TODO ESTA BIEN

 

Aristipo regresaba a su hogar con su conciencia de desempleado, algo había de especial en este día diferente a su rutina de ya hace casi un año cuando había sido despedido por carencia de recursos y trabajo por su patrón don Ezequiel pequeño joyero, él aún recordaba sus palabras: mira Aristipo después de tus quince años de trabajo laborando conmigo, tengo aprecio por ti y por tu trabajo. Los años pasados han sido buenos tiempos, vale la pena recordarlos. Vale la pena traer a la memoria cuantas veces no nos divertimos hablando de lo divino y de lo humano después de la labor, recuerda como casi todos los sábados en las tiendas y comedores del barrio regocijábamos la labor cumplida. Si indudablemente estos fueron buenos tiempos; mas en estos dos últimos años el negocio ha venido en picada, tu ya sabes, es que el país ya no aguanta mas, entre tantos problemas que a cada uno rodean se ha venido cumpliendo fatalmente un ciclo agónico, cada uno como ratas en un buque a pique ha saldo en desbandada, ya no hay lugar para nosotros, el bolsillo además de vacío esta roto, todas estas pequeñas vágatelas de metal con las cuales nosotros hacíamos crecer en cada uno una ilusión para alejar su pobreza ya no tienen campo, el humor, en medio de tanta carencia se ha puesto de los mil demonios y nuestras mercancías, nuestro dijes, anillos, nuestros aros retacados en cera que en otros tiempos vendíamos por peso cotizado como oro, han venido corriendo la suerte de parar en el empeño, y ya perdidos por sus dueños fundidos retornan a las bóvedas de los bancos concentrados en muy pocas manos, donde por supuesto no están las nuestras ni hay cabida para ellas.

Don Ezequiel con sus cuarenta y cinco años, sus canas y calvicie prematura había sin saberlo cumplido con aquello que él mismo ya venia venir, es que Aristipo en su sencillez tampoco era un tonto, él venia también desde hace dos años viendo venir la lluvia convertida ahora en tormenta que finalmente también a él en ese momento le llego. Cuando don Ezequiel pronuncio las hoy para él fatídicas palabras, motivado por la situación general causante de la ruina del cultivo de la vanidad, él ya sabía como los viejos tiempos dejaron de existir, y pese a su previsión de dicha situación donde él y su arte ya no tenían cabida, no le había previsto ninguna ruta de escape al cataclismo que en este momento se abrió ante sus pies, y su sin salida le venía lentamente corroyendo. tendré que prescindir de tus servicios, recordaba como siguió diciendo don Ezequiel, es que no solo tendré que prescindir de tus servicios sino tendré que prescindir de este arte de la joyería que hasta hoy era mi vida, no puedo seguir pagando el precio de la torpe obstinación que lentamente ha venido conduciéndome al fracaso, tengo que recolectar lo poco que me queda para intentar seguir viviendo.

Y esto había sido todo, fueron quince años de trabajo, disfrutados ¿tal vez?, mas también eran quince años tirados por la borda, pues fuera de su humilde vivienda el no tenia nada. Mas no, él no podía darse el lujo de pensar de esta forma. A sus treinta y cinco años ya tenia un camino recorrido, ¿mas para donde corría su camino?, casi simultáneamente a haber iniciado su aprendizaje en la brega con los metales preciosos, el oro, la plata, las piedras semipreciosas o preciosas, (estas ultimas las cuales eventualmente usaban en sus trabajos), o cada día mas las piedras sintéticas usadas para remplazarlas, él logro la oportunidad de acercarse a la María, chica humilde hija de sus antiguos vecinos con la cual junto a la indiferencia crecieron juntos,

La indiferencia les había unido, y estaba bien utilizar este mote, por que en hogares de padres obreros cada miembro de cada familia debía aportar sus fuerzas para reunir los minúsculos recursos que solo alcanzaban y estirándolos bastante para suplir las necesidades básicas de supervivencia, en estos hogares normalmente no hay lugar para el amor.

