potencia
de nuestra creación!.
Clarisa: Vanas palabras de animal son las tuyas, ¿como te
atreves a afirmar con tanta severidad tan soberana tontería?. ¿Como te atreves a poner a
Dios entre tus sabanas?, mas aún, cuando en el fulminante acto de tu amor solo
reivindicas el placer para ti mismo.
Mas suaves y dulces resultan para mi, mis mantas que tus brazos, ellas
me entregan una tibieza de la cual tus brazos son ya incapaces. Helados me resultan tus
pies junto a los míos, ponzoñosas tus manos en mi espalda, y el peso de tu cuerpo sobre
el mío resulta tantas veces ultrajante de mi femenina condición, que muchas veces he
llegado a querer renunciar a esta condición.
Mas no, ahora lo pienso mejor, no es a mi femenina condición a lo que
yo quisiera renunciar, no, yo quiero renunciar mejor a mi condición de hembra,
..( se pasea dudando), no, tampoco a
aquello, tal vez en este instante deliro, o mejor aún , tal vez en este instante estoy
recorriendo mi vida procurando encontrarme, mi vida desde mis quince años a sido una
glorificación a ser la estampa que el hombre tiene de nosotras como mujeres y como
hembras. Mas, como una misma palabra pueden utilizarse para propósitos tan disimiles.
Yo realmente quiero acentuar mi condición de mujer, y como mujer,
quiero acentuar mi condición de hembra. Mas cuan disimiles resultan estos conceptos para
ti como hombre y para mi como mujer. ( mientras Clarisa habla,
Arnulfo se pasea desesperadamente por la pieza, se sienta , se para, fuma, etc.).
P ara ti, ser yo tu mujer, es casi
como decir tener una sirvienta. Para ti, ser yo tu mujer, es casi como decir tener junto a
ti un fino articulo de lujo con el cual pavonearte. Para ti, ser yo tu mujer, es tener una
comida caliente, una camisa impecable, un toque suave en tu ordinariez, una voz presta a
tu consuelo, un bastón para tu mano, un consuelo y aliento para cuando paulatinamente el
mundo te derriba, y necesitas fuerzas para volver a estar en el.
Cuando los golpes han sido demasiados para ti y no puede tu orgullo por
si mismo repararte, acudes a mis brazos en busca de consuelo, en busca de que suba yo tu
estima arrastrada por el piso, en busca de que tu piel maltratada de macho vencido,
recupere su dureza en el ungüento de mis caricias. Para ti, yo como mujer soy solo un
objeto a tu servicio, alguien presto a tus deseos, y en esta concepción tuya de mi ser
como mujer, es el lugar donde naufragan mis deseos y mis ganas de vivirlos, es la misma
negación mía, es algo muy distante a realmente ser mujer.
Y para ti, ser yo tu hembra, ya te lo dije. Para ti ser yo tu hembra no
resulta mas que ser una complaciente vagina, en la cual colocar aquellas ansias animales
que no puedes contener, aquellas ansias que traes de la calle bañadas en otros rostros
con las cuales bautizas mi interior aún sin cerrar tus ojos. Ser tu hembra es tener mis
labios dispuestos a tus labios, y mis manos dispuestas a recorrer todo tu cuerpo. Ser yo
tu hembra, es ser un juguete entre tus manos entregando yo mis sueños. Ser yo tu hembra,
es ser yo la porta estandarte de tu polla, ser el deposito de tu sexo, ser constante en
ello y al final ser solo eso. Ser tu hembra es ser el relicario de tu semen, la
consolación de tu pene; de tu ridículo y pequeño pene con el cual no podrías presumir,
con el cual no podrías ir a una playa nudista sin tener que pasar por la vergüenza de la
burla, ya que si centras la virilidad en el tamaño de tu miembro, es solo tu imaginación
quien lo agiganta, tu por el tamaño de tu miembro, no serias mas que un niño, y por lo
ridículo de tus pretensiones solo un tonto payaso.
Torpe de mi que me he prestado a tu juego, torpe de mi que aún antes
de ti ya me prestaba a lo mismo.
Todos los hombres que pasaron en mi vida solo buscaban en mi compañía
la resolución de sus ansias, y yo, como muchas, como casi todas, me deje arrastrar, y
quise validar mi condición de mujer y de hembra siendo para ti, y siendo para ellos, su
deposito seminal, y no es por no haber gozado oportunamente del placer que hoy te digo
esto, no es por no haberme encontrado en la cima del orgasmo el origen de mis palabras,
sino todo lo contrario, es por haberlo vivido a plenitud.
Que dirían los hombres si supieran, como su placer no es nada,
comparado en extensión y profundidad con nuestro placer como mujeres, su placer ante el
nuestro es mínimo. El leve instante de vuestro clímax varonil del que tanto se jactan,
no es mas que un ridículo remedo de nuestro profundo placer. Si la vida se centrara solo
en ello, ya quisieran ustedes haber nacido hembras y no machos. Que arrogancia, que
estúpida arrogancia la tuya y la de todos los hombres que se ufanan de su máxima
potencia, cuando vuestra máxima potencia no es mas que un ridículo mínimo ante el
placer femenino.
Como pudiera yo describir esta profunda sensación de goce pleno y
bienestar cuando ella ocurre. El placer en la mujer, es como si un terremoto acaeciéndose
como una película en cámara lenta, cuadro a cuadro, así lentamente va desenvolviéndose
en nosotras el placer en cada fracción de segundo, es como si cada segundo durara toda
una vida, es como el nacimiento de un manantial atravesando lentamente a través de los
años las capas de las rocas, es como ir viendo cargarse a tranquilas nubes de un aire de
tormenta, es como ir recreando el nacer de las montañas a la vista de los siglos, y esta
dulzura del placer femenino que recorre nuestra sangre, y este trajinar que recorre cada
una de nuestras células, lo podemos prolongar a voluntad como arrulladas en una sinfonía
interminable, o abrasadas a la tormenta de la erupción volcánica que en la música
correspondería a un dark metal, o lo podemos también arrullar como viviendo nuestros
cuerpos sostenidos sobre dulces cantos gregorianos; y una vez decidimos como el preludio
ya ha sido suficiente, estallamos en un clímax diez veces mas profundo que el vuestro.
Nuestro clímax es la maximización de la violencia, nuestro clímax es la descarga de un
rayo en su contundencia, nuestro clímax es el golpe atroz de una bala dum dum rompiendo
un pecho, nuestro clímax, es la única culminación viable que puede tener este alud de
miel que ha sido nuestro preludio en un gozoso y en crecento acto de gozo.
Es en el placer femenino, donde con seguridad nace el símil del amor,
por que si el amor lo abarca todo, nuestro placer es la explosión de una represa
sobrecargada de emociones, que deja absolutamente exhausto nuestro cuerpo. ¿Cuando acaso
tu en todos tus años y en todas tus mujeres recorridas, tras el regalo de su parte de un
autentico orgasmo, encontraste alguna que no estuviera absolutamente vencida y sin fuerzas
después de su amor? Y esto no es algo casual, siempre el orgasmo en la mujer, la derriba
completamente, la deja plenamente exhausta, plenamente satisfecha y entregada por unos
momentos, a gozar del poniente cielo de su clímax, entregada a este reencuentro con el
mundo, a este saberse en si misma, donde termina nuestra gozosa explosión.
No es con Dios como tu dices nuestro encuentro en el clímax, es con la
cara dulce del mundo, es con la belleza del vivir nuestro cuerpo. ¿Por que habría de ser
el mundo solo un lugar para el dolor?, ¿Por que habríamos de esperar la extinción de
nuestras vidas para ser en la calidez?. Ya algunos han dicho como la única realidad que
pueden aceptar como segura, es el propio ser. Ellos dicen: "yo soy la prueba de que
existo, yo soy la única realidad". Una realidad solipsista es la dueña del sexo,
¿quien puede gozar por mi?, o ¿quien puede gozar por otro?, y en este solipsismo la
mujer es maestra y guía, nada hay en vuestro placer envidiable para nosotras. El placer
profundo del sexo tiene cara de mujer.
Arnulfo: ¿Que he hecho yo acaso para merecer tan enconados
argumentos?, ¿Por que estallas ahora cuando nada hacia presentir esta tormenta?, son ya
cuatro años de vivir juntos, cuatro años sin reproches disfrutando en apariencia del
vivir, para despertar esta noche en el borde de un profundo abismo, en el cual estoy a
punto de caer.
Clarisa: Tienes razón Arnulfo, tienes razón y no la tienes a
la vez, es verdad que nada te han dicho mis palabras, mas los signos de mi cuerpo han
pasado desapercibidos para ti.
Arnulfo: ¿De que signos me hablas?, yo no he percibido en ti
ningún cambio abrupto, desde el día de nuestra unión no ha habido en ti variación
alguna, nada puedo decir, en ningún instante vi una señal de peligro, y el peligro ya
esta aquí.
Clarisa: Tu como hombre eres ciego para las auroras del amor. En
el lenguaje del amor las palabras solo reafirman lo que nuestro cuerpo ya ha dicho, el
lenguaje del amor es también el lenguaje de las flores, es el lenguaje de las mascotas,
¿acaso una flor no pareciera agigantarse ante nuestro cuidados?, y ¿una mascota bailar
de contento ante nuestros mimos?, ¿acaso no he venido yo en estos cuatro años opacandome
a tu lado, en tanto que tu en mis mimos y cuidados no te has visto crecer?
Arnulfo: ( abrazando a Clarisa) Clarisa, mi Clarisa, es cierto como en los días previos a nuestra
unión, esta era mas viva y mas radiante nuestra felicidad, es cierto como en ellos,
nuestros instantes de plenitud se llenaban de imágenes y de oportunidades. Como olvidar
nuestra permanente fogosidad, si esta fogosidad a cada instante yo la añoro, si la miel
de tus labios, de tus senos y de la flor de tu sexo, estaban contantemente dispuestas para
mi. Cuan bellos sus instantes, cuan fogosos sus momentos, cuan arrebatas sus
circunstancias las cuales buscábamos incansablemente.
¿Recuerdas aquella ocasión de amor desbordado aprovechando la soledad
de la nave de un templo?, o ¿aquella otra en medio del trafico, o las innumerables noches
de fiestas, discotecas y tabernas donde apurábamos la pasión en un momento ante las casi
ciertas miradas que sobre nosotros se abatían? .
Si realmente Clarisa, es necesario ver como la pasión huyo de ti. Tu
apaciguamiento es un cambio seguro, lentamente has venido perdiendo la pasión durante
estos cuatro años. En forma paulatina ella se ha venido en ti desvaneciendo, es como si
la convivencia fuera la purga del deseo, es como si hubiéramos venido llegando al polo
frío del amor.
¿Es que la aventura se riñe con la permanencia de una unión
estable?, ¿y en ella, el desbordado canto de nuestras células, es vencido con el frío
caldo de la convivencia?, ¿acaso el amor en la unión, solo esta compuesto de rutina y de
una tranquilidad sombría, que lentamente escala nuestros años esperando vestir nuestros
cuerpos en arrugas, y ansiando en lo mas profundo del ser la paz del sepulcro?.
Yo digo que no, yo por el contrario quisiera ir en contravía de mis
años. En este deseo mío, yo busco los rostros juveniles en los cuales tuve ocasión de
saciar mis ansias, esperando encontrar en ellos aún mis mismas ansias, mas el tiempo se
ha encargado de ser cruel. Estos rostros que una vez fueron el refugio de mis ansias
también están cansados, y si la casualidad los pone a mi lado, ya no veo lozanía en sus
miradas, ya no veo locura en su soñar, estos rostros de hoy no son ni siguiera un pálido
reflejo de ellos mismos, y si mi voz acude a ellos mendigando aquellos días, no encuentro
en ellos el recuerdo de estos días, y para mi infortunio, el reflejo en mi memoria de
estos días, también ha venido nublando de sus soles brillantes y en ello también mis
deseos de a ellos volver.
Yo invoco a mi consciencia para que reafirme mis palabras, y mi
conciencia te diga mis por que?
( Entra en este momento la conciencia de
Arnulfo impecablemente vestida de saco y corbata y con un fino bastón en su mano)
Conciencia Arnulfo: Tu de que estas hablando, atorrante. ¿Que
pequeñez sigue aún siendo la tuya con tus ganas de follar?. ¿Cuantas veces he venido
reprendiendo tu rutina?. No es follar lo que en el mundo cuenta, lo que cuenta en este
mundo es el dinero, manda el diablo tanta tontería y concéntrate en hacer dinero, lo
demás vendrá a ti por añadidura, ya veras como ante las ansias del poder y del dinero,
el follar es un triste remedo del centrado y verdadero placer que da el dinero, y en el
placer del dinero, la sensación de en el hacer y deshacer.
