Inicio

Califato, emirato y reinos en al-Andalus

Emirato omeya
independiente
Califa anterior
Emir posterior

Abd al-Rahman I al-Dajil
1er Emir independiente de al-Andalus (731<756-788>788)

Genealogía

 

Resumen


Abd al-Rahman ben Muawiya nació en 731, cerca de Damasco. Era hijo de una bereber de la tribu Nafza del Magreb y nieto del califa omeya Hisham. Cuando tenía poco más de 20 años, el califa abbasí Abu-l-Abbas organizó una celada contra los omeyas de la que Abd al-Rahman pudo salvarse, junto con su hermano Yahya. En la huida que emprendieron, Yahya y otro de sus hermanos fueron asesinados en diferentes lugares.

En compañía de su liberto Badr, se dirigió al norte de África. En Ifriqiya tuvo una mala acogida por parte del valí porque le consideró un competidor, ya que el mandatario intentaba independizar su provincia aprovechando el cambio de régimen en Damasco. Ante el peligro, Abd al-Rahman continuó su huida y estuvo durante unos cuatro años intentando establecerse entre las tribus bereberes. El recelo que provocaba su presencia le llevó a refugiarse finalmente entre los nafzas, tribu de su madre, aposentada en el norte del actual Marruecos y a orillas del Mediterráneo.

Viendo que en aquellas tierras era imposible cumplir sus aspiraciones de crear un trono propio, como le había vaticinado un tío abuelo, pensó hacerlo en las del otro lado del Estrecho de Gibraltar. La presencia de unos quinientos mawlas (clientes) omeyas en al-Andalus, pertenecientes a la caballería siria del general Balch que había cruzado el Estrecho desde Ceuta en 741, le decidió a intentarlo.

Estos mawlas se encontraban encuadrados en los chunds de Damasco (Jaén) y Qinnasrin (Elvira). Fue el liberto Badr el encargado de contactar con ellos. En junio de 754, se puso en contacto con los jefes mawlas del chund de Damasco, Ubayd Allah ben Uthman y Abd Allah ben Jalid. Éstos escucharon a Badr y decidieron poner al corriente al jefe de los mawlas del chund de Qinnasrin, Yusuf ben Bujt. Conscientes de sus deberes de clientela, manifestaron su intención de cumplirlos, pero antes decidieron consultar al más importante personaje político de al-Andalus, el jefe qaysí al-Sumayl ben Hatim al-Kilabí, gobernador de Zaragoza que también debía favores a los omeyas de Siria.

Por aquellas fechas, Zaragoza se encontraba sitiada por una coalición de kalbíes, bereberes y algunos qaysíes descontentos. Por ello, para poder hablar con al-Sumayl, una delegación de mawlas omeyas, a la que se unió el liberto Badr, se alistó en el ejército qaysí que consiguió levantar el sitio. La primera entrevista, después de la liberación de Zaragoza, fue positiva aunque al-Sumayl no dio una contestación categórica. Pasados unos meses, y con motivo de una expedición a Zaragoza del valí de al-Andalus Yusuf ben Abd al-Rahman al-Fihrí y de al-Sumayl para aplastar definitivamente a los sublevados, se volvieron a reunir. La respuesta de al-Sumayl fue muy favorable, pero inmediatamente se volvió atrás.

Los mawlas tuvieron que decidir entre renunciar a la empresa o a buscar aliados entre los yemeníes. Se decidieron por estos últimos, que acogieron con satisfacción la propuesta de alianza por estar deseosos de venganza por la humillante derrota que sufrieron a manos del valí en la batalla de Secunda (Córdoba). Aprovechando que el valí y al-Sumayl no habían regresado de su expedición al actual Aragón, los mawlas compraron un barco para ir a buscar al pretendiente. Llevaban dinero para aliviar la situación económica de Abd al-Rahman y para pagar el posible rescate que los bereberes pedirían para permitirle embarcar. El 14 de agosto de 755, el príncipe omeya desembarcó en Almuñécar (actual provincia de Granada).