El barrio la Corcovada vio transcurrir su conjunta infancia y su pobreza, allí desde siempre, aún desde muy antes de su propio nacimiento estaban marcadas sus estrellas, barrio clavado en las peñas que rodeaban a su ciudad natal, Bucaralinda, la única ciudad que realmente le había visto vivir desde su nacimiento si exceptuaba los eventuales viajes a la capital cuando acompañando en sus negocios a don Ezequiel se desplazaban a Bogotá, cuando don Ezequiel decía, Aristipo es este negocio hay que andar con cuatro ojos, cuatro manos y un buen par de mazos; de esta forma llamaban ellos normalmente a los revólveres ocultamente enfundados por ellos cuando llevando sus mercancías iban a visitar a los clientes. En realidad no es que nadie pudiera decir que las mercancías de don Ezequiel costaran fortunas apreciables, por lo contrario su pequeño surtido escasamente le permitían sobrevivir en el periplo de comprar la materias primas, fabricar, vender y recaudar el producto de la venta, y cuando algún cliente se demorara en su pago, esto lograba hacer tambalear la estructura misma de su pequeña empresa; muchas veces Aristipo por esta causa tubo que regresarse a su casa por no haber materia prima con la cual fabricar las modestas joyas.

En estas ocasiones lo que él prefería era irse a retozar con la María, quien, cuando no estaba limpiando y fregando en su pequeña casa que con duro esfuerzo lograron adquirir hacia unos tres años tras mas de otros ocho de estar ahorrando cada centavo sobrante de sus modestas entradas, con el propósito de adquirirla.

La María quien se había convertido en toda una señorona cargada de kilos y de años a pesar de solo contar con treinta y tres de los mismos, pero a ella los años se le habían multiplicado mas de lo debido. Todo el mundo le decía como su María parecía una mujer de cuarenta y cinco, pero es que tanta brega haciendo remiendos en costuras para ayudar al sustento familiar, y mas que eso puliendo la casa, cosa reprochada por él con sorna: es que para ti la casa lo es todo ¿no te das cuenta como yo también existo?; en la modestia general del barrio, su casa era la mas cuidada del barrio entero, de este su barrio de la Corcovada; él cual al paso de los años se extendió por cada breña aledaña a su entorno original.

Aquí en la Corcovada no habían calles, por que todo eran breñas, escasamente la calle principal que corría al lado de: una pequeña zona de comercio, el parque y la iglesia del mismo, y la otra calle nueva transcurriendo sobre la cresta de las cumbres componentes de la Corcovada. Eran tres las cumbres claramente visibles dispuestas en dirección norte sur con el eje de Bucaralinda. Sobre cada uno de los morros extremos, la comunidad había construidos sendos tanques para el almacenamiento de agua comunal, estos tanques habían logrado palear parcialmente el desabastecimiento del preciado liquido padecido desde la fundación del barrio, cuando don Antonio Piñeros prohombre ilustre de Bucaralinda convirtió la vieja hacienda de estancia de su familia en un gran lote de invasión el cual ferio por cuadriculas prácticamente implanificadas y extrañas trazadas por don Tomas el viejo cadenero de topografía de la empresa de ferrocarriles nacionales, quien a punta de practica logro pulir sus conocimientos topográficos durante el trazado de la línea férrea que une a Bucaralinda con Barancadura, el puerto petrolero a orillas del río Magdalena.

El viejo Tomas, realmente era viejo para la época cuando don Antonio Piñeros por querer hacerse nombrar alcalde, puso a andar su estrategia de conseguir votos a cambio de los lotes de invasión en los cuales convirtió su hacienda en este propósito personalisimo lo cual le costo de hay en adelante muchos dolores de cabeza a la Bucaralinda que desde este momento ya no lo era tanto. Por lo demás, para don Antonio Piñeros, el convertir su antigua hacienda en un lote de invasión había sido un magnifico negocio. Ha quienes vendió de contado les amarro de esta forma a procurarse su propio progreso y con el de ellos el suyo, y a quienes vendió a crédito, los mantuvo durante cinco años pagando cuotas en un sistema por el inventado en donde además de no correr las escrituras a los compradores, con lo cual él era el legitimo dueño de estas propiedades así sus compradores ya hubieran edificado sobre ellos, los ataba a pagar una taza de interés creciente difícilmente para ellos escalable.

