|
El sistema
capitalista dominado por las poderosas trasnacionales
energéticas, alimentarias y de la comunicación, está
adoptando un nuevo traje a la medida, desechando por
obsoleto aquel que sustentado en el libre mercado,
conocemos como neoliberalismo. Las condiciones que
impone el control de recursos ya escasos en el mundo,
como los energéticos, los alimentos y el agua,
modifican el clásico concepto marxiano de la plusvalía
derivada de la explotación del hombre por el hombre,
como sustento de la acumulación y reproducción del
capital.
En los últimos años
ha quedado demostrado que no es la productividad,
eficacia y eficiencia de un país ó una empresa lo que le permite
ser competitiva en el mercado globalizado. Es el tamaño y su posicionamiento en el planeta, como es
el caso de China, o las poderosas trasnacionales que
someten a países enteros y absorben a empresas de menor
tamaño. Es el “tu o yo”, que rompe con las reglas del
libre comercio neoliberal, para dar paso a un modelo
sistémico de desarrollo capitalista aún más salvaje que
el que aún estamos viviendo en la actualidad.
El libre mercado está
ya fuera de toda lógica. La pugna por el control de los
recursos escasos está a la orden del día en la agenda de
los países más industrializados del orbe. En el caso
específico del petróleo, en tanto no se cuente con
tecnologías alternativas de bajo costo susceptibles de
ampliar la frontera energética, la guerra permanente por
su control determinará la marcha de la humanidad a lo
largo de los próximos 20 años, cuando menos.
Diversos expertos en
energía tradicional y alternativa, coinciden en
señalamientos que inducen a pensar en lo anterior. Desde
el momento en que apareció una limitación energética, el
neoliberalismo, entendido como el mercado entregado a su
propia inercia, se ha convertido en una espada de
Damocles que pende de un hilo cada vez más delgado.
Argumentándose como ejemplo de ello, que si hablamos de
carne de pollo, y consideramos que podemos producir
tanta como necesitemos, entonces no hay problema, las
necesidades futuras de los distintos productores de
pollo son compatibles y será el consumidor quien decida
que comprará y será la eficiencia de cada empresa la que
triunfará. Siendo esta idea en la que se fundan las
diferentes teorías liberales o neoliberales. Pero en el
caso del petróleo, recurso no renovable, la situación es
diferente.
La necesidad
energética futura se proyecta sobre un horizonte de
dimensiones conocidas que sabemos no va a crecer. Los
intereses de los diversos agentes comienzan a solaparse
y cada solapamiento significará, antes o después, que lo
que yo aspire a consumir de más en el futuro será,
necesariamente, algo que dejes de consumir tú. Si yo
gano, tú pierdes. Así que una nueva regla se instala
entre los competidores: si quiere crecer, una empresa
deberá adquirir a una rival. Y todas las empresas
quieren crecer. En este juego el motor de la competencia
deja de ser la eficiencia, y pasa a ser el tamaño.
Mientras el petróleo
parecía inacabable, los jugadores, incluso los más
pequeños, podían llegar, siempre que fueran eficientes,
a acuerdos del tipo “yo me quedo con estos nuevos
yacimientos, tú con aquellos”, “yo seguiré explotando
por aquí, tu por allá”, con posibles incrementos futuros
de producción y consumo para los diferentes
competidores. Es decir, aquellos en las cuales ambos
contendientes pueden salir beneficiados. En este caso,
como en el descrito de los productores de pollo, las
reglas neoliberales sí tienen sentido, nos dicen los
expertos. Más sin embargo, La empresa que se concentre
en la eficiencia, en el buen servicio, podrá ser
competitiva, pero si no tiene el tamaño suficiente será
eliminada.
Dentro de esta
lógica, la dinámica del capitalismo, beneficio
suficiente y, por ende, acumulación y reproducción del
capital, será adquirir un tamaño tal que impida la
absorción por otros. No hay reglas de juego justas, no
hay sana competencia por la eficiencia y, desde luego,
no hay posibilidad de elección. De la velocidad que
adquiera el proceso de concentración del control
hegemónico de los energéticos y en general de los
recursos escasos, dependerá el futuro del mundo.
En esta guerra sin
cuartel, el mañana de los países productores de petróleo
dependerá de su capacidad para impedir o frenar la
absorción por parte de las poderosas petrocracias, y de
la velocidad con la que utilicen sus reservas petroleras
para financiar el paso a tecnologías alternativas de
bajo costo, que les permitan sobrevivir en el mundo
globalizado. Esquema al que no pueden mantenerse ajenas
las disponibilidades de agua y de alimentos. En ello
estriba la defensa de nuestra soberanía como país
independiente.
[email protected]
|