Arnulfo ( Asustado): Tu me engañas, tu me martirizas, para que querría yo el dinero
en ausencia de mi sexo, los millones de Bill Gate no serian suficientes para pagar una
erección, para que querría yo en este caso tener dinero, si con el no se puede ir a la
compra del placer?
Clarisa: Hazle caso a tu conciencia, ella te muestra un buen
camino, con el dinero logras joyas, viajes, sirvientes, y el permanente halago, esto es lo
que cuenta en este mundo, esta es la medida del éxito, el triunfo del ser y del tener, y
en ello mi verdad y mi conciencia.
(En este momento entra la conciencia de
Clarisa vestida en forma lujuriosa).
Conciencia Clarisa: Tanto deseo de posesión y tanta vanidad te
han dañado el gusto querida, tanta moral impuesta sobre ti, tanto lineamiento que tu
madre te puso en el redil de tanta iglesia, te han hecho causa de sus garras. Bien has
descrito el gusto que la mujer goza en el sexo. ¿Entonces por que renunciar a este
gusto?. Sáciate en el, y si Arnulfo no te resulta suficiente, búscate otro, y si este no
fuera suficiente para el vendaval de tu pasión, uno mas, y otro mas, mira como la vida
corre rauda a borbotones, y en unos años ya no serás apetecible ni a ti misma, entonces
llena ahora tus instantes, antes de que tus instantes no te quieran ya ni ver.
Clarisa: (Dirigiéndose a su
conciencia): Mientes.
Arnulfo: ( Dirigiéndose a la conciencia
de Clarisa, y procurando llevarla al lecho) : Me
has poseído, esta en realidad es la que tu fuiste y la que siempre has sido, acudamos al
lecho y perdámonos de hablar.
Conciencia de Clarisa: Es inútil, para ti soy tan solo un
sueño, acude tu a Clarisa que dentro de ella estoy contigo. ( la
conciencia de Clarisa se dirige al sanitario donde permanece inmóvil)
Clarisa: ( Dirigiéndose a la conciencia de Arnulfo): Ayúdame que ha enloquecido, ya vendrá contra mi queriendo procurarme.
Conciencia de Arnulfo: (Dirigiéndose a
Clarisa): Seria un vano acto el intentar yo
detenerlo. Ya son cuatro años procurando enderezarlo sin resultado alguno, ve con Dios
procurando rapidez sin emoción. (La conciencia de Arnulfo se
dirige junto al espejo donde permanece inmóvil)
Arnulfo: Clarisa, ( Llevándola hacia el lecho) Ven pronto,
ya hemos perdido mucho tiempo, en verdad que la visión de tu conciencia me ha excitando y
estoy pronto a estallar.
Clarisa: (Escapando de Arnulfo) : Por que en lugar de prestar atención a mi conciencia no la presta
a la tuya.
Conciencia Arnulfo: Es verdad. Escúchame. Por andar naufragando
entre las sabanas, vienes perdiendo la oportunidad de los millones.
Arnulfo: Cállate ave de mal agüero, lo que vale millones en la
ocasión de cada ocasión.
Conciencia Clarisa: Tómala a la fuerza. Yo estoy contigo.
Emociónate en mis piernas, ríndete en mis pechos, conquista ya mi nido que es su propio
nido y tiene ganas de follar.
Clarisa: Mentira, que yo estoy con Dios y conmigo misma, y este
acto no seria mas que una ocasión para el pecado, para mi condena y mi caída.
Conciencia Arnulfo: Vamos todos seamos junto a Dios y junto al
dinero.
Arnulfo: La respetabilidad me aburre yo a la que quiero junto a
mi es la vida.
Clarisa: Y acaso que es la vida sino únicamente el sabor de la
traición.
Así como la mujer es maestra de la virtud, también ella es la maestra
del engaño. ¿Acaso algún hombre puede simular una erección?. La prostitución
masculina cuando no es homosexual esta destinada al fracaso, una prostituta puede atender
en un día o una noche, diez, veinte o mas clientes sobreponiéndose o conviviendo con su
asco, ante muchos cuerpos y mentes masculinas que bien pudieron estar destinados a un
aborto.
Arnulfo: "Ser o no ser, he hay el dilema" proclamaba
el príncipe Hamlet en su desespero, mas que mentira, que clara y rauda mentira nos a
tenido por 500 años engañados en la boca de este ser magnifico, de este semidiós
llamado Shakespeare. Yo claramente lo niego, nosotros no tenemos elección. Y no es que
proclame al mundo la inexistencia de nuestro propio albedrío. Nosotros somos
circunstancialmente libres, y siendo circunstancialmente libres, no tenemos otra opción
diferente a ser.
¿Tu Clarisa me hablas del engaño?. Nosotros no podemos a si mismos
engañarnos. ¿Tu quien dices ser mi conciencia me hablas de Dios y del dinero? Has de
saber en primer lugar como tu misma no existes ( la conciencia de
Arnulfo cae fulminada al piso). Yo no pretendo
desterrar en mis palabras, tres mil y mas años de teorías filosofales de la humanidad.
Mas tres mil y mas años de teorías filosofales han sido el gran engaño. Con cuanta
devoción hemos guardado en nuestros anaqueles las palabras de Shidarta, las palabras de
aquel aún hoy llaman el Buddha, el iluminado, o las palabras del galileo llamado Jesús,
este otro en el cual en su nombre se nos impusieron mil cadenas de prejuicio y de temor,
las palabras de Aristóteles, de Socrates, de Platon, las palabras de Descartes quien se
atrevió a afirmar "pienso luego existo", poniendo nuestra soberbia como
condición de la existencia y negando en ello nuestra viva realidad.
La cosa desde siempre ha sido mucho mas sencilla, la cosa desde siempre
es como libre y circunstancialmente somos. Y eso simplemente, libre y circunstancialmente
somos. Son nuestras propias circunstancias las que van labrándonos, las que van arando
nuestra libertad como requisito de nuestra felicidad, y esto que dicese ser mi conciencia,
no es mas que el reflejo de lo que otros han labrado para mi como un camino posible. La
moral impuesta es un sendero de forzosa obligación. Tu eres una norma rígida ajena a mi
mismo. Tu eres lo que pretenden hacer de mi. Tu eres el camino del no ser. Eres el camino
del pensar de aquellos que lo ponen como prueba de mi existencia, pero no eres mas que el
camino de mi inexistencia.
Yo no puedo ser mas que yo mismo, mas queriendo ser yo mismo, pretenden
hacerme igual a todos. Pretenden negar mi individualidad, pretenden en ti que dices
llamarte mi conciencia hacerme el reflejo de ellos mismos. Mas yo solamente puedo ser el
reflejo de mi mismo, y ese es mi verdadero se. Mi verdadero ser lo he venido labrando
desde el día que he nacido, desde aún antes de eso, desde el instante en que un óvulo
especifico de mi madre, se uniera con un esperma especifico de mi padre para crear mi
doble espiral helicoidal de genes que desde ese momento determinaron mis características
morfológicas, y aún mas, mucho pero mucho antes de eso, aún antes de iniciarse la
existencia del tiempo por las fuerzas aún para nosotros misteriosas que dieron origen al
big bang, aún antes de eso, me sigo reconociendo como yo mismo, como la miel del ser de
mi ser, y en tal actúo.
Aquello del no ser que proclamara Hamlet, no es mas que la mascara con
la cual desde siempre hemos venido siendo engañándonos. Tu príncipe Hamlet, tu
elección no pudo ser mas que el ser, y nuevamente les digo, no es que no seamos libres y
por lo tanto ajenos a la felicidad, sino que somos circunstancialmente libres y
circunstancialmente felices, pues nuestra propia libertad y felicidad nos llevan a ir
formando nuestras circunstancias, y nuestras circunstancias nos llevan a ir labrando
nuestra felicidad y libertad en un camino inacabado y siempre en curso de llegar .
Conciencia de Arnulfo: ( Incorporándose)
Tienes razón, y no la tienes, el imperativo
absoluto de la ética que planteara Kant con su a priori independiente de la experiencia,
no es mas que una barrera a tu ser, mas es que el hombre desde siempre necesita ser
llevado como por la mano invisible del mercado, (valla si hemos encontrado una nueva
utilidad a Smith y a Ricardo), como por la mano invisible de un Dios, de cualquier Dios.
He hay la razón de mi existencia, he hay la razón de la existencia de cualquier
conciencia social, y de cualquier cara de Dios.
Yo soy para ti la voz que señala el camino posible, y soy también
para ti la voz que te señala el camino imposible, yo soy por decirlo claramente la
bifurcación de donde naces tu al bien o al mal.
Tu no tienes mas remedio que atarte a mi en mis designios. ¿Acaso ya
no recuerdas ahora como esto yo aquí expresamente por tu propia invocación? Si me
llamaste es por que me necesitas. Si me llamaste, es por que no eres mas que un lúdico
juguete entre mis manos.
¿Y de donde vengo te preguntas?. Yo no necesito remontarme al comienzo
de tu existencia en tu gestación. Yo no necesito ir mas atrás del tiempo. Yo no soy un
imperativo absoluto mas allá de todo. Yo simplemente soy el imperativo relativo, fíjate
bien, soy el imperativo relativo a tu propia estancia. Cada raza y cada pueblo a si misma
se marca con una cara mía. Yo no correspondo a tu necesidad individual sino a tu
necesidad grupal. Soy la conciencia del pueblo, soy el sentir comunal, soy la voz de tu
propio Dios.
Es de tu necesidad grupal donde yo nazco, por que es en tu necesidad
grupal donde tu debes y necesitas reconocerte. ¿Acaso por que crees que te hablo de Dios
y del dinero?. No es por mi capricho, ya habrás entendido como yo, la moral en tu
conciencia, fue puesta en ti por la sociedad entera a objeto de guiarte, a objeto de
ponerte en su redil. Mas no creas que mi carga es dura, suave es mi yugo. Yo no vine a ti
para poner sobre tus hombros una cruz.
Mi carga es suave para quien a mi me acepta, mas mi yugo resulta
terrible para quien me rechaza, pero ten en cuenta como yo vengo a ti es para suavizar
cualquier peso que tu mismo puedas poner sobre tus hombros, yo por ti me encargo de cargar
tu cruz.
Conciencia de Clarisa: No es cierto lo que afirmas aún siendo
todo cierto. Tu ya te has adueñado de Clarisa, y has puesto sobre su cuello tu yugo. Pero
aún aceptando ella tu imperativo y relativo yugo , aún a pesar del imperativo moral con
que le has atado, en el fondo de ella yo sigo existiendo, yo soy la conciencia individual,
uno mas de los esclavos que se sublevan a tu tiranía, y tu tiranía, como toda tiranía
es algo hecho para sujetar esclavos, mas siempre ellos sabrán como aún siendo dulce el
cautiverio que tu a ellos propones, no dejan de ser mas que esclavos en tus manos. Tu no
ser, es lo que eres. Tu no ser que confundiera al príncipe Hamlet, a llevado a algunos
como al rey Ricardo III a la traición y a la villanía, al aislamiento y al desamor. El
no se seguía a si mismo, él a ti era a quien seguía, y por seguirte ciegamente fue que
el cayo.
Clarisa: Mentira, tu no eres mi conciencia, tus palabras son
calamitosas. Yo soy feliz en mi estado. Tu solo eres una tentación demoniaca, una prueba
en mi camino, una forma de medir en mi rechazo hacia ti, la validez de mi posible
redención.
Conciencia de Clarisa: Tonta, mil veces tonta, mira como vives
engañada.
Conciencia de Arnulfo: Resiste Clarisa, vas por buen camino. No
dejes que tu falsa conciencia te engañe, déjame vestirse en las sedas y perlas que
mereces, la pobreza es buena únicamente cuando se es pobre en espíritu, eso esta
establecido claramente y tu espíritu es pobre pues a mi lo rindes. Tu dominaras conmigo
sobre la tierra, para el mísero dejaremos su miseria, y para el libre tenderemos las
trampas donde pronto caerá.
Arnulfo: Escucha tu conciencia, no te dejes engañar por la
conciencia de este mundo, ven presto a nuestra cama y sáciate de amor.
