FINAL FELIZ

 

-- Esta será una noche perfecta mas entre todas nuestras ya vividas y por vivir noches perfectas, mi querida y amada Vanessa- le dijo José Luis al estrecharla entre sus brazos a su llegada de viaje, en el área de recibo internacional del aeropuerto el Dorado de Bogotá .

Un mes sin verla a su regreso al país después de cumplir con su club los compromisos deportivos de la copa América.. acrecentaba la hermosura de Vanessa a ojos de José Luis.

Como medio campista militante en el club Sporting Capital, en sus uno noventa de estatura siempre José Luis se había distinguido por su robustez, velocidad, y sagacidad en el campo de juego. No en balde su cotización deportiva, era tan alta como para levantar la envidia de sus enemigos y la admiración de sus amigos y para ser considerado por la prensa deportiva como una estrella tanto dentro del panorama nacional como internacional. Su apariencia juvenil y fresca unida a su condición de estrella le había granjeado muchos contratos publicitarios y el reconocimiento, y ser asediado por la afición siempre dispuesta a conseguir de su parte, unas palabras, una foto a su lado, o un autógrafo.

Vanessa por su parte a sus veintitrés años, no podía pedirle mas a la vida, nacida en un hogar altamente pudiente, desde siempre su madre, dona Celestina, le preparo para ser reina de belleza, desde la cuna se distinguió por su hermosura, que dio pie a la mayor realización materna. Fue reina de pañales del famoso concurso baby pampper patrocinado a nivel nacional por esta prestigiosa marca, reina infantil de clubes y colegios, y participo en el reinado nacional de belleza representando a la capital, de donde a decir de todo el mundo, no fue reina por intrigas de la candidata anfitriona, la Cartagena Yinna Stebenson quien logro acaparar la atención del jurado Italiano triado para la ocasión por los organizadores del certamen..

Los atributos físicos de Vanessa saltaban a la vista, a ella le gustaba fuera de este modo, siempre toda su ropa tendía a ser ajustada al cuerpo y en honor a la verdad con un ahorro considerable de tela; aunque claro no de precio, pues su gusto siempre era exclusivo, y esto lo lograba vistiéndose con modelos diseñados especialmente para su cuerpo, donde por el honor de vestirla luchaban encarnizadamente los tres o cuatro diseñadores mas afamados y costosos de la capital.

Sus medidas prácticamente eran perfectas, 92, 60, 90, donde su busto y su cola eran la delicia de cualquier adolescente y en general de cualquier hombre con algo de sangre en las venas. Con su altura de un metro setenta y ocho, unida a los altos tacones que gustaba de usar, a simple vista igualaba en altura a José Luis, esto aunado a un rostro de perfectas proporciones, un suave bronceado logrado en secciones semanales de cámara, y su cabello siempre a la moda, la habían llevado además de a las pasarelas de moda, a la televisión, donde ya daba sus pasos, en una deliciosa y picara comedia donde ella era la presa por cual luchaban los correspondientes galanes.

--Te he extrañado tanto mi vida – le dijo Vanessa apenas reponiéndose al sofocante beso de José Luis responsable hacer erizar su piel por el latente deseo.

--Nunca jamas igual a como me ha herido tu ausencia- respondió José Luis mientras hachaba a andar con Vanessa tomada de la mano entre una nube de fotógrafos venidos en ocasión al retorno triunfal del Sporting Capital, que tras los compromisos previos había logrado obtener un resonante triunfo uno a cero ante el poderoso cuadro de Ferrocarril Oeste, y un meritorio empate a cero tantos ante la escuadra campeona argentina el Botafogo.

Ahora era cosa de esperar un par de semanas los compromisos de vuelta como locales, donde sin duda lograrían el ansiado paso a las finales de la copa América ante el cuadro Santos de Brasil ya clasificado para la final.

