EL SAMARITANO

 

Si en la dificultad del camino de la propia renunciación, mi mano tendida solo me proporciona un vacuo sentimiento de cumplida tristeza, ¿he de atenderme en mi cause?, o, ¿he de cerrar el cause de mis aguas represándolas en mi corazón, para cumplirle a Dios en su moral impuesta, así esta moral sea un cautiverio para quemar mis venas?

--Basta- dijo Francisco a Luis, quien pregonando su escasez nuevamente le esquilmaba, --ya estoy harto de darte cada día una moneda por cumplirle a mi conciencia, mas no es a mi conciencia a quien yo cumplo, es a un vacuo sentimiento de solidaridad de injusta causa, ¿acaso yo soy culpable de tu desgracia o tu pobreza?, llevo meses conmoviendo mi corazón ante tu hambre, y tu hambre y tu pedir no cesan.

--- Si no me ayudas, no podré comprar betunes para renovar mi caja de embolar, si no me ayudas, no podré llevar pan para la cena, o pagar la renta de mi pieza, ¿acaso soy yo el culpable de haber nacido mísero, de no haber recibido educación, de haber tenido la calle por escuela donde aprendí a tomar, y a aspirar pegante para mi hambre en su euforia calmar y en esta euforia espantar mis tristezas?. Le replico Luis.

--- Yo de tu hambre no me río, soy consciente de tu hambre, de tu frío y tu carencia, pero tu hacer no contribuye a apaciguarla, solo te limitas a pedir, y a pesar de tener cada día de mi una moneda, tu a mi nunca me has ofrecido nada, ¿acaso has intentado siguiera obsequiarme una lustrada, o, a limpiar mi auto?, tu a mi solo me buscas a objeto de pedirme, y en tu sonrisa socarrona se adivina tu burla ante mi hasta hoy caridad, mas mi caridad para ti hoy se ha cerrado, de mi, de hoy en adelante solo tendrás el saludo pero no aspires a tener nuevamente una moneda.—le dijo Francisco partiendo a la cotidianidad de visitar sus clientes para poner el día el trajinar de su empresa.

--- Hoy no puedo pagarte por causa de malas ventas, hoy no puedo pagarte por esta o aquella calamidad,— le decían los clientes, - o simplemente no le decían nada, pues al ir a buscarlos se habían ido, y en este trajinar Francisco su ganancia a diario con otros a la fuerza compartía, con aquellos en quienes había puesto su confianza y su confianza en ellos se convertía en añicos entre irresueltas acreencias.

Todos los días oía Francisco una nueva calamidad que requería ser inmediatamente resuelta a base de una ayuda de su parte, y cada calamidad escuchada era para él una nueva lucha, tantas veces había sido engañado a base de falsas necesidades o falsas promesas de pago de un préstamo solicitado como ayuda, promesas que con el tiempo se concretaban en un: yo la deuda no la niego, solo debe de esperarme hasta cuando yo pueda pagarle total o parcialmente la deuda, o, en un: ya viene en camino el dinero para pagarle, o, en un: mi calamidad se ha aumentado espéreme un tiempo mientras de ella me repongo; y este reponerse o esta espera normalmente terminaba como un olvido de la deuda.

 

--- No importa-- pensaba por instantes Francisco, mi perdida ha sido por una buena causa, y mi perdida pido al Señor sea anotada en el activo del tesoro de mi eternidad, donde no hay ladrón o polilla que consuma mi activo y le podré disfrutar a plenitud fuera de esta tierra.—Se decía Francisco como consuelo en su perdida.

Mas las propias deudas de Francisco no mermaban a pesar de su esfuerzo por pagarlas, y constante se repetía, --no debo faltar a mi deber, no debo faltar a mi palabra, yo limito mi gasto a lo estrictamente necesario como un punto en la lucha para pagar mis deudas, pero en mis acreencias, como luchar una vez cometido el error, como hacer para hacerlas efectivas, si acudo a la ley, pasaran dos o tres años antes de obtener nada y si acaso lo obtengo con seguridad no valdrá nada, la ley en muchas ocasiones esta hecha para dar palos a quien no peca, solo me queda procurar de una u otra forma conmover al deudor o decidirme a olvidar una a una cada acreencia marcándola como parte en mis perdidas.

