COMENTARIO 

Ají de buena calidad

La evolución de Red Hot Chili Peppers ha sido tan saludable como sorprendente. Sus comienzos estuvieron marcados por el virtuosismo instrumental y los ritmos en clave funk modelo 1975. Se transformaron en todo un referente del rock alternativo de los '90 (principalmente por su álbum Bloodsugarsexmagik, de 1991) y justo cuando su música comenzaba a tener fecha clara de vencimiento, se reinventaron notablemente abrazando la melodía y la baja frecuencia.

En su debut de 1999 en Chile nada de esto pudo ser advertido (la pésima acústica de la Estación Mapocho no tuvo misericordia con estos nuevos Peppers). Pero anoche en su regreso al país en la pista atlética del Estadio Nacional, demostraron que no sólo son sobrevivientes de una época de tatuajes y nudismos en escena, sino una banda completamente vigente con canciones nuevas instaladas entre lo mejor de su catalogo y que goza de muy buena salud.

Tras un comienzo en falso (bajo saturado, voz inaudible y débil volumen en general) Red Hot Chili Peppers subió la temperatura de un público muy conectado con lo prometido: canciones de Californication (1999) y By the Way, su último disco de este año. Pero no confundir: no es que ahora se hayan suavizado ni nada por el estilo. Su directo sigue siendo crudo y todavía tienen debilidad por las improvisaciones funkeras y los solos de bajo y guitarra. Pero si a esto se suma a un Anthony Kiedis cantando propiamente tal, el resultado es un show lleno de matices, austero, con poca parafernalia y bien alternado entre temas acelerados y de los otros. Parallel Universe, Scar Tissue, By the Way, Californication y clásicos de su repertorio como Suck my Kiss, Me and my Friends y Give it away. Esos fueron los temas presentados y todos quedaron contentos. Sus fanáticos antiguos y los recién llegados a esta historia. Claramente, uno de los muy bueno conciertos de este año.

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