Un instante mas corrieron juntos para esquivar los reporteros y alcanzaron la salida internacional del aeropuerto dejando atrás a periodistas y fotógrafos entretenidos en entrevistar al entrenador del club, Hernando Salazar quien radiante se solazaba en sus declaraciones por el triunfo obtenido.

Junto a la calle, entretenidos en contemplarse y acariciarse, un paso antes de atravesarla para ir a sacar del parqueadero su flamante Toyota Burbuja dorada, no vieron el auto que raudo venia en dirección hacia ellos en esta recién abierta noche, la cual después del aguacero del aguacero de la tarde, se mostraba muy fría, de un hielo inusual aún para las frías noches Bogotanas.

El auto paso junto a ellos levantando una estela de agua embarrada, la cual cayo sobre la descotada blusa blanca y el pantalón chicle de igual color con que Vanessa insinuantemente había ido a recibir a José Luis.

--Malparido, cabrón—grito en forma energúmena e inútil José Luis al auto que ya se perdía en la distancia.

--No te sulfures mi amor, no dejemos que esto baya a arruinar nuestra noche. Aún están vigentes nuestros planes.

José Luis recordó la reservación en el restaurante Triamonte, el mejor en comida internacional de la ciudad, en aquella mesa muy especial entre la chimenea y el piano la cual Humberto, el capitán de meseros como hincha furibundo del Sporting Capital siempre reservaba para él a su llamado, igualmente recordó sus planes de ir a San Angelo la mas exclusiva discoteca de Bogotá, en el exclusivo sector del parque de la 93, donde tenían planes de reunirse con Beto, el arquero del Sporting y su amigo del alma quien estaría allí presente con su nueva conquista Kuky, la ultima de la larga lista de modelos y actrices de quienes siempre gustaba hacerse acompañar.

Solo por un instante paso por su supersticiosa mente la idea de que esto había sido como una premonición o advertencia del destino para evitar de esta forma el cumplimiento de tan elaborados planes. – Ya se lo que haremos- dijo José Luis, -- iremos a la tienda de la nena Galeano, (la diseñadora preferida de Vanessa), para comprar un vestido digno de ti y tus encantos. Y diciendo esto abordaron la Burbuja riendo ya del incidente, en el mismo instante cuando sonaba en el sonido ambiental del parqueadero el Himno nacional, con el cual todas las emisoras del país por decreto, saludaban la llegada de las seis de la tarde.

Eran las siete, cuando arribaron a la tienda de la nena Galeano, el largo trecho existente entre el aeropuerto y el norte de la ciudad, había sido difícil de atravesar, el tiempo de recorrido fue inusualmente largo, les había tomado el doble del tiempo normal debido a la congestión de las vías de la ciudad por causa de la recién pasada lluvia torrencial y las inundadas calles. Esto para ellos fue motivo de satisfacción por haber aprovechado cada pausa para sumirse en sensuales besos y caricias, disfrutando la polarización de los vidrios de la Toyota, donde Vanessa siempre sensible a las caricias, ante el contacto de las manos de José Luis por su entrepierna y por sus senos y unido a sus profundos besos, tubo oportunidad de satisfacer sus contenidas ansias, conociendo por primera ves dentro de un auto y sin haber sido penetrada el desbordante gozo de un clímax.

-- Hola mis niños- les saludo la siempre acaramelada nena Galeano ya advertida de su llegada por la llamada desde el celular de Vanessa. --Te he preparado la mas fantástica y sensual de mis creaciones para la noche, te tengo un ajuar completo digno solo de una princesa de tu talla y tus medidas, he hecho venir también a Humberto tu estilista, no sabes cuantos ruegos me ha costado hacerlo venir, y solo termino por acceder cuando supo lo especial de esta noche para vosotros y la presencia aquí de José Luis, mi par de impacientes enamorados.