Conciencia de Arnulfo: ¡Licencioso!. No eches en saco roto mis
palabras, mira como yo puedo ser duro, puedo llamar las leyes sobre ti, puedo llamar sobre
ti al desprecio de las gentes, puedo hacer de ti un miserable, te puedo hacer catalogar
como un enfermo requiriendo de sedantes, grillos, aislamiento, y miles y miles de horas de
terapia buscando retornarte al juicio, buscando retornarte a mi que soy la razón en el
redil.
Arnulfo: Miserables llamo Victor Hugo a quienes se parecieron al
rey Ricardo III. En miserable condición dejo a este Willian, y ninguno de ellos fue jamas
objeto del amor.
Clarisa: ¿Y tu como hablas del amor, si tu el amor no lo
conoces?. ¿Y tu como hablas del amor, si el amor en ti es solo tu lecho?. ¿Y tu como
hablas del amor, si has matado en mi aquello que yo amaba?. ¿Y tu como hablas del amor si
tu para el eres solo su asesino y yo tu víctima?. ¿Tu como hablas del amor si el amor lo
has matado en mi?
Arnulfo: Habré de confesar entonces como yo no se lo que es el
amor. ¿Pero es que acaso alguien lo sabe?; tantos se han atrevido a definirlo sin
concordancia alguna, tantos han dicho ir sobre su senda siendo tan diferentes sus caminos,
y aún alguno se atrevió a decir como él era el amor mismo, y puso a su imaginario rival
como su propia negación.
Yo no se que es el amor, aún ni se claramente que es la vida, para mi
lo que no esta junto a la vida corresponde al desamor. Entonces yo habría de decir como
el amor nace es en la vida, y la vida al correr junto al lecho, entonces en el lecho se da
la mas bella forma de la vida y del amor.
Clarisa: ¿Y a que corresponde aquello que tu llamas la vida?
Para saber si concordamos sobre la forma del amor.
Arnulfo: La vida pueden ser tantas cosas, como igual cantidad de
cosas pueden no serlo.
La vida puede ser únicamente una función biológica, o como creo muy
dentro de mi, la vida es el manantial que es. ¡Yo soy quien soy! Proclamo Dios a su
pueblo elegido, y yo siendo, entonces yo soy al menos una parte de ese Dios.
Mas también la vida puede ser una gran mentira, la vida puede ser una
expoliación del no ser con su paso circunstancial de sueños. En ella el amor se
convierte en desamor para ser una proyección del espanto, de la rabia, una decantación
de ansias, un cardumen de momias en deseo de ser sin haber sido.
La vida pueden ser o no ser realidades violables, huellas del paso,
estrellas en la acera china que el tiempo borra, mentiras finitas y terribles, dolorosas
transpiraciones solitarias queriendo ser la conciencia de la piel clavada en el piso.
Conciencia de Arnulfo: Nada dices Arnulfo, tu nada afirmas y
nada niegas. Que si la vida es, que si la vida no es, que si el amor es, que si el amor no
es.
En esto tu perdida, en esto esta tu solitaria presencia, queriendo en
el lecho realizar sueños donde no hay sueños. Para el hombre la vida no es piel, para el
hombre la vida es la esperanza mas allá de su piel, mas en esta esperanza la vida viste
en su piel el propio beneficio.
Clarisa: Arnulfo, en tu perdida esta mi perdida; a tu lado yo he
languidecido, no suenan ya para mi melodiosos acordes llamándome, solo piensas en ser
igual como Dios: libre, voluntarioso y centrado en ti mismo.
Aduce mi propia conciencia, haberme entregado a mi misma para servir a
la moral, a esta que siempre conjuga ser en la carne queriendo ser en espíritu. Mas yo
tomo mis fuerzas y salto sobre ella, y salto sobre mi propia conciencia, solo apoyándome
en ustedes mi moral y mi conciencia puedo yo saltarlas; ustedes siendo en si mismas mis
obstáculos, igual son mi fortaleza.
Arnulfo, mi amor, si aún así puedo llamarte, así como antes de
unirnos vivimos en forma intensa y desbordada nuestros cuerpos, nunca faltaba en esos
momentos tu ternura. Suave cayado era tu ternura para seguirte, y suave cayado fue igual
para muchas veces guiarte. No fuiste tu quien intentara nuestro primer beso, fue mi boca
la que partió primero rumbo a la tuya, no fue tu mano la que primero explorara mis
carnes, fueron mis manos quienes descubrieron las tuyas, no fueron tus ansias las que
guiaron nuestro pasos a nuestro primer encuentro, fue primero mi deseo quien
descomedidamente te ansió, y en este placer fuiste contagiado para dar el primer paso a
nuestra unión, la cual ayer floreciera y hoy languidece a costa de haber extraviado de
ella nuestra dulzura.
Arnulfo: ¿He de entender entonces como para ti la dulzura o la
ternura es el combustible del amor, y ante la que tu llamas su ausencia nuestro posible
fracaso?
Clarisa: No se trata de entender sino se trata es de vivir, no
se trata de conocer sino se trata es de sentir, no se trata de no ser sino se trata de
ser.
Arnulfo: Es del no ser de quien escapo. Cuantos sentimientos, y
cuantas sensaciones perdemos permitiendo en el vivir, ser por la moral engañados .
Conciencia de Arnulfo: No niegues que en mi puedes encontrarlo
todo, Dios y el dinero son mis causas, lo que no encuentres en Dios puedes encontrarlo en
el dinero, y lo que no encuentres en el dinero puedes encontrarlo en Dios.
Conciencia de Clarisa: Todo es vano, fuera del ser nada existe,
y no existiendo, todo junto a mi esta hecho a mi medida, mas la moral coloca todo para ser
lejos de mi.
Conciencia de Arnulfo: Solo vales en la medida en que tu puedas
ser en mi reprimida, tu esclavitud a mi servicio es quien te hace crecer.
Arnulfo: (Dirigiéndose a la conciencia
de Clarisa) Libera de estas garras a Clarisa y
junto a ella libérame a mi mismo.
Conciencia de Clarisa: Es imposible, estáis atrapados, estáis
encadenados por el halo de la muerte. Es en el halo de la muerte donde nació la
religión, y en la religión el cultivo del dinero.
Arnulfo: ¿Como pueden los opuestos ser juntos lado a lado?
Clarisa: Ya tu conciencia te lo dijo, Dios esta junto al dinero.
Arnulfo: Pero todo clama lo contrario, Dios niega al dinero, y
el dinero niega a Dios.
Conciencia de Arnulfo: Diferentes son los distintos caracteres,
diferentes los distintos instrumentos para dominar esos caracteres. Diferentes son las
situaciones, y diferentes los modos de enfrentarlas. Cada uno obtiene lo que busca en su
propia ansia o en su propia poquedad.
Clarisa: Solo puede pasar sobre las normas quien a ellas conoce.
Arnulfo: ¿Y cuales normas has saltado tu, quien junto a ellas
te acomodas?
Clarisa: Las cadenas en mi mano se convierten en un látigo.
Yo con ellas golpeo con rudeza lo que no esta junto a mi misma, y ellas
se convierten en mi lazo cuando quiero escalar en busca de mi propia redención.
Arnulfo: ¿Y donde acaso esta tu propia redención?
Clarisa: Mi redención esta en negarme cuando necesito ser
negada, y en afirmarme cuando necesito afirmarme.
Arnulfo: ¿Dónde en ello entra Dios?.
Clarisa: Dios nace en mi en mi propia negación.
Arnulfo: ¿Cómo niegas lo que anhelas?
Clarisa: Para que sufrir en ello, nadie ha visto barca alguna
que pueda conducirnos a la otra orilla del río de la muerte, para ello solo tenemos la
esperanza y la creencia, y en la esperanza y la creencia yo a mi misma me niego, ellas
solo adosan mi futuro, y así mi futuro sea menos que nada, mas no queriendo ser menos que
nada, entonces ellas son mi refugio del ser, al ponerme junto a Dios.
Arnulfo: Pero así Dios solo vendría a ser un sueño.
Clarisa: Entonces he de decir como yo estoy junto a los sueños.
Conciencia de Arnulfo: ¿Como puedes tratar de sueños, nuestra
base y fundamento?, yo provengo de él mismo, yo siendo errante, y mutante, y
acomodándome en cada etapa de la historia, siempre es de él donde nazco y obtengo mi
función.
Clarisa: Tu solo naces del deseo del poder.
Conciencia de Clarisa: En el poder eres con el fin de
dominarnos. Mira tu a Clarisa negándose a si misma.
Clarisa: Yo a mi misma solo me niego, cuando es necesario ser en
mi propia negación.
Conciencia de Clarisa: Mas por tiempos niegas tu cuerpo a mis
placeres.
Clarisa: Solo cuando estos placeres no logran ser un goce
superior, mas yo también ansío el dinero y su poder.
Arnulfo: Por estas tus ansias yo he de trabajar como un esclavo,
y andando en ello yo a mi mismo soy quien me niego.
Clarisa: Hasta hoy has tenido mi cuerpo en pago, el es la balsa
de tu efímero placer.
Arnulfo: Tu servidumbre hace que en mi el placer naufrague. Por
ello mi placer ya no es un volcán en erupción como lo era antes, sino un frío
nacimiento manantial entre un páramo casi negándose a si mismo. Un sucedáneo dado a mi
para evitar romper el cause, mas mi placer quiere ser lava ardiente, roja y abrazadora,
corriendo libremente a través de tus montañas y valles, y aun el, a otras montañas y
valles quiere conocer.
Clarisa: Bueno es entonces refrenar tu placer, logrando en la
moral el dominio para encausarlo suavemente.
Conciencia de Arnulfo: Mi misión es clara en ti.
Clarisa: Contigo yo refreno a Arnulfo, y al reflenarle le
controlo.
Arnulfo: Es por ello entonces que quieres en la moral a mi
plegarme.
Conciencia de Clarisa: No dejes que te atrape. Rompe en ti toda
la moral. Lleva junto a ti a Clarisa, solo el placer logra romper esta barrera. Mas allá
del mundo y su placer no hay nada. Quien pierde el mundo esperando recompensa, al final
perderá el mundo y no tendrá ninguna recompensa.
Clarisa: Calla demonio, no lograras echar a perder mi alma.
Conciencia de Clarisa: El demonio no es mas que el conocimiento
de si mismo, de hay el temor de su presencia.
Arnulfo: Si no exploramos nuestro propio potencial, nunca
habremos de conocernos.
Conciencia de Arnulfo: Nadie requiere de conocerse a si mismo,
Enrevesadas normas he puesto yo en vuestro camino para evitar esta confrontación.
Es cierto como cada día les digo a cada uno, conócete a ti mismo, mas
en este conócete a ti mismo, solo es a mi a quien debes conocer.
Arnulfo: Mas en tu conócete a ti mismo, tu solo pretendes la
negación de todo.
Conciencia de Arnulfo: Ya te dije: soy dos brazos en balance,
cada uno contiene la mitad de vuestros anhelos, no puede ser el uno sin el otro, quien
intenta solo uno de mis brazos cae en los extremos, y en el extremo de mis brazos siempre
están juntas la santidad y la perversión.
Arnulfo: ¿Cómo puedes llamar perverso a quien en santidad a
sido?.
Conciencia de Arnulfo: La perversidad del santo consiste en su
propia negación. Esta negación si tu lo miras en detalle, es solo el deseo de
glorificarse a si mismo, solo que a su glorificación no aspira en su estancia en este
mundo, sino que espera ser elevado a ella después de muerto junto a Dios..
Arnulfo: ¿Cómo puedes llamar santo a quien de siempre ha sido
un perverso?
Conciencia de Arnulfo: Su santidad consiste precisamente en a si
mismo no negarse, sino de siempre a si mismo alabarse.
Arnulfo: Entonces no hay nada puro, malo o correcto.
Clarisa: Yo ya lo presentía.
Conciencia de Clarisa: Solo junto a mi podrán encontrar que es
lo correcto.
Arnulfo: Mas no puedo ser en ti, por que el placer unívoco en
su propia negación resulta ser perverso.
Clarisa: Requieres de mi para tu gozo.
Conciencia de Clarisa: Y tu al negarte a ello, te hechas a
perder tu misma, y junto a ti hechas a perder a Arnulfo.
Clarisa: Vano resulta para mi ya el placer del sexo junto a él.
Conciencia de Arnulfo: Encamina tus fuerzas en el sentido
verdadero.
Arnulfo: ¿Y cual es según tu este sentido verdadero?.
