TABLA DE
CONTENIDO
El Río Magdalena: Una historia
que fluye
Presentación Segunda Edición: Sociología, Identidad y
Ecología Humana
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO I
1 LOCALIZACIÓN Y AMBIENTE NATURAL
1.1 LO QUE VIERON LOS CONQUISTADORES Y
CRONISTAS
1.2 EL RÍO DE LOS VIAJANTES
1.3 EL RÍO PARA LOS CIENTÍFICOS
CAPÍTULO II
2
CONFIGURACIÓN
HISTORICO-CULTURAL
2.1 LOS PRIMITIVOS HABITANTES
2.1.1
El Río y la Tierra lo dan
todo
2.1.2
No todo puede ser trabajo
2.1.3
La boga: Una nueva vida
2.2 LA PRESENCIA BLANCA
2.2.1
En busca del nacimiento del
río
2.2.2
La iglesia y su papel
evangelizador
2.2.3
Fundación de poblaciones y asignación de protector o
Santo patrono
2.3 LA PRESENCIA NEGRA
2.4 FORMACIÓN TRIETNICA
CAPÍTULO III
3 VALORES ANTROPOLÓGICOS
3.1 SIGNIFICACIÓN DEL RÍO PARA EL RIBEREÑO
3.2 LA VIDA Y EL TRABAJO
3.2.1 El
boga: canaletea para arriba y
canaletea para abajo
3.2.2
El ribereño Fiestero y
Parrandero
3.2.3
El Hombre “Dejao”
3.2.4
Intensidad: Responsabilidad e Irresponsabilidad
CAPÍTULO
IV
4
VALORES ÉTICO-POLÍTICOS
4.2
EL BIEN Y EL MAL
4.3
LO JUSTO Y LO INJUSTO
4.4
EL DEBER, LA AUTORIDAD Y EL
GAMONAL
4.5
LA LIBERTAD
CAPÍTULO V
5
VALORES RELIGIOSOS
5.1
LO MÍTICO: VISITANTES
SOBRENATURALES
5.2
LO MÁGICO: CIENCIAS OCULTAS
5.3
EL RITO: ENTRE LO SAGRADO Y LO PROFANO
CAPÍTULO VI
6
EXPRESIONES DE LA
CULTURA POPULAR RIBEREÑA
6.1
CELEBRACIONES RELIGIOSAS
6.1.1
Celebraciones religiosas
alegres
6.1.1.1
La Inmaculada Concepción
6.1.1.2
Nacimiento de Jesús o Navidad
6.1.1.3
Reyes Magos o Epifanía de
Nuestro Señor
6.1.1.4
Año Nuevo
6.1.1.5
Carnestolendas, el Carnaval
6.1.2
Celebraciones religiosas tristes
6.1.2.1
Semana Santa o Semana Mayor
6.1.2.2
Corpus Christi
6.2
LA FIESTA POPULAR RIBEREÑA
6.2.1
La música popular ribereña
6.2.1.1
La Cumbia o las Cumbiambas
6.2.1.2
El Chandé, baile cantao o
pajarito
6.2.1.3
El acordeón riano
6.2.2
Coreografía ribereña
6.2.2.1
Diablos y Cucambas
6.2.2.2
Las Pilanderas
6.2.2.3
Los Indios Chimilas
6.2.2.4
La Maya o Malla
6.2.2.5
El Currulao
BIBLIOGRAFÍA
EL RÍO MAGDALENA: UNA HISTORIA QUE FLUYE*
Al
tomar en mis manos el libro “El Hombre
y su Río” de Edgar Rey Sinning, recordé en el acto aquella novela famosa titulada KIM del escritor inglés Rudyard
Kipling, en la que plantea la búsqueda inagotable de la realización interior
del hombre, valiéndose de una metáfora simbolizada por la palabra RÍO.
A lo
largo de quinientas páginas, un monje tibetano, recorre los caminos del mundo
detrás de un objetivo: el hallazgo de
su Río, porque en este hallazgo reside el punto culminante de su larga vida,
porque el Río representa todos los valores de la vida.
Pero,
¿es que acaso el río es algo más que el
admirable fluir de sus aguas?. En efecto, el río es la vida que nunca cesa. El río es la Eternidad, y aunque sus aguas visibles se sequen, debajo del río, para
recordar a Borges, sigue transcurriendo el otro río, el eterno, el inagotable.
