CONTENIDO

 

CAPITULO I.

EL ETERNO RETORNO DEL CARNAVAL  DE BARRANQUILLA

 

A.      PASADO Y PRESENTE  DEL CARNAVAL......................................

B.      INCIDENCIA DEL CAPITALISMO EN EL CARNAVAL.....................

1.       Quién ganará ....................................................................................

2.       Costumbres perdidas.......................................................................

2.1     Salvoconducto, pasaporte o  “Vara Santa”.....................................

2.2     La Conquista ..................................................................................

2.3     Asaltos Carnavaleros.....................................................................

2.4     Piñatas  y Anilinas.........................................................................

2.5     Los Capuchones...........................................................................

2.6     Decimeros o pregoneros (Letanías)..............................................

 

CAPÍTULO II. 

RESURRECCIÓN  DE JOSELITO CARNAVAL

 

A.      APERTURA ....................................................................................

1.       Reinas Mofas ..................................................................................

2.       “Diviértete como puedas” o “Disfrázate” con lo que tengas............

B.      ACTORES Y ESCENARIOS  (COREOGRAFÍA)............................

1.       Danzas, Comparsas, comedias y Disfraces...................................

2.       Emisoras y Picós...........................................................................

3.       Verbenas, Clubes Sociales y Casetas..........................................

4.       La Guacherna...............................................................................

 

CAPÍTULO III. 

MUERTE DE JOSELITO CARNAVAL

 

A.      UNA CORTA VIDA.......................................................................

1.       El Día:  Escenario Común............................................................

2.       La Noche:  “Babilla busca tu charco”...........................................

B.      MORIR PARA SEGUIR VIVIENDO..............................................

 

BIBLIOGRAFIA.................................................................................

 

 

 

 

 

 

 

UNA INVITACIÓN A LEER

 

Por:  Javier Hernández García

 

 

En la historia republicana de la Costa Atlántica, Barranquilla ha sido el centro urbano de más rápido proceso de cruce y consolidación de pueblos, modos de vida, culturas e intereses. A este punto fluvial y marítimo llegaron grupos de migrantes del interior  y del exterior del país  para vincularse  a su crecimiento  comercial  e industrial; pero más que nada, se asentaron  gentes de todas las subregiones de la Costa Caribe Colombiana, y en medida importante, pobladores de las riberas del río Magdalena, con sus bártulos, sus expectativas de trabajo o sus mercancías.  Y con sus tradiciones.

 

Y junto con ellas, Barranquilla, epicentro del desarrollo de la región, acogerá y recreará las expresiones festivas asociadas a las celebraciones  de Carnaval  en la Costa.

 

Esa Barranquilla de hoy, dinámica siempre, a veces caótica en su dinamismo, es la Barranquilla del Carnaval.  Y ese es el Carnaval del libro  JOSELITO CARNAVAL, del que aquí haremos algunos comentarios que espero sean percibidos más como una invitación  a la lectura  y no como  una reseña  textual de sus  contenidos.

 

Para comenzar a hablar del libro hemos empezado por Barranquilla, y no por el Carnaval, porque en este texto el tema no es el Carnaval, a secas, ni siquiera el Carnaval en Barranquilla sino el Carnaval de  Barranquilla.  Ello significa que  aquí el ESPACIO del Carnaval no es simplemente el DÓNDE del fenómeno, sino nota esencial del QUÉ y del  CÓMO del asunto.  Aquí Barranquilla forma parte de la caracterización, de la organización y del movimiento propio del Carnaval.  Por ello lo que el autor destaca como valioso del Carnaval, es lo que  de la ciudad  se valora como positivo;  y de lo que del Carnaval se hace crítica, no se desliga de lo que Rey Sinning revisa críticamente  en la ciudad.

 

A.      EL CARNAVAL EN LA HISTORIA DE BARRANQUILLA

 

Una parte importante  del texto  está organizada como reconstrucción de la historia social y cultural del Carnaval.  Para ordenar su comprensión, el autor considera que el actual Carnaval de Barranquilla ha recorrido tres etapas, cada una de las cuales incluye la anterior y la transforma y refuncionaliza, dando lugar a nuevas caracterizaciones, en donde la tradicional y lo novedoso se rearman en un complejo sistema de adecuación  y contradicciones.