Cada día Francisco procuraba cerrar su corazón, y cada día le llovían nuevas peticiones de favores ante nuevas calamidades, calamidades publicas o privadas que requerían el auxilio de él o del total de la nación, para estas ultimas el tramite era distinto, ya no tenia Francisco que enfrentarse a un rostro angustiado, para las calamidades publicas en cada banco se abrían cuentas de ayuda, o el gobierno por decreto establecía la cuantía de la ayuda a pagar por cada ciudadano. Cada día era para Francisco difícil cerrar del todo su corazón, así lo endureciera ante algunos, otros lograban colarse en este sentimiento de solidaridad ante la desgracia ajena, con esto su día a día se mantenía invariable.

Por fin penso:--que pensamientos además de ayudar a su prójimo pudo tener para si el samaritano bíblico si las monedas en el prójimo gastadas le hubieran sido imprescindibles para si mismo, ¿También él samaritano de la parábola se sintió golpeado como él al proporcionar su ayuda?, Francisco al cumplir el mandato de Jesús, de darle a quien le pedía y al que tomada de él lo propio, no exigirle devolver lo tomado, la verdad se sentía esquilmado, no es que su corazón estuviera lleno de codicia , era su vida la llena de necesidad.

Estas cavilaciones ocupaban el pensar de Francisco, él presentía una contradicción en las palabras de Jesús cuando dijo: "Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos". Si él lo que quería era que le cumplieran y procuraba cumplir, ¿no se suponía entonces como su esfuerzo de cumplir traería aparejado el esfuerzo de sus deudores por cumplirle?. Si su deseo y su esfuerzo no eran resarcidos en igual forma, o bien era por que el mandato de Jesús no correspondía a ninguna ley espiritual como debía serlo en su carácter de Dios, o bien Jesús no era Dios, o, la posibilidad por la cual finalmente se inclino Francisco, que dicho mandato por alguna causa fue modificado y en realidad debía ser así: como ellos quieren y hacen con vosotros ,haced vosotros con ellos. Par algo También Jesús había dicho, "no he venido a revocar la ley de los profetas sino a darle cumpliendo" y todos saben como esta ley era ojo por ojo y diente por diente, solo que en el planteamiento de Jesús se pasaba del planteamiento negativo al planteamiento positivo de la misma.

Francisco quedo fascinado ante su descubrimiento, incluso penso en enviar una carta al vaticano para que ellos procedieran a corregir este error de dos mil años, mas pensándolo mejor decidió guardarlo para si mismo, no va y fuera, que el vaticano moviera sus influencias y terminaran declarándolo loco e internado en un manicomio.

A partir del día de su descubrimiento Francisco decidió poner a prueba esta formula: como ellos quieren y hacen conmigo, haré yo con ellos igual; a quien le saludaba, él le saludaba, a quien de él ironizaba, él igualmente le ironizaba, a quien a él le servia, él igualmente le servia, y a quien a él le incumplía, bueno a este él no podía responderle de igual forma, pero veía con un sentimiento entre la indiferencia y la satisfacción como quien le incumplía, cada día mas se hundía demostrando con ello como Dios y la nueva formula de la ley estaban de su parte, por lo que cada día mas se solazaba de su descubrimiento.

Pensando de esta forma, él no tenia que hacerse cargo de las desgracias de otros hombres, cercanos o lejanos, pues normalmente ninguno de estos hombres ni le habían deseado a él ni habían hecho con él ninguna obra, lo cual en la nueva ley era para él un claro mandato de no colaborarles, pues si nada había recibido, nada debía dar.

Estando en este obrar, ya tranquilo y en paz con su conciencia, en su bien administrada soltería en treinta, donde amigos y amigas no le faltaban cuando deseaba alejar la soledad de sus veladas, cualquier día se encontró enfermo, en un principio el penso en un resfriado, mas al cabo de los días no cesaba, la tos, el ahogo , la fiebre, el cansancio; por lo cual decidió ir a consulta. No era su enfermedad causa de muerte, mas si de reposo entre las sabanas de un hospital para curar lo que penso era un catarro resulto siendo una neumonía.