Conciencia de Arnulfo: El sentido verdadero es el dinero y con
él, el goce del poder.
Yo soy la conciencia de la realidad, soy la moral de los vencedores
impuesta a los vencidos, soy la cara de la felicidad permitida, y como tal te muestro como
esta solo está en el placer del consumo, y el placer como consumo te aporta bienestar.
Conciencia de Clarisa: Mas el bienestar no es un sinónimo de la
felicidad.
Conciencia de Arnulfo: ¿Y a quien importa hoy la felicidad?,
esta no es mas que una palabra hueca y carente de sentido.
Clarisa: Mas yo busco el amor, y el amor quiero hallarlo a
través de la ternura.
Conciencia de Arnulfo: Vana búsqueda la tuya, muchas veces
aquello que llaman el amor solo es confortarse en el dolor.
Conciencia de Clarisa: Tu lo presientes Clarisa, por eso te
revelas, tu sientes como no es el dolor una expresa circunstancia para tener amor y
felicidad.
Clarisa: ¿Tampoco lo seria la ternura?
Conciencia de Arnulfo: La ternura solo es una muestra de vuestra
propia debilidad.
Clarisa: Calla, no mientas.
Conciencia de Arnulfo: Tu no necesitas la ternura o el amor para
encontrar el bienestar, para encontrar el bienestar solo requieres plegarte a ser junto a
mis reglas.
Clarisa: Junto a ti yo he estado siempre, y en el fondo de mi
misma solo encuentro soledad.
Conciencia de Arnulfo: Una soledad muy bien acompañada, yo te
he entregado a Arnulfo en forma regalada como el mas caro de tus bienes, en el te di lo
que buscabas: Querías ser sofisticada y en Arnulfo tuviste todo la sofisticación que tu
querías. Querías un hombre de moda, y el era en su instante el chico de moda. Querías
dinero, y él ya lo traía. Querías un sexo efervescente, y hoy te quejas de su sobrada
efervescencia. Entonces: ¿por que hoy quieres desecharlo para conseguir otro mejor, si
todo lo que deseaste en él lo tuviste y hoy es tu realidad?.
Clarisa: Hoy encuentro junto a Arnulfo y dentro de mi corazón
la soledad.
Conciencia de Arnulfo: ¿Y acaso piensas encontrar cura a tu
soledad en otro objeto de consumo?.
Arnulfo: Yo no soy ningún objeto de consumo.
Conciencia de Arnulfo: Bien que lo eres, así como Clarisa es tu
objeto de consumo.
Solo que cada uno a establecido para si sus propias prioridades, si
para ti el follar es por mucho la primera prioridad y en eso usas a Clarisa, para Clarisa
resulta claramente importante estar inmiscuida en la alcurnia y ser parte del dime y que
dirán.
Arnulfo: Mas lo mío es reivindicar mi propia naturaleza.
Conciencia de Clarisa: De eso se trata, de ser naturaleza. La
naturaleza del simio no es la monogamia, entonces acude presto a tu real naturaleza y
busca follar con cualquiera que este puesta a tu alcance.
Arnulfo: Esta seria mi perdición así en el fondo este sea mi
deseo.
Conciencia de Clarisa: Has sido vencido por esta (Señalando a la conciencia de Arnulfo) a
quien creías desdeñar.
Conciencia de Arnulfo: Ya les dije como mis métodos son muchos.
Si quisieras en tus deseos saltar sobre mi que soy la moral y la conciencia del conjunto,
tendrías que acudir a citas y a encuentros clandestinos, cargar conmigo sobre tus hombros
con un peso agigantado sabiendo como tu placer y tu querer son para mi reprobables,
tendrías que cargar contigo con la certeza del engaño, sabiendo como cada beso que
posaras en Clarisa estaría marcado por otros labios, como cada uno de sus movimientos o
cada ausencia de los mismos, seria ocasión de comparaciones, y como ella de llegar a
conocer tu engaño, pondría sobre tus hombros el peso de su dolor y sobre tus días la
dureza de su herida y su rencor si es que acaso ella llega a perdonarte; y si no llega a
perdonarte y por causa de tu engaño este es en ella motivo justo de dejarte, como yo
mando y justifico en mis leyes; las primeras consecuencias serian para tu bolsillo, el
cual a sido generoso para ti desde la cuna, mas con ello podrás comprar de nuevo tu
propia libertad, y en ella ser nuevamente libre en mi para follar con quien tu quieras.
Allí si yo estaré contigo, por que mis reglas para quien es libre, mis reglas para quien
no se a atado ante mi en un compromiso, son muy diferentes a quien ya contrajo ante mi un
compromiso, solo debes de cuidarte de no volver a contraer un nuevo compromiso, y esto
esta muy claramente marcado por mis leyes, simplemente con el acto de vivir junto a otra
por un corto periodo de dos años ya abra esta nueva adquirido sobre ti un derecho de
propiedad.
Arnulfo: ¿Por que insiste en tratarme como un objeto diciendo
que sobre mi cualquiera que conmigo conviva puede marcarme como un objeto al ser yo su
propiedad?
Conciencia de Arnulfo: Claramente eso es lo que son todos y cada
uno de quienes hayan adquirido un compromiso, mas para tu consuelo es una mutua propiedad.
Así como tu eres propiedad de tu pareja, ella resulta igualmente ser una propiedad tuya,
y de esta forma no es el amor lo que los une, sino el cuidado mutuo de la respectiva
propiedad.
Clarisa: ¿Y donde queda en ello el amor, la ternura y el lugar
para tantas ilusiones?
Has helado mi alma en tus palabras, has hecho de mi un desecho de la
vida, has tirado al piso en tus palabras todo lo que a la vida puede llenarla de sentido y
de ganas de vivirla, si ser simples objetos como tu dices fuera la causa de la vida, no
seriamos en ella mas que gélidos pendones de nuestra raza, simples eslabones de nuestro
especie encadenando en nosotros a quienes ayer fueron y otros que mañana serán.
Conciencia de Arnulfo: Así es la vida, mas en estos tiempos
vengo siendo traicionada por causa de mi misma complacencia. Yo he dado a ustedes los
dueños del poder todo el lujo material, y ustedes han asumido con mas cariño aún del
que yo quisiera el ser en estos lujos, y tanto lo habéis hecho, que ya los hijos resultan
ser un estorbo para ustedes, en ello su traición a la funcionalidad de su existencia, por
que en vuestra negación a tener hijos, es a mi la moral, a quien están traicionando y en
mi a toda la sociedad.
Arnulfo: ¿Por que habríamos de traicionarte en no querer a
nuestro lado unos hijos indeseados?. Tu de siempre has querido darnos todo a quienes
estamos en la cima, y en la cima el disfrute se es pleno cuando se esta bellamente bañado
en nuestro orgullo. ¿Que somos nosotros mas que el resultado de un orgullo por ti bien
pregonado?.
Clarisa: Arnulfo esta en lo cierto, si bien yo te pedí todo lo
que tu me diste, nunca llegaste a establecer que mi deseo hubiera de algún modo ser
pagado, solamente me dijiste, disfruta de todo, que todo es lo tuyo, y lo mío siendo mío
esta dispuesto a ser en mi exabrupto. Esta es la belleza y el encanto de ser en el poder
en nuestra propia individualidad.
Conciencia de Clarisa: Que bien has definido el gusto de ser
redimido por la propia indulgencia. Esta es la única indulgencia posible y valedera, a de
echarse lejos la pretendida indulgencia de aquella ( Señalando la
conciencia de Arnulfo), quien pretende ser juez en
todo, señalando vencedores y vencidos, glorificando o echando a pique vidas, conforme se
ajusten o no a su voluntad.
Conciencia de Arnulfo: Rápidamente estáis aprendiendo los
mecanismos que rigen mi existencia, mas aún os falta aprender el porque de mi existencia.
Arnulfo: ¿Y cual es según tu misma el porque de vuestra
existencia?
Conciencia de Arnulfo: Yo soy la fuente del poder. Yo soy la
mano de los vencedores impuesta sobre los vencidos, Yo soy la exaltación de toda
hipocresía, la que siempre permanezco por encima de los embates sociales y de las
pretendidas revoluciones.
Cada vez que se gesta y logra llevarse a plenitud una visión nueva de
cómo organizar la sociedad, yo misma voy cambiando mis vestidos para acoplarme a las
nuevas circunstancias, siempre seré reina entre los hombres, y si bien hasta hoy he sido
la avasalladora de mujeres, bien podrían mañana cambiarse estos papeles dando a la mujer
el dominio de la especie, poniendo al hombre en posición de sirviente de las mismas, y en
este cambio de vestidos, de siempre será mío el reino humano, por que mientras la
especie humana, siendo la especie dominante sobre este planeta por su conciencia y su
conocer que es de donde yo he nacido, siempre yo la moral, será la guía de sus pasos, y
siempre será impuesta por los vencedores por fuerza a los vencidos. Yo vuestra moral soy
la fuente del poder para dominarlos y estar atento a sus pasos. Yo soy la rectora de los
pasos de los hombres, y en ellos impondré siempre sobre el mi voluntad.
Conciencia de Clarisa: Mas yo siempre permaneceré oculta entre
bambalinas allí donde tu crees reinar.
Así logres someter a hombres y mujeres a tu reino, yo la conciencia
individual seguiré reinando en sus deseos, ellos siempre pueden inclinar sus frentes
pretendiendo plegarse a tus deseos, mas yo siempre estaré allí riéndome de ti a
carcajadas. Nunca podrán acallarme por que yo domino sus cuerpos, y en sus cuerpos su
razón es sometida al mandato de sus cuerpos, nunca la razón podrá ser claramente sobre
ellos, por que los cuerpos están sometidos en su instinto a mi voluntad.
Conciencia de Arnulfo: Yo tengo a muchos sometidos en mi, pues
mis armas son la ley, la iglesia, y la propia sociedad.
Conciencia de Clarisa: Todos se burlan de ti. ¿No lo vez?, ¿
Es que estas ciega?.
Conciencia de Arnulfo: Mira tu aquí por ejemplo a mi Clarisa.
Conciencia de Clarisa: ( Riendo) Clarisa es ahora mía.
Conciencia de Arnulfo: ¿Como te atreves a disputarme tan cara
presa?, ¿No vez como esgrime mis reglas procurando someter a Arnulfo quien quiere
vencerse a tus placeres?
Conciencia de Clarisa: Vamos, pregúntale tu misma.
Clarisa: (Con temor) No me descubras.
Conciencia de Clarisa: No tengas miedo, se tu misma.
Arnulfo: Algo ha de estar aquí muy mal, ante tu vacilación
Clarisa.
Clarisa: No le hagas caso, no des fe a sus palabras, para mi por
sobre todo esta lo mas sagrado y lo mas sagrado es mi moral.
Conciencia de Clarisa: Pregúntale del viernes en la noche.
Arnulfo: (Pensando dubitativamente) El viernes en la noche, yo estuve trabajando hasta tarde en la
oficina.
Conciencia de Arnulfo: ¿En la oficina dices?. No sabia yo que
habías traspasado tu oficina a un bar.
Conciencia de Clarisa: Por andar siguiendo a Arnulfo te
olvidaste de Clarisa.
Conciencia de Arnulfo: Yo no necesito poner mis ojos en Clarisa,
su conducta me resulta irreprochable.
Conciencia de Clarisa: Anda dile tu Clarisa el nombre de aquel
bar.
Arnulfo: Que yo estuve hasta tarde en mi oficina.
Conciencia de Clarisa: ¿Aún dirías lo mismo si supieras que
Clarisa estuvo acompañada aquella noche en este mismo Bar?
Clarisa: No es cierto, yo te creo y se que tu estuviste en tu
oficina.
Arnulfo: Que ha dicho tu conciencia, quieres explicármelo.
Clarisa: (Dirigiéndose a su
conciencia) : Vete de aquí, ponzoñosa que
pretendes perderme, ya no te quiero aquí junto a mi lado.
Conciencia de Clarisa: Tal vez cuando invocaste a tu conciencia
te referías a esta disoluta que siempre a ti te cubre, sin saber como ella en ti siempre
esta durmiendo al creerte ya segura, y al verla durmiendo tan placida a tu lado, yo he
venido para no dejar en el vacío tu llamado, por que yo siempre estoy contigo, y contigo
disfrute la noche del viernes. Que dulce y hermosa resulta en brazos de otro hombre una
noche de placer.
Clarisa: Vete.
