QUE TRATA DE LA CONDICION Y EJERCICIO
DEL FAMOSO DESVENTURADO CHILENO
En un lugar de Chile, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que viv�a un joven de los de lanza en astillero...
De cuando el sue�o de detective se frustra
Me hallaba en el lugar de los hechos. El cad�ver se encontraba en el piso, con trece pu�aladas en la espalda. Como teniente, hab�a prohibido tocar el cad�ver. Todo hac�a sospechar en un suicidio. Pero no lo cre� as�, y lo comprob�. Las pu�aladas estaban hechas en el lado derecho, y el suicida ten�a el pu�al... ��en las manos del comisionado!! �l estaba ah� en ese momento, as� es que le dispar� ah� mismo, porque estaba seguro que era �l el asesino.
Meses despu�s supe que el asesino estaba preso, y el comisionado en el hospital. Lo le� en el diario de esa ma�ana. Yo me hab�a cambiado nombre para confundir a los policias que me segu�an el rastro, y me encontraba en los bosques del sur de Chile, cuidando las hermosas araucarias. Hab�a le�do que aquellas araucarias ten�an cientos de a�os, pu�s su crecimiento es muy lento. Las cuidaba porque me gustaba estar solo en el bosque y me manten�an alejado de los cuidadores de la ley y el orden. En aquel paradisiaco lugar, me gustaba fumar tranquilamente mis "Lucky Strike". Aparte que pagaban bien. "Lucky Strike" significa "golpe de suerte". Lo cierto es que, decenas de hect�reas de araucarias se quemaron por un "golpe de suerte" mal apagado. Nunca aparec� para cobrar mi sueldo, as� es que me dieron por muerto.
De cuando tratamos de realizar los cuentos de hadas
Mi nuevo nombre era Arnold Zchuarz... Arnoldo P�rez y trabajaba en la municipalidad de Los Laureles, un pueblito de no m�s de trecientas personas, que se encuentra muy, muy al sur. Trabajaba como Jefe Log�stico de la Porteria de la Ilustre Municipalidad. Hasta que pas� lo impensable. El pueblo fue invadido por ratas del tama�o de un conejo... Bueno, ratones com�nes, pero eran muchos. Surgieron variadas ideas en la reuni�n que tuvimos con el alcalde: "�Gatos!"; "�... con fuego!"; "�Laser!"; "!Radiaci�n!"; "�... consigamos armas moleculares!"; "�Arrojemos La Bomba!, �arrojemos La Bomba", etc. Fue ah� en donde decididamente puse en el tapete mi fant�stica idea: "Con la flauta saco a todas esas ratas". Todos se miraron, y casi enseguida aprobaron la mosi�n. Al otro d�a comenc� a tocar la flauta, tal como lo hac�a el flautista m�gico de Hamlet o algo as�. Eso dar�a resultado, si todo sal�a igual que en aquella hermosa f�bula de Es�po.
Me fui del pueblo porque aparte de las ratas, las moscas y las baratas que aparecieron al otro d�a, no dejaban vivir tranquilo.
De cuando la revoluci�n va por otro lado
Cinco d�as llevaba ya en aquellas monta�as. Las vertientes con c�lidas aguas eran mi relajo. Solo en aquel inh�spito lugar, me alimentaba de los frutos que la tierra me daba. Hab�an nidos de aves en las cercan�as, por lo que com�a huevos frescos casi siempre. Carne, de vez en cuando.
El fuerte golpe en la cabeza me oscureci� todo. Escuchaba voces, mientras era cargado en los hombros de un hombre grande. Voces de mujeres se o�an de vez en cuando. Escuch� algo de revoluci�n mientras estaba reaccionando de nuevo. Me hice el aturdido para que no descubrieran que los o�a. Mir� de reojo a mis opresores, para ver hacia donde iba.
Recib� un culatazo que nuevamente me aturdi�. En el camino, inconcientemente iba oyendo lo de la revoluci�n. O�a algo de "libertad del sexto" o algo as�.
Despert� en una mullida cama. No entend�a nada de nada. Ve�a flores, un buen dormitorio que ten�a una ventana que daba hac�a el Verde Bosque. Abr� m�s los ojos y me percat� que era un cuadro. La ventana estaba hacia el otro lado. Ubiese sido un hermoso d�a de verano, pero era invierno. Las monta�as se ve�an espectaculares. Todo indicaba que la due�a de casa me estaba tratando de persuadir para quedarme o algo por el estilo.