--Hola Vanessa, hola José Luis- les saludo Humberto ya instalados dentro de la Tienda ya cerrada en este momento para cualquier otra clienta, y aprovecho para estampar primero un beso en cada mejilla de Vanessa, que le sirvió de excusa para dar un fuerte abrazo a José Luis de quien secretamente estaba enamorado viéndolo como lo veía el hombre de sus sueños. Este leve contacto era la única y real razón de su estadía en la Tienda, por que él como gay, fantaseaba en su mente con José Luis y tenia un sentimiento de envidia por Vanessa, a quien sin embargo mimaba en demasía, por ser ella quien hacia realidad su ilusión de verlo cuando acudía acompañándola eventualmente a su sala de belleza D’Humbertos, momentos en los cuales no le perdía ni por un segundo la mirada.

José Luis no desconocía esta situación con la cual junto a Vanessa se divertía siguiendo los aspavientos de Humberto motivados por sus infrecuentes visitas, en estas ocasiones, él para hacerlo sufrir en su secreto amor, se portaba aún mas cariñoso con Vanessa, si es que esto pudiera ser, hasta cuando exasperado Norberto solía decirle, "pero no la mimes tanto que la vas a derretir" y él le contestaba, "eso es lo que quiero, que se derrita para podérmela beber, y hacerla así completamente mía".

Una hora larga estuvo José Luis esperando a Vanessa en el saloncillo de la Tienda, junto a una copa de vino, mientras veía el ultimo partido de sus futuros rivales, el Santos de Brasil, por que el ya daba como un hecho cumplido la clasificación del Sporting Capital a la final de la copa, bueno, decir que le estuvo esperando era mucho, realmente desde casi el primer momento en que Vanessa y el equipo de belleza le dejaron, él se quedo dormido por el cansancio del viaje, a las ocho y veinte, le despertó la proximidad de Vanessa, ante la cual se quedo mudo de encanto.

Decir que su presencia era avasallante, era decir poca cosa. Vanessa lucia un atrevido vestido es tela negra sin espalda ceñido a su pecho por cintillas que partiendo de busto se cruzaban sobre su cuello y espalda desnuda, un escote profundo dejaba ver la rosada carnosidad superior de sus senos apretadamente queriendo escapar de allí en cada suspiro; desde su cintura la tela tomaba un vuelo sensual hasta sus pies atizada esta sensualidad por una profunda apertura sobre su pierna izquierda que le llegaba casi a la cintura misma. Cada paso de Vanessa acostumbrado a las pasarelas era de una orgullosa imponencia dejando ver sus pies perfectos prácticamente desnudos en sus zapatillas de siete centímetros de altura de pequeñas tiras cruzadas. Hoy mas que nunca cualquier otro hombre diferente a José Luis, que recibiera de Vanessa una mirada sensual, era motivo suficiente para sentirlo en la gloria y si recibía una de sus miradas de fuego, para sentirse en su presencia como un gusano.

--Una vez desechos todos en mutuos elogios y canceladas con gusto por José Luis las altas cuentas tanto de la nena Galeano y de Humberto, salieron nuevamente contentos y mutuamente cautivados a la calle, para encontrar como los espejos retrovisores de la Burbuja habían sido robados, para José Luis que amaba sus carros casi tanto como amaba a Vanessa fue un duro golpe.-- quisiera que eta noche ya hubiera terminado- dijo. .

Vanessa, resintió el golpe.—Llévame a casa- Exigió a José Luis.

--Perdóname no era, por ti, perdóname, tu sabes cuanto he ansiado estar contigo esta noche, es que no soporto esto robo, me saca de quicio, me desajusta todo, continuemos en nuestra noche, hagamos de esta noche la noche mas bella que hayamos tenido jamas.

--Esta bien- dijo Vanessa aún sollozando, solo por un instante cruzo ahora por su pensamiento, que este segundo incidente podía ser una premonición de un desenlace no querido, un aviso inesperado venido del cielo para evitar un desenlace fatal.