Conciencia de Clarisa: No puedo irme, así en este momento por
tu acción de apaciguare pretenda estar dormida, en toda tu vida siempre estaré en ti. (La conciencia de Clarisa se dirige junto al sanitario donde cae dormida)
Arnulfo: No puedo creer lo
que tu conciencia esta noche me ha revelado.
Conciencia de Arnulfo: No le creas, pon de presente como en ella
(Señalando la conciencia de Clarisa) esta tu mal, y en ella tu bien (Señalando
la conciencia de Arnulfo).
Arnulfo: (Hablando con cinismo) Buen trabajo has hecho tu quien dices ser la moral de los elegidos.
Eres como un perro faldero que lame la mano del amante cuando llega a la propia casa del
burlado a dormir y a gozar de su mujer y sus cobijas.
Conciencia de Arnulfo: Si supieras lo que te conviene
callarías.
Arnulfo: ¿Y por que habría yo de callar ante esta afrenta?
Conciencia de Arnulfo: Por que has sido tu con tu conducta quien
a guiado a mi Clarisa a ese su desvío. Por que has sido tu, quien siempre has pretendido
acallarme y no someterte a mis dictados quien has dado motivo a Clarisa para buscar una
aventura. Por que yo si se cuales son verdaderamente tus actos. Por que el peso de tu
culpa en tus actos verdaderos a sido insuficiente para refrenarte, mas este peso a sido
suficiente para envanecer tu orgullo haciéndote creer con el encanto suficiente, para
atraer en tu dinero a cualquier mujer y para acallar en tu dinero a tu mujer.
Arnulfo: Siempre le he dado en el todo lo que ella de mi a
querido.
Clarisa: Mas en el tu amor a estado ausente.
Arnulfo: Ya esta, nuestra conciencia nos ha dicho como el amor
no existe.
Clarisa: (Señalando a la conciencia de
Arnulfo) Vete tu también, que en tu saber encubres
en un presunto bien el daño.
Consciencia de Arnulfo: Yo no encubro nada, ya tu dijiste como
las mujeres son las reinas del engaño.
Clarisa: ¿Es acaso engaño atender a nuestro cuerpo, cuando el
mismo esta desamparado?, ¿No le has dicho acaso a Arnulfo que su conducta fue la guía de
mis pasos?
Arnulfo: Calla, estas confirmando en tus palabras, lo que aún
yo soñaba fuera solo un error.
Conciencia de Arnulfo: Yo mejor me voy por el momento, esto se
ha tornado demasiado complicado para mi, mis normas se han roto en mil pedazos, cada día
se encargan ustedes de darme una nueva forma de juzgar, o cada día ustedes pretenden a mi
hacerme añicos; por que si una norma es dada para juzgar a los demás, esta norma por
ustedes es permanentemente violada, y así en esta incertidumbre de las normas, no hay
como yo pueda actuar.
Conciencia de Clarisa: (Desde el piso) Cada uno es libre y tiene derecho a hacer lo que cada uno quiera.
Conciencia de Arnulfo: Tu mejor cállate, que por tu existencia
es que el mundo esta como esta.
Si no hay un mandato único con el cual pueda juzgarse a todos, con
ello no hay viabilidad social posible.
Arnulfo: Aún yo no estoy de acuerdo contigo, mejor decídete a
callar.
Conciencia de Arnulfo: Callada me quedo, mis normas ya no son a
vuestro andar. (la conciencia de Arnulfo cae dormida junto al
espejo) .
Arnulfo: Ahora cuando nuestros corazones has sido desprovistos
del peso de nuestra conciencia grupal e individual, ahora cuando simplemente somos uno
junto al otro, cuando hemos acallado en nosotros a la moral y al animal, (señalando sucesivamente a la conciencia de Arnulfo y de Clarisa) confiésame, cual es la realidad de tus actos, y en tus actos cual
es la realidad de tus propios sentimientos.
Clarisa: Confiesa antes los tuyos.
Arnulfo: En mi no hay culpas.
Clarisa: ¿Y por que habría de ser yo el objeto de tu
recriminación? ¿Acaso tu estas libre de culpas para pretender ser mi juez?.
Arnulfo: Yo no he hecho nada de lo que deba arrepentirme.
Clarisa: Si tu juzgas así tus actos, yo juzgare así igualmente
los míos.
Arnulfo: ¿Donde ha de trazar cada uno el limite entre lo
permitido y lo prohibido?. Ya dejamos fuera de nuestro dialogo la moral, aquella que dice,
no desearas la mujer del prójimo.
Clarisa: Mas no dice no desearas el hombre ajeno.
Arnulfo: Mas dice no adulteraras.
Clarisa: El adulterio a de entenderse como un fraude, y un
fraude seria pretender haber acallado la moral y aún seguir bajo sus normas.
Arnulfo: Es difícil llegar a ser uno mismo, cuando la
percepción nos advierte como es en nosotros aún el instinto animal y la conciencia
grupal.
Clarisa: Y no queriendo ser nosotros, ni lo uno ni lo otro, ¿En
que base intentáramos evaluar nuestros actos?
Arnulfo: Actuemos mirando nuestros actos como simples
espectadores de nuestras propias circunstancias.
Clarisa: Será bien difícil actuar en esta forma, pero no
viendo yo otro camino, habla tu primero dando un paso para después yo igualmente dar de
mi parte también un paso.
Arnulfo: Bueno Clarisa, tu ya sabes, yo soy hombre.
Clarisa: El ser un hombre no tiene en este momento en si nada de
particular, igual yo puedo decir, yo soy mujer. ¿ Y que con ello?
Arnulfo: Bueno tu ya sabes, es que los hombres tenemos por
derecho algunas libertades.
Clarisa: Has de saber como hace algún tiempo también las
mujeres proclamamos para nosotras las mismas libertades.
Arnulfo: Eso es imposible, bien sabes como la naturaleza nos
hizo unos a otros diferentes.
Clarisa: Eso yo lo entiendo, ya te he dicho antes como las
mujeres vivimos el sexo con mas intensidad.
Arnulfo: ¿No podrías referirte al amor y no al sexo?
Clarisa: El sexo es en este momento nuestro tema, además,
¿Para que hablar de amor?, si hace solo unos momentos tu no has podido definirlo, y yo de
mi parte he dicho como en mi el amor ya no lo siento junto a ti.
Arnulfo: Ya dije como yo no se que es el amor, ni aún se
claramente que es la vida, para como para mi lo que no esta junto a la vida corresponde al
desamor, entonces yo dije como el amor nace es en la vida, y corriendo la vida junto al
lecho, entonces el lecho es la mas bella forma de la vida y del amor.
Clarisa: Eso entonces justifica buscar por doquier el sexo, por
que la vida no se extingue en ti o en mi, y siendo esto verdadero, si queremos la vida
hemos de buscar el sexo, y tu ya sabes como en cada rostro nace el sexo, como una nueva
oportunidad.
Arnulfo: ¿A donde acaso quieres tu llegar Clarisa?, ¿Es que
acaso andas repartiendola por todos lados?
Clarisa: ( Reaccionando con violencia,
y haciendo retroceder a Arnulfo hasta caer en la cama) Como te atreves siquiera ha insinuarlo, ya esta noche dos veces he callado ante
la insinuación de tus propias perversiones.
Arnulfo: ¿De cuales perversiones hablas?
Clarisa: Tú le dijiste claramente a mi conciencia como es tu
deseo acostarte con cualquiera que pase junto a ti.
Arnulfo: Mas también agregue como esto seria mi propia
perdición. Entonces que cuenta mas, ¿el deseo irrealizado o la contención de este
deseo?
Clarisa: Jesús dijo: cualquiera que mire una mujer deseándola,
ya peco en su corazón.
Arnulfo: Esto hace parte de la moral, y ya dijimos como esta
noche dejaríamos la moral a un lado.
Clarisa: Mas sigue presente en ti el deseo en cada mujer.
Arnulfo: Esto hace parte de la conciencia individual y también
a ella convenimos dejarla esta noche a un lado.
Las conciencias en coro: Es imposible a cualquiera huir de
nuestro influjo. (aquí las conciencias se paran corriendo y
cambian de sitio junto al espejo y el sanitario, al menos tres veces, mostrando en ello
como ambas están indistintamente en la parte material y espiritual del ser humano)
Arnulfo: Intentemos nuevamente desde un principio reiniciar
nuestro dialogo.
Clarisa: Tu querías justificar tu actuar, resguardándote en tu
condición de hombre.
Arnulfo: No es una justificación, es simplemente un hecho.
Clarisa: Entonces continua con el relato de tus hechos.
Arnulfo: Yo iré dando un paso y tu harás lo mismo.
Clarisa: Me parece justo, comienza.
Arnulfo: Yo el viernes estuve en el bar apoteosis con Yolanda mi
secretaria.
Clarisa: Esto no es nada nuevo para mi, aquella noche yo estuve
en este Bar y te vi junto a ella.
Arnulfo: ¿Y que hacías tu el viernes en la noche en este bar?
Clarisa: Yo estaba con Julián.
Arnulfo: ¿Con Julián mi socio?.
Clarisa: Si el mismo. Tu le habías comentado tus planes de
salir con tu secretaria, y él aprovecho para invitarme.
Arnulfo: Esto me hace doblemente doloroso el sabor de tu
traición.
Clarisa: Tu secretaria conmigo es igualmente muy amable.
Arnulfo: ¿Acaso insinúas que también te has acostado con mi
secretaria?
Clarisa: Aún no llego a tanto, solamente digo que también para
mi es doblemente dolorosa el sabor de tu traición.
Arnulfo: ¿Y como fue que ustedes llegaron también esta noche
al mismo bar?.
Clarisa: Tu le habías contado a Julián tus planes de ir a otro
sitio diferente.
Arnulfo: Es verdad, por el camino cambiamos nuestros planes. Y
¿como es que nosotros no los hemos visto a ustedes?.
Clarisa: Que nosotros les hayamos visto primero a ustedes, fue
solo el resultado de la suerte, igual hubiera podido ocurrir lo contrario, mas una vez los
vimos, logramos escapar de este lugar, lo cual al final fue fácil pues ustedes no se
perdían mutuamente sus miradas.
Arnulfo: ¿Y a donde fueron después de haber escapado?
Clarisa: Ahora eres tu quien debe dar un nuevo paso.
Arnulfo: Pues no es mucho mas lo que hay que contar. En este bar
estuvimos bailando hasta las tres, y después de esto la he llevado a su casa para venir a
dormir aquí junto a tu lado.
Clarisa: No mientas.
Arnulfo: Que no miento Clarisa.
Clarisa: Que Julián a mi me contó como esa noche ustedes
tuvieron sexo por tres veces.
Arnulfo: El muy maldito traicionero me ha matado, esto fue
falso, solo pretendí inflar mi ego a costa de su envidia.
Clarisa: No te creo, ahora mientes, la verdad esta junto a tus
palabras a Julián.
Arnulfo: Te lo juro por lo que sea mas sagrado para ti.
Clarisa: Igual así no hayas hecho nada lo que vale es tu
intención.
Arnulfo: Nadie es culpable por sus simples intensiones. ¿Y
acaso tu te detuviste en las simples intenciones?
Clarisa: Mi herida era muy grande para detenerme en las simples
intenciones.
Arnulfo: Eso significa que Julián y tu,
Clarisa: Si así fue.
Arnulfo: Maldita seas Clarisa como pudiste hacerme esto.
Clarisa: Yo no he hecho nada que tu no hayas hecho antes.
Arnulfo: En cuatro años juntos han sido muy pocos mis pecados.
Clarisa: No hables de pecados, eso es un concepto moral.
Arnulfo: Entonces te digo como en cuatro años han sido muy
pocas mis infidelidades.
Clarisa: Simplemente se es o no se es.
Arnulfo: Bueno, entonces también yo en otras ocasiones fui
culpable.
Clarisa: Aún no estamos a la mano, por que esta fue en mi
primera vez.
Arnulfo: Igual de asesino es quien mata una vez a quien da
muerte muchas veces.
Clarisa: Mi culpa fue en defensa propia.
Arnulfo: No puedes llevar hasta este limite este símil. Si tu
no lo hubieras deseado no hubiera habido lugar a tu caída.
Clarisa: ¿Acaso quieres poner mis actos al servicio de tu
honor?
Arnulfo: Pesa mas en mi tu culpa, que unas añejas culpas mías.
Clarisa: Eso es por que me juzgas en base a tu machismo y tu
moral, recuerda como pretendemos ser simples espectadores de nuestros propios actos.