El viejo Tomas en esta época, con sus tragos y su eterna borrachera, junto a sus dos hijos: Oscar y Mario, fueron los encargados del trazado del barrio la Corcovada, ellos decidieron a su antojo por donde iría todo en aquel barrio, bueno decir todo, no fue sino decir la calle principal, que calco el antiguo camino de arrear las mulas con destino a la hacienda, donde la iglesia fue en sus comienzos los antiguas dormitorios y bodegas de la hacienda ligeramente modificados con el beneplácito Cipriano el cura que trajo don Antonio desde su venida a menos capilla Gironesa ya por esta época casi en ruinas y hachada al olvido. Esta iglesia de la Corcovada a punta de bendiciones, misas, diezmos fue lentamente mejorada, bueno claro que no fue tan mejorada como los bienes del cura Cipriano quien a fuerza de matrimonios, y el agua bendita de los nacimientos logro alejar al demonio por los lares de la Corcovada, y es que el cura Cipriano influyo sobre don Antonio, por su influencia la Corcovada al menos en apariencia era un lugar de Dios, allí no estaban permitidos uniones sin el amparo de su bendición, ni hijos no dignos del bautismo, allí quien aspirara a un lote, primero había de pasar por la sacristía para acordar fecha de esponsales y honorarios, eso si acomodados a la capacidad de los contrayentes y la necesidad del párroco; claro que a fuerza de empellones siempre terminaba por primar mas las necesidades del párroco quien siempre para estas ocasiones tenia preparada su cara de mártir del calvario usando la sotana vieja y raída guardada y de su propia picardía; fuera de eso el astuto cura Cipriano siempre lograba sacar como ñapa un buen convite de gallina o de marrano, pero eso si triado a la propia sacristía, por que él como buen hombre del Señor, no tenia tiempo para apartarse de la batalla dada en u nombre del Señor contra el demonio (quien como se sabe por las escrituras no da tregua ni descansa), eso si el cura Cipriano prefería dar sus batallas en prolongadas siestas.

En estas circunstancias llegaron a la Corcovada sus padres Arcenio y Leonor, y también los padres de la María, Claudio y Emperatriz. Ellos eran viejos conocidos provenientes de talleres artesanales de calzado que en Bucaralinda populaban y eran la principal fuente de trabajo de la misma. Claro todos necesariamente pasaron por la sacristía y para esta época también él, Aristipo, por el sagrado sacramento del bautismo. Esta fue su entrada al barrio construido por los propios interesados en sábados y domingos de trabajo comunal, donde como las necesidades eran muchas, todo quedo a medio hacer y así casi hasta hoy permanece en la misma forma.

En estas condiciones de estreches nació la María, desde siempre ellos se conocieron, a sus tres años él era puesto junto a la recién nacida cuando Leonor y Emperatriz se reunían casi a diario a enterarse mutuamente de las lamentaciones y alegrías del barrio, por que de estas ultimas no faltaban en medio de la escasez, bueno cada habitante de la Corcovada tenia sus propias alegrías, y estas aún se pueden dividir por géneros y edades.

Para los hombres, su alegría era y es reunirse casi a diario en la cancha de fútbol del barrio especialmente los sábados desde las primeras horas de la tarde a apostar petacos de cerveza ganados a fuerza de puntapiés y codazos. No era o es raro ver salir alguno de los participantes en camino a la casa de don Eli, el sobandero, quien el noventa por ciento de las veces se encargaba de reparar las heridas, en el otro diez por ciento los que tenían dinero podían ir a ser compuestos en el hospital local Ramón González Valencia después de esperar uno o dos días para obtener turno en la consulta de ortopedia y uno o dos meses cargando una férula la cual junto al tiempo se encargaba de reparar sus daños.

