“Toda escritura es inspirada por Di-s y es útil parea enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia” (2ª. Timoteo 3,16).
Amable catequista y educador@,
Tienes ante ti una hermosa y gravísima labor! El Santo Bendito Sea te ha encomendado a estos pequeños para que sean debidamente educados en la fe, para que sean cuando grandes verdaderos cristianos, santos e irreprochables, excelentes evangelizadores.
Quiero compartirte algunas enseñanzas de los antiguos maestros
de mi nación, para recordarte la gran responsabilidad que sobre
ti tienes. Léelas cada vez que prepares tus clases o tus encuentros
con tus niños de Catequesis de Primera Comunión o de Infancia
Misionera:
Cada día un angel sale de la presencia de Di-s para destruir el mundo, pero cuando el Santo Bendito Sea contempla a los niños en la escuela, su severidad de transforma en compasión (Kallah Rabathi 2).UN ESTREMECEDOR CASO OCURRIDO DURANTE UNA MISACuando los niños vuelven de la escuela, un eco celestial resuena diciéndoles: “ve, come tu pan con alegría” (Kallah Rabathi 2:9).
Los maestros de la Sagrada Escritura que enseñan a los niños con verdadera fe, están destinados a pararse a la derecha del Santo Bendito Sea (Vayikra Rabbah 30:2).
Vean qué preciados son los niños para el Todopoderoso! Cuando el Sanedrín fue enviado al exilio, la Shekiná (la Presencia de Di-s) no fue con ellos… pero cuando los niños de Israel fueron exiliados, la Presencia Divina los acompañó a ellos (Elija Rabbah 1:33).
Cualquier ciudad sin niños estudiantes de la Sagrada Escritura, será destruida: el mundo sólo existe por los niños estudiosos de la Palabra de Di-s (Shabbat 119b)
Un domingo en el Santuario del Niño Jesús del 20 de Julio, en Bogotá, el padre de un niño comenzó a hablarle durante la Elevación, esto es, cuando el sacerdote eleva la hostia y el cáliz que se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesús Cristo. Le habló una y otra vez y aún así el niño se mantenía completamente en silencio. Ante el silencio del niño, el padre descargó su disgusto en él propinándole una sonora cachetada diciéndole: “maleducado! Por qué no me contestas cuando te he hablado varias veces?”
El niño, compelido a responder ante el temor de recibir otra
cachetada, respondió tímidamente: “mi catequista me enseñó
que no debemos hablar durante la Elevación en la Santa Misa”. El
rostro del padre se puso rojo de vergüenza y de humillación
ante la mirada de los feligreses que, estando cerca de ellos, habían
visto lo ocurrido.
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QUE TRAE MERITO A SU PROJIMO,
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