Abd al-Rahman, después de residir en Loja, se instaló en el castillo de Torrox, en la costa de la actual Malaga, residencia del jefe mawla Ubayd Allah. Mientras tanto, en el camino de regreso a Córdoba, el valí se enteró de la derrota que los vascones habían infringido a su ejército cerca de Pamplona y del desembarco y posterior acogida del príncipe omeya por parte del jefe de los chundis omeyas de Elvira. También tuvo noticias de la facilidad con que sus tropas habían sido rechazadas al intentar apresar al omeya. A pesar del gran número de soldados que desertaban para pasarse a la causa de Abd al-Rahman, el valí Yusuf al-Fihrí, aconsejado por al-Sumayl, decidió marchar contra él. Pero el mal tiempo y la impopularidad de esta campaña entre las tropas, le obligó a regresar a Córdoba y entablar negociaciones con Abd al-Rahman. Le ofreció un estatus digno de su rango, le invitó a ir a Córdoba y le ofreció la mano de su hija. A cambio debería renunciar a toda actividad política. El intento de conciliación fracasó y a finales del invierno de 756, Abd al-Rahman comenzó a reclutar tropas. Primero entre los yemeníes y los bereberes, y luego entre varios chunds. A continuación se trasladó al distrito de Reyyo, feudo de los chundis de la circunscripción del Jordán, cuyos miembros se adhirieron a su causa. Al pasar por su capital, Archidona, lo proclamaron emir. Lo mismo ocurrió cuando pasó al distrito de Sidonia, feudo del chund de Palestina, y luego al de Sevilla, que lo era del de Emesa. En marzo de 756, acompañado de varios jefes yemeníes de la región, entró en Sevilla y recibió el juramento de homenaje de la población.

Ante lo complicado de su situación, el valí Yusuf al-Fihrí resolvió enfrentarse de nuevo al omeya. Al frente de sus tropas, salió de Córdoba hacia Sevilla por la margen derecha del río Guadalquivir. Enterado del avance, Abd al-Rahman marchó hacia Córdoba por la margen izquierda del río con la intención de tomar la indefensa capital. Al divisarse ambos ejércitos con el río de por medio, el valí retornó hacia Córdoba y Abd al-Rahman continuó su marcha. Los dos ejércitos se encontraron en al-Musara, a las puertas de la capital, pero separados por el río. Mediante una estratagema, las tropas del omeya cruzaron el río por la noche. Al día siguiente, el 15 de mayo de 756, se dio la batalla con el resultado de la victoria de Abd al-Rahman y la huida de Yusuf al-Fihrí y de al-Sumayl. Abd al-Rahman entró en Córdoba y, desde el palacio del derrotado valí, ordenó el cese del saqueo que los yemeníes estaban realizando en la ciudad. El conato de rebelión por esta orden fue enérgicamente cortado por el príncipe omeya. A continuación, Abd al-Rahman recibió la sumisión de los habitantes de Córdoba y se hizo proclamar emir de al-Andalus.

Su siguiente actuación fue la organización del abigarrado ejército que le había llevado al poder. Para ello, fue fundamental la elección de los hombres, clientes o no, que le fueran fieles y capaces para poder entregarles el mando de las diferentes unidades del ejército y la administración de los territorios. Pero ese tipo de personas escaseaban en al-Andulus. Por ello, practicó una política de puertas abiertas a todos los omeyas y clientes que habían sufrido la persecución de los abbasíes, propiciando una nueva oleada de inmigrantes. Llegaron miembros de su familia que fueron tratados con honores y que llegaron a constituir una aristocracia de sangre real. Además, procuró atraerse a los vencidos de al-Musara y a otros descontentos con medidas conciliadoras.

Los derrotados Yusuf al-Fihrí y al-Sumayl, no conformes con su suerte, levantaron un ejército que consiguió apoderarse por muy poco tiempo de Córdoba. La sola noticia de la llegada de Abd al-Rahman hizo que los rebeldes abandonaran la capital. A continuación, el emir emprendió la persecución del antiguo valí hasta que en 757 se rindió y pidió, junto con al-Sumayl, una amnistía que Abd al-Rahman aceptó. Considerando que con esta sumisión había consolidado su poder, Abd al-Rahman hizo pronunciar maldiciones contra los abbasíes y suprimir en las mezquitas la mención al califa reinante. Dos años más tarde, a pesar de haber sido tratado con gran deferencia por el emir, Yusuf al-Fihrí se escapó de la capital y reclutó en Mérida un ejército compuesto en su mayoría de bereberes que se dirigió contra Córdoba. En el camino, los gobernadores de Sevilla y Morón lo derrotaron y tuvo que huir hacia tierras de Toledo, donde sus partidarios lo asesinaron en 760. Desaparecido su principal adversario, Abd al-Rahman decidió acabar también con al-Sumayl, que fue estrangulado en prisión.