Para las mujeres por su parte, la diversión consistía principalmente en ver las alegrías y dolencias ajenas especialmente estas ultimas, entre ellas, un buen chisme podía durar fácilmente para una semana de cotorreos con su cuota diaria de renovación; que ya quien dijo, que ya quien vio, que ya quien oyó, y en tales situaciones inexorablemente ciertas a fuerza de repetirlas, era con mucho suficiente motivo para la alegría y para alejar las propias tristezas, por que no hay nada que alegre tanto como la desgracia ajena.

Este fue desde siempre su ambiente, y de verdad Aristipo se sentía por esto agradecido, sus carencias realmente nunca las sintió. Una carencia mientras no sea conocida no puede realmente llamarse carencia. Para el fueron suficientes y mas, sus años de escuela primaria, esto de estudiar no era en el barrio una tarea grata para nadie, todos en el mismo sufrieron el estudio con el gusto adjunto de ser la oportunidad amena para el encuentro con los amigos de la cuadra, para tomar en serio sus papeles en embrionarias pandillas infantiles retándose a partidos sin árbitros donde todos los golpes estaban permitidos y aún en algunas oportunidades a encuentros nocturnos con amenazas de garrotes y cadenas , donde de no primar el mutuo temor fácilmente podía salir algún contuso serio, en estas ocasiones cada gallada marcaba su territorio como machos en celo en espera de hembras inexistentes, con esta peculiaridad única de esta especie única de forma igual a como hace en todo el orbe el hombre como auto nombrado dueño y señor de todo sobre la tierra.

Este tiempo de la infancia no fue un tiempo para la María. En este tiempo ella le resultaba indiferente y por ratos casi repulsiva cuando con ella con sus amigas gozaban de hacer mofa de él y de sus compañeros, y ellos a su vez en una casi declarada guerra de sexos, también gozaban haciendo a ellas sus propias triquiñuelas imposibles de evadir en estos tiempos de escuelas simplemente separadas por una tapia entre las mismas, que en los mayores ya picados por sus hormonas se prestaba a incipientes amoríos, como también vino a ocurrirle a él con la María cuando ya rondaban los trece años. Ya estos tiempos, fueron tiempos para apretones de manos, de abrazos y leves besos donde jamas en ellos logro imponerse el apremiante deseo de un sexo rudimentario aún no terminado en ellos de despertar y mantenido a distancia por los siempre inquirentes ojos del cura Cipriano, amenazando siempre con los fuegos del infierno como pena por la pasión así fuera en besos.

Por aquel entonces ya no hubo para ellos mas tiempo, fue cuando fatídicamente murió Claudio el padre de la María víctima de su propia inexperiencia. Fue el primer domingo de un septiembre, fecha tradicionalmente celebrada por su patrón un paseo de olla al río, donde todas las familias de los trabajadores de la empresa de don Rafael se dedicaban al jolgorio y la bebetá; ese día Claudio se ofreció a manejar de regreso pues don Rafael, patrón conjunto de Claudio y Arcenio no estaba en condición ni de tenerse en pie. Tal vez todos venimos marcados desde la cuna con las circunstancias de nuestros actos, y para algunos, estos actos como en el caso, con seguridad vienen marcados por la fatalidad, sea como fuere, la fatalidad marco por su propia voluntad o por manos del destino aquel día como el ultimo de la viva de Claudio y de don Rafael, y estuvo muy cerca de marcarlo para La María y Emperatriz, cuando el carro de don Rafael conducido por Claudio por la falta de pericia de este, rodó a un pequeño abismo. Nadie puede decir como sucedió, supuestamente solo Claudio en este instante estaba despierto, pero la verdad también él a esta hora (ocho de la noche), acusaba el cansancio de un día de farra; él tampoco estaba en condiciones de emprender manejando el recorrido de regreso y esto marco para él y para don Rafael su ultimo instante, donde ni siguiera hubo tiempo para una despedida, pues cuando despertó, eso si en el otro mundo ya estaba muerto.

