NIÑA

 

-- Déjeme quieta, viejo borracho—Exclamo la niña.

--No te resistas—le decía el borracho intentando acariciarla.

La chica tomada de su mano izquierda por el borracho, con su mano derecha rasguño profundamente su mejilla. Este le libero en forma instintiva con lo cual la niña pudo echar a correr.

--Este puerco parque cada noche esta mas oscuro—se dijo mientras atravesaba el parque Centenario para bajar por la calle treinta y dos del centro de la ciudad, allí populaban burdeles de mala muerte infestados por toda clase de maleantes y prostitutas ya en el eclipse de sus carreras, donde sus servicios solo eran requeridos por toda clase de escoria social.

-- Hola Mayoli—saludo la chiquilla a la casi cuarentona prostituta, mas de veinticinco años de trabajo en esta actividad, mostraban en ella una gruesa figura, vestida con una escabrosa minifalda y una blusa de velo la cual dejaba ver sus senos ya marchitos luchando por sostenerse en un brassier dos tallas mas pequeño a lo requerido para su voluminoso busto.

-- Chiquilla desvergonzada, mira la hora de llegar y yo preocupándome por ti—dijo Mayoli quien no había notado nisiquiera su ausencia, -- ya son las nueve de la noche y aún no limpias las mesas.

--Todo estará listo en un santiamén—le contesto la chica, tomando la lanilla del pozo del lavaplatos donde había permanecido desde el clarear de la mañana, cuando los últimos clientes después de dormir por relevos sus respectivas borracheras, habían partido llevando vacíos sus bolsillos y sus ansias animales de incíclico celo.

El paraíso. Así se llamaba el antro donde la chiquilla de trece años había encontrado refugio después de huir de otro prostíbulo donde su novio la había vendido. Ella se había unido a su novio en su pueblo natal con el deseo de huir de su padre, este era un cincuentón que bajo los efectos del alcohol, abusaba y golpeaba en forma constante a su madre, y desde hacia un par de años tenia fijos sus ojos en ella como su próxima víctima, su padre, siempre hallaba excusa de tocarla, fuera con el pretexto de acariciarla o de golpearla, él vulgarmente posaba sus manos sobre sus partes intimas, y ya se le veía en los ojos un deseo cada día mas incontenible de poseerla.

-- Maldito Antonio— decía entre dientes la niña al recordar a su prometido, cuando contaba su historia a Mayoli – él con su cara linda y su verborrea de viajero, logro hacerme sentirme mujer y tenerme en el pastal del lote baldío entre la alcaldía y la iglesia el cual por años llevaban disputándose el alcalde y el cura, el primero para hacer una ampliación de la alcaldía y el segundo para construir una nueva casa cural junto al frente de la iglesia y no como la existente lejana a la misma. Antonio, fue el único sitio que busco para llevarme, pues decía que no podíamos estar en su hotel para no meterse el en problemas con mi padre.

--Este pastal s fue por tres meses nuestra cama—continuaba contándole la chiquilla a Mayoli, cuando ella divertida le requería para oír nuevamente su historia.

--Durante estos tres meses, estuvimos allí diariamente una semana al mes, ya al final casi todo el pueblo lo sabia. En cada uno de estos tres meses en que estuvo visitándome, Antonio prolongaba su estadía en mi pueblo con la excusa de sus ventas, claro, la labor no le requería sino dos días, pero él los prolongaba a una semana para estar conmigo en las tardes, por que en las noches yo no podía salir. Los primeros tres días me invitaba a helados o empanadas antes de llevarme al baldío, y en los restantes, me convencía para tomar cerveza o alcohol, por que decía que yo ya era toda una hembra, y que ya era tiempo de traerme junto a él a vivir a la ciudad, claro, yo convencida me dejaba recorrer mas bruscamente en estos últimos días y no como cuando solo comíamos helados o empanadas donde el se mostraba suave y comprensivo en sus caricias..

-- Al cuarto mes, Antonio me dijo que ya era tiempo de partir, que preparara mi maleta, y yo cual maleta si de eso no tenia, en una caja eche mis tres vestidos y la muñeca con que mis padres en un inusual detalle me celebraron mis diez años, en este cumpleaños, recuerdo como mi padre me tubo sentada en sus piernas acariciándome, y yo que no cabía de felicidad lo pensaba muy cariñoso conmigo. Desde entonces conservo mi muñeca como la única amiga que me escucha. Bueno eso era antes de tenerte a ti –decía la niña mirando a Mayoli—por que ahora si tengo en ti una amiga, bueno, mas que mi amiga eres como mi madre, por que a ti si te gusta escucharme, y no como mi mamá que cuando no estaba haciendo oficio estaba llorando tirada en cualquier rincón sin tener tiempo para nadie, sino solo ocupada tratando de adivinar si mi padre venia o no borracho con ganas de golpearla o abusarla hasta dormir de cansancio su borrachera.

