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Lamentablemente,
muchas especies animales desaparecieron del ámbito
mesoamericano o están en vías de extinción, por lo que
es necesaria la colaboración del biólogo a fin de
reconstruir y/o esclarecer las características
anatómicas y los hábitos de muchas especies, estudio que
puede contribuir a arrojar mayor luz sobre las
figuraciones que plasmaron los antiguos pueblos
mesoamericanos en la piedra, la arcilla, el hueso, el
metal y demás materiales empleados en la elaboración de
sus objetos de arte, muchos de ellos perecederos tales
como la madera, el papel y la piel de venado.
Ya Rubén Bonifaz Nuño (1985;
El cercado cósmico. De La Venta a Teotihuacan.
México. Fundación de Investigaciones Sociales, A.C.,
1985. , ilus. 30, 30a, p. 56,57.
Hombres y Serpientes. Iconografía olmeca.
México. UNAM, 1989, láms. 74-77) ha contribuido
ejemplarmente a demostrar lo útil que es conocer
perfectamente a las especies que poblaron un hinterland
anterior, aportando la presentación de estudios
anatómicos de algunas especies, llegando a diferenciar a
la serpiente del jaguar, que le ha permitido aclarar
algunos errores de apreciación en los estudios
arqueológicos, tales como la de pensar que el jaguar era
el leiv motiv de los olmecas del periodo
preclásico.
El ejemplo más dramático está configurado en el Altar de
La Venta, en cuya parte superior se puede apreciar, en
el contexto de la simetría bilateral, a una doble
entidad que se mira de perfil frente a frente; de un
supuesto jaguar, nace la lectura de una serpiente que
mira a la otra.
Rubén Bonifaz Nuño
en sus investigaciones iconográficas afirma que las
primeras representaciones de la ceja de la serpiente
aparecen en Teotihuacán, pasando a Cacaxtla; de ahí a
las culturas del Golfo, para finalmente retomarla ya la
cultura azteca, en la forma de un petate (comunicación
personal de 15 de diciembre de 1990). Es decir, tenemos
disponible una cambiante elaboración estética de más de
15 siglos, en torno a uno de los animales fundamentales
de la civilización mesoamericana, la serpiente.
Otro trabajo reciente de Kent Reilly
("The Shaman in Transformation Pose: A Study of the
Theme of Rulership in Olmec Art". EN: Record of the Art
Museum.
Princeton University, 48(2):4-21, 1990) acerca del
chamán en su actitud de transformación, inscrito en el
tema del gobierno en el arte olmeca, descifra la
naturaleza zoológica de una antigua representación
iconográfica en varios monumentos de Chalcatzingo,
Cuenca alta del río Balsas, Juxtlahuaca, San Lorenzo,
Teopantecuanitlán y del estado de Veracruz, llegando a
la conclusión de que se trata del sapo Bufo marinus.
Un trabajo reciente de mi amiga Merle Green Robertson (
"The Celestial God of Number 13". IN: Triptych
(52):26-31, September/October 1990.) sobre el Dios
Número Trece, ofrece la posibilidad de relacionar al
animalito representado como un hipocampo o caballito de
mar.
Casi todas las representaciones de dioses de la lluvia o
Chac presentan el elemento ceja que los vincula a
reptiles, como puede apreciarse en las esquinas de los
ejemplos arquitectónicos del estilo Puuc de la península
yucateca (véase al respecto Chichén Itzá y Uxmal, entre
otros sitios). Un notable ejemplo de una entidad
reptilínea que representa a Cicpactli o Itzmaná está en
el disco de oro (Post Clásico Temprano) recuperado del
cenote sagrado de Chichén Itzá (
Karl A. Taube, Itzam Cab Ain: Caimans, Cosmology, and
Calendrics in Postclassic Yucatán.
Washington, D.C. Center for Maya
Research, August (Research Reports on Ancient Maya
Writing, (26‑27), 1989.
Taube,
1989:6). Debe recordarse que para el pensamiento
mesoamericano la tierra estaba sostenida por un gran
lagarto. En náhuatl recibía el nombre de Cipactli. El
borde exterior del disco muestra por sus cuatro lados a
dicha entidad y en la parte inferior al caimán
identificado por Taube.
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