Año 1 No. 1  Revista mensual   10 de marzo de 2007. Xalapa, Veracruz

A la víbora, víbora de la mar

Armando Ortiz Ramírez

Las Fundaciones y los fariseos hipócritas

Hoy día está de moda sentirse generosos. Algunos buenos samaritanos no conformes con desempeñarse como servidores públicos y gastarse con la gente en horario de oficina, por las tardes y aún en sábado y domingo, se privan de convivir con la familia,  llevar de paseo a los niños ó acudir a misa, y prefieren visitar colonias pobres,  a los más necesitados, poniéndose a sus órdenes para gestionar empleos, becas, despensas, y servicios de salud.

Si usted piensa que estos funcionarios, presumiblemente hijos de la madre Teresa de Calcuta, terminan exhaustos, está usted equivocado. Es más, muchos hasta se dan el tiempo para crear su propia Fundación,  y para que sepamos que están a nuestras órdenes, levantan en las grandes avenidas docenas de anuncios espectaculares, con mensajes sublimes y subliminales, añadiendo su teléfono para que nos pongamos en contacto con ellos y podamos dejar de ser un poco menos infelices.

Merece la pena recordar que México, país de pobres por excelencia, cuenta con una gran diversidad de altruistas Fundaciones. Las hay desde las que centran su preocupación en una enfermedad como lo es el cáncer, hasta las que protegen los derechos de un grupo en particular. Todas las empresas grandes tienen su fundación: Televisa, Azteca, Telmex, Banamex; las universidades también: UNAM, UV y,  en su momento, hasta la presidencia de la república tuvo su Vamos México, que únicamente sirvió para encubrir las aspiraciones presidenciales de la nefasta primera dama. En Xalapa están surgiendo tantas y tan altruistas que sólo saber que “ellos” están ahí tranquiliza. Saber que alguien, además de nuestros padres, vela por nuestros sueños es algo que debe agradecerse.

“Hipócritas, fariseos hipócritas” es lo que dijo el Mesías a la secta de los judíos que limpiaba el exterior de la copa, pero que dejaba en el interior la inmundicia. Lo dijo a esos que se ponían a hacer oración en las esquinas de los lugares públicos  sólo para que la gente se diera cuenta de su piedad. Si en verdad fueran piadosos harían caso de las palabras de Jesús que dicen: “Que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha”.

El altruismo por definición no busca intereses particulares. El altruista es un hombre diligente que procura el bien ajeno aun a costa del propio. Más sin embargo, nuestros buenos samaritanos, funcionarios públicos, diputados, rectores y similares, buscan mediante la promoción de su piedad que los xalapeños nos traguemos el cuento de que ellos son los más adecuados para conducir la administración municipal en el próximo trienio. Sin tener siquiera la honestidad suficiente para declarar abiertamente que aspiran a suceder a Ricardo Ahued, actual alcalde xalapeño. ¿Para qué simular si su aspiración es válida? Lo que no es válido es que usen recursos públicos, como algunos lo están haciendo, para promocionarse. Tampoco es válido que traten de engañarnos con sus acciones pías, con sus conductas virtuosas y sus espectaculares costosos que saturan el paisaje y lo deterioran.

Todo por culpa de una ley electoral llena de huecos, que establece y concede tiempos para la promoción de una candidatura, pero que no define claramente lo que es hacer campaña a favor de un candidato. Hoy, esos candidatos simulados se colocan en una pasarela donde se venden al mejor postor. Posan desnudos de sus defectos, se pasean en traje de noche y hasta hacen declaraciones propias de  “Miss Universo”: burdas, obtusas e irrelevantes. Pero ya que citamos de las Escrituras, “por sus frutos los conoceremos”. Como diría Cervantes,  el hombre es hijo de sus propias obras. Que ellos hagan su circo y nosotros seamos tan indiferentes como para provocarles frustración.                           

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