El restaurante Triamonte ubicado sobre el exclusivo sector residencial en la vía a la calera, en su vista privilegiada mostraba en sus extensos vitrales todo el palpitante devenir de las luces del norte de Bogotá. Su mesa privilegiadamente situada en un balcón interior de medio piso, además de gozar de la chimenea y el piano tenia una vista sobre casi todo el establecimiento, en el Vanessa en su hermosura y José Luis desde su apariencia y popularidad, eran el centro de atracción de las miradas lascivas o admiradas de todos los presentes, tanto hombres como mujeres. Esto hizo renacer en el esplendor de su noche su propio orgullo con ese cosquilleo vivificante que produce sobre la piel el ser objeto de admiración y de envidia.

Las bebidas, whisky en las rocas para él, una copa de vino rosado para ella, la entrada común palmitos en almíbar y coco, el plato fuerte, steik pimiento para él, jaibas gratinadas para ella, todo hasta aquí fue perfecto. En este momento Alfredo, el pianista, les invito a salir a bailar un par de canciones entonadas para ellos por él en su gangosa voz imitando a Frank Sinatra, invitación gustosamente aceptada por ellos, como un preludio ligero de la ya espera reunión con Beto en la discoteca San Angelo.

Todos en el restaurante en este momento fijaron su mirada en ellos, su ritmo suave se acompasaba perfectamente a la voz de Alfredo interpretando a Frank Sinatra, sus figuras en su porte, vivacidad, y elegancia parecían sacadas mas que de un cuento de hadas, de una de esas magnificas producciones de Hollywood de los años cincuenta, donde la cinematografía había estrenado además de una nueva era de posguerra, el color, y una nueva visión de un mundo mas radiante y esperanzado.

También los ojos de Kiomara, preciosa mujer de ébano venida de las paradisiacas playas de San Andrés, y su esposo Rodrigo, magnate local de la industria del vestido, quienes se encontraban en un rincón apartado de la vista de José Luis y Vanessa, se posaron igualmente en ellos. Ella, como siempre para desear con gran intensidad a José Luis y odiar a Vanessa, quien siendo su rival por José Luis, había salido derrotada en la batalla por su amor; mas no en la batalla por compartir su lecho, por que José Luis y Kiomara, secretamente aún lo compartían. Rodrigo igualmente posaba su mirada en ellos, por igual motivo pero contrarias razones, Rodrigo de siempre había conocido y deseado a Vanessa y de siempre había sido por ella rechazado, y desde el concurso nacional de belleza donde había conocido a Kiomara hace un par de años al cual había ido siguiendo a Vanessa, sabia como José Luis compartía por esta época el lecho de Kiomara, situación que en un principio el considero terminada, cuando la hizo su esposa, pero hoy en las intensas miradas de su esposa, veía confirmados los insistentes rumores sobre su infidelidad, y en un arrebato de embriaguez y celos, llamo a los dos gorilas que hacían las veces de sus guardaespaldas, junto a los cuales se encamino apresuradamente hacía donde la feliz pareja con los ojos cerrados les parecía vivir un interminable sueño de hadas.

A partir de este momento todo en el restaurante Triamonte quedo sumergido en el caos. José Luis tras un duro tirón sobre su hombro que le arrebato inmediatamente de los brazos de Vanessa, empezó a sentir sobre su humanidad una lluvia de golpes como nunca los había sentido en su vida deportiva, Vanessa desde el suelo, caída al haber perdido su apoyo de José Luis, con su piernas al aire que la profunda apertura de su falda habían dejado escapar, gritaba desesperada intentando con sus gritos detener la lluvia de golpes propinada por Rodrigo y sus gorilas sobre la humanidad de José Luis, Kiomara, asumiendo el papel de esposa digna recriminaba también a gritos a Rodrigo, Alfredo callaba, el personal de meseros del restaurante tímidamente intentaban detener a los gorilas, mientras todos los clientes del establecimiento huían del mismo dejando sin pagar sus cuentas, ante el temor de que en cualquier instante empezarán a tronar las armas.