De todas sus amistades, solo de unos dos o tres recibió llamadas deseándole mejoría , visitas, ninguna, solo algunas promesas incumplidas. Se prometio entonces tratarlos igual cuando ellos a su vez también estuvieran enfermos, mas recordó como dos o tres de ellos ya habían estado enfermos, y él solo tubo para ellos una llamada, ¿sería que ellos igualmente en secreto como él habían descubierto el nuevo planteamiento de la ley y lo estaban aplicando?, bueno no importaba, si era así, estaba bien recibir llamada por llamada, y no visita por no visita, esto era una ley espiritual de forzoso cumplimiento, no seria él quien se fuera poner a renegar por su cumplimiento cuando tan buenos resultados le estaba dando.

Un día a base de medicación, reposo y oxigeno en la soledad fue una bendición, dos días le empezaron a impacientar , tres fueron ya un tormento, al cuarto día ya era para él ya un infierno de nunca acabar.

--- Bueno basta ya -, penso Francisco, -- pagaría a quien fuera por venir a hacerme compañía, mas, no hay alguien inteligente para prestar este servicio, a lo sumo conseguiría a alguien sin animo ni espíritu y terminaría peor que antes. Entonces penso mejor y se dijo: -- mejor me ahorro unos pesos y pido me trasladen a una alcoba múltiple, donde pueda compartir con otros mi tiempo y mi mal.

Desde este momento paso Francisco a compartir una habitación de cuatro camas. Lety, Manolo, y Juanito, empezaron a ser sus contertulios de convalecencia en el mal común a todos.

Lety como cuarentona mujer soltera siempre en plan de intimar, quien ocupaba la cama contigua fue la primera en saludarlo. –Hola, soy Lety, así que has llegado a compartir la neumonía,- dijo en forma tonta acentuando lo obvio.

-- Hola- le saludo Manolo un cincuentón ubicado al frente de su cama, Juanito un niño de nueve años ubicado diagonalmente frente a él, no le dijo nada pues en este momento a pesar del oxigeno se veía muy agitado.

-- Hola - les respondió Francisco, agregando algo falsamente, -- gusto de conoceros así sea en esta no muy grata circunstancia..-- A él personalmente (como a cualquiera) mejor le hubiera gustado nunca haberlos conocido, pero ya en las circunstancias ellos eran mejor que nada.

Todos estaban unidos a las paredes por sus mascaras de oxigeno y el hablar les fatigaba.

-- Bueno mis queridos, ya saben como no deben fatigarse mucho conversando, mejor se me están callados- les dijo la enfermera al momento de salir.

--No le hagas caso, solo quiere fastidiarnos- dijo Lety – mejor cuéntanos quien eres y que haces.

Buena pregunta penso Francisco, interesante para plantear un debate filosófico. Él constantemente en este sentido se la había planteado sin tener realmente una respuesta satisfactoria, Pero bueno, este no era el sentido de la pregunta así que le contesto. – Me llamo Francisco, tengo mi propio negocio, soy soltero, y sin familia -.

-- Estas en todo- dijo Lety, pensando en él como en alguien ideal para ella, -- Yo soy profesora en un colegio de primaria, e igualmente vivo sola.

Manolo de carácter huraño, les increpo respirando fatigosamente, -- pueden dejarse ya de fiestas -, mientras prendía un televisor miniatura junto a su cama, el cual sonó monótonamente por algunos minutos al cabo de los cuales Manolo unió a este ruido sus ronquidos.

Como que me equivoque en venir aquí, penso Francisco, he venido aquí a tratar de distraerme y en lugar de ello me encuentro viendo tres momias calladas. Y ahora ni siguiera puedo dormirme con el ruido que hace este fulano en sus ronquidos..

-- Hasta que por fin se durmió — oyó como le dijo Lety – no es mas que un amargado, -- quieres uvas – le dijo en tanto sacaba un manojo de ellas de su mesa de noche y sin esperar respuesta le lanzo algunas sobre su cama.

Francisco, quien no había tenido visitas y cuya comida había estado limitada a la alimentación del hospital, las tomo primero viéndolas con desagrado, pero una vez puso la primera de ellas en su boca, sintió como su dulce amargo sabor le hacia retornar su alma al cuerpo y las comió saboreándolas lentamente,. y recordando su nueva ley le dijo, --Están deliciosas, yo en este momento no tengo nada para darte.

-- A quien le importa—dijo Lety. En este mismo momento Juanito muy fatigado en su lucha por respirar, agotado empezaba a llorar y a intentar gritar llamando a su madre quien no estaba presente por no ser horas de visita del hospital, -- Ma…. Ma…. Ma…,-- intentaba gritar- en tanto su piel iba tomando un tinte violeta como consecuencia de la falta de oxigeno.

