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Año 1 No. 1 Revista mensual 10 de marzo de 2007. Xalapa, Veracruz |
Como mujeres, deseamos que cada día se sumen mas personas a la lucha por la reivindicación de nuestros derechos y celebramos el 8 de marzo Día Internacional de la Mujer. Esta conmemoración nos obliga a reflexionar, por lo que se amontonan en mi mente las preguntas, muchas de ellas sin respuesta, porque en la medida en que transcurre el tiempo las mujeres hemos visto la transformación de un mundo -siempre con nuestra participación no siempre reconocida- en el que las ideas se suceden y dan paso a nuevos descubrimientos, pero en materia de equidad no han sido tantos los avances y es necesario examinar el estancamiento en algunos aspectos y, por qué no decirlo, a veces hasta el retroceso. Soy una mujer, soy una mujer indígena; y en mi país, en que la madre tierra ha sido muy agredida por el hombre, ser mujer es difícil, pero ser una mujer indígena lo es mas. Se dice que México es el producto de la fusión de dos culturas, lo cual no es verdad, porque aunque aún perviven algunas de las culturas originales y sesenta y cuatro lenguas madres, mas las culturas agregadas después del genocidio que se conoce como “conquista”, es hasta después de la independencia que se empezó a reconocer que gran parte de la población del país era el resultado de la unión de los conquistadores con las indígenas (tal vez para menguar un poco el descontento por no contar con los mismos derechos de acceso a la rapiña), aunque se haya olvidado mencionar que las mujeres indígenas fueron obligadas por medio de violaciones y vejaciones a satisfacer a los invasores, para después observar, en silencio, cómo se obligó a sus hijos a repudiar sus orígenes y despreciar su cultura; educación que continúa hasta el presente. La independencia trajo poco beneficio a las naturales, a las indias, y las mujeres con todo y descendientes fueron obligadas a replegarse en las sierras para poder subsistir, hasta que los poderosos descubrieron que ahí también había riquezas que “los indios” no sabemos valorar. En forma brutal y sistemática, nos han arrebatado: el oro, la plata, las tierras fértiles, el petróleo y el uranio. Con violencia nos quitaron nuestra cosmovisión y también nuestras lenguas, demolieron nuestros dioses, y nos impusieron el habla y la religión de los conquistadores. Entonces nos convertimos en fantasmas a los que nuestro país no nos ve y no nos oye. A punto de entrar México al primer mundo, el planeta observó, hace doce años, la aparición del zapatismo en Chiapas, y al propio tiempo la UNESCO planteó la urgencia del reconocimiento de la diversidad cultural y de educar para la tolerancia; así es que nuevamente y de manera fugaz se tuvo que reconocer que aún vagamos a lo largo y ancho del territorio, y ahora hasta traspasamos las fronteras porque, hay que decirlo, para subsistir tuvimos que dejar las sierras; de dondequiera somos desalojadas, pero no se puede hacer nada porque no existimos. Las indígenas al nacer traemos bajo la piel y a simple vista una desnutrición de siglos; somos analfabetas aunque la Gran Carta Magna diga que todos tenemos derecho a educarnos, y la Constitución de Veracruz agregue que en nuestra lengua materna; no entendemos rápido lo que nos dicen porque tenemos una concepción diferente de las cosas; tenemos un alto grado de alcoholismo entre los nuestros, alentado por la cultura occidental; nuestra gente disfruta el observar la noche y la disposición de las estrellas para saber si el beneficio de la lluvia vendrá a la tierra, cada día mas improductiva y menos nuestra, y aunque en nuestros valores está el respeto a la naturaleza, nadie nos lo ha reconocido, pero si lo pone de moda la gran caja hipnótica, entonces rompe records de sensibilización porque se incrementan las ventas de productos esotéricos. A pesar de estas consideraciones, nosotras, las que somos un lastre para el país ¡porque no queremos sumarnos al desarrollo, al cual jamás hemos sido convidadas por no ser importantes para las bolsas de valores! Queremos decirles que vamos a sumarnos a los esfuerzos para una mayor equidad en torno nuestro, es la hora de tirar el metlapil (rodillo para moler) de la ignorancia y la pasividad –Adelante mujercitas- Ocnepan zihuatzins. |