(chino, 712 - 770)
A diferencia de su amigo Li Po, Tu Fu mostró viva preocupación por las guerras y los azotes sociales y naturales que sacudieron a China durante su vida. Su poesía es más realista que la de Li Po, y también más elaborada y menos sujeta al vaivén de la espontaneidad. Muchos de sus poemas observan con piedad y horror las escenas bélicas y matanzas a que él mismo asistió como funcionario imperial.
La aldea de Chiang
I
Nubes de púrpura incendian el occidente,
el sol baja hasta el fondo del horizonte.
A la puerta de la cabaña los pájaros susurran,
el viajero regresa de tierras lejanas.
Mi mujer y los niños se llenan de estupor al verme;
vueltos en sí, enjugan sus lágrimas.
En tiempos de desastre erraron aquí y allá;
¡el sino respetó mi juramento de volver vivo!
Para verme, los vecinos se arraciman sobre el muro,
y también ellos suspiran con nosotros.
La noche crece, las velas nos iluminan,
mientras estamos sentados y aún creemos soñar.
II
Me veo obligado a vegetar por el mundo a mis años;
por eso, otra vez entre los míos, no soy feliz.
Los niños hambreados no abandonan mis rodillas:
incesantemente temen una nueva separación.
Hace tiempo, recuerdo, en busca del frescor,
pasaba entre los árboles, a orillas del estanque...
Ahora silva el viento norte,
los recuerdos me oprimen el corazón.
Sé que la cosecha de este otoño ha sido abundante,
y que de los odres sale el vino nuevo.
Por el momento aquí no nos falta nada;
contentémonos, pues, con la vejez que llega.
III
Confusas sacudidas se oyen desde mi corral;
cuando los gallos riñen, llegan visitas.
Ahuyentamos a los tordos que vuelan sobre las ramas altas;
ahora se oye golpear a la puerta de la casa.
Tres o cuatro viejecitos vienen para escuchar mis nuevas;
cada uno me hace un regalo.
Me obsequian varias clases de licores.
"Discúlpanos", dicen, "es poca cosa,
pero los campos están abandonados,
y la guerra y las matanzas no terminan nunca,
y nuestros hijos fueron llamados al Este".
"Cantaré una canción en vuestro honor",
respondo, "tanta bondad me conmueve".
Concluida la canción, miro el cielo y suspiro.
En los cuatro rincones oscuros brillan las lágrimas.
Luna
Allí, en el cielo, avanza el otoño,
y el semblante de la luna nos parece más claro;
el Sapo no se ahoga
aunque baje hasta el fondo del río de las estrellas,
y la Liebre vive vida eterna
mordisqueando sus hierbas hechizadas.
Mi fiel corazón se llena de amargura
y un resplandor de claridad nueva se añade
a mis cabellos blancos.
Sé que en este momento escudos y lanzas
atestan la tierra.
¡Oh, deja de brillar
sobre las hordas que acampan al occidente!