 

Primero fue el CARNAVAL DE PUEBLO, aquella “Fiesta cristiana” que los migrantes pobladores  de la naciente Barranquilla  llevaban consigo desde sus pueblos de origen. En esta fase, la fenomenología y el sentido del Carnaval conservan fuertes elementos  de festejo rural tradicional, vivamente  comunitarios.

 

En un principio y por  décadas las comunidades de migrantes mantuvieron cierta cohesión espacial,  y persistieron entre ellas vínculos sociales tradicionales como los de la familiaridad, el pasado común y, adicionalmente, el hecho de la vecindad física, a pesar de la progresiva urbanización de la ciudad y de sus pobladores.  Ello incide en que la sobrevivencia  de los festejos de Carnaval a la usanza y con el sentido rural de  “fiesta del pueblo”, llegó a transformarse en festejo de barrio  (amigos, conocidos, parientes, generalmente, pero no solamente, de la misma localidad de origen).  La organicidad espacial  urbana va configurando  nuevas unidades sociales de vida, los  BARRIOS, que se van a convertir entonces en la nueva unidad  de vida del  Carnaval: aparece el  CARNAVAL DE BARRIO.  Segunda etapa del Carnaval, propuesta por Rey Sinning.

 

Pero las circunstancias  van cambiando  para el hombre de barrio.  Como asunto inherente al desarrollo urbano de Barranquilla,  “el movimiento de individualización”  entre sus pobladores se acentúa cada vez más, los lazos consanguíneos, de amistad y de coterraneidad se van debilitando. La movilidad  interbarrial, las sucesivas y posteriores inmigraciones de personas “desconocidas”, la organización del trabajo y de la convivencia, todo esto centrifuga los vínculos de coherencia cultural entre los pobladores ya avecindados, y no contribuye demasiado a crear otros alternativos.  En Barranquilla, la concentración demográfica y espacial de la urbe se expresa como fragmentación del grupo y aislamiento entre los sujetos actores de lo urbano.  Y este fenómeno global va a ser parte de la misma historia del  Carnaval.

 

A la par  de este  crecimiento”  se va produciendo un proceso de diferenciación social, que aparece como estratificación.  Se consolidan las elites, se va consolidando la clase media barranquillera que trabaja duro por conquistar un lugar preponderante  en el pujante puerto, y los sectores populares cobran entidad social  evidente.  En este contexto  “moderno”, social y culturalmente  diferenciado, que es el de Barranquilla contemporánea, encuentra el autor un nuevo Carnaval.    El CARNAVAL DE CIUDAD.  Que, ahora sí con la propiedad que dan los términos, es el  Carnaval de Barranquilla.  Y, sin embargo, en este Carnaval–UNO de la ciudad-UNA, que es matriz de una rica tradicionalidad que persiste enriqueciéndose en el tiempo,  aparece, superponiéndose, obrando a veces por usurpación, por seducción otras, y con más fuerza cada vez, otra lógica,  “extraña”   al sentido y al fenómeno mismo del festejo carnavalesco:  es la lógica del mercado.  La concreción en el Carnaval de esta lógica, considerada por Rey  Sinning más bien en sus dimensiones  sociológicas y antropológicas, e incluso, filosófica, que no económicas, es la que va a explicar el múltiple juego de integraciones y contradicciones, pauperizaciones y enriquecimientos, eclosiones e implosiones que el autor se va a encargar de estudiar críticamente, a lo largo de las páginas  del texto.

 

 

El estudio, entonces, del Carnaval en su caracterización contemporánea  se hace siguiendo la pista a las reconstrucciones  y construcciones festivas que van haciendo los barranquilleros  de los diversos  aspectos que lo constituyen.  Y ese recorrido lo cumple haciendo uso de grandes pares categoriales de análisis, que expresan la evolución de una realidad caracterizada n su desenvolvimiento por contradicciones, en muchos casos,  por progresiones, en otros, y por involuciones en algunos.