Por fin, después de un par de minutos de frenética acción, Vanessa y Kiomara, unidas en su orgullo por la mutua desgracia del escándalo, lograron separar a su respectivos prometido y marido, quienes desde extremos opuestos del restaurante, además de maldecirse mutuamente, se prometían en el odio de sus miradas un próximo encuentro para finiquitar la situación planteada por su mutuo honor herido.

Vanessa, aprovechando la llegada de la policía, logro arrastrar con suplicas a José Luis a la salida del restaurante, mientras Rodrigo era retenido por la misma policía para arreglar con el dueño del restaurante una indemnización por el daño causado en su negocio.

Los porqués de Vanessa atronaban el cerebro de José Luis quien se apoyaba en la lejana relación del pasado en el reinado con Kiomara para justificar así la furia de Rodrigo y engañar de esta forma a Vanessa sobre este otro pasado de lubrico placer junto a Kiomara, quien en el color ébano de su piel ejercía sobre él una pasión animal nunca del todo resuelta a pesar de las múltiples ocasiones en las cuales la misma sobre alquiladas sabanas había tenido oportunidad de satisfacerse.

Por fin, en su divagar sin rumbo por la ciudad, Vanessa decidió aceptar los dolores y razones de José Luis, quien logrado este triunfo, se dedico en una actitud quejumbrosa cuidadosamente actuada a dejarse consentir de Vanessa, en quien en la actitud quejumbrosa de José Luis, veía la oportunidad de hacerse sentir maternal y necesaria para él mismo.

--¿Podríamos pasar un instante por San Angelo, para hablar con Beto?- pregunto José Luis.

--Me parece bien,- contesto Vanessa- pensando en conseguir algo para calmar sus nervios.

San Angelo, como siempre en cada fin de semana estaba atiborrada, allí tuvieron que abrirse camino entre la vanidad que en sus condiciones de estrella de fútbol y de incipiente artista no les reconocían mérito. Todos los allí presentes, competía por ser la estrella de una noche de vanidad. Ellos solo eran otros mas contra quienes luchar para lograr sus pretensiones. Por fin dentro, traspasada la barrera de la portería, tras chequear con el cuerpo de seguridad de San Angelo la aparición de sus nombres en la lista de reservas, volvieron a respirar nuevamente con tranquilidad y a sentirse nuevamente como parte de este grupo de personas, muy, pero muy inferior a un mil por ciento de la población, que junto a ellos, se consideran como la flor y nata del mundo.

Allí mas que el mundo de los méritos, mas que el mundo del músculo y la belleza, era el mundo de la vanidad y el poder. Compitiendo con el lustre de la cristalería, de los espejos, del bronce, del cromo, de las luces, estaba la ostentación de cada uno de aquellos quienes sin tener poder lo aparentaban y buscaban aproximarse y servirse del mismo, y de quienes teniéndolo, se dejaban seducir por los halagos para sentirse aún mas poderosos.

Sobre todo este mundo, y colocados allí por ellos mismos, reinan las Dark King, las reinas de la noche, travestíes enfundados en estrafalarios trajes de plumas y lentejuelas, quiénes ostentaban su efímero poder sobre tacones y altísimas plataformas ante sus vanidosos clientes quienes ni les mirarían en la calle, pero que en las noches de San Angelo eran dignos de alabanza y elogio enfundados en sus trajes y sus noches, como el símbolo perfecto de la vacuidad del ambiente.

--Allí esta Beto- señalo José Luis.

--Hola José Luis, Hola Vanessa—les saludo Beto, estrechándose mutuamente por los hombros con José Luis y estampando un suave beso en la mejilla a Vanessa.—En verdad estabais demorados- Les dijo mientras le presentaba a Kuky su nueva amiga..