Los cuadros que ah� vi eran de revolucionarios, me pareci�. Vi la imagen del Che Guevara, Maikel Yakson, un graffitty que dec�a: "libertad para ser lo que soy", y uno de Gandhi.
De pronto, mis ojos se posaron en unas cadenas. "Recuerdos de la esclavitud" pens�. V� un mont�n de cueros arrumados en un rinc�n, bajo la foto gigante de Andy Warhol.
Algo me vino a la mente cuando vi a Andy Warhol. Record� que era terrible "mami". Pintor que hac�a arte a nivel industrial, director de porno-art y esas cosas. En eso estaba cuando escuch� ruidos de botas y armas. Entraron los "revolucionarios" con mucho ruido y... risitas.
El terror se apoder� de m� cuando vi a esos "terribles" revolucionarios. Enormes y musculosos soldados, vestidos con... �Latex, cueros y cadenas! �Eran revolucionarios armados del sexo!
Alcanc� a safarme de uno de ellos. Propin� golpes y patadas a lo Rambo, quit�ndole una granada color rosa a uno de ellos. Ellos sonre�an. Les agradaba que los golpeara (�!�?). Cuando se acercaron hacia donde me encontraba, aparecieron siete m�s. Grit� con todas mis fuerzas: "�Si se acercan, los hago estallar a todos!". No se que habr�n entendido, que uno de ellos puso a funcionar el equipo musical con un tema de C&C Music Factory, y me mostraba desde lejos la car�tula del disco l�ser de Cher.
Uno de ellos se acerc� coquetamente hacia mi, as� es que quit� el seguro de la "granada rosa", arrojandosela.
La granada estall� en el aire, y los "sex soldiers" tambi�n. La granada estall� en challas (o confeti) multicolores y plateadas, y los "sex soldiers" en chillidos de alegr�a e histeria.
La fiesta estuvo a todo reventar. Grandes celebridades de la televisi�n y del ejercito estaban ah�. Cigarrillos, whisky, cerveza importada, las hijas de un general y una enorme torta eran el combustible de la fiesta.
Para alegrar aquel carnaval de lujuria, se me ocurri� arrojar desde la escalera del Gran Sal�n, el contenido de una "extra�a garrafa" que se hallaba en el auto de las virginales hijas del general. Recuerdo que, cuando el l�quido elemento comenz� a caer sobre la "efervecente" multitud, todo iba bien. Hasta que uno de los oficiales, uno que ten�a la camisa del uniforme manchada con vino tinto y que fumaba un habano, se acerc� a la hija del general. Ella ven�a saliendo del (en aquel momento) "japenning", cuando se inflam�. El habano del oficial hab�a tocado el cuerpo con bencina de la (en aquel entonces) hermosa y nada deforme joven. Mientras gritaba y ard�a, pas� a tocar al resto de los invitados y ah� "ardi� troya".
Recuerdo que corr� a tropezones. Estaba en estado et�lico. Ebrio. A�n as�, corr�a y corr�a. Sab�a que aquel irresponsable oficial me culpar�a a mi de ese infernal infierno.
Uh� sin despedirme del "Reinardo" y del Luis Antonio, ya que esos "sex soldiers" gritaban mientras corr�an en llamas en todas direcciones.