A partir de ese momento, y durante todo su reinado, Abd al-Rahman, viendo la inutilidad de las medidas conciliadoras, ejerció un poder despótico y empleó con dureza la fuerza contra todos aquellos que intentaron, y fueron muchos, traicionar su confianza.

Las principales conjuras contra el emir estuvieron instigadas por partidarios del antiguo valí y por los yemeníes. Así, en 763, un seguidor del fallecido Yusuf al-Fihrí se declaró en rebeldía en Toledo y la gobernó con total independencia hasta 764. En ese año, un ejército omeya, sin hacer uso de las armas, sofocó la rebelión y codujo a Córdoba, donde fueron ejecutados, a los rebeldes. Por su parte, los yemeníes, que habían puesto prácticamente en el poder a Abd al-Rahman, al comprobar la poca ascendencia que tenían sobre el emir, participaron en casi todas las conjuras contra el régimen omeya. Así, en el año 763, el jefe árabe al-Ala ben Mugith se rebeló en Beja (sur del Portugal actual) enarbolando la bandera negra de los abbasíes. Era un enviado del califa Abu Yafar que, provisto de dinero, había desembarcado en al-Andalus con la promesa de obtener su gobierno si conseguía derrotar al omeya. Con la adhesión de muchos descontentos y oportunistas, ben Mugith consiguió tener cercado a Abd al-Rahman durante dos meses en la plaza de Carmona. Una audaz salida permitió derrotar al rebelde, cuya cabeza fue enviada a Ifriqiya. En 766, un tal Said al-Matarí se levantó en la región de Niebla y llegó a ser dueño de Sevilla. Ante el acoso del emir, se hizo fuerte en el castillo de Alcalá de Guadaira, pero al intentar salir, fue derrotado y decapitado. Pero la rebelión más larga y peligrosa fue la del bereber Shaqya ben Abd al-Wahid, un maestro de escuela del distrito de Santaver (actual provincia de Cuenca), que en 768 se hizo pasar por un imán descendiente del Profeta y levantó contra el emir un gran número de bereberes. La insurrección fue finalmente sofocada en 776, después de varias expediciones infructuosas. Su líder fue asesinado por partidarios sobornados. También, entre los parientes del emir y dignatarios omeyas, que se habían acogido a su hospitalidad, hubo algunos que traicionaron su generosidad. En 780, el omeya Abd al-Salam ben Yazid y Ubayd Allah ben Aban, primo del emir, fueron ejecutados por intentar destronarlo. Hasta su fiel mawla Badr, que llegó a ser general de su ejército, se envaneció con su encumbramiento y se comportó insolentemente con el emir. Por ello, fue desposeído de sus bienes y desterrado en 773, aunque años más tarde, fue perdonado.

El tiempo y la energía que gastó en reprimir la agitación política de sus propios vasallos, hizo que Abd al-Rahman casi no pudiera hacer frente a los ataques que hacían sus vecinos cristianos del norte. Así, según cierta crónica latina, el rey de Asturias Fruela I le hostigó y consiguió algunas victorias, siendo la más importante la de Pontuvium, actual Puentedeume en Galicia. En esa batalla habría muerto Umar, hijo del emir. Las crónicas árabes no hacen mención de este encuentro. Tampoco las crónicas cristianas hablan de una exitosa campaña de los musulmanes hacia el año 767 que fue llevada a cabo por el liberto Badr por tierras de Álava, donde se exigieron tributos y rehenes a los vencidos. Durante el reinado de los tres siguientes reyes asturianos, Aurelio, Silo y Mauregato, desde 768 a 788, no se produjeron enfrentamientos con el emirato.