 

Así, dentro de tales categorías pareadas, como las de lo urbano frente a lo rural; lo tradicional  frente a lo moderno; lo particular barrial frente a lo general citadino; lo festivo frente a lo comercial; lo expresivo frente a lo espectacularizado; lo emulativo frene a lo competitivo; lo comunal-gestionario frente a lo impersonal-empresarial; la personalización del sujeto festivo frente a la  privatización del goce, se parte de un punto al que se  llega  una y otra  vez  en el texto.  Es el hecho de que está ocurriendo, entre trago y trago y reina y reina, un tránsito incontrolado, velado pero insidioso, del Carnaval auténtico a un Carnaval exterior a sí mismo, no-expresión de lo propio, ni comunión  con lo que  del otro es auténtico, sino expresión de un interés externo al del goce carnavalesco, y en donde las vinculaciones y acercamientos con lo más humano que nos constituye y que configuran el  quid de todo Carnaval, ocurren en el espacio de las abstractas asociaciones que demarcan las leyes del mercado.  Y que tales acercamientos y aglutinamientos, son cada vez más exteriores a sus actores, y lo son sólo de piel a piel;  dándose un progresivo, y este sí profundo, desligamiento entre las personas-personajes que juegan al Carnaval cada año en Barranquilla.

 

B.      LOS ESCENARIOS, LOS ACTORES, LAS TRAMAS Y LOS ACONTECIMIENTOS

 

Concurrente con la perspectiva histórica, la otra gran matriz de análisis del texto está constituida por un estudio de las estructuras, la organización y los acaecimientos constitutivos del Carnaval.

 

1.       LOS ESPACIOS DEL CARNAVAL.

 

El texto estudia el gran espacio de ocurrencia del Carnaval, abordándolo como un conjunto de escenarios de una representación colectiva.

 

Esta espacialidad no es otra que la de la ciudad. Y como ella, tiene su historia y sus coyunturas. Se trata de una espacialidad urbana, configurada tanto por espacios físicos como sociales y simbólicos. Rey Sinning reconstruye entonces y caracteriza los espacios del Carnaval-barrio y cómo se van transformando a medida que el Carnaval se hace Carnaval-ciudad.

 

Primero hacia el último cuarto del siglo XIX eran tres categorías de espacios aquellos en los que ocurría el Carnaval: El teatro y los clubes sociales, para la élite; los salones de baile y las casas de familia, para los estratos medios; el vecindario, las tabernas, y, sobre todo, los llamados “salones burreros”, para los sectores populares.

 

En cada uno de ellos, de manera simultánea se desenvuelve el Carnaval, con elementos comunes que se desarrollan de manera diferenciada y diferenciadora. En los bailes de clubes y en el teatro, comparsas y bailes “estilizados”, a la europea, primero, a la americana, después. En las residencias de los sectores medios y en sus salones de baile, los “asaltos”, y danzas y comparsas según los cánones de la elite. Su progresivo ascenso social y cultural irá progresivamente asimilando sus usos carnavaleros con los de la elite neo-tradicional de Barranquilla. En los salones burreros, los festejos burlescos y populares. Allí se mantienen y enriquecen las tradiciones carnavaleras cristianas y se expresa la creatividad popular.

 

Por su parte, un lugar de confluencia por excelencia es la CALLE, a la que se vuelcan todos por igual. Allí la elite expresará progresivamente su concepción del mundo a través de los eventos carnavaleros a mano. En la Batalla de Flores, por ejemplo, bellas mujeres de la sociedad, bajo cascadas de pétalos, aguas perfumadas y coffetis confirman su distinción y la de su clase.

 

Pero la calle, como ese privilegio privilegiado del Carnaval, es celosamente defendida por los demás sectores de la sociedad urbana barranquillera. Eventos como el Bando, y posteriormente la Gran Parada, por definición callejeros, serán el lugar de encuentro y desencuentro de los diversos modos sociales de vivir el Carnaval.

 

Ya en el Carnaval de hoy el autor estudia cuidadosamente la caracterización y sobre todo la significación simbólica de los principales espacios de ocurrencia del Carnaval. Se detiene en el análisis de las fiestas de Clubes; de las casetas; de la guacherna, como espacio y acción festiva; alude a los lugares marginales como los bares, las cantinas, los moteles, y hasta las carpas de fritos y los kioscos de las once cervezas antes de la trifulca.