La María como a él siempre gustaba llamar a quien seria su mujer en unos años, siendo como era humilde, siendo como era parca, siendo como era terca, era ya desde este entonces una joven donde se descubría la voluptuosidad de sus formas, y esta imponencia suya en sus cosas hacia que para él no hubiera otro modo de llamarla distinto a la María, singularizándola y apartándola de esta forma de cualquier otra María fuera celeste o terrena. Para él desde este tiempo, no existía otra mujer igual. Ella y doña Emperatriz su madre despertaron esa noche, no en el otro mundo como Claudio y don Rafael, mas si en el Hospital donde habrían de pasar, la primera unos pocos días, y la segunda un par de meses. Fue en esta ocasión donde doña Emperatriz decidió la venta de su casa para retornar junto a sus padres, con ello y sin quererlo también quedo decidida su separación temporal de la María, la cual solo la casualidad vendría a corregir, casi simultáneamente a él iniciar su trabajo de joyería con don Ezequiel a sus veinte años, después de haber cumplido orgullosamente con la patria durante dos largos años pagando su servicio militar.

Fue en la ceremonia de la baja militar donde volvió a retomar su contacto, él formaba junto a su lanza, su compañero inseparable durante el servicio, ambos simultáneamente pusieron sus ojos en aquella polletona frenéticamente saludando al insignia Ramírez, pero ¿como iba el a pensar que esta muchacha de sensuales formas fuera la María?, y sin embargo la curiosidad y el deleite de la contemplación lo llevarían al terminar la formación a acercársele a aquella que desde este mismo instante y ya junto a su lado y descubierto el reencuentro, quiso para siempre fuera su María. Hubo de acudir a la complicidad de su lanza quien bajo el pretexto de presentarle al insignia Ramírez sus padres le dio lugar al reencuentro.

Como siempre ella estuvo en este instante parca, mas bajo el pretexto de notificar a sus padres este encuentro y la intención de una próxima visita de los mismos a doña Emperatriz a quien sinceramente extrañaban y estimaban, logro obtener su dirección con el ciego propósito desde este instante para él tan claro como el agua de hacerla suya, él se prometio a si mismo conquistar el amor de la María a cualquier costo.

En un principio sus visitas a la María fueron esporádicas y bajo el ya sabido pretexto de llevarle a dona Emperatriz y por supuesto a la María los saludos de sus padres, ahora ya bien, a entregarles un queso de hoja recién traído del campo, o en Navidad unos tamales, siempre esquivaba la ocasión de encontrarse con el insignia Ramírez, y ya en posesión de su empleo con don Ezequiel, logro reunir las fuerzas necesarias para expresar torpemente su renaciente amor a la María, y de recordarle aquellas caricias de antaño en sus a su parecer lejanos trece años tuvieron los dos ocasión de propinarse logrando en ello unas picaras e insinuantes sonrisas convertidas nuevamente en besos con uno de los primeros dijes troquelado por su mano, lo cual sello para la María el olvido de Ramírez y una entrega total para él con unas ansias y sensualidad tan grandes como ni ella misma había soñado poseer y las cuales él por instantes se sentía casi incapaz de complacer.

Su noviazgo de dos años, fue un tiempo donde ninguna riqueza pudo a ninguno de ellos tentar, bueno claro que ninguno tubo ocasión de ser tentado por la riqueza para poner a prueba su amor, pero de esta forma les gustaba recordarlo. Para ellos en este tiempo no hubo nada mas grande que la exaltación y la procura de saciar su deseo sexual siempre insaciable, sus sentidos y ansias eran un vaso inacabable consumiéndose y desbordándose sin fin en estos dos inolvidables años, y solo se vieron obligados a encausarse en la normalidad de una unión tras la preñez imprevista pero ineludible de la María quien gustaba de poner sin control todos sus sentidos en juego. Tras una rápida bendición del nuevo cura de la iglesia de la Corcovada quien manteniéndose fiel a la tradición del lugar casaba los sábados en la noche decenas de parejas evitándole de esta forma a las parejas hacer morcillas para el diablo a la vez de mas productivo el negocio del sagrado mandamiento indisoluble del matrimonio como lo mandaba la santa madre iglesia interpretando los mandamientos de Moisés, las mal interpretadas palabras de Cristo y la constitución canónica la cual claramente estable el matrimonio como único camino posible para evitar a los miembros de las parejas ir al infierno.