De cuando el paisaje no es como las personas
Magallanes. El hermoso fr�o que tocaba mis mejillas, tra�a con su brisa el suave aroma del aire nuevo. El olor de las deposiciones de las ovejas arruinaba la poes�a de aquellos id�licos d�as. Me llamaba Joach�n, y ten�a cinco meses trabajando como ovejero en las pampas magall�nicas. Ya en ese entonces comenc� a notar que el patr�n ten�a lana cruda en los pantalones, y que la oveja regordeta siempre le hac�a "ojitos" por la ma�ana. En el caso mio, la hija del patr�n me hac�a "cambio de luces". Parec�a que era linda la chica, solamente que ella se hab�a adaptado "fenotipicamente" al clima g�lido de aquellas tierras. �Era peluda y no pod�a verle bien la cara! Siempre andaba bien vestida. Con su rostro bien peinado y su aroma a champ� de contrabando, no me atra�a en lo absoluto. El patr�n ve�a con buenos ojos esta "relaci�n" hacia mi persona. Por ende, yo asum� la responsabilidad de llevar a las ovejas a pastar lo m�s lejos posible de "la pel�a". Tanto anduvimos, que se nos pas� la hora para volver. El fr�o cay� bruscamente sobre las cuarenta ovejas, el Caballo y yo. Me baj� del Caballo y comenc� a dar brincos en el lugar, para poder tomar algo de calor. El Caballo, mientras tanto, se refugi� del viento fr�o al lado de unas rocas. Las ovejas, al ser sociales, se agruparon para poder darse calor mutuamente. El fr�o era cada vez m�s... fr�o. Yo daba salto tras salto, y de pronto, una oveja se desplom� por el fr�o. Estaba en plena obscuridad y como pude agarr� a la difunta oveja, que a�n conservaba el calor corporal. Record� la haza�a de Lukk en El Imperio Contraataca, y con mi poderoso cuchillo de quince cent�metros, literalmente "le raj� la guata" a la occisa para meterme en ella y salvarme del fr�o.
Desde dentro de la difunta oveja que me daba calor para sobrevivir; en medio del desagradable olor de los intestinos; metido en medio de toda la "menudencia" de aquella v�ctima del clima, mir� en direcci�n al Caballo. Su silueta se ve�a gracias a la luz de la luna, que rara vez se ve por esos lugares. Y mientras ve�a mi Caballo, comenc� a ver que se me hab�a olvidado que el ovejero que se precie de tal, siempre lleva algo con que cubrirse. Miraba las pieles; la l�mpara; la carpa; los nutritivos manjares que llevaba en el bolso. Todo estaba en el Caballo. Lo record� todo, desde dentro del cad�ver de la oveja. Por fortuna, mi cara no ten�a nada perteneciente a su interior.
Despu�s de haber vomitado a un costado de la oveja, hice lo que ten�a que hacer. En un buen fuego, la oveja fue el fest�n del d�a. O de la noche, mejor dicho. Con Caballo y unos amigos "ovejos", nos comimos hasta los huesos. A esas alturas del partido, ah� todo se come.
Al amanecer, el grito del patr�n me despert�. Se ve�a agitado en medio del reba�o de ovejas, mientras se tomaba la cabeza a dos manos. A medida que tocaba, o pasaba a llevar a las ovejas, estas ca�an de costado al suelo. Estaban tiesas. Hab�an muerto de pie. Estaban congeladas. El horror se apoder� de mi cuando el patr�n vi� que la cabeza de la oveja regordeta (�su "amante", tal vez?) estaba al lado de los huesos del fest�n nocturno. Los peones agarraron al patr�n que se desplomaba por el impacto de aquel paisaje, y yo, en buen lenguaje chileno, "apret� cu�a" hasta desaparecer en el horizonte de aquel majestuoso paisaje sure�o.
De cuando la im�gen es mejor que la realidad
Ya me encontraba trabajando en la gran ciudad. Ten�a el trabajo de "junior" en un local de arriendo de videos. Como aseador ganaba m�s que los otros empleados de la tienda, por lo que me daba el lujo de almorzar. Eso lo hac�a en poco tiempo, ya que quer�a ver algunas pel�culas antes de la hora del ingreso al aseo. Me di el lujo de ver "Rombo", "Seminator", "Las �ltimas org�as de Pompeya" (en versi�n del Pipolanart), "El Crucero del Sexo", "Don Truan de Marco" y "Vida y Obra del Padre Hasb�n". Despu�s de ver todas esas pel�culas, termin� siendo experto en el arte de la seducci�n.
Una de mis tantas conquistas, la "Coty" Ichiturriaga Lodaiza, tuvo la "gran idea" de llevarme a tomar t� a su casa, a las seis de la tarde. As� conocer�a a sus padres: los Ichiturriaga.
Llegu� como siempre, en mi auto �ltimo modelo (era el �ltimo de los 70's). Ven�a de ver a mi m�dico, ya que la salud es prioritaria en Chile, por lo que me sal�a barato. Adem�s, que con ese m�dico ten�a un trato. Le firm� un documento por la propiedad de mi ri��n, un pulm�n y una c�rnea.