Junto al problema casi resuelto con el reino asturiano, estaba el de los magnates árabes de la cuenca del Ebro y demás valles transversales que, por ambición, siempre habían intentado independizarse de Córdoba aprovechando su lejanía. En 777, el gobernador de Zaragoza de origen kalbí Sulayman ben Yaqzan ben al-Arabí, estando en Barcelona, entró en contacto con un enviado del califa abbasí al-Mahdi que le propuso levantarse contra el emir. Aunque aceptó en un principio, luego se apartó al comprobar que la conspiración no favorecía sus ambiciones. De vuelta en Zaragoza, se alió con al-Husayn ben Yahya al-Ansarí y se declaró en rebeldía. Abd al-Rahman I envió tropas al mando de Thalaba ben Ubayd para sitiar la ciudad. En una salida por sorpresa, el jefe de las tropas omeyas fue hecho prisionero. A continuación, dejando a su aliado el mando de Zaragoza, Sulayman al-Arabí en compañía, seguramente, del señor de la región de Huesca Abu Thawr, marchó a Paderborn (Sajonia), donde se entrevistó con el rey franco Carlomagno. Casi no se conoce el propósito de esta embajada, aunque parece claro que incluía una petición de ayuda en su lucha contra el emirato de Córdoba a cambio de garantizarle el apoyo de todo el territorio de la frontera superior de al-Andalus. Carlomagno aceptó la oferta y en la primavera del año 778, con un potente ejército dividido en dos columnas, cruzó los Pirineos. El tamaño de este ejército hace pensar que el objetivo de la expedición excedía el simple apoyo militar a la revuelta, y quizás intentaba crear un puesto avanzado de importancia más allá del Pirineo. Una columna del ejército entró por Gerona y la otra, mandada por el propio rey, por los puertos de Ibañeta y Roncesvalles en el Pirineo navarro. Ambas columnas, tras someter a la ciudad de Pamplona y obtener la pleitesía de Huesca, se dirigieron a Zaragoza y acamparan a sus puertas. Sulayman al-Arabí salió de la ciudad para recibir a Carlomagno, pero su aliado, al-Husayn al-Ansarí, que había quedado al mando de la ciudad, cerró las puertas y se negó a entregar la ciudad. Carlomagno inició un asedio, pero al no poder afrontar su duración y que, además, tuvo noticias de un levantamiento en Sajonia, decidió levantar el sitio de la ciudad y volver a su reino llevándose como rehén a Sulayman al-Arabí. Éste fue rescatado por sus hijos cuando vascones y musulmanes atacaron a los francos en el centro de la actual Navarra. Para evitar nuevos asaltos, Carlomagno ordenó derribar las murallas de Pamplona privando así de refugio a sus posibles atacantes. Después, continuó hacia el paso de Roncesvalles donde el 15 de agosto de 778 la retaguardia de su ejército fue aniquilada en una escaramuza por vascones, o musulmanes según otras versiones. En la lucha perdieron la vida algunos nobles del séquito de Carlomagno. Entre ellos se encontraban el senescal Eggihard y el duque de la Marca de Bretaña, Roldán, que inspiró más tarde la “Chanson de Roland”, el famoso cantar de gesta francés. Ante el fracaso de su campaña en al-Andalus, Carlomagno, para vigilar permanentemente la actividad de los musulmanes, vasallos o no de Córdoba, creó el reino de Aquitania dentro de la monarquía franca y lo puso bajo su hijo Luis. Más tarde, en 781, Abd al-Rahman I sitió y rindió a al-Husayn al-Ansarí que continuaba gobernando Zaragoza y realizó una correría por los Pirineos orientales y por las actuales Navarra y La Rioja para restablecer la hegemonía de Córdoba. En 782, al-Husayn al-Ansarí volvió a rebelarse y Abd al-Rahman I tuvo que tomar Zaragoza por asalto con máquinas de guerra. Sus habitantes fueron expulsados por algún tiempo y al-Husayn ejecutado. En 785, Abd al-Rahman I no pudo hacer nada cuando los habitantes de Gerona, por asedio o por propia voluntad, entregaron la ciudad a los francos.

La pacificación de su reino no impidió a Abd al-Rahman I organizar el emirato que acababa de fundar. Los valíes anteriores ya habían puesto los cimientos de una administración semejante a la Siria omeya pero centralizada en Córdoba. Sólo tuvo que adaptarlo a la nueva situación de un Estado independiente. Hacia la mitad de su reinado, formó un ejército profesional compuesto de bereberes del norte de África y de unos 40.000 esclavos de diverso origen de la Europa meridional. Durante su reinado se repararon las murallas de Córdoba y de otras ciudades, se levantó un palacio de nueva planta para su cancillería en el mismo sitio donde había estado el antiguo palacio de los gobernadores visigodos de la Bética. En 785, se comenzaron las obras de la Mezquita de Córdoba sobre los terrenos que ocupaba la catedral visigoda de San Vicente, derribada tras la compra de la mitad de la misma que todavía conservaban los cristianos.