--Bastante tenemos para contaros, mas primero sírveme un whisky puro y doble- .dijo José Luis, mientras se preparaba para contar a su amigo todas las vicisitudes vividas.

--Ya regreso- dijo Vanessa, dirigiéndose a los baños de damas del establecimiento. No era por supuesto su primera visita a San Angelo el lugar de moda, su presencia los fines de semana solía ser habitual. En medio del lujo general reinante en San Angelo, los baños no eran la excepción, allí, Conchita era la encargada de ver por que las clientes pudieran retocar sus maquillajes y descansar un instante de tan atareado trajín como es competir arduamente entre ellas por ser el centro de atención. Para las clientas habituales también era la encargada de proveerles un porro de marihuana para las que lo requerían para recomponer su animo.

Conchita siempre servicial, y conocedora de la personalidad de sus clientas, sabía con solo verla, como Vanessa en este momento requería desestresarse y solicita le llevo a un tocador individualizado con una pequeña división para que allí pudiera en un porro tomar la energía necesaria para terminar de disfrutar la noche.

Vanessa sintió correr por todo su cuerpo una sensación de bienestar y una ligera euforia, gracias a Dios había obtenido el resultado deseado, en otras ocasiones el efecto había sido contrario al deseado y se había sumido en depresiones ansiosas o delirios persecutorios.. Satisfecha regreso a donde José Luis y sus amigos ,quienes se entretenían comentando el acontecer de la noche, a la vez de ingerir un litro de whisky sello negro, tras el cual pidieron otro mas para continuar mojando sus planes.

Vanessa quien hasta este momento les había acompañado, no estaba ya para mas charlas y en un arranque de euforia fue a la pista a bailar sola. Ella también quería ser la reina de la noche, sus sensuales movimientos como siempre lograron atraer las miradas de envidia y reproche de las mujeres y de admiración y deseo de sus acompañantes. Un largo rato entubo bailando sola, hasta cuando escucho al oído, --que hace una nena tan linda bailando sola en la pista—. Era Juan Diego, joven y estrafalario personaje de quien había oído hablar en San Angelo, hijo de la familia caleña Gutiérrez, gente de alcurnia venida a menos pero reconsolidada por Juan Diego en sus haberes con su dinero y su fama el de violento y de traqueto.

Vanessa le reconoció instantáneamente por sus referencias, sin decir palabra continuo bailando, pensando aceleradamente como sortear la situación, si José Luis se daba cuenta, con seguridad al venir a rescatarla se armaría una trifulca peor a la del Triamonte, ya había oído como los traquetos en sus ínfulas de poder secuestraban a mujeres hermosas en las discotecas golpeando y aún asesinando a sus acompañantes. Por su espalda desnuda, sintió correr un sudor frío mientras veía como Juan Diego empezaba a bailar a su lado. Con angustia miro hacia la mesa ocupada por ellos, y por un instante se tranquilizo al ver como José Luis y sus amigos estaban enfrascados animadamente en su conversación a espaldas de la pista.

--Como te llamas- pregunto Vanessa conociendo la respuesta.

--Para ti Juangi- escucho como le decía Juan Diego confirmando sus sospechas, --acompáñame a mi mesa – . Esto era para él una orden, donde ella percibió una amenaza que termino de helar la sangre.

Tomando fuerzas le dijo -–ahora no puedo, estoy acompañada--, y dejando entrever una futura promesa agrego al momento --si lo deseas espérame en la barra -..

--En media hora- replico Juan Diego, quien también calculo este como el tiempo necesario para deshacerse de su actual compañía femenina, mientras empezaba a saborear mentalmente las delicias de esta hembra puesta por la casualidad al alcance de su mano.

Vanessa se dirigió a su mesa y tomando asiento dijo a José Luis al tiempo que le acariciaba su entrepierna – Creo que ya es hora de irnos--, este contacto recordó a José Luis su larga ausencia y su consecuente abstinencia y dijo –es verdad, ahora mismo ardo en deseos de ir a la cama--, ponía así soterradamente al tanto a Vanessa como la esta noche prometida mutuamente como muy especial, apenas empezaba a darle forma a sus deseos.

