A P É N D I C E
Creada: el 07/05/2005
Última actualización: el 25/08/2007
Autor: Carlos Reyes Ríos

fotografía de la colección del autor
Y siendo Prometeo la figura simbólica de la rebelión del pensador creativo contra un destino desfavorable ...

Web de: Juan-José Reyes Ríos

El esfuerzo todo lo supera.
Dibujo a ordenador del autor

Cada poema con su acropoema
Cada poema con su acropoema
Poema y su acropoema
(1)

   Un viento apacible
sopla en mi perfil fugaz,
mientras escucho
el murmullo de la corriente
en ese espacio de solaz.
El gorjeo de los pájaros,
el chapoteo de las ninfas
en el remanso del río,
los lagartos y las cigarras
en las oscuras pizarras,
y los chopos y desmayos
presidiendo ambas orillas,
mientras los vibrátiles juncos
saludan airosos a los distantes
mástiles de los aventurados veleros
que navegan serenos en alta mar,
son el deleite de este viejo poeta
que respira infundiendo amor
a toda la región verde y vital.
¡Y me uno a la tranquila corriente!
Sigo con la vista su discurrir,
me recreo con los dorados cabellos
que agitan las ninfas tras cada impulso
sobre la superficie del agua,
y tiendo la mirada a la pulida piedra
que, cual elemento animado,
siembra mi ánimo de quietud,
y de momentáneo éxtasis.
Pero yo estoy de paso,
mis ojos ya casi ven sin mirar.
(Poema extraído del poemario "Cual centella vivaz")



(17)

No una sola voz, sino
muchas voces al unísono,
acompañadas de instrumentos
musicales. Un coro de antaño,
cantando poemas a la deriva,
poemas que se alzan inevitables
en el camino trillado y polvoriento.
No una sola voz, sino un coro
ahuyentando los males del mundo,
espantando la ceguera, la impostura,
la pobreza, el barbarismo, la necedad
y todas las falacias y secretismos.
No una sola voz, sino un orfeón
cantándole a un solo mundo,
a un solo espíritu, pero inmenso.
(Poema extraído del poemario "Alondra mañanera")
(6)

   ¿Adónde vais con esas medidas,
con esos vocablos que parecen soles,
con esos ritmos bajo el plenilunio?
Sé que lleváis en vuestra haldada
poemas como girasoles, cánticos
de luz, amor y esperanza. Poetisas
que dibujáis con la palabra y que,
tras hallar el más sibilino sentido,
hacéis volar vuestro poema cual
cometa de varipintos colores. Yo
observo cómo tiráis de ella, cómo
la ascendéis estirando y soltando
suavemente ese vivaracho piolín,
vínculo entre vuestro cielo y la tierra.
Poetisas de hoy: que entre el hombre
y la mujer se haga el anhelado Paraíso.
(Poema extraído del poemario "Cual centella vivaz")

(16)

Desde mi memoria,
como un torrente,
desfilan escenas de mi vida,
efímeras unas, perdurables otras;
mas todas se avienen presurosas
al particular ritmo de mi mente.
Es un álbum sin fotos ni cromos,
un álbum que valora el existir
en el singular océano de la vida.
Y cuando enfoco mi ser
y soy objeto de mi examen,
se amontonan las dudas,
la meditación de los errores;
entonces siento que yo,
el que ha nacido para vivir,
no ha puesto en el asador
todo el caudal de su amor,
ni toda la nobleza de su aliento.
Entonces me siento culpable,
culpable de no haberlo dado todo,
de recelar, de eludir, de huir,
en vez de poner en práctica
el experimentable conocimiento
de la gramática parda. ¡Ay!
Quizá la inminente noche
-quieran los dioses que "fluvial"-,
el bullir de gacelas y gamos
hacia la cresta de la montaña,
esperando la proximidad de la Luna
para el definitivo y anhelado salto ...
hagan renacer mis atributos
de hombre con un destino.
(Poema extraído del poemario "Alondra mañanera")
(28)

[Mujer, en el esplendor maya]

   Te vi, de niña, jugar a la pelota,
mostrando ya una sonrisa
que se desgranaba en chispeante delicia.
Y, de moza, encarnar grato personaje
de una pieza teatral, a la sazón,
ataviada con esa blusa y esa falda
de variopintos colores, que producen
una sensación de calidez en quien las mira.
¡Ay, qué ricura tu silueta,
qué femenil porte cuando tienes
tus sensitivos brazos en jarras!
Ya mujer, vi cómo subías lentamente
la decorosa y altiva escalinata
de una majestuosa pirámide,
portando raro recipiente en tus manos.
Llevabas un vestido blanco con encajes
que simulan el arcoiris y cuyas hebras son
de un mundo albergado en la serenidad.
Incluso cuando tu rostro es grave,
tu semblante es el de un sol
que enriqueciera mientras rueda.
Ay, qué hermosa, con tu mata de pelo
imitando uno de esos canales fluviales
por el que navegaban toscas canoas,
transportando lo necesario al lugar.
Pero te vi una vez sentada,
observando los frutos recogidos
en un canastillo precioso y oval.
Entonces me fijé en tu lindo cuello,
en tu donosa presencia, en tu talle,
capaz de levantar las ruinas
de este mi ser perdido entre columnas arcaicas.
Luego comprobé que estatuillas
de los dioses Itzamna y Chac,
la rueda calendárica
y la serpiente emplumada
hermoseaban tu grata estancia.
Cuando te alejaste de mi visión,
estabas en mi interior, jovial,
serena, mirando y descifrando la realidad
en el mismo acto de mirar.
Fue entonces cuando te desnudé,
qué formas, qué ondulaciones,
qué arrecifes coralinos, ...
¡y qué llamaradas vi de un sol sensual!
(Poema extraído del poemario "Cual centella vivaz")

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