-- Será mejor llamar a la enfermera—dijo Lety- oprimiendo el botón de llamado, pasado un minuto sin que llegara, desconecto su mascara de oxigeno y saliendo al pasillo agitando sus brazos o gritaba,-- Enfermera, Enfermera, Juanito esta morado -

Francisco viendo la situación de Juanito, empezó él a su vez a sentir la falta de oxigeno, y abrió aún mas la llave del mismo para ventilarse.

-- Cálmate Juanito, Cálmate Juanito,-- le decía a este la enfermera, mientras lo agitaba por los hombros con dureza para hacerlo reaccionar , pero el chiquillo en su temor cada instante se mostraba mas agitado, hasta cuando por fin por la falta de oxigeno cayo desgonzado sobre la cama, haciendo un paro cardío respiratorio.

-- Pronto traigan el carro de paro - dijo el medico que entraba en este momento a la enfermera, mientras empezó a estimular el pecho de Juanito intentando normalizarlo.

Un grupo de enfermeras entro llevando la unidad portátil, en tanto el medico pasaba un tubo por la boca de Juanito para bombear aire a sus pulmones, una de ellas siguió con el masaje torácico, y otra preparaba ampollas de adrenalina y atropina, las cuales el medico procedió a aplicar directamente al corazón de Juanito, el reloj empezó a devorar angustiosamente los segundos en esta carrera contra la muerte ante la mirada impotente y asustada de Francisco y los otros pacientes conocedores en su interior como podían ser ellos quienes estuvieran en esta situación de vida o muerte donde el sujeto de la misma en su inconsciencia, solo era el campo de batalla entre el equipo medico y la muerte.

Un minuto,…, dos minutos, iba anunciando una enfermera, mientras el equipo de reanimación persistía en su tarea.

-- Otra dosis de adrenalina -, grito el medico, y una vez puesta la ampolla, -- vamos a desfibrilarlo, anuncio mientras abría el contacto de encendido de descarga y tomaba en sus manos los contactos, --listos -, dijo y todos soltaron el cuerpo de Juanito, --Ya,- dijo poniendo los contactos sobre su pecho, al instante salto sobre si el cuerpo de Juanito,

-- Continuemos,- dijo un segundo después de auscultar el corazón todavía en paro de Juanito, continuando todos juntos la frenética tarea de reanimación. Tres minutos,…, cuatro minutos, anunciaba la voz de la enfermera, -- preparados para otra descarga --, anunciaba el medico, repitiendo el procedimiento, --listos--, --ya, --, nuevamente el cuerpo de Juanito volvió a saltar sobre si mismo, y al instante una mirada de terror y asombro abarco al equipo medico y sus manos empezaron a moverse como pidiendo una explicación.

-- Lo hicimos,-- dijo el medico con una sonrisa triunfante, -- una camilla, - y al instante ya estaba allí la camilla cobre la cual procedieron a llevar a Juanito a la unidad de cuidados intensivos para continuar allí la vigilancia sobre Juanito en procura de su completo restablecimiento.

Francisco, Lety, y Manolo quienes en silencio habían presenciado esta por ahora exitosa lucha contra la muerte, apenas lograban recuperarse del estupor que les invadía, ellos junto a Juanito y muchos mas atacados por la neumonía, también estaban junto a él en esta lucha entre la vida y la muerte, es mas estaban junto a cualquier enfermo de cierta gravedad en la misma lucha, y por que no decirlo, estaban junto a cualquier ser vivo a si fuera aparentemente sano y saludable en el mismo intento, y es que solo junto a la presencia de la muerte reclamando un nuevo vasallo para su reino, es cuando el hombre razona y comprende a cabalidad, el absoluto designio común de estar destinados a la misma.

-- Parece ser que se ha salvado,- dijo Lety siendo la primera en reaccionar y agregando, --seria injusta su muerte siendo de los cuatro el mas joven--.

A Francisco no le gusto para nada esta afirmación, pues él en medio de sus diarios problemas cotidianos le tenia apego a la vida y dijo, -- ¿por qué?, si la muerte no tiene distinciones para nadie, a cualquiera puede llegarle en cualquier instante, él por supuesto pensaba que aún su turno no llegaba, y como cualquiera se hacia la ilusión de recibirla solo cuando la vida fuera ya una molestia después de haberla consumido.

