Año 1 No. 1  Revista mensual   10 de marzo de 2007. Xalapa, Veracruz

Estampa tlacotalpeña 2007

Por: Roberto Williams García

 

 

Dos pájaros carpinteros parecen haber caído del cielo nocturno y vueltos pies taladran la tarima; pies envueltos en cuero calzado por un hombre de ochenta y cinco que incesante golpea en las tablas al ritmo de los jaraneros; zapateado retumbante al lado de los pasos suaves femeninos. Varias parejas ocupan la caja de la resonancia y las miradas de los espectadores convergen al centro de los pasos sonoros. Las parejas cambian de ejecutantes. El hombre bronceado, alto y fornido, cede su sitio a otro que de inmediato imprime vigor al zapateado. Los taconeos son martillazos en las tablas y los golpes sonoros sujetan mi presencia en la plaza del barrio de San Miguelito en esa noche de La Candelaria en Tlacotalpan.

La estampa de bailadores longevos la había captado la noche anterior en la contigua plaza de Doña Martha donde contemplé algunos hombres de la tercera edad repiqueteando en alto templete construido ex profeso. La plaza de Doña Martha es recinto oficial en noches de fandango cuando se congregan conjuntos locales y de otras latitudes. Aunque pocos los bailadores cargados de ayeres me impresionaron por su agilidad, destreza y resistencia y saltó a mi mente la interrogante de saber si son excepcionales, asunto que se resuelve con una encuesta. Una investigación de antropología física dirigida este sector podría instruimos para compararla con otros sectores de población semejante en edad, aunque deteriorada No quiero decir con esto que debe recomendarse al hombre desde temprana edad que debe zapatear sones jarochos para llevar a longevo excepcional, pero si considero muy instructivo emprender estudios de comparación para llegar a establecer recomendaciones y lograr mejor calidad de vejez.

He destacado la participaron de longevos porque miré pocos jóvenes masculinos cautivados en la ejecución del fandango, en cambio muchas mueres jóvenes participaban en la danza vemácula. Contemplé una niña de unos cinco años vestida de jarocha integrada a un conjunto musical de cuerdas que cuando dejaba de tocar su jaranas golpeaba en la quijada de burro o se subía a diminuta tarima que le colocaban en el centro del templete.La iniciativa infantil asegura la continuidad e incremento de los sones de Sotavento los cuales se consagraron en la orquestación sinfónica del Huapango de Moncayo estrenado en Bellas Artes el 15 de agosto de 1941.

Las fiestas de La Candelaria se inician con el paseo de la Cabalgata y tienen como epílogo el paseo fluvial de la Virgen. Estos acontecimientos enmarcan las noches de fandango como la mencionada de San Miguelito cuyo espacio es un recogimiento. Ahí escuché tres jaranas del conjunto de Santiago Tuxtla que impulsaban a los bailadores. Noche de fandango íntimo que me mueve a imaginar que cuando la plaza queda solitaria en la madrugada descienden las pisadas de las aves que llegan a taladrar la tarima para que su música nunca concluya.

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