Y esto es, en
primera instancia, lo que simboliza el
libro de Edgar Rey Sinning, la añoranza de un río caudaloso, mítico y bello,
epicentro del hombre aborigen desde los
tiempos del Génesis americano. Y así lo expresa en su prólogo: “debemos tener claro que el río Magdalena es
vida para el riano”, y más adelante añade:
“todo se está acabando, el Hombre-Caimán desapareció como por encanto,
las garzas alzaron el vuelo...”.
El turbulento
río de los conquistadores perdió la
exuberancia y espesura de sus bosques.
Los navegantes de otras épocas como cita Edgar Rey Sinning, no profesarían su asombro ante ese río cuyas
orillas “estaban a veces tan lejos de
nosotros que los árboles que las cubrían parecían del tamaño de los arbustos”.
No cabe
ninguna duda para el autor que, la
opulencia del trópico a orillas del río Magdalena pareciera un “paraíso
perdido”, uno de los tantos paraísos reservados por Dios al hombre, y luego
destruido por la cruel avaricia del hombre mismo.
Edgar Rey
Sinning es un apasionado incondicional
del río Magdalena, y su trabajo consistió en indagar con rigor
científico, su historia, asumiendo no sólo la letra muerta de las crónicas, sino encarnando al río en su piel,
compartiendo con él su cotidiano
existir. Por esto, con acertado juicio plantea el papel de los mitos en la conciencia del hombre riberano. Los mitos anota: “no son dioses, sino leyendas de seres sobrenaturales”. Al respecto, vale la pena enfatizar que los
mitos son parte indisoluble de la conciencia del hombre
magdalenense. El río inspiró
muchas leyendas. Del río surgieron monstruos y fantasmas. Del río emergió siglos atrás, el primer Hombre-Caimán, y es una lástima que por
negligencia lo hayamos desterrado.
¿Qué pasó,
pues, con el río?. Si sus aguas están plagadas de excrementos y residuos industriales , si las grandes
ceibas se tambalean, si la flor de oro del cañahuate no flota en el puerto de
Mompox, si las redes están vacías, ¿qué pasó, pues, con el río?. La respuesta es este libro que se convierte
desde ahora en referencia obligada de todos
aquellos que tienen cargos de responsabilidad con la comunidad, pero
también es punto de encuentro de todos los que llevamos sangre indígena, de
todos los que amamos al río y a sus tarullas, para que siga su curso, limpio y
arrogante, y no tengamos que repetir
con Candelario Obeso:
“No
hay en el cielo una estrella”.
Por el
contrario, que podamos sentirnos orgullosos de nuestros valores
antropológicos. Es una pena que ad
portas del siglo XXI creamos
aún que somos españoles, y despreciemos
el remoto abuelo chimila, tayrona o wayúu.
Es una pena que una ilusa y controvertida identidad ibérica impere
todavía en nuestras tradiciones y costumbres, creando una personalidad insegura, y una lamentable timidez frente al
Viejo Mundo.
En el capítulo
II sobre la Configuración Histórica
Cultural del hombre ribereño, Edgar Rey Sinning trae a colación una
sentencia del escritor Vasconcelos, la cual deberíamos tener en
cuenta cada vez que nos sintamos inferiores por ser latinoamericanos:
“En
la América española ya no repetirá
la Naturaleza
uno de sus ensayos parciales,
ya no
será la raza de un solo color,
de rasgos
particulares,
lo que de allí
va a salir es la raza definitiva
la raza síntesis o raza integral, hecha con el genio
y con la
sangre de toso los pueblos”.
Es curioso,
pero la cita anterior está
emparentada con la profesía del
filósofo español del siglo IV de nuestra era, Lucio Séneca. En el Acto 2 de su obra Medea dice: “vendrá tiempo en que el océano se dejará
navegar, y se descubrirá una gran
Tierra, y se verá otro Nuevo Mundo”. Si
ahondamos en el significado de la profecía, comprenderíamos que Séneca no
menospreciaba al Nuevo Mundo. Veía en
su descubrimiento un horizonte luminoso
para la Humanidad.
Nada se escapa
al espíritu investigador Edgar Rey Sinning en su libro. Con habilidad y pericia viaja por la Historia de la
Conquista hasta los tiempos de los grandes buques que con
su fuerza estremecían las endebles
casas de bareque de los pueblos del río. “Aguántate la reculá de Hércules” decían los viejos plateños como recuerdo de aquellas
embarcaciones que traían los últimos
vestigios de una Europa cada vez
más lejana.