Arnulfo: Aún tu tampoco logras eso, de hay la circunstancia de
tu traición.
Clarisa: Pondré mas fuerza en este proposito. ¿Dime, y por que
sentías la necesidad de estar a su lado?
Arnulfo: Yo era en el escozor de la conquista.
Clarisa: ¿Y como es el escozor de la conquista para ti?
Arnulfo: Era lo mismo que sentía por ti al momento de
conocerte.
Clarisa: En mi fue diferente.
Arnulfo: Y como fue entonces tu sentir al lado de Julián.
Clarisa: Nunca antes había sentido en mi vida nada igual.
Arnulfo: Que me asombras.
Clarisa: Esa noche yo fui como una fiera en celo queriendo
utilizar a su pareja.
Arnulfo: Nunca has sido así conmigo.
Clarisa: Nunca en ti ha llegado a encenderse de tal forma mi
pasión. Solo aquella noche entendí el significado de la lujuria.
Arnulfo: ¡Calla!.
Clarisa: No puedo callar, en este mismo momento estoy
enloquecida. (Clarisa se abalanza sobe Arnulfo abrasándolo
apasionadamente)
Arnulfo: (Rechazándola) No será mi cuerpo quien recuerde tu momento.
Clarisa: No es mi momento junto a Julián lo que ahora me mueve,
es un nuevo momento que ahora nace junto a ti.
Arnulfo: ¿Acaso no ves mi cara, no ves que soy Arnulfo?
Clarisa: Se bien que eres Arnulfo, y yo siendo Clarisa, no soy
ahora tu Clarisa.
Arnulfo: Yo quiero a mi lado la Clarisa con la cual vivía antes
de esa noche.
Clarisa: Ella a muerto, no esa noche, es esta noche de nuestras
confecciones y muchas noches de indiferencia la que se han encargado de matarla. después
de ellas ya yo no seré nunca la misma. (Intentando nuevamente
abrazarlo) Ven, deja ser tu cuerpo propicio a mi
pasión.
Arnulfo: (Rechazándola nuevamente) Yo ya no te quiero a mi lado Clarisa, terminemos esta farsa.
Clarisa: ¿A cual farsa te refieres?
Arnulfo: Yo ya no puedo vivir junto a ti sabiendo la realidad de
tu traición.
Clarisa: Pero bien podías hacerlo cuando antes eras tu quien me
traicionabas. ¿Que pensabas en tantas noches a mi lado, cuando tu traición ya era un
hecho?. Con seguridad como en todos, tu traición era tu mas preciado afrodisiaco cuando
estabas junto a mi. Esa es la gesta del macho, esa es la gesta del simio, esa es la gesta
del animal que es el hombre. No encontrar sosiego y tranquilidad en su mujer. Siempre así
digan amarla y así realmente lo hagan, sus ojos siempre se entretienen en mirar en
cualquier otra mujer unas curvas provocativas, siempre su mente esta presta a revolcarse
con cualquier imagen femenina que haga poner en acción sus hormonas, nunca hay paz para
el hombre, solo le bastan unos pocos minutos después de realizado el sexo, para estar
nuevamente deseando, y su deseo se esparce como un aroma sobre el aire, siempre su deseo
pretenderá abarcar a todas, muy difícil resulta para el hombre acallar esto que es mas
grande que él.
Arnulfo: Te equivocas cuando hablas del hombre como un animal
por su andar siempre deseando. En el macho humano, si bien sus raíces nacen de su
condición de bípedo, el ha logrado sobrepasar en el sexo la condición de ser un simple
animal.
Nosotros los machos de la especie humana, ya no somos como otras
especies animales, unos simples estandartes de la especie procurando conservar nuestra
cadena evolutiva. Cada hombre a diferencia de cada macho de otra especie, se constituye en
su propio fin y medio. El fin de cada hombre es su propia exaltación, y el propio cuerpo
de cada hombre resulta ser el medio para esta exaltación.
Conciencia de Clarisa: ( Semi
incorporándose en el piso y volviendo a acostarse) Yo
soy tu propio fin.
Conciencia de Arnulfo: ( Semi
incorporándose en el piso y volviendo a acostarse) Yo
soy tu propio medio.
Arnulfo: Nosotros los hombres nacimos para ser en el placer,
pues he aquí que el placer es la fuente de la felicidad, y el rechazo del placer es la
fuente de la desgracia humana.
Tu Clarisa como mujer te ufanas de la profundidad de tu placer, pues
bien, nosotros los hombres podemos ufanarnos de la frecuencia del mismo, como vez, los
beneficios del placer han sido repartido justamente entre hombres y mujeres, a ustedes la
profundidad, a nosotros la frecuencia.
Entonces, si no es posible recriminar en ustedes la profundidad de su
placer, ¿Por que ha de ser necesario recriminar nuestra frecuencia?
Clarisa: La profundidad y la frecuencia pueden ser encontrados
en la unión sin limite de cada pareja.
Arnulfo: Pero tu dices en estos cuatro años haber encontrado
cada día menos en mi tu profundidad.
Clarisa: Hoy se que puedo hallarla como nunca antes la había
hallado.
Arnulfo: Mas fue necesaria tu traición para pensar en mi
vivirla. Pero de consentir yo nuevamente en volver a unirnos, siempre existirá en mi la
duda de si es de mi quien gustas, o si en mi cuerpo tu estas gozando es de Julián.
Clarisa: ¿Y acaso tu, en muchas de tus ocasiones no deslizabas
sobre mi cuerpo y sobre mi rostro, otros cuerpos y otros rostros de mujeres?
Arnulfo: Es verdad, para que habría de negarlo.
Clarisa: Entonces: ¿No es lo mismo?
Arnulfo: No, pues atenté que yo soy el macho, y tu la hembra.
Bien distintos son nuestros roles, yo me avengo a cumplir mi parte del contrato. Yo
proporciono los medios necesarios para el pan, el techo y el descanso, y tu has de
disponer del mejor modo este pan, este techo y ese descanso.
Conciencia de Arnulfo: Es verdad así yo lo he dispuesto.
Clarisa: Vete al diablo tu y tu conciencia. Tu que te jactabas
de saltarte a la moral, eres pregonero de la misma a tu antojo.
Yo al igual que tu, hice mi carrera profesional, y tenia mi trabajo,
mas tu llegaste diciéndome como en tus medios, mi trabajo resultada innecesario y como
era mejor para los dos que yo permaneciera en el hogar.
Tonta de mi que por creerte, por mi pereza he caído en esta trampa.
Hoy me aburro como una ostra entre tantos oropeles, y entre las minimidades de mi vida a
la que tus medios económicos me tienen reducida. Ni aún hay en nosotros un hijo al cual
mi tiempo dedicar.
Arnulfo: Esta no ha sido únicamente mi elección, también a
sido tuya.
Recuerda como convenimos llegar a ellos a su debido tiempo, cuando ya
nuestro placer se hubiera rebosado de hartura, cuando ya el mismo se hubiera desgastado, y
el mundo no tuviera ya el poder de un canto de sirenas llamando a nuestros cuerpos al
placer.
Clarisa: Tal vez el momento ya ha llegado.
Arnulfo: Si el llego ya vino tarde. No podría ahora
sobreponerme a tu traición.
Clarisa: ¿Por que insistes tanto en poner tan diferentes pesos
en ambos brazos de la balanza?. ¿Por que tus culpas son ligeras, en tanto que las mías
resultan insalvables?, ¿Por que mi cuerpo resulta ahora mórbido y deplorable para ti?.
Arnulfo: Las cosas han cambiado. Antes de esta noche era mi
cuerpo quien resultaba mórbido y deplorable en ti.
Clarisa: No. Estas equivocado. Nunca ha sido así.
Arnulfo: Esta noche fueron tus cavilaciones las que
interrumpieron mi sueño.
Clarisa: ¿Estando tu dormido, como podrías tu conocer de la
naturaleza de mis cavilaciones?. Tu llegaste a la vigilia cuando mis labios pronunciaban
el final de esta frase: Este mi Arnulfo, este mi dorado sueño que también deciase
cansado de recorrer el mundo, cansado de recorrer la noche, ha venido lentamente perdiendo
sus contornos, para volverse a encontrar en su propia realidad, para volver a ser
simplemente un hombre.
Arnulfo: Fueron tus palabras finales "simplemente un
hombre", pronunciadas en un grito lastimero las que a mi me despertaron, antes de
ello, no tuve conciencia de cuales eran tus palabras y cual la naturaleza de tus
cavilaciones.
Conciencia de Clarisa: (Incorporándose
y yendo hasta el espejo donde permanecerá sentada después de sus palabras) Tonto, Clarisa aún te ama.
Conciencia de Arnulfo: (Incorporándose
y yendo hasta el sanitario donde permanecerá sentada después de sus palabras) Ella, ya no es buena para ti.
Clarisa: Pues ahora lo sabes. Yo lamentaba en mis cavilaciones
como tu ya no eras el mismo. Y si estos eran mis lamentos, es por que aún pienso en ese
sol radiante que tu eras para mi en otros días.
Arnulfo: Será mejor que te olvides de esos pensamientos, seria
bueno empezar a cultivar entre nosotros el rencor, como la mejor forma de matar todo lo
que hubiera llegado a ser dulce entre nosotros.
Clarisa: Yo me niego a ello. No pondré sobre mi la lapida del
rencor para sepultar con ella mi vida. El odio y el rencor no lograran que yo te olvide,
por el contrario; ellos cada día me irán uniendo mas a ti de una forma inexorable, me
irán uniendo cada día mas a ti de la peor de las maneras, de un modo tal que yo quiera
destruirte, y si tu te encargas de cultivar en mi un odio igual, podrás terminar
destruyéndome o destruyéndote a ti mismo, pues el odio solo puede tener ese final.
Arnulfo: Ya no quiero recordar ningún momento grato que yo
viviera a tu lado. Cada recuerdo grato seria para mi como el fuego de una marca ardiente
besando mis carnes, y si yo no procuro mi rencor, entonces serán tus recuerdos gratos lo
que a mi lleguen a destruirme.
Clarisa: ¿Dime: Y tu junto a aquellas con quienes llegaste a
traicionarme no te dieron acaso ningún momento grato?
Arnulfo: No quiero exponer estas mis cuitas a la luz de tu
mirada.
Clarisa: ¿Por que?, ¿Acaso no convenimos esta noche descubrir
el velo de nuestros propios corazones?
Arnulfo: Es cierto, mas ya ha sido demasiado para mi lo que tu
has descubierto.
Clarisa: Claro, tu has sido un falso, solo has utilizado tu
falsa confección para desnudar mi alma. Yo he caído en tu trampa, no tuviste en ningún
momento la intención de confesarme nada, con ello me hieres aún mas, has logrado
desnudar mi alma a punta de tu engaño.
Igual de fácil con seguridad te resulto desnudar los cuerpos de tus
amantes, pero mucho mas fácil resulta lavar un cuerpo del cual se han servido en el
engaño, que lavar un alma que en el mismo objeto a sido.
Mas duros resultan los castigos para quien cree vivir amando e
igualmente siendo amada, por que el amor supuestamente mutuo siendo entrega no espera ser
herido, y en esa su entrega, en su ofrenda de caricias, no espera recibir el dolor de la
traición.
Tal vez como tu quieres, hoy resulte ser bueno para nosotros tomar
caminos diferentes, mas antes que el odio y el rencor llegue a carcomer mi vida, yo mejor
pensare como la felicidad que un día llegue a tener junto a tu lado fue un sueño, un
dulce y bello sueño de una mujer enamorada de alguno que nunca estuvo en su destino, pues
los sueños por ser dulces; falsos y dulces anhelos en vida no logrados, son en su caridad
suaves y maleables, entonces para evitar sufrir por este hoy tu olvido, asumiré lo
hermoso que tu pudiste darme como un bello sueño mío, donde no fueron tus manos quienes
a mi por algún tiempo me hicieron feliz, donde mutaré la realidad para engañarme
pensando como tu allí no estuviste presente, y algo tan falsamente hermoso podré
indistintamente recrearlo o olvidarlo, conforme como sea mi deseo en cada momento, allí
en lo profundo de mi propio corazón.
Arnulfo: Calla, tus palabras profundizan en mis carnes mi
herida.
Clarisa: Yo igual estoy herida de una forma tal como nunca pense
serlo.
Arnulfo: No he sido yo el causante de tu herida, yo siempre te
he provisto de todas las cosas que has sido objeto de tus ansias.