Abd al-Rahman I murió en Córdoba el 30 de septiembre de 788. Los historiadores árabes le llamaron Abd al-Rahman al-Dajil “el Inmigrado”, para distinguirlo de su bisnieto Abd al-Rahman II, llamado a veces al-Awsat “el Intermedio”.


 

Sucesos contemporáneos

Ir a los sucesos

 

Reyes y gobernantes coetáneos

Asturias:

Reyes de Asturias.

Alfonso I (739-757).
Fruela I (757-768).
Aurelio (768-774).
Silo (774-783).
Mauregato (783-788).
Vermudo I (788-791).

Cataluña:
Marca Hispánica. (Dominio carolingio).
Marca de Gotia.

Conde de Gerona.

Rostagno (785-h.801).

Europa occidental:

Reyes de todos los francos. (Carolingios).

Pipino "el Breve" (751-768).
Carlos I "Carlomagno" (768-814).

  Italia:

Reyes de los lombardos.

Astolfo (749-756).
Desiderio (756-774).

Reyes de Italia y de los lombardos. (Dinastía carolingia).

Carlos I "Carlomagno" (774-814).

Papas. (Roma).

Esteban II (752-756).

Estados Pontifícios. (Papas).

Esteban II (756-757).
San Pablo I (757-767).
Esteban III (768-772).
Adriano I (772-795).

Britania: Escocia:

Reyes de los Pictos.

Angus, hijo de Fergus (729-759).
Bruide (759-761).
Ciniod, hijo de Feredach (761-773).
Alpin (773-777).
Drust, hijo de Talorgen (777-778).
Talorgen, hijo de Drust (778-782).
Talorgen, hijo de Angus (782-785).
Canaul, hijo de Tarla (785-790).

Reyes de Dalriada.

Aed Find the White (739-778).
Fergus mac Eochaid (778-781).
Eochaid the Venomous (781).
Constantine mac Fergus (781-820).

Reyes de Strathclyde.

Dumnagual (752-760).
Owain (760-h.780).
Rudderch (h.780-h.798).

Inglaterra:

Reyes de Kent.

Aethelbert II (725-762).
Eanmund (762-764).

------- Haebert (764-765).- Bajo el dominio de Mercia.
------- Ecgbert II (765-772).- Bajo el dominio de Mercia.
------- 772 -776.- Bajo el dominio de Mercia.
------- Egberto II (776-785).- (2ª vez). Bajo el dominio de Mercia.
------- 785-796.- Bajo el dominio de Mercia.

Reyes de Sussex.

------- h.750 – 758. Desconocidos.

Osmund (758-772).

------- (Desde 772, el reino se divide y desaparece).

Reyes de Northumbria.

Eadberht, primo de Ceolwulf (737-758).
Oswulf, hijo de Eadberht (758-759).
Aethelwald Moll (759-765).
Ealchred, cuñado de Oswulf (765-774).
Aethelred I, hijo de Aethelwald Moll (774-779).
Aelfwald I, hijo de Oswulf (779-789).

Reyes de Essex.

Swithred (746-758).
Sigeric I (758-798).

Reyes de Wessex.

Cuthred, pariente de Aethelheard (740-756).
Sigeberht (756-757).
Cynewulf (757-786).
Beorhtric (786-802).

Reyes de East Anglia.

Hun (<49-?), con Beorna (749-h.758) y con Alberht (749-?).
Aethelred (h.758-779).
San Aethelberht (779-794).

Reyes de Mercia.

Aethelbald, hijo de Alwih (716-757).
Offa, hijo de Thingfrith (757-796).

Gales:

Reyes de Gwynedd.

Cynan Tindaethwy (754-h.795) junto con Hywel ap Rhodri (754-h.795).

Reyes de Morgannwg. (Glywysing).

Rhodri ap Ithel (745-775) junto con Rhys ap Ithel (745-775).
Arthfael Hen the Old (775-h.815).

 

Reyes de Powys.

Brochfael ap Elisedd (h.755-773).
Cadell Powys (773-808).

Bizancio:

Emperadores.

Constantino V Coprónimo (743-775).
León IV "el Jazaro" (775-780).
Irene "la Ateniense" (780-790). Regente.
Constantino VI (780-797).

Imperio árabe:

Califas Abbasíes. (Damasco y desde 762, Bagdad).

Abu Yafar al-Mansur (754-775).
Al-Mahdi (775-785).
Al-Hadi (785-786).
Harun al-Rachid (786-809).

 

Arriba