Sorprende
también el análisis profundo e inteligente que el autor hace sobre el fenómeno religioso, no es
escolástico. Tampoco es marxista. Es universal. Esto se corrobora con la siguiente frase: “Nosotros afirmamos que la religión forma parte de esa cultura
espiritual de los pueblos, como cualquier otra actividad humana; es más no se conoce hasta
hoy que exista o haya
existido un pueblo sin religión
o sin folclor”.
Antes de poner
punto final a estas notas, invito al lector cuidadoso, al escritor
consagrado, al investigador, para que acuda a las páginas del libro “El Hombre y su Río”, y constate que, el Realismo Mágico, atribuido al
eminente novelista Gabriel García
Márquez, no es de su invención. El
Realismo Mágico es la auténtica personalidad del hombre ribereño. Todos
nosotros somos realistas mágicos. Desde que abrimos los ojos comenzamos a convivir
con nuestros mitos y leyendas.
Desde que articulamos los
primeros sonidos, suena la flauta, y los chinchorros y las atarrayas se tejen
con la pasión y la fuerza que heredamos
del Río Grande de la Magdalena.
“Para todos
los rianos”, señala Edgar Rey Sinning,
“adultos, adolescentes y niños, los mitos y leyendas siguen formando parte de
sus comentarios cotidianos, a pesar de
la existencia de la luz eléctrica...”
En algún lugar del río “El Mohán” acecha. En algún lugar del río aparecerá la balsa, y las carcajadas de El
Mohán volverán a turbar los corazones de los hombres riberanos.
William
Hernández Ospino
Humanista,
Filósofo y Poeta
Santa Marta,
Noviembre de 1995.
SOCIOLOGÍA, IDENTIDAD Y ECOLOGÍA HUMANA
El sociólogo y
director de la London School of Economics and Political Science, Anthony
Giddens, a propósito de la ciencia sociológica y más en particular refiriéndose
a la disciplina que Comte, Durkheim, Weber, Parsons y Merton entre otros,
legaron en nosotros afirma: “La sociología tiene algo que provoca una
irritación que no logran suscitar otras disciplinas académicas”. Justamente, el
trabajo que hoy tenemos en nuestras manos “El Hombre y su Río”, en su segunda
edición 2002 , aumentada y corregida, se encuentra estrechamente vinculado a la
aseveración antes anotada por Giddens. Decimos esto porque el autor del texto
recrea incesantemente lo que podemos llamar el Caribe-Ribereño. Y es que el
sociólogo Edgar Rey Sinning, es un ser social permeado por la cultura anfibia,
es casi un Hombre-Hicotea, al decir de nuestro profesor, colega y amigo
entrañable Orlando Fals Borda.
Pues bien, “El
Hombre y su Río”, recoge un conjunto de hechos sociales e históricos que han
tenido ocurrencia a lo largo y ancho del territorio formado por el río de la
Magdalena. Su geografía física, económica y humana expresan y revelan lo que la
lente múltiple con que el sociólogo Rey Sinning, advirtió y organizó sobre las
más significativas manifestaciones de la cultura ribereña. En buena medida,
este estudio, facilita la comprensión de la identidad cultural de la región, en
un contexto más amplio, la sociedad colombiana. A mi juicio, este trabajo tiene
la particularidad de ser un ejercicio académico provocador, es decir, se
encuentra sincronizado con aquella característica propia del oficio del
sociólogo: Produce conocimiento y también ira entre académicos no comprometidos
con el necesario cambio social o distantes del intelectual orgánico, que la
región reclama.
La obra y su autor
transitan un camino lleno de esperanzas. Primero porque develan un conjunto de
prácticas cotidianas enraizadas en el tejido social de los rianos, que explican
su cosmovisión y sus peculiares mecanismos de sobrevivencia y permanencia en el
espacio y tiempo que les ha tocado asumir. Segundo, por el imaginario colectivo
orientado por el optimismo, propio de quienes se afirman en la idea que el
desarrollo es esencialmente endógeno. Interesante, por cierto, el enfoque que
en ecología humana atraviesa transversalmente la estructura de esta
investigación. Uno alcanza a recuperar categorías casi olvidadas de la economía
política, entre ellas, los significados concretos que para las poblaciones del
río tienen los recursos naturales. Esto es, que no confunden el valor de uso de
los bienes naturales respecto a su transformación en mercancías consecuentes
con el modo de producción capitalista rampante, que hoy agobia.
De otra parte,
el texto se deja leer, es ameno y concreto, delimita muy bien su temporalidad y
el territorio, la comarca, la región. Tal vez, sea un tanto pretencioso en sus
alcances, al buscar una mejor y mayor comprensión de la cultura colombiana, a
partir del conocimiento de lo local y regional, para en sus complejas
articulaciones reexplicar la formación
económica y social nacional.