Clarisa: Tienes razón, tu eres tan incapaz de comprender
cualquier cosa, que seria injusto hacerte culpable de mi herida, soy yo misma quien he
clavado un puñal en lo profundo de mi propio corazón.
Arnulfo: No te entiendo.
Clarisa: Eso en verdad no tiene importancia.
Arnulfo: Soy incapaz de entender que alguien a si mismo pueda
flagelarse, y si yo a ti no te he causado sufrimiento, ¿como puedes causártelo tu
misma?.
Clarisa: Tu ni un niño eres en materia del amor.
Arnulfo: Nunca he podido explicarme su significado.
Clarisa: Será sencillamente por que el para ti, nunca a tenido
ninguna valoración.
Arnulfo: Lo que nada cuesta nada vale.
Clarisa: ¿Dime entonces cuanto vale mi traición?
Arnulfo: Eso es diferente, tu traición es igual a mi perdido
afecto.
Clarisa: ¿Eso he sido solamente yo para ti, un afecto hoy
perdido?
Arnulfo: ¿Y puede haber algo mas allá del simple afecto?
Clarisa: Tu mismo lo has dicho, el afecto es algo muy simple.
Arnulfo: El afecto es igual a un trato comedido y elegante, y
esto es lo que nos hace a los hombres ser hombres.
Clarisa: Tal vez te refieras a que nos hace a los seres humanos,
ser seres humanos.
Arnulfo: ¿Y que hay de diferente en ambos términos; ser
hombre, y ser humano?
Clarisa: Que ha de descartarse el ser hombres como genérico de
la especie humana, el ser hombre no nos incluye en estos momentos a nosotras las mujeres,
el no incluye a mas de la mitad del total de la humanidad.
Arnulfo: Estas son simples vaguedades de mujeres, ya ustedes
tienen de nosotros los hombres demasiado. El poner a las mujeres en el genérico de
hombres no es despreciarlas, por el contrario es engrandecerlas.
Clarisa: Nosotras no queremos ya esa igualdad que ustedes creen
nos engrandece y por el contrario nos humilla.
Arnulfo: Definitivamente a veces vosotras resultáis ser
indescifrables, y nada comprensivas, en resumen, muchas veces la percepción de la mujer
resulta ser un fiasco.
Clarisa: Un fiasco muy grande hemos tenido nosotras las mujeres
al tener que recorrer casi toda la historia humana por los hombres dominadas.
Arnulfo: No habéis sido dominadas, de siempre habéis sido
servidas, siempre las mujeres habéis sido dignas de toda nuestra consideración.
Clarisa: Y vuestra consideración y afecto siempre ha sido una
buena excusa de parte de los hombres para dominarnos, para servirse de nosotras en nuestro
cuerpo, y para hacernos vuestra sirvientas, vuestras esclavas y el objeto de vuestro
desprecio.
Arnulfo: No, por el contrario, siempre en toda la historia
habéis sido privilegiadas.
Clarisa: Siempre en ella fuimos usadas y rendidas a vuestro
propio placer, utilizadas y desechadas como simples objetos. ¿No vez como tu hoy me
desprecias en un acto igual al tuyo, el cual no encuentras despreciable en ti?
Arnulfo: Que mis antiguas fallas son cosas del pasado las cuales
ya habían sido olvidadas.
Clarisa: ¿Cuando unas fallas pierden su valor?, ¿Cuando ellas
pierde su sensación de culpa?, por que yo sin conocerlas como podría habértelas
perdonado.
Arnulfo: Ellas pierden el peso de su culpa, cuando ya no vienen
a la memoria, cuando los rostros de estas faltas se han disuelto y ya no existen en la
mía.
Clarisa: Entonces es tu memoria la que a ti te a absuelto de tus
culpas, pues no he sido yo. Y como tu eres bien desmemoriado, tus cargas resultan ser muy
ligeras para ti.
Arnulfo: No te burles Clarisa, si nuestra memoria pesara tanto y
fuera tan grande como seria deseable, todos andaríamos doblados por el peso de las
propias culpas.
Clarisa: Tal vez tu por tus culpas andarías doblado. Mía
solamente a sido una falla, por tanto yo andaría ligera de peso ante ti.
Arnulfo: Mas tu falla a sido cosa de hace solamente un par de
días.
Clarisa: Ya veo como tu memoria o desmemoria es bien ligera, ya
te has olvidado completamente de Yolanda.
Arnulfo: ¿De Yolanda?
Clarisa: Si de Yolanda tu secretaria.
Arnulfo: de mi secretaria?. Ya te he dicho como aquella noche no
hubo nada entre nosotros.
Clarisa: Puede ser que esa noche las cosas no hubieran salido a
tu antojo. ¿Mas fue acaso en otras noches siempre así?
Arnulfo: (Vacilando) ¿En otras noches?, ¿Quien te ha dicho eso?.
Clarisa: ¿Por que vacilan tus palabras?. ¿Por que las mismas
tiemblan?
Arnulfo: Mis palabras no tiemblan, Julián no pudo haberte dicho
nada, solo hasta esa tarde yo tuve la torpeza de comentarle mi salida, entonces es
imposible que él pudiera haberte dicho nada.
Clarisa: No fue Julián quien me puso en alerta de tus pasos.
Antes de ello yo ya sabia de tu romance.
Arnulfo: Y quien te ha comentado esa mentira.
Clarisa: MI respuesta te sonara inesperada.
Arnulfo: Dímela al tanto yo podré poner en evidencia al
culpable.
Clarisa: Dura es tu tozudez en la mentira. Ni aún en este
instante te atreves a dar la cara a la verdad.
Arnulfo: Bueno basta ya. Aclara tus palabras.
Clarisa: Tu ni vergüenza tienes de sostenerte en tu engaño.
Arnulfo: (Con temor) Es suficiente, tu no tienen nada que probar, es tu imaginación la
que intenta ponerme una trastada.
Clarisa: Mi imaginación tiene el nombre de Yolanda.
Arnulfo: ¿De Yolanda haz dicho?
Clarisa: De Yolanda, de esa misma que es tu secretaria, y con la
cual tu vienes desde hace un par de meses fornicando.
Arnulfo: ¿Como puede ser posible?. No creo que ella se haya
atrevido a traicionare
Clarisa: ¿Por qué, acaso a ella si le crees cuanto te ama?
Arnulfo: Siempre dijo poner ante todo mi propia integridad.
Clarisa: En tu respuesta admites la verdad de tu falta.
Arnulfo: Ya es imposible intentar ante tus palabras
sosteniéndome en mi engaño.
Clarisa: ¿Y tan en alta estima la tenias?
Arnulfo: Siempre dijo ser capas de por mi hacerlo todo.
Clarisa: Y bien que lo ha hecho todo. Sus pasos estaban en
caminados a sacarme de tu lado.
Arnulfo: ¿Y por ello tu propio engaño?
Clarisa: El dolor cuando es tan grande, se puede curar con algo
que curándonos, puede causar en otros algo de dolor.
Arnulfo: Entonces, el haber tu fornicado con Julián fue
simplemente a objeto de herirme.
Clarisa: Ahora puedes verlo de este modo, antes de ello estuvo
allí mi cura, en ese momento pensaba como si tu encontrabas fuera de casa placer y
diversión, no veía ninguna razón para yo misma no encontrarlo.
Arnulfo: Y bien parece que esa noche te divertiste demasiado.
Clarisa: Como negar que esa noche descubrí otras vertientes del
placer.
Arnulfo: Calla que tus palabras me empequeñecen.
Clarisa: No te preocupes, tu virilidad esta a salvo.
Arnulfo: ¿Quieres decir que soy mejor amante que Julián?
Clarisa: ¿Eso es todo cuanto te preocupa, y todo lo que puede
llegar a herirte, y por eso exiges mi partida? .
Arnulfo: Lo lamento, no puedo llegar a verlo de otra forma.
Clarisa: Entonces por resultar ser Julián un peor amante, tengo
tu permiso para con él seguir fornicando.
Arnulfo: Tu ya no requieres mi permiso para nada, tu puedes
hacer con tu vida de ahora en adelante lo que te venga en gana. Pero ya tu misma lo dices
haz escogido en desventaja.
Clarisa: Ya te dije como aquella noche conocí en mi facetas de
un placer desconocido mas allá de lo que tu jamas me hubieras dado.
Arnulfo: No puedo comprenderte. De una parte me dices como él
resulto en ti un peor amante, y de otra parte me dices que conociste en él facetas de un
placer desconocido. Estas cayendo en una contracción profunda.
Clarisa: Ambas cosas resultan verdaderas, y para entenderlo, tal
vez puedas examinar tu propio caso.
Arnulfo: No te entiendo, ¿a cual caso haces referencia?
Clarisa: A Yolanda.
Arnulfo: Por que a Yolanda ¿dime?.
Clarisa: ¿Acaso la encuentras como mujer mejor que yo?, ¿Acaso
cuando estas en tu lecho adultero junto a ella, resulta ella ser mas delirante de cómo yo
lo fui antes?, o ¿pretendes decirme de otra parte, que ella resulta mas hermosa para ti?.
Dime, ¿cual es la razón para tu sentir tanta atracción por ella?, o ¿como ella misma
lo a pretendido al informarme furtivamente de este amorío entre vosotros, es que tu
objetivo es terminar dejándome para irte a vivir a su lado?.
Arnulfo: Nunca fue esta mi pretensión en ella. nunca la
encontré mejor amante que tu en tus mejores días, ni mas bella que tú en este momento,
y nunca pense en dejarte por irme a vivir a su lado.
Clarisa: ¿Entonces que pretendías tu en su cuerpo?.
Arnulfo: No era mas que buscar en ella un poco de diversión y
algo de esa pasión que en ti se ha venido apagando o que ya no me provocas.
Clarisa: Bueno, ya ahora sabes como en mi cuerpo no se ha
perdido la pasión.
Arnulfo: Eso es ahora lo que tu confiesas, yo no lo he visto.
Clarisa: ¿Y es que acaso quieres probar en ti como fue mi noche
con Julián?
Arnulfo: Un escozor en este sentido ha venido naciendo en mi en
este momento, y quiero ser por ti servido ahora de igual manera. Procuremos entonces entre
nosotros una buena despedida, ven vamos a la cama como hace solamente un instante tu lo
querías y muéstrame como fue tu noche con Julián.
Clarisa: Yo no deseo una despedida de tal tipo, mójate en tus
ganas.
Arnulfo: Y que razón hay ahora para no hacerlo, una vez mas no
importa y no supone nada nuevo, ni ningún desgaste entre nosotros.
Clarisa: Olvídalo, desde este momento, yo me he convertido para
ti en algo prohibido.
Arnulfo: Prohibido. Tu lo has dicho. Esa es la palabra, Ahora
comprendo como mi atracción por Yolanda nacía y se centraba en ser un placer prohibido.
Clarisa: ¿Y esto quiere decir acaso que a partir de este
instante tu la repudias?
Arnulfo: No exactamente, esto quiere decir que a partir de este
instante, en tu propio conocimiento de mi traición con ella, mi placer junto a Yolanda a
perdido su atracción, y al no resultar ya ella para mi atractiva, no habrá entonces mas
en mi objeto de buscarla.
Clarisa: Pero tu me has repudiado. Ahora eres libre de buscarla.
Ve entonces y búscala, ella al igual que yo, tiene la forma de saciar tu cuerpo así como
a mi en este instante me requieres. Es mas, este es un privilegio de todas las mujeres.
Todas tenemos en nuestros cuerpos el modo de saciar las ansias de los hombres.
Arnulfo: Eso tal vez será en otra ocasión, ahora es a ti a
quien deseo.
Clarisa: Por que no empezar ya mismo tus nuevas ocasiones,
llámala, aquí esta disponible nuestro lecho.
Arnulfo: Ahora es imposible, no la encontraría.
Clarisa: Que eso no impida tu placer, también puedes llamar a
otras.
Arnulfo: Ahora mismo no tengo ninguna otra a quien llamar.
Clarisa: Entonces no te detengas llama a otro hombre. También
otros hombres, pondrán a tu disposición otros medios diferentes para tu propia
complacencia, y en esta complacencia tu igual a ellos podrás llegar a complacerlos.
Arnulfo: No me ofendas yo no soy ningún marica.
Clarisa: Y que hay en ello de extraño, es solamente otra forma
del placer, y el placer por sobre todo es lo que tu buscas.