 

Rey Sinning considera que es en la calle donde las diferencias y las distinciones entre los actores, aunque persisten, se hacen más ambiguas y menos pronunciadas. Es allí donde se consigue, aunque sólo a medias, la universalización del juego festivo y del goce del mundo que el Carnaval representa. Y es, precisamente, considerando los múltiples detalles y dinámicas de los eventos callejeros, donde el autor se detiene a hacer, más en extenso, sus juicios críticos del Carnaval y de la ciudad-carnavalera.

 

Se analiza el Bando, la Batalla de Flores, la Gran Parada, el Festival de Orquesta. Y en ellos se consideran uno a uno los principales elementos constitutivos, su origen, su desarrollo en el tiempo, los diversos y a veces contrarios modos de apropiación de tales elementos por los diferentes sectores sociales, y las perspectivas de pervivencia o disolución que tienen éstos. Así, se consideran las danzas, las comedias, las comparsas, las cumbiambas, los disfraces, los decimeros y los actores y personajes del Carnaval.

 

Según Rey Sinning, en este contexto espacial, la estructura del Carnaval se hace cada vez más formalmente rígida, cada vez se “organiza” mejor. Y, vencidos por la temporalidad abstracta y formal del mercado, los ritmos y las sucesiones del Carnaval, en principio subvertoras de la cronicidad “oficial”, autoritario y lineal de la vida cotidiana, reproducirán una concurrencia y ordenamiento “oficiales” y mercantiles.

 

A medida que se hace más compleja la espaciotemporalidad y la configuración social del Carnaval, ese tiempo y ese espacio son cada vez más rigurosamente reglados por la “administración” urbana, que es la mediación institucionalizadora de la lógica del mercado. El tiempo de las celebraciones no puede dilapidarse, ni el espacio difuminarse; hay que concentrar, articular; y articular aquí es administrar, a la manera en que se administra el tiempo y el espacio en la gestión de los procesos productivos. Hay que delimitar los espacios y encuadrar los tiempos del Carnaval, hay que definir y determinar fijamente los cuándos, los dóndes y los cómos, de una manera general y abstracta. La multiplicidad concreta y plena que caracteriza al Carnaval en su definición, se hace generalidad vacía. La Empresa CARNAVAL S.A. es el más evidente y omnicomprensivo de los medios de esta instrumentalización administrativa del Carnaval, pero no el único. El texto se encarga de mostrarnos esta realidad en las diferentes dimensiones, momentos y eventos del Carnaval.

 

Esta “mirada de conjunto” que la “administración empresarial” del Carnaval hace cada vez más posible, y que está en la base de la conversión progresiva del evento en “espectáculo”, se hace al costo de la des-unificación entre los actores sociales del Carnaval cuya acción dramática se desliga de los espacios, los tiempos, los significados y las personas de las que surgió y se alimentó inicialmente.

 

C. LA “ORGANIZACION” Y LA “DESORGANIZACION” EN EL CARNAVAL: LOS MODOS DEL “ORDEN” EN EL CARNAVAL DE BARRANQUILLA HOY.

 

Hemos anotado que para Edgar Rey Sinning, desde un punto de vista global, el Carnaval se encuentra hoy en una crucial coyuntura.

 

Decíamos que lo que detecta el autor en el Carnaval, de año en año, es un tránsito incontrolado, velado pero insidioso, del Carnaval auténtico a un Carnaval exterior a sí mismo, en donde las vinculaciones y acercamientos con lo más humano que nos constituye y que configuran el quid de todo Carnaval, ocurre a través de la abstracta asociación que produce el mercado y la mercantilización de las relaciones sociales y los símbolos en el interior del Carnaval, sus espacios, eventos y actores.

 

Dice Rey Sinning que el Carnaval de hoy, que de Carnaval-fiesta está pasando a convertirse en Carnaval-empresa, “vende y divierte”. Promocionar para vender, en esto consiste la actual “democracia del Carnaval”.

 

El Carnaval se ha convertido en una feria comercial, en donde los intereses mercantiles y publicitarios “van adquiriendo cada vez más significación, llegando casi hasta ocultar la creación popular, que con mil dificultades subsiste, y se pierden en ese mundo publicitario los aspectos tradicionales, populares, las costumbres, lo vivo, lo empírico y lo folclórico, que le permiten mostrarse como una auténtica expresión de la cultura popular regional y nacional”.