En la casa de sus padres estuvieron viviendo hasta cuando Fátima, (¿acaso de otra forma se podía llamar la hija de la María, aún hoy para él lo mas grande de su vida?), tubo tres años, y sumando estos tres años y dos de pasión, ya completaba cinco años de labor con don Ezequiel de quien él, en todo este tiempo supo ganarse su aprecio.

La necesidad cada día mas imperiosa de partir a buscar un hogar propio la fue marcando los permanentes conflictos de la María con su madre, para su madre como casi toda madre, él siempre era bueno y la María, decía su madre, actuaba para con él como una loba en celo. Deja en paz al muchacho, para eso él es hombre le gritaba su madre a la María cuando llegaba borracho tras un sábado de fútbol y juerga, y La María lo encerraba en su cuarto a darle golpes y reproches en silencio.

La cosa era constantemente así, a él le gustaba por supuesto hallarle mas la razón a su madre que a la María, pero cuando ella le amenazo con irse, hubo de tomar la decisión de partir junto con ella a un par de piezas alquiladas por algún vecino de la Corcovada, eso si cuidando hubiera la suficiente distancia entre ellos y su madre de forma tal que la pereza venciera entre su madre y la María los deseos de pelear y de recorrerlas.

Fueron otros tres años mas viviendo en la incomodidad del inquilinato, tres años en los cuales fueron aprendiendo a la fuerza la necesidad de ahorrar para tener un techo propio, cada día durante estos tres años hicieron ingentes sacrificios para lograr reunir el dinero suficiente para lograr pagar la cuota inicial de una de las mínimas soluciones de vivienda entregadas a medio hacer por constructores independientes bajo planes supervisados y subsidiados por el gobierno que estaban siendo edificadas en las pocas breñas libres de la Corcovada, de las cuales obtener una de ellas era su anhelo.

Fueron tres años de casi no beberse una cerveza, de no ir a un cine, de abstenerse hasta de lo casi absolutamente indispensable, donde la única satisfacción para sus vidas además de mutuamente tenerse y de gozar con las frecuentes gracias de Fátima, (la cual acusaba ya la terquedad de su madre), era ver como crecía el pequeño ahorro diario logrado a fuerza de sudor y de abstinencia.

Tres años con fruto pues al cabo de los cuales lograron su propósito, obteniendo al fin esta hoy su casita en el barrió la Corcovada la cual desde el primer día la María se empeño con inusual esmero en arreglar y sostener, mas aún cuando un año después vino la repentina muerte de Fátima arrollada por un auto.

Fue tal vez culpa de su barrio de pocas calles y de solo vías peatonales donde Fátima no estaba acostumbrada a los autos y a su potencial peligro, aquella tarde regresando de visitar a su madre, la María en un momento de descuido soltó de la mano a Fátima justo junto a una avenida, distraída como estaba en ver en una vitrina cualquier nueva vágatela a lograr para su hogar. Solo el grito común de los espectadores pudo sacar a la María de su contemplación; su horror, sus lagrimas y sus lamentos a partir de este momento fueron ya vanos; Fátima estaba desgonzada, muerta en la mitad de la vía a la cual él tubo que acudir corriendo para hacer parte del ritual del levantamiento del cadáver donde en medio de la tragedia él daba gracias a Dios por haber preservado intacto el cuerpo de Fátima quien a decir de todos los transeúntes y curiosos aglomerados parecía un ángel y mas aún lo parecía en su féretro al momento final de sus exequias.