-- Yo me vine llena de ilusiones pensando vivir así fuera en una pieza, ya la veía adornando nuestra cama con mi muñeca; bueno no es que yo fuera una niña, sino que era el único objeto bonito que tenia. A la ciudad llegamos directamente a una casa de citas del norte, yo si vi que era algo como la cantina de mi pueblo, pero yo no sabia ni siguiera que existían los prostíbulos. Antonio me dijo que era simplemente un bar de un amigo, y que solo estaríamos allí mientras lograba conseguir una casa para los dos, y mientras me llevaron juntos a una habitación, eso si con cama doble y baño, lo cual me hizo sentir contenta, por que yo nunca había tenido un baño propio, después vi como Antonio fue junto con el dueño a la barra, y allí Antonio le recibió al dueño un fajo de billetes; después vino a decirme que el dueño le había pagado una vieja deuda , y que ahora lo esperara hasta la noche por que el tenia que ir a trabajar. Si me extraño que se llevara su maleta, pero como era viajero pense que esto era normal.

--Por supuesto, esta fue la ultima vez que vi a Antonio, por que ya después cuando yo me estaba bañando, entro el dueño del bar sorprendiéndome desnuda y solo después de mi sorpresa me pude cubrir con una toalla. Él vino a decirme que me había comprado, y que me alistara para atender en la noche a los clientes, que cual ropa tenia para la noche, y que si no tenia ropa para la noche, él me la vendía, pero eso si, que desde hoy la comida, la dormida, y la ropa que me diera tenia que pagarla con trabajo, al igual que con trabajo tenia que pagarle el dinero entregado a Antonio, y que solo con esto, ya tenia para trabajar duro todas las noches durante un par de años, si es que acaso yo quería irme del lugar a buscar otro burdel donde trabajar, por que según él, al fin y al cabo, yo no servia para mas, y eso por ser niña, ya que esto era mi atractivo para los clientes, por que por mi porte casi en huesos, acostarse conmigo era casi como dormir sobre espinas y no sobre una hembra, como eran las otras mujeres del prostíbulo.

-- Yo grite, llore, y estuve a pan y agua por ocho días, le decía que era mentira, que Antonio vendría por mi, y el dueño del burdel manteniéndome encerrada me exigía por hambre el entregarme, claro, de hambre no me iba a dejar morir para no perder lo invertido, mas ya al final me amenazo con traerme a varios al tiempo para hacerme cumplir a la fuerza el compromiso hecho por Antonio al entregarme. Fue esa ultima noche que pase allí, solo entonces, tu amiga Virginia me ayudo a escapar ya a la madrugada por los tejados, dándome tu dirección, y diciéndome que tu me ayudarais.

-- La mensa de Virginia creyendo siempre que yo soy el niño dios— solía increparle a esta altura del relato Mayoli, cuando repetían la historia, -- pero mira a ver, aquí tienes cama, pero tienes que pagártela arreglando el salón, para la comida si tienes que salir a conseguir dinero, por que en el mercado no hay nada regalado, y eso por que yo te quiero como tu madre, y como tu madre te aconsejo que te vendas a los clientes, mira que los años pasan pronto y la mercancía se marchita, entonces ya no habrá lugar para conseguir buenos precios por tus ratos.

-- Precio, precio, a eso se reduce todo en el mundo, solo para al final ver como muchas veces tras la ilusión de un buen precio te birlan el pago, o lo que aquí es lo mismo, te birlan el cuerpo que es lo que nosotras hemos de entregar para recibir su inmundicia y sus pesos. – replicaba la niña.—por el momento prefiero seguir mendigando.

-- Ya veré que tan necesarios serán sus pesos, solo que ahora estoy bien como estoy, por el momento esta muy alto my precio, no hay quien lo pagué. – sentenciaba la niña.

-- Tu estas loca, ¿Como así que no hay quien pueda comprarte?,-- Le decía Mayoli,-- si yo casi a tu edad era mas mujer que tu, y siempre tuve clientes, no te las des de reina que bastantes hay tras los ratos y el dinero de los hombres, como para andar de remilgona, -- Mayoli nunca lograba entenderla. .

-- Recuerda la poesía—le decía la niña, recitándole aquel poema de aquel libro llamado recuerdo soñados para romper cadenas, que ella se había encontrado entre la basura y el cual por contraposición a lo en el expuesto, le gustaba recordar para auto afirmarse en sus metas:

Niña
Con tu húmeda mirada
de incomprensión, reproche y amargura,
con un hervor de sangre
presto a saltar al primer embate,
con tu salitroso lenguaje
de mordaces apuntes y negadas realidades,
y con tu mano clamante
pidiendo ayuda para salir adelante,
vas por el mundo
puberta doncella
presintiendo un mundo negado,
y al querer alcanzarlo
ante tu sueño imposible,
te invaden, el desazón
los gustos bajos
y el deseo de desquite.