No valieron las protestas de Beto y Kuky para prolongar la velada. Las caricias de Vanessa y sus propios deseos pudieron mas en José Luis, quien pidió y pago la cuenta.. Juan Diego quien seguía con la mirada la escena penso en no dejar escapar su presa, junto a uno de sus matones, se acerco a la mesa y con la mirada, un te espero silente y un roce sobre la espalda de Vanessa le exigió el cumplimiento de su promesa. Vanessa que ya visto donde se encontraba sentado Juan Diego a quien había seguido con la mirada, pudo percatarse como este se encontraba sentado con varios hombres con cara de matones que le rendían pleitesía, por lo cual aprovechando la distracción de José Luis al revisar y pagar la cuenta, le hizo una señal que le esperara, a la vez de enviarle al viento un papito y un beso silente, como una clara declaración de que no pensaba incumplir su promesa, sino de que por lo contrario, su promesa la encerraba a ella de cuerpo entero si solo la esperaba mientras ella se deshacía de José Luis.

Juan Diego se encamino nuevamente a la barra con una sonrisa de triunfo, mientras el matón acompañante se apostaba junto al guarda abrigos para vigilar a Vanessa, allí se separaron tras lo que pareció ser un leve beso de despedida, José Luis y Vanessa, mientras él salía a la calle, Vanessa camino hacia a la barra para encontrarse con Juan Diego. Este, dueño ya de la situación mientras tomaba a Vanessa por la cintura con su mano izquierda, le estampaba en su boca un beso profundo que les corto a los dos la respiración ,y en la eternidad de este instante, lujurioso introdujo su mano derecha en el abierto abrigo de Vanessa hasta encontrar la desnudes de sus senos recorriendo desde allí, su espalda desnuda para desembocar a través de la amplía abertura del vestido sobre la pierna izquierda sobre sus hirvientes posaderas donde su minúsculo hilo dental, tampoco fue obstáculo para la mano de Juan Diego, quien en la humedad palpada en la entrepierna de Vanessa tomaba posición sobre la misma.

--Aquí no—fue lo único que ella pudo expresar mientras hacia una leve presión sobre el pecho de Juan Diego para apartarlo, mientras sentía como una ola de calor invadía todo su cuerpo. –Me has descompuesto toda, tendré que ir a arreglarme.

--Te espero para llevarte a la gloria- respondió Juan Diego lujurioso.

Vanessa se encamino nuevamente al baño de damas, y ya allí casi llorando le suplico a Conchita –ayúdame a escapar -. Juan Diego me persigue, he mandado a afuera a José Luis a esperarme con la excusa de venir a pagarte y a despedirme, pero Juan Diego quiere llevarme ya con él, y si no asedo, con seguridad se vengara con José Luis y de todas formas me tomara a la fuerza.

Conchita, conocedora por rumores de una situación semejante con Juan Diego en otro establecimiento de la ciudad, quien con su dinero compraba en todos su silencio o su temor, sintió helársele la sangre, pero como mujer, tampoco podía permitir que este cumpliera sus propósitos y menos aún con Vanessa por quien con el tiempo ella había llegado a tomar un sincero afecto.

--Ven por acá—le dijo, y tomándola de la mano atravesaron por el cuarto de aseo que comunicaba los baños un pasillo para llegar a la puerta de los empleados al costado del local. Desde allí corrió Vanessa hacia la Burbuja donde ya José Luis le esperaba con ella encendida para calentarse en medio del intenso frío de la noche.