A partir de ese día la María solo vivió para aquella su casita, su hogar, era como si Fátima para ella hubiera encarnado en dicha casa, toda la vida de María desde este instante estaba aún mas centrada en el esmerado cuidado de este recinto el cual para ella parecía tener vida propia. No había en este nunca una mota de polvo, nada fuera de su sitio, los escasos muebles y enceres siempre parecían recién salidos de sus fabricas y empaques, desde el amanecer hasta el anochecer la limpieza era su obsesión, y aún él parecía haber pasado aún mas que antes a un segundo plano en las preocupaciones de la María.

Lastimosamente él había perdido su empleo desde hace un año y esta situación inesperada lo había encontrado sin ahorros y sin la posibilidad de reponer su empleo, lo grave de toda la situación nacional había hecho de su arte un oficio inútil, ante la escasez de dinero ya nadie requería de sus habilidades de orfebre, es mas las joyas de cada familia vecina lentamente desfilaban a un destino común de la casa de empeños y de allí a la fundición para tornar el oro a su estado original de pureza y de posesión en pocas manos.

Él en este año escasamente conseguía para pagar la alimentación y ya le debía a cada santo una vela, y a pesar de haber pagado durante los siete años después de haber conseguido su vivienda religiosamente las cuotas de su crédito, llevaba por culpa de su desempleo ya acumuladas ocho cuotas de mora en su obligación hipotecaria, razón por la cual en el día de hoy había acudido a la oficina del abogado del banco, quien le había dicho como su casa entraba a remate, sin que hubiera lugar a nada mas ante su probada insolvencia. De nada sirvieron sus suplicas y promesas. El abogado al igual que el banco tenían duros el pellejo y el alma, no se iban a poner ellos a pensar en la situación de todos aquellos como él hoy por culpa de la resección en desgracia. Para ellos su deber era salvar su propio pellejo a costa del pellejo de los caídos en desgracia, y no hubo forma de hacerles ver como esta casa que en la resección para ellos empezaría a ser un estorbo era la vida misma para la María.

Si ni siquiera el abogado, muchacho recién graduado de animo y presencia triunfante, interesado como estaba en hacer méritos con su trabajo ante el banco quería escucharle, este joven solo veía en él un peldaño en su carrera la cual si se esforzaba sería promisoria. No hubo por tanto lugar ni tiempo para extender sus explicaciones y suplicas, y fue mejor así, fue preferible para él haber sido cortado abruptamente cuando ya él mismo sentía correr por sus mejillas unas lagrimas que aún en las dos horas largas de recorrido a píe desde la oficina del abogado hasta su casa solo ahora ya dentro de la misma logro apaciguar.

La María como todos los viernes en la tarde estaba en casa de su madre, ya para él todo estaba resuelto, no en vano su recorrido a casa fue intencionalmente lento, busco en el ultimo rincón de su cómoda el revolver aún conservado que en tantas ocasiones le acompañara en sus viajes acompañando a don Ezequiel en sus ventas. La seguridad que el mismo le proporcionaba en sus correrías volvió a renacer en él a su contacto. No era cosa de detenerse a pensarlo. Él por su mismo trabajo desde ya hace varios años tenia una póliza de seguro de vida vigente la cual en pocos días expiraría como pudo constatar al tenerla nuevamente en sus manos al sacarla del cajón de la repisa donde la María solía guardar sus escasos documentos. Esto era todo lo que el necesitaba ya la cláusula por no pago en caso de suicidio había caducado, con este dinero la María podía pagar la deuda total de la casita y vivir holgadamente por lo menos un año.

Con decisión y sin pensarlo Aristipo se encamino al minúsculo patio de la vivienda, no era cosa de manchar con su sangre alguno de los muebles tan queridos por la María, y una vez en el patio sin lugar a ninguna vacilación o a el arrepentimiento, Aristipo coloco el revolver montado sobre su sien derecha y al tiempo de jalar del gatillo, tubo un segundo para pensar como todo para él estaba bien nuevamente. No tubo tiempo de darse cuenta como fragmentos de sus cabellos, hueso, piel, cerebro y mucha sangre fueron a ensuciar la pared la cual él mismo la semana anterior se había encargado de blanquear con carburo a petición de la María.

 

 

Ricardo Muñoz


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