Arenosa trampa
puesta a tu vida,
donde al cubrirte con el lodo
de un precio señalado,
tranquilizan sus conciencias
mientras gozan con lascivia
al consumir tu cuerpo
con aromas de niña.

Y agregaba a renglón seguido,-- yo no me llenare de desazón y amargura sino luchare por realzarme, yo no me entregare a mi misma, yo no me pondré precio para tranquilizar conciencias, yo no me volveré a entregar a nadie como me le entregue a Antonio para que me consumiera .

-- Tu te lo pierdes—Era lo único que le contestaba Mayoli.

--Si el mundo es cruel, yo seré mas cruel que el mundo, si el mundo es egoísta, yo seré mas egoísta, si el mundo es malo, yo seré mas mala. – le respondía niña con convicción. – terminando así, -- yo no me negare a mi misma, sino luchare por realizarme.

Veinticinco años después, niña estaba cómodamente instalada en su oficina de gerente de zona del mayor banco del país, desde esta posición, ella tenia mando sobre una cuarta parte de los activos nacionales del banco y sobre un recurso humano de mas de tres mil personas. Su lucha había sido dura, pero no había cejado ni un instante en sus propósitos, su dureza siempre le hizo desechar fácilmente cualquier obstáculo material o humano en su camino al triunfo. Niña veía con desprecio todo precepto religioso, en los cuales solo veía una patente hipocresía para engañar al débil prometiéndole dolor en la tierra para alcanzar su incierto tesoro celestial. Niña se había casado, para terminar despreciando la mediocridad de su cónyuge del cual termino por separarse cuando ya su carrera ya había tomado rumbo a la cumbre en la cual estaba y desde donde quería encumbrarse aún mas. La admiración de sus amigos por su visión, empeño y constancia eran innegable, así como innegable era el temor que ella infundada a sus eventuales adversarios. De aquellos días solo conservaba su vieja muñeca la cual cuidadosamente aún mantenía sobre su cama como su tesoro mas preciado.

-- Doctora- le dijo su secretaria, -- nuevamente esta en la recepción la anciana que dice llamarse Mayoli y pide verla, ¿le hago nuevamente retirar por seguridad?, mas ya lleva en par de semanas viniendo a diario y entre su pobre facha y en su insistencia ya resulta fastidiosa y comprometedora su presencia ante los clientes, a los cuales importuna diciéndoles conocerla a usted.

-- ¿Y no han logrado averiguar para que quiere verme?, - replicó entre inquieta y fastidiada Niña, claro este no era su nombre pero desde su caótica venida desde su pueblo a la ciudad así le llamaban y le gustaba mantenerlo.

--Nadie a logrado sacarle una palabra, dice que solo a usted se lo dirá – replico la secretaria.

-- ¿Y nadie le a explicado que mi tiempo es oro, y como tal no puedo perderlo?, ¿No han intentado darle algún dinero para que se largué? --

-- Hemos intentado todo, inútilmente, -- replico la secretaria--, es mas la hemos seguido y ya sabemos que vive en una pieza miserable de un inquilinato, y vive de pedir limosna en cualquier esquina.

Efectivamente, los veinticinco años no habían transcurrido en vano sobre la humanidad de Mayoli, ella quien dedico toda su vida al alcohol, a la prostitución, al mal comer y al trasnocho, había pagado en su cuerpo sus excesos y esto le hacía parecer aún mayor de sus ya casi sesenta y cinco años. Por supuesto, su vida había ido en estos años cuesta abajo, había perdido su negocio y con los años sus posibilidades de venderse. Ya a ella no le quedaban sino sus recuerdos, casi todos malos recuerdos, pero entre, su recuerdo mas preciado, era el de aquella chiquilla quien nunca le quiso revelar su nombre y a quien simplemente llamaba, niña. Mayoli había sido testiga de sus primeros esfuerzos por emplearse como dependiente de un almacén y del inicio de sus estudios por algo así como un año; después le había perdido el rastro, cuando niña se mudo de su negocio, se había desvinculado de ella del todo, pero hacia un mes, Mayoli había descubierto en un viejo diario en que en algún restaurante le entregaron algo d comida una foto que atrajo su atención, era la foto de posesión de quien empezaba a ocupar la presidencia de zona del mayor banco del país, lo que mas llamo su atención, fue el titulo de la foto: "Niña la nueva presidente de zona del banco". Esto atrajo instintivamente su atención a la foto, y en la misma pudo descubrir los rasgos familiares de aquella niña a quien ella inútilmente trato de persuadir de practicar la prostitución, entonces decidió visitarla.