-- Yo ya he pasado por eso , - les dijo Manolo, agregando, -- hace cinco años tuve un paro cardiaco, del cual salí con vida, en estos largos momentos en los cuales los médicos luchaban sobre mi cuerpo obstinadamente contra la muerte, vi la escena impasible, como flotando en el aire, y un segundo después ya estaba abriendo mis ojos y retornando a mi angustia- . Yo desde este día pienso se me dio una nueva oportunidad, y desde este día procuro vivir y aceptar cada momento como se presente, aunque hoy veo como ello no es del todo verdad, pues nuestra común convalecencia y la cercana presencia de la muerte han hecho renacer mi miedo ante la misma.— termino completamente agitado al terminar de pronunciar estas palabras.

La noche llego para cubrir las cavilaciones de Francisco, Manolo roncaba ruidosamente, y Lety en prolongados pero suaves silbidos. Ahora veía una tremenda tronera en su nueva ley, por que si el antiguo planteamiento exigía convertirnos en los adalides del hacer esperando inútilmente ser resarcidos de igual forma, en el segundo planteamiento el problema era pasar a ser simples espejos de conducta de los demás anulando de esta forma la propia iniciativa, pues su planteo requería ser objeto de una acción para obrar en consecuencia, y como se podía ver Juanito en su crisis había sido primero objeto involuntario de la lucha entre la vida y la muerte, con lo cual no se cumplía la primera posibilidad de la ley, para una vez retornar a la vida paso a ser actor incapaz de obrar de igual forma para con quienes le habían salvado con lo cual no se cumplía la segunda posibilidad.

Estos pensamientos acudían a la cabeza de Francisco, mientras su cuerpo a cada instante se sentía mas en brazos de la neumonía. La noche en una oscuridad inacostumbrada en los ronquidos rugientes y silbantes de sus compañeros de alcoba, en sus propias cavilaciones y su creciente dificultad respiratoria con un sudor frío en medio de su calentura y la escena presenciada como espectador, le hacia sentir la proximidad de la muerte y esta proximidad, le hacia buscar cada vez con mas angustia el dilema de sus cuidas; la ley era : "Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos" o la por él planteada: "como ellos quieren y hacen con vosotros ,haced vosotros con ellos".

Y en este dilema irresuelto, en medio de su neumonía creciente, de su insuficiente respirar, de su alta temperatura, de su cavilar, cayo en un estado febril alucinado, la falta de oxigeno en su cerebro unido a su alta temperatura algo había dañado en su cerebro. Al despuntar el alba Lety y Manolo fueron despertados por sus gritos, la locura había venido a visitarlo en medio de la noche para ya no abandonarlo jamas, curada su neumonía paso a ser huésped permanente de un manicomio de caridad en su carácter de hombre solo en la vida, sus deudores decían: pobre don Francisco se volvió loco, mientras internamente se solazaban gozando de haberse librado de pagarle lo adeudado, en tanto los acreedores de Francisco se decían: maldito Francisco tubo que volverse loco antes de haberme pagado, sus enceres pasaron a ser parte en el mobiliario de sus vecinos, su auto se perdió sin que ni los porteros del edificio lograran dar cuenta de su paradero, el cascarón de su apartamento al final fue tomado en posesión por el estado y rematado para acrecentar así fuera mínimamente de las arcas disponibles para los corruptos.

Solamente Luis el embolador a quien por algún tiempo Francisco había ayudado, solía visitarle en el manicomio una vez al mes para llevarle algo lo poco que el podía procurarse, y en estas ocasiones, Luis se sentaba a ver a Francisco como siempre inquieto, ya caminando, ya sentado o acostado sobre el piso, ya gritando o murmurando pero siempre diciendo: Todos somos uno solo, y como uno solo, el obrar y el desear de todos y de uno es un solo obrar y desear.

Estas palabras habían anegado aquella noche la conciencia de Francisco, la peligrosidad de estas palabras era tal que nadie se atrevía a decirlas en voz alta en forma repetida, mucho menos a si quiera en pensar en ponerlas en practica. Todos temían contaminarse de la locura de Francisco.

 

 

Ricardo Muñoz

 


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