Cuando entr� a la casa de la "Coty", sus padres estaban en el "living" (no s� como se dice eso en espa�ol), bebiendo unos martinis. Su padre (de unos 45 a�os) y su madre (de 35 a�os) se sonrieron al saber que yo era el que limpiaba la tienda. Sab�an que su hija estaba asegurada de por vida conmigo. No sab�an que yo solamente la quer�a y la usaba para "sacudir el pescado".
Una de las empleadas (la Mar�a), nos dijo que todo estaba servido en el sal�n. Las cosas estaban en su lugar y en su punto. Al estar sentado, me percat� de las delicias que en ella se encontraban: jam�n en sus tres tipos (cocido, natural y acaramelado); caviar; quesos importados y nacionales; palta o ahuacate; tomates; margarina; huevos revueltos y una enorme fuente con la m�s deliciosa "pichanga".
Sent� entonces que, a pesar de todos mis talentos, a�n me faltaba un poco de personalidad en el sector gastron�mico. "Sirvase no m�' mijito, est� en su casa"- me dec�a la se�ora. Pero apenas tom� un sorbo de t� (nunca me ofrecieron caf�), me d� cuenta de lo cargado y de lo caliente que estaba. Tragu� para no seguir quemandome la lengua, y sent�a como este malicioso t� iba quemando cada parte de mi es�fago. "Muy rico"- le respond� a la se�ora con una sonrisa. Ella me respondi� con un gui�o y una pasada de lengua por sus labios. Nunca entend� esa reacci�n en las mujeres con las que hablaba. La cosa es que, a pesar de todo lo que hab�a en la mesa, lo �nico que atinaba a hacer era huntar mi pan con margarina. "Echele tomate no m�' mijo, mire que hay suficiente". Le hice caso y le ech� tomate y palta a mi pan. A la primera mordida, de mi sanduich escurri� jugo de tomate y algo de palta al mantel franc�s. Me hice el desentendido, ya que nadie se percat� de ello. Tom� otro sorbo de t�, para darme cuenta que no le hab�a echado az�car al brebaje. Muy tarde. Me tuve que mamar toda la maldita tasa de t� amargo para no quedar mal ante "la familia". Adem�s, nunca vi que alguien le echara az�car a su tasa, por lo que cre� que todos degustaban de un t� amargo (o que eran diab�ticos).
En la mesa, el pap� de la "Coty" hablaba de las ventajas de la econom�a de su empresa, de la Cruzada Santa del Ej�rcito y de los amigos influyentes que podr�a presentarme. Yo le dec�a que s� a todo. Al igual que su hija me dec�a lo mismo.
Poco antes de finalizar la once, comenc� a degustar la dulzura del t�. "�Me estar� acostumbrando?"- me pregunt� extra�ado. Nada de eso. La maldita tasa de t� ten�a az�car al fondo. Lo �nico que tendr�a que haber hecho era revolver el brebaje igual que lo hac�a con la "Coty". Al terminarse el l�quido, tuve que hacer malabares para beber el az�car del fondo. Terminado el tr�mite del az�car, nos "constitu�mos" en el "living". El Ra�l, as� le dec�a al pap� de la "Coty", sac� unos cigarrillos importados para que fumaramos. Pens� que ibamos a conversar, pero me dijo: "disculpa yerno, pero voy a cagar y vuelvo. Fumate ese por mientras, y despu�s te doy uno para que recicles".
Diez minutos despu�s, la "Coty" se quedaba llorando en el "living". Le dije que terminaba la relaci�n debido a su condici�n social. Que me daba verguenza salir con ella y que mis amigos me gueveaban por su apellido. Me di� pena, pero as� deb�a ser. Estaba escrito.
Durante tres meses estuve sin trabajar. �Por la "Coty"? Algo por el estilo. La mam� de la "Coty",la "Ursula", me estuvo manteniendo por ese tiempo. Me daba de comer, pagaba mi departamento, me sacaba a pasear y me vest�a. Yo solamente ten�a que "regar su huerto y sacudir el pez".
La sacudida dur� poco, debido a que "el Ra�l" la sigui� a mi departamento y sab�a a donde mandar a sus "amigos influyentes" del cart�l.
Nunca m�s supe de esa familia. Lo �nico que sab�a era que me encontraba a cientos de kil�metros de "la Mar�a". La �nica con clase en esa casa.
FIN PRIMERA PARTE