-- Maldita sea — pensaba niña, -- con seguridad la bruja ahora en desgracia quiere esquilmarme, como ella sabe mi pasado el cual yo tenia ya olvidado, vendrá a forrarse a punta de extorsionarme. No se lo permitiré, si es necesario buscare la forma de engañarla, mientras encuentro el modo de silenciarla, así sea matándola, la muy zorra no sabe con quien se metió, aprenderá por la fuerza que yo no soy la lotería de su vejez.

-- Será mejor salir de este problema de una vez, -- dijo niña a su secretaria, -- hágala pasar, pero eso si, adviértale claramente que solo la veré por un minuto, este es todo su tiempo conmigo, en un minuto a de decirme el motivo de su fastidiosa presencia, y si este no le es suficiente, entonces no la veré.

La secretaria salió a cumplir las instrucciones de niña y antes de hacer pasar a Mayoli, le informo a niña por el intercomunicador como la tal Mayoli esta enterada de su condición de un minuto, y la había aceptado como tiempo suficiente para verla.

-- Hágala pasar—Respondió niña con un asentó de furia no contenida.

Niña quedo estupefacta ante la bruja traída a su presencia, su estado mendicante era evidente en sus raídas ropas, su cabello era blanco y desmarañado, se apoyaba para caminar en un raído palo hecho bastón, el olor de Mayoli que invadió su oficina al entrar era nauseabundo, no obstante pudo reconocerla, efectivamente era Mayoli, aquella mujer que intento sin forzarla inducirla a la prostitución. Niña sintió recorrer por su cuerpo una ola de odio que le había acompañado toda la vida y el cual siempre había contenido, al tener nuevamente ante su presencia a Mayoli se sintió con una furia como jamas lo había sentido en su vida. Fue como si en este instante en la figura de Mayoli se resumiera todo la degradación de que había sido objeto por sus padres, por Antonio, por el dueño del prostíbulo que la compro, y por todas las personas que habían intentado abusar de ella en esos duros mientras estuvo luchando para procurar su ascenso, incluyendo en su odio, a su ex- esposo, ese ser inútil que lo único bueno que le había dejado era un par de hijas que eran para ella toda su vida y por las cuales estaba dispuesta a matarse o a dar muerte, en su furia incluso a Mayoli, mas que a nadie a Mayoli, aquella quien se había atrevido a venir a importunarla y a sacar a flote todo este rencor por tantos años contenido y que ahora quería desbocarse sin cause.

Una vez la secretaria hubo cerrado la puerta a espaldas de Mayoli y cuando esta solo había avanzado un par de pasos hacia ella, sin preámbulos le increpo con un odio no disimulado – ¿Que quieres?--

Mayoli quien solo había alcanzado a avanzar otro par de pasos hacia el escritorio de niña, quedo paralizada junto a un amplio sillón de la sala adjunta en la oficina de niña, la imperativa pregunta de niña había detenido su encorvado andar, Mayoli levanto su mirada para ver a niña, admirándola de inmediato, niña quien en este momento se ponía en pie para hacer mas apabullante su presencia ante Mayoli logro de este modo una mayor admiración. La esbeltez de niña, envainada su figura en un sastre que de lejos demostraba su elegancia y su precio, ahora mostraba al mundo una silueta equilibrada, hermosas piernas, un rostro hermoseado por el poder ,un cabello suave, y una imponencia no fingida, la cual termino por apabullar a Mayoli, quien solo pudo musitar entre sus dientes, -- yo solo quería pedir tu perdón por haberte sugerido prostítuirte, y además entregarte esto--, dijo mientras depositaba un sucio papel sobre el sillón, -- pero creo que me he equivocado, el precio de tu perdón también es impagable--, y dando media vuelta salió.

Niña asombrada ante tan inesperado final del encuentro, curiosa se acerco al sillón y tomando con asco el inmundo papel a todas luces leído y trajinado por ser releído un incontable numero de veces, lo desdoblo viendo como se trataba de un pequeño poema del mismo autor de aquel otro poema con el cual ella reafirmara sus metas en la vida, el papel decía:

Quien es la dura rosa quiere ser la suave rosa
quien se niega a si misma cada noche se reafirma
el mundo le ha golpeado
ha mostrarse dura el mismo le ha enseñado
blande sus armas contra quien le ha maltratado
mas muy dentro suyo es esta niña
que como su muñeca, quiere ser arrullada en el amor.

Niña no pudo contenerse, entre ininterrumpidos sollozos, sintió como una ola de deseo de perdonar y ayudar en forma inmotivada limpiaba su alma, en esta sensación purificadora y desconocida, sin vergüenza ante su sorprendida secretaria quien en este momento entraba a su oficina , se hecho a llorar.

 

 

Ricardo Muñoz


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