-- Vámonos ya, hay un reportero que te busca y no quiero nos encuentre -. Advertido José Luis, del inexistente reportero, arranco haciendo chillar las llantas, pensaba huir de su popularidad. Solo habían recorrido unos cien metros cuando al tiempo de cruzarse con la patrulla encargada de velar por el cumplimiento del horario cierre de los establecimientos oyeron unos tiros al aire provenientes de San Angelo a los cuales José Luis no le dio importancia y causaron en Vanessa, un grito de acelera, el cual él se encargo de complacer.

-- Han sido muchas emociones para una noche—dijo Vanessa, - Vamos ya a tu casa.

La casa de José Luis estaba ubicada en las afueras de la ciudad, en el exclusivo conjunto campestre llamado Bugamvilia, Vanessa por su parte vivía en el también exclusivo barrio los Rosales, en un apartamento dúplex. A ella le gustaba mantener su intimidad y solo iba a quedarse con José Luis los fines de semana. La casa estaba dispuesta en el centro de un lote de dos mil metros cuadrados sembrados en pastos, flores y arboles ornamentales, era una amplia estancia de cuatrocientos metros cuadrados donde en su fachada de piedra rústica, tapia blanca tipo colonial, madera y teja española, contenía en su interior un sobrio lujo dispuesto por Vanessa. A su lado la zona de garajes en los mismos materiales con cabida para dos autos, se cerraba herméticamente para proteger los autos de José Luis los cuales el consideraba su mas preciada posesión.

Allí llegaron dispuestos a olvidar los incidentes vividos en la noche, para ellos ya no eran mas que anecdóticos recuerdos. En la media hora de recorrido desde la salida de la ciudad hasta el conjunto residencial un frió a cero grados se había apoderado de la sabana, con la calefacción prendida entre risas y ansiosas caricias tomo José Luis un par de whiskys mas en tanto Vanessa consumió otro porro de marihuana comprado a Conchita como un estimulo necesario en esta gran noche.

El deseo les había vencido, para cuando llegaron al garaje al accionar el portón eléctrico para entrar al garaje, ya Vanessa se encontraba completamente desnuda cosa que en realidad no había llevado mucho trabajo, solo había sido necesario desatar la cintila que ataba la parte superior del vestido y un par de botones como cierre de su falda, las zapatillas desde el instante mismo de salir de San Angelo reposaban a sus pies, y el ultrajado hilo dental en un golpe de desprecio ante el ultraje recibido y de comicidad para José Luis los había arrojado a la vera del camino. José Luis, ya se había deshecho de su chaqueta y su camisa, solo restaba quitarse del todo el ya abierto pantalón los cuales junto con sus interiores se encargo Vanessa de sacárselos del todo, mientras José Luis se encargaba de accionar el control eléctrico del portón para cerrarlo y de abatir los asientos para tener de esta forma comodidad en su placer desbocado.

Vanessa cual loba herida reclamaba la posesión de José Luis y este abrazado por su prolongada ausencia requería a la par de ella sin fatiga y sin descanso una, dos y tres veces este tormentoso placer una vez cumplido dio paso a la fatiga, por lo cual cerraron ya sus ojos en un merecido y abrasado descanso.

Allí en esta forma, desnudos y abrasados, dignos en su belleza de participar en la creación inmortalizada por Miguel Angel en la capilla sixtina, les encontraron el jardinero y la domestica, quienes extrañados por el ronronear del motor del auto ya entrada la mañana se acercaron a averiguar su por que. Las emisiones de gas carbónico del auto, unidos a su satisfacción, el alcohol y la droga, les habían hecho dormir y pasar del sueño a la muerte tomados de la mano en majestuosa posición, él acostado de espaldas con su cara hacia ella, ella ligeramente de costado como quien en el reposo admira al amado. Mas que de muerte eran una estampa de vida, por que la vida se cerro para ellos con toda la felicidad y el goce por ellos deseado. Con seguridad, en este estado estarían unidos por toda la eternidad, por que la eternidad, es el estado de unión de quienes se aman.

 

 

Ricardo Muñoz

 


Pagina Principal

Indice

 

Hosted by www.Geocities.ws

1