Pero esto, antes que minimizar el estudio, lo hace provocador e
interesante. Interesante al conjunto de las ciencias sociales, pues ellas se
entrecruzan tratando de dar cuenta del escenario y sus actores caribes-anfibios.
Sin embargo, el telón de fondo es básicamente sociológico.
También se
puede observar el uso de técnicas de investigación histórica combinadas con la
etnografía. En suma, la temática es tratada coherentemente, él y los actores de
la faena se mueven ágilmente en las aguas. Aguas que han dibujado los límites
entre la imaginación, la creatividad y la realidad real de nuestros pueblos. Un
además, encuentro literatura, al lado de la jerga sociológica. A este respecto,
el escenario está repleto de estampas caribeñas y/o tropicales. Al igual, que la pintura primitivista de otro hombre
del Magdalena, el cienaguero Pedro Mendoza Oliveros, el riano de Pinto, Edgar
Rey Sinning, recrea la biodiversidad del área bajo estudio, mostrando las
relaciones hombre y naturaleza en todo su esplendor.
Se va viendo
aparecer caimanes y hombres-caimanes, manatíes en proceso de destete, patos,
garzas, iguanas, anfibios-culturales, peces en general y una flora que recuerda
los tiempos primeros, cuando la tecnología no había sido inventada por el
hombre. Hasta aquí, se ha condensado el optimismo. Esta actitud ante la vida,
tiene que vérsela ahora con las intervenciones del hombre de hoy, el detractor
tal vez inconsciente de su accionar negativo frente a la madre naturaleza. Rey
Sinning, muestra su preocupación, advierte la “muerte” del río Magdalena y con
él una cadena de desastres sociales (los sociólogos entendemos que los
desastres naturales son inexistentes), en la cual se van desvaneciendo mitos,
leyendas y costumbres. Los mohanes y sus perversidades también se
invisibilizan. Lo variopinto pierde su firmeza y la naturaleza se resiente. Es
un viaje desde el optimismo hacia una cruda realidad, signada por la
destrucción. Otra vez la naturaleza se nutre de la enorme capacidad de
resistencia de campesinos, pescadores, indígenas, en general de los habitantes
del Mundo Caribe. El autor, con perspectiva histórica reafirma la tradición
defensiva de nuestros ancestros y lo representa en los nativos chimilas,
quienes fueron capaces de enfrentar no solo las adversidades naturales sino
también y de manera especial la penetración sociocultural blanca. Ésta,
repelida en un marco de “Guerras Justas” ante los invasores de tierras, del río
y de su vida espiritual. Siendo, lo central el río Grande de la Magdalena, el
comentado autor, ratifica constantemente la necesidad de salvar entre todos,
este inmenso espejo de agua. En él describe procesos productivos, culturales y
comerciales: agricultura del maíz y la yuca, hortalizas y una variedad de especies
ictiológicas asociadas a su riqueza espiritual. A este último propósito, le va
a dedicar apartes significativos de su obra. Tan es así, que existen abundantes
anotaciones antropológicas, y sociológicas sobre las celebraciones tanto
religiosas, como de otro carácter, el carnaval y las fiestas populares. Su
marco conceptual, da cuenta de las teorías sobre las culturas populares,
específicamente en los países dependientes o subdesarrollados. Sin embargo,
clásicos sobre la vida religiosa como es el caso de Emilio Durkheim, son
referenciados para lograr una mejor comprensión del hecho social estudiado.
Igualmente, teóricos como el autor de “La Rama Dorada” son consultados para
lograr una interpretación sólida de los problemas motivo de esta investigación,
así mismo se observa la presencia del enfoque antropológico de Levi-Strauss,
entre otros. Finalmente, hay que dejar a manera de constancia académica, que en
medio del debilitamiento y el estigma que pesa sobre la sociología en la Región
Caribe, y en el país, es destacable el esfuerzo que realiza el colega Edgar Rey
Sinning. Se atreve a la publicación de sus investigaciones disciplinarias y con
ellas, provoca las mas variadas reacciones entre la comunidad de científicos
sociales. Pienso, que definitivamente se lanza a desafiar temas que se daban
por bien conocidos y que él prefiere reconsiderar. Ello de por sí, además de
valioso, revive y le da firme presencia a la sociología regional en el contexto
nacional.
Alfredo Correa
De Andreis
Sociólogo.
Profesor Universidad Simón Bolívar
y Universidad
del Norte.
Barranquilla,
7 agosto de 2002.