Arnulfo: Mas es un placer muy diferente, ya tu sabes, son dos
penes y ningún verdadero receptáculo.
Clarisa: Si el afecto existe, como tu pregonas, no habrá
ningún problema.
Arnulfo: El afecto no resultara ser suficiente. Se requiere una
inclinación previa a este placer.
Clarisa: Es solo un lineamiento de nuestra moral. En otras
épocas no había diferenciación entre una u otra forma de placer, los dos resultaban ser
complementarios.
Arnulfo: Eran otras épocas de costumbres mas licenciosas, las
cuales claramente se estrellaban contra nuestra propia naturaleza.
Clarisa: Y no resulta acaso que tu has dicho, ¿como el sexo en
la especie humana cumple una función muy diferente a la función que cumple en cualquier
otra especie y la cual es el placer?.
Arnulfo: Si mas no fue en este sentido.
Clarisa: Y por que no en este sentido. Tu hablabas básicamente
de como el sexo en el ser humano tiene por función es el placer. Entonces por que negarte
otros placeres, que te pueden resultar incluso mas ardientes que los que hasta ahora has
conocido.
Arnulfo: Yo hacia referencia a como en el hombre, el sexo en una
función del placer mas que una función reproductiva, mas siempre sujeta a su natural
destino.
Clarisa: No te limites, el placer es el placer.
Arnulfo: Nunca será en mi en esta forma.
Clarisa: Tu te lo pierdes. O es que simplemente has resultado un
mojigato detenido en la moral.
Arnulfo: Es cierto como la moral es importante, pero atenerse a
ella no implica ser un mojigato.
Clarisa: Como se han cambiado los papeles. Ahora tu eres quien
defiende la moral y soy yo quien la cuestiono.
Arnulfo: Por que tu has fallado en mantener sobre tu vida la
moral.
Clarisa: Ahora mis propias carnes sienten el filo de sus
mordientes normas. Mi falta me ha servido para saber como la moral no tiene en el fondo
nada encomiable.
Arnulfo: La moral es quien marca nuestra convivencia.
Clarisa: ¿Y acaso la moral te dio permiso para tu engaño?.
Arnulfo: La infidelidad en el hombre es ligera y natural, y en
la mujer es grave y contra natura.
Clarisa: Que la moralidad y tu mismo se vayan a la mierda.
Conciencia de Arnulfo: (Poniéndose de
pie y visiblemente enojado) Tu, Clarisa, quien
fuiste hasta hoy mi defensora y a la vez mi defendida, hoy me lanzas de tu lado por culpa
de tu falta. Ahora ante ella mis reglas te resultan inútiles. Como digo inútiles, hoy
mis reglas resultan claramente en tu contra y por ello pretendes despreciarme.
¿Mas que hay de aquellos días en los cuales yo era tu carta para
frenar la voluptuosidad de Arnulfo?. Pero como hoy como mi dedo acusador ha caído sobre
ti, pretendes despreciarme. Ya vez sin embargo como no es fácil liberarse de mi demoledor
abrazo.
Ahora Arnulfo quien a mi en apariencia me despreciaba, viene a mi
rescate, y es por que yo, desde su nacimiento, lenta pero efectivamente he venido siendo
implantada en su mente. Ya ves, he salido a flote en él en su momento de necesitar de mi.
Clarisa: Tu no eres mas que una falaz perpetua que no mereces
otro destino diferente al excusado, ello se prueba al ver como a mi me recriminas
duramente mi falta, mas a Arnulfo ni se la mencionas.
Conciencia de Arnulfo: Ya te dije como la moral es una
invención de los vencedores para someter a los vencidos, y en la guerra de los sexos,
claramente la vencida es la mujer. Es por tanto privilegio del hombre darme a mi forma a
su antojo.
Clarisa: Ya te lo he dicho, ¡lárgate!
Conciencia de Arnulfo: ¿Dime tu Arnulfo, que he yo de hacer?,
tu tienes las riendas en tus manos, ¿parto perdiendo tu la ventaja de mi juicio? O ¿me
quedo apoyando tu decisión hasta el final?
Conciencia de Clarisa: (Levantándose
velozmente, y tomando las manos de Arnulfo y poniéndolas sobre sus senos) Dile a tu conciencia que es lo que realmente tu quieres.
Arnulfo: Yo aún no lo se.
Conciencia de Clarisa: (Envolviendo su
propio cuerpo con las manos de Arnulfo, y guiando estas a acariciarla) ¿Aún no lo sabes?
Arnulfo: (Dirigiéndose a su propia
conciencia) Creo que lo mejor es que te vayas.
Conciencia de Arnulfo: (Muy enojada) Tonto, imbécil, has perdido el juicio, fácil rindes mis armas,
ante unas armas del todo inferiores.
Conciencia de Clarisa: ¿Inferiores?, ya quisieras tu tener mis
pechos, ellos ponen el hombre a mi entera voluntad. Mira Clarisa lo que tu puedes lograr
si de mi quieres servirte. (separandose de Arnulfo y llevándolo
de la mano a Clarisa, intentando tocarla con la mano de Arnulfo) Deja que la mano de Arnulfo se pose sobre esos bellos pechos tuyos;
yo en tanto haré circular tu propia sangre, para hacer vibrar sangre a sangre vuestro
encuentro.
Clarisa: (Alejándose) Yo no estoy segura de saber quien eres tu.
Conciencia de Clarisa: Yo soy lo mas profundo de tu propia
conciencia, recuerda tu llamaste tu conciencia, y al estar la capa superior de tu
conciencia trastornada por haberla tu transgredido a fuerza de defender tu orgullo; yo
vine en su lugar.
Yo siempre reposo en lo mas profundo de todos los humanos y siempre
cumplo la misión de defenderlos cuando la vana conciencia moral quiere vencerlos. Yo
vengo a posibilitar en ustedes su propia realización.
Conciencia de Arnulfo: Tu no posibilitas nada, tu todo lo
arruinas y todo lo enloqueces.
Conciencia de Clarisa: Por que no te has largado, Ya Arnulfo te
dijo que lo hicieras.
Arnulfo: Mas si Clarisa me rechaza será mejor que vuelvas, aún
puedes serme útil.
Clarisa: Si aún quieres conquistarme yo requiero saber si tu me
amas.
Conciencias de Arnulfo y Clarisa: (Abrazadas
y en coro) Eso sobrepasa nuestros limites. Nosotras
no estamos hechas para juzgar los sentimientos, mucho menos eso que llaman el amor, lo
cual nadie a definido.
Arnulfo y Clarisa: (Abrazados y en
coro) Pero si el amor de siempre se ha dicho que es
un mandato divino expresamente estipulado en mandamientos.
Conciencias de Arnulfo y Clarisa: Vana farsa, habéis sido
engañados. ¿O acaso alguno puede preciarse de haber cumplido ese mandato?
Arnulfo y Clarisa: ¿Ni aún los santos?
Conciencias de Arnulfo y Clarisa: Vaya a saber cuentos abra
verdaderos en tan extenso santoral.
Arnulfo y Clarisa: ¿Así fueran contados con los dedos de una
mano, acaso ellos tampoco conocieron y vivieron el amor?
Conciencias de Arnulfo y Clarisa: Algunos sin duda lograron
conocerlo, mas no fue con nuestra ayuda, sino mas bien a pesar nuestro.
Arnulfo y Clarisa: Entonces ya no requerimos de vuestros
servicios, largaos juntas de una ves buena vez.
Conciencias de Arnulfo y Clarisa: Ahora nos vamos pero tengan
presente como siempre una u otra siempre estaremos guiando vuestros pasos.
Arnulfo y Clarisa: Ya sabemos como siempre estaréis presentes
cuando no estén presentes los sentimientos y el amor. Largaos
largaos (Arnulfo y Clarisa persiguen a sus conciencias hasta hacerlas salir del
escenario).
Arnulfo: ( Riendo) Habrase visto, esto es lo mas
chistoso que jamas me haya sucedido.
Clarisa: (Riendo también y sentándose
en la cama) Querrás decir que nos haya sucedido.
Arnulfo: Si es verdad, perdóname.
Clarisa: (Tomándolo de la mano y
haciéndolo sentar a su lado) Cuan difícil te
resulto decir esta palabra.
Arnulfo: Tú aún no la has dicho.
Clarisa: Tu no la dijiste en relación a tus verdaderas faltas,
¿Quieres pedirme perdón por tus faltas?, y ¿Acaso quieres que yo te lo pida por las
mías?
Arnulfo: ¿Y tu acaso quieres pedirlo o quieres oírlo pedir de
mis labios?
Clarisa: Será necesario explorar nuestro interior.
Arnulfo: Entonces aclaremos que es el amor, y si el en verdad
existe entre nosotros.
Clarisa: ¿Será el amor acaso el primero de los sentimientos?.
Arnulfo: No estoy seguro en que consiste un sentimiento. Muy
bien puede estar emparentado con una sensación.
Clarisa: Entonces si no existen sensaciones, no existen
sentimientos.
Arnulfo: Eso es seguro, nada nos pude tocar si no toca primero
nuestro cuerpo.
Clarisa: Mas la sensación no va mas allá del cuerpo, en tanto
nuestros sentimientos afectan es a nuestro espíritu.
Arnulfo: ¿A nuestro espíritu?, ¿A esa gran incógnita que de
siempre a sido?. Mejor dejemos a nuestro espíritu en paz y atendamos en este momento a
nuestros cuerpos.
Clarisa: bésame Arnulfo. (Arnulfo le
da un beso apasionado, tras el cual Clarisa lo separa bruscamente)
Arnulfo: Que te pasa
Clarisa, decídete de una vez.
Clarisa: ¿A que te supieron mis labios?
Arnulfo: Tanto como saber
diría que a nada.
Clarisa: ¿Entonces que placer encuentras en besarme?
Arnulfo: Tus labios me proporcionan no el sabor, aunque también
este podrías proporcionármelo si te colocas un pintalabios de sabor, haciendo tus besos
sin duda aún mas excitantes, mas el solo roce de tus labios me proporcionan una
sensación inequívoca de un placer creciente.
Clarisa: Esa es una sensación que tu mismo puedes darte.
Arnulfo: ¿Qué dices?, ¿No te entiendo?
Clarisa: Cierra tus ojos, y posa tus dedos en tus labios,
rozándolos ligera y continuamente. (Arnulfo hace lo indicado)
¿Dime esta sensación va tomando lentamente tu cuerpo?.
Arnulfo: Si así es, es verdad, en este gesto hay una fuente
cierta de placer.
Clarisa: Y si deslizo mi mano sobre tus brazos y sobre tu
espalda fría, (haciéndolo) ¿Dime que sientes?
Arnulfo: Tu mano hace erizar la piel de mis brazos, y mi
espalda.
Clarisa: Y si paso mis labios y mi lengua sobre tu pecho (haciéndolo) dime, ahora ¿Que
sientes?
Arnulfo: Ahora no se si has helado o has hecho hervir mi sangre.
Clarisa: ¿Entonces dime, por que resultan tan torpes tus
mañanas?, si en ello renuncias a un universo conocido.
Arnulfo: Nunca nadie se tomo la molestia de enseñarme. Mas Tu
¿de donde lo has aprendido?, ¿fue acaso el tonto de Julián?
Clarisa: Con Julián mi acto fue violencia pura, tanta como para
amedrentar sus hormonas.
Arnulfo: ¿Y como fue ello?
Clarisa: ¿Acaso quieres los detalles y gozar sobre los mismos?
Arnulfo: ¿Seria esto acaso un placer prohibido?
Clarisa: Ya largamos la moral. Ahora no hay nada o nadie quien
pueda prohibirte nada. Despachada igual lo mas intimo de nuestra conciencia, donde nada
atañe a los sentimientos, estamos entonces es a nuestros propios sentimientos liberados;
y naciendo estos en nuestras sensaciones, tu has de ver en tus sentimientos que respuesta
dar a estas sensaciones.
Arnulfo: Entonces yo soy libre de expoliar mis propias
circunstancias, sin atender a la moral.
Clarisa: ¿Entonces aún quieres los detalles de mi noche con
Julián?
Arnulfo: ¿Y es tu querer el dármelos?
Clarisa: Todo renace en cada nuevo torbellino, y cada nuevo torbellino
siendo distinto por ser muy otras sus aguas, es en esencia el mismo torbellino.
Arnulfo: ¿Entonces tal vez quieras darme a probar tu nuevo
torbellino?.
Clarisa: ¿Acaso crees merecerlo?
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