 

Según Rey Sinning, en el Carnaval lo que está ocurriendo es un progresivo proceso de extrañamiento en donde la competencia del capital refuncionaliza la emulación del festejo. La Gran Parada, el Festival de Orquestas, el Concurso de Reina Popular, los bailes de los Clubes, todo se competitiviza al tiempo que se espectaculariza y se convierte en show, en vitrina de promoción de ventas.

 

“Ese proceso de extrañamiento no hace sino limitar las potencialidades espirituales del goce y el disfrute de la danza o el baile como una expresión sin límites, porque cuando se invita a participar para competir se pierde el verdadero sentido de la tradición...”.

 

Al tiempo, muestra el autor que fenómenos como la “reconquista del Carnaval del Sur” y la persistencia de las guachernas, entre otros ejemplos, son fenómenos que significan, en sentido contrario, la persistencia de la vocación popular, no oficial ni empresarial del Carnaval.

 

 

CODA

 

Este libro se puede entender como el intento ambicioso de comprender, dentro de la coherencia interpretativa de un punto de vista mantenido desde el principio hasta el final, de un fenómeno cultural en toda su complejidad. Este esfuerzo de entender el Carnaval, desde el punto de vista de la totalidad es lo que le da su mayor aliento a este texto. Esfuerzos como estos deben ser continuados, confrontado, recogiendo, completando, revisando, superando. Entender el Carnaval es entendernos a nosotros mismos, en lo que somos, lo que hemos dejado de ser, y lo que pudiéramos (e incluso) deberíamos convertirnos.

 

Este es un texto polémico, desde que empieza hasta que termina. Y como tal no evade la discusión ni la confrontación, sino que, en cambio, la busca, con afirmaciones que a veces parecerían riesgosas, teóricamente, pero que en realidad buscan el “efecto” nietzcheano, de invitar a la reflexión llevando los argumentos a ciertos extremos incendiarios.

 

El libro es un llamado de atención para todos nosotros sobre algo que nos define. Es el nuestro un país de violencia, de ignorancia y de miedo; pero también es el país de la hospitalidad, de la inventiva y el ingenio; y, nadie lo niegue, es también el país de la alegría.

 

Defender el derecho a la alegría, ese inexpresado derecho fundamental del hombre colombiano, está en el fondo del hilo argumental de este texto, y en la crítica al desdibujamiento sin retorno que está desnaturalizando la auténtica función del Carnaval que es la subversión festiva de la cotidianidad insípida y rígida, así sea sólo durante el tiempo fugaz de los festejos. Es una crítica a la suplantación que el exhibicionismo banal de la estética de la mercancía hace de la expresividad de lo que como humanos nos conforma: proximidad, eroticidad, juego y esfuerzo.

 

No nos dejemos, dice el libro, quitar esos derechos carnavalescos; no permitamos que se nos expulse de esos últimos rincones del goce festivo de la vida en estos días de ancianos pragmatismos remozados que, en una versión muy particular del eterno retorno de lo mismo, disfrazan los anquilosados designios de la rígida ética empresarial con los afeites multicolores de la “diversión”, y la estética plana y sin densidad del centenario mercader con el exhibicionismo histérico de los empaques y las envolturas de las cosas y los seres.

 

Pareciera que el texto propusiera, entre líneas, que opongamos a la rediviva autosuficiencia del hombre “moderno”, satisfecho de haber engendrado el mejor de los mundos posibles, y que se ufana de haber llegado al fin de la historia, la única alternativa humanamente legítima en estas nuestras culturas y sociedades post-cadavéricas: las utopías.

 

Este, pienso, es el valor real del texto, más allá del grado mayor o menor en que estemos de acuerdo con sus conclusiones históricas, sociológicas, antropológicas. Estas pueden y deben ser sometidas a polémica. Lo que más importa, pienso yo, es el espíritu positivo que las anima.

 

El considerar al Carnaval como una metáfora de esa utopía. Una de las últimas riquezas patrimoniales que quedan al hombre sobre la tierra. Esto lo afirma el texto